Había perdido la noción del tiempo, no sabía cuanto tiempo llevaba en la ducha con el chorro de agua demasiado caliente cayéndole en la espalda, lo mismo podrían haber sido minutos que podrían haber sido horas, pero para ella el tiempo parecía haberse detenido en el momento en el que metió un pie en la bañera. Eran las seis y media cuando había decidido que necesitaba una ducha bien fría, la misma hora a la que había despertado de ese condenado sueño.

Regina sabía que ya se le estaría haciendo tarde, que llevaba allí metida más tiempo de la cuenta, pero aún así se resistía a salir. Parecía que estando bajo el agua todos sus problemas desaparecían, no tenía que pensar en nada, no tenía que pensar en que todo el mundo en ese maldito pueblo la odiaba, no tenía que pensar en que no había conseguido su venganza ni en que su madre probablemente llegaría para someterlos a todos a su voluntad, pero sobretodo no tenía que pensar en Emma.

Haciendo uso de toda la fuerza de voluntad que fue capaz de reunir cerró el grifo y salió de la ducha para envolverse rápidamente en una pequeña toalla intentando no perder el calor. A penas si había tenido tiempo de llegar a abrir uno de los cajones de su cómoda cuando el timbre de la puerta resonó por toda la casa. Automáticamente se volvió hacia la mesita de noche en la que descansaba su despertador. Marcaba las siete y media. Mierda, no debería haber pasado tanto tiempo en el baño.

Debía ser Emma y aunque la esperaba a las ocho contra todo pronóstico la rubia había llegado media hora antes. Se asomó a la ventana y efectivamente el escarabajo amarillo se encontraba aparcado frente a su puerta. Volvió a resonar el timbre y Regina decidió colocarse una bata encima de la ropa interior y bajar un momento a abrir la puerta, por la hora que era, pese a que ya comenzaban los días calurosos, debía hacer frío. Bajó las escaleras rápidamente y abrió la puerta encontrando a la sheriff abrazada a sí misma intentando mantenerse en calor.

Nada más abrir la puerta, Emma apenas si miró a Regina entrando lo más rápido que pudo dejando que esta cerrase la puerta. Una vez dentro se estaba mucho mejor. Pero estaba bastante más nerviosa de lo que admitiría, tanto que ni si quiera miraba a Regina.

- Buenos días señorita Swan, increíblemente llega pronto – Regina se obligaba a utilizar ese tono frío como el hielo, como si la sola presencia de la rubia no la alterase considerablemente.

Emma se volvió para saludar a la alcaldesa pero tan sólo consiguió murmurar unos buenos días coherentes. Regina se encontraba frente a ella vestida con una simple batita que cubría lo justo y de su pelo aún mojado resbalaban a través de su cuello pequeñas gotas dibujando un suave rastro en su piel hasta llegar a sus pechos y perderse en su escote.

Regina por su parte a penas si se dio cuenta del exhaustivo escrutinio por parte de la sheriff, ya tenía suficiente con aparentar una tranquilidad que no sentía al ver cómo Emma se presentaba en su casa vestida prácticamente con la misma ropa que en su sueño. A excepción de la camiseta básica que esta vez era de color azul oscuro, llevaba la misma odiosa chaqueta roja y esos horribles tejanos ajustados, pero por supuesto lo que más conmocionada la había dejado había sido el pañuelo en su cintura exactamente igual al que usaba en su sueño para atarla.

Regina sabía que debía hacer algo rápido o no se haría responsable de sus actos, teniendo en cuenta que ya se había fijado en como la miraba la rubia.

- Puede pasar al salón mientras termino de arreglarme – No esperó contestación por parte de Emma y se dirigió hacia las escaleras.

Emma ni si quiera hizo el intento de responder al comentario, por el contrario se quedó con la vista fija en las perfectamente torneadas piernas que subían las escaleras con deliberada lentitud.

Una vez arriba Regina caminó rápidamente hasta su dormitorio sintiendo una punzada de culpabilidad. Al darse cuenta de como Emma no le quitaba ojo se contoneó mientras subía lentamente las escaleras dejando que se deleitara con las vistas. Se reprendió mentalmente, ese jueguecito que se traía debía acabar, era necesario que sus pensamientos se mantuvieran bajo control, no podía consentir que volviese a ocurrir nada con Emma. A partir de ahora, se mantendría lo más alejada posible de ella y sería completamente profesional a la hora de enseñarle magia.

A penas diez minutos después, Regina ya completamente arreglada entraba al salón en busca de la rubia. Emma al verla se levantó rápidamente esperando que los nervios no la traicionaran. No sólo estaba nerviosa por tener que aprender a utilizar su magia, la presencia de Regina la incomodaba, se daba cuenta de que la morena no pensaba mencionar lo que había ocurrido entre ellas y parecía querer olvidarlo, pero por el contrario ella, por mucho que intentaba evitarlo, se encontraba una y otra vez recordando como se sentía esa suave piel bajo sus dedos y la sensación de plenitud que le causaba sentir como Regina se retorcía bajo su cuerpo y respondía a sus caricias.

- ¿Dónde quieres que lo hagamos? – Ante la pregunta Regina levantó una ceja intentando mostrarse irónica pero inconscientemente sus ojos se dirigieron momentáneamente hacía el sofá junto a ellas. Emma al darse cuenta del sentido que Regina le había dado a sus palabras un suave rubor coloreó sus mejillas – Lo de... lo de la magia digo – Añadió tras una pequeña tos sin mirarla a los ojos.

- Saldremos al jardín trasero, no quiero ningún destrozo en mi casa – Regina le indicó con un gesto el camino y observó como comenzó a quitarse la chaqueta – Será mejor que te la dejes... – La sheriff asintió pero se paró de golpe haciendo que Regina chocara contra su espalda.

- ¿Qué...? – A Regina se le secó la boca. Emma se encontraba ahora de frente, muy pegada a ella debido al reciente golpe, pero lo que a la alcaldesa la había dejado sin aliento habían sido sus manos y por supuesto lo que tenía en ellas.

Emma notó la mirada de Regina.

- Si me voy a quedar con la chaqueta puesta no creo que sea cómodo llevar esto en el bolsillo, ¿puedes guardarlas por aquí? – La morena se aclaró la garganta y asintió mientras tomaba de las manos de Emma unas brillantes esposas.

- Claro, puedes dejar lo que quieras sobre esta mesa – Y acto seguido la adelantó para salir al exterior, necesitaba aire fresco para aclarar su mente.

Emma se extrañó de la actitud de Regina y tras dejar su pistola y su placa donde la morena había colocado las esposas salió tras ella.

- Bueno, ¿cuándo comenzamos? ¿cuándo voy a poder mover objetos con la mente? – Regina se tensó ante el recuerdo de Emma deslizando las sábanas lejos de su cuerpo tan sólo con un gesto.

- Será mejor que dejemos la telequinesis para el final – Dijo mientras se reprendía mentalmente por no controlar sus recuerdos.

- ¿Telequiqué? – Emma puso una mueca extraña y Regina suspiró fuertemente, esto iba para largo.

- A ver sheriff, intente prestar atención a lo que le voy a explicar, es bastante importante, espero que pueda retenerlo en ese cerebro de mosquito que tiene – Emma iba a replicar pero Regina continuó sin darle tiempo a meter baza – En primer lugar debe saber que la magia se puede dividir en tres grandes grupos, pero que dependen unos de otros, estos grupos son el control de los elementos naturales, la aparición o la invocación y por último la telequinesis, es decir, mover objetos con la mente. Los dos primeros se alimentan de las emociones y los deseos respectivamente y una vez controlados son los que te permiten hacer un uso plenamente consciente de la telequinesis, que se basa principalmente en la precisión.

Emma la observaba con los ojos entrecerrados mientras procesaba toda esa información

- Primero – Prosiguió Regina – comenzaremos con la invocación de algún elemento, ¿qué le parece el fuego señorita Swan?

- Me parece bien, me va a encantar poder lanzar bolas de fuego – Contestó Emma con entusiasmo.

- Ya veremos si consigue algo parecido a la sombra de una chispa – Respondió Regina aguantándose la risa y girando la cara para tapar su sonrisa. Emma bufó.

- ¿Qué debo hacer primero?

- Bueno, como ya le he dicho para dominar la magia debe dejarse guiar por sus emociones pero estas no deben arrebatarle nunca el control. Realmente cualquier emoción lo suficientemente fuerte sirve, pero lo que más alimenta al fuego es la ira, deja que la ira corra por tu venas, debes sentirla por todo tu cuerpo, con todo tu ser y luego concentrarla en tus manos. Esto último es muy importante, sino canalizas el fuego hacía tus manos cualquier cosa a tu alrededor podría salir ardiendo.

Emma observaba la pasión en los ojos y la voz de Regina al hablar sobre magia, había quedado totalmente embaucada por sus palabras y absorta en sus labios rojos. La morena habló de nuevo sacándola de su ensoñación.

- Por cierto, antes de que lo intente por primera vez debo advertirle algo señorita Swan, una vez que 'active' su magia, por decirlo de alguna manera, debe aprender a controlarlo lo más rápido posible o a la más mínima alteración de sus emociones alguien podría salir herido – No pudo ocultar el falso tono de consternación con el que terminó la frase, pero Emma lo pasó por alto.

- Está bien entonces mejor será que empecemos cuanto antes – Cerró los ojos, suspiró ruidosamente e intentó concentrarse con todas sus fuerzas.


- ¡Esto es inútil! – Emma se levantó del suelo y comenzó a caminar en círculos mientras resoplaba frustrada.

Regina que la observaba a un lado a poyada en un árbol cercano puso los ojos en blanco y se acercó hasta ella.

- ¿Se puede saber cómo quieres que te salga bien si no dejas de moverte todo el rato y no eres capaz de mantener la concentración? ¡Eres una pésima alumna! – Le dijo moviendo los brazos para darle más énfasis a sus palabras.

- Eso no es cierto, yo me he estado esforzando – Usó un tono infantil, se cruzó de brazos y Regina pudo ver como componía un adorable puchero, lo que le hizo rodar los ojos de nuevo.

- Me has tuteado – Dijo Emma de pronto.

- No es cierto – Regina fruncía el ceño.

- Si que lo es, además sueles hacerlo a menudo sin darte cuenta – Contestó la rubia con suficiencia.

- Ya le he dicho que no sheriff, se lo está imaginando – Regina comenzaba a perder la paciencia.

- ¡Qué si!

- ¡Qué no!

- ¡Qué si!

- ¡Qué no! ¡Bueno vale ya! ¿Qué tienes? ¿doce años? – Regina no estaba segura de lo que estaba pasando, era la conversación más surrealista que había tenido en años y eso ya era decir.

- ¿Qué tienes doce años? – Genial, ahora Emma la imitaba.

- ¿Qué se supone que está haciendo? – Regina la miraba incrédula.

- ¿Qué se supone que estás haciendo? – Emma la volvía a remedar poniendo voz repipi y odiosa.

- ¡Esto es absurdo!

- ¡Esto es absurdo!

- ¡Emma! ¡Para de una vez!

- ¡Emma para de... Ajá! ¡Lo has vuelto a hacer y esta vez no puedes negarlo! – Regina se había quedado con la boca abierta y una expresión realmente graciosa en el rostro, tanto que Emma, entre la conversación de besugos que acababan de tener y esa reacción, no pudo contener la risa.

La morena veía como la sheriff se reía sin ningún control y pese a saber que se reía de ella, tenía que hacer grandes esfuerzos por no sonreír y reír con ella, así que puso su mejor pose indignada y dijo:

- Bueno, ya está bien, ¿no? ¿Piensa seguir riéndose de mi mucho más tiempo señorita Swan? – Lejos de parar de reír, a Emma se le doblaron las rodillas haciéndola caer al suelo pero sin dejar de soltar carcajadas.

Regina frunció el ceño aunque dejando ver una pequeña sonrisa mientras negaba con la cabeza. Se acercó de nuevo al árbol donde había estado descansando antes y se dejó caer hasta el suelo mientras observaba a la rubia. Pero de pronto por el rabillo del ojo vislumbró el porche trasero de la casa y su rostro se transformó por la sorpresa. Su pequeña planta de jazmín que a penas si se levantaba medio metro del suelo, ahora cubría una de las columnas en su totalidad y una gran parte de las vigas del techo. Dirigió su vista hacia Emma y de nuevo hacia el porche, y así varias veces, fijándose en que cuanto más se reía Emma más crecía y florecía el jazmín.

- Yo... Lo... lo siento... de verdad... ay... – Emma hacía esfuerzos por controlar su ataque de risa mientras intentaba disculparse y recuperar el aliento.

Regina alzó una ceja y se limitó a decir:

- Vaya, parece que lo ha conseguido sheriff, no era exactamente lo que buscábamos pero de momento servirá – Emma la miraba confundida mientras seguía la mirada de la morena hasta el porche.

- ¡Oh dios! ¿Cómo es posible? – Preguntó mientras se fijaba en aquella planta enorme salida prácticamente de la nada.

- Ya le dije sheriff, que la magia está sujeta a las emociones y que tan sólo era necesario un sentimiento lo suficientemente fuerte como para desatarla.

- No lo entiendo, llevamos aquí siglos y no he conseguido ni una pequeña chispa, ¿cómo es posible que eso haya ocurrido de pronto?

- Yo diría que ha sido la felicidad que le provoca dejarme en ridículo lo que lo ha desatado – Respondió Regina algo dolida – además no han sido siglos, si acaso algo más de un par de horas, de hecho no esperaba realmente que consiguiera algo como esto tan rápido – Le concedió de mala gana. Pero Emma ya no le prestaba atención.

- ¿Qué es lo que has dicho? – Emma la miró con los ojos muy abiertos y Regina le devolvió la mirada confusa - ¿Cuánto tiempo llevamos aquí? ¿Qué hora es?

- Pues – Regina algo contrariada comprobaba el reloj de su muñeca derecha – Las diez menos cuarto.

- Mierda, mierda, es muy tarde, el ayuntamiento – Emma hablaba muy deprisa y Regina no se estaba enterando de nada.

- Tranquilícese señorita Swan, soy su jefa ¿recuerda?, no importa que hoy llegue tarde no la voy a sancionar – Le dijo la morena con sorna.

- Oh... Regina no es eso – Emma se mordió las uñas – hoy había una reunión del consejo en el ayuntamiento a las nueve de la mañana, por eso vine antes, para que nos diese tiempo, se suponía que yo debía avisarte – Regina suspiró fuertemente.

- Sheriff es usted una inútil de manual – Dicho esto se acercó a Emma, la agarró de la cintura apretándola contra sí misma y por un momento todo se volvió turbio a su alrededor.

Cuando Emma volvió a enfocar nítidamente, fue consciente de que se habían aparecido delante de las puertas de la sala de reuniones. Pero en ese momento nada de eso le importaba, tan sólo deseaba seguir sintiendo a Regina contra ella, oliendo su perfume y sobre todo seguir perdida en esos ojos color chocolate que no se apartaban de los suyos.

Regina no era capaz de soltarla, ni si quiera era capaz de apartar la mirada, su respiración se hacía cada vez más entrecortada e inconscientemente su rostro se fue acercando al de Emma, a penas si la separaban unos milímetros...

- Ejem, ejem – Una voz aclarándose la garganta hizo que se separaran como si de imanes de un mismo signo se trataran – Por fin, os estábamos esperando a las dos, que bueno que ya estéis aquí... juntas.


Hola! Qué tal estáis? Bueno, espero que bien y espero también que os haya gustado ^-^

Todas las semanas me propongo actualizar el domingo y termino subiendo el capitulo el lunes y terminándolo en el último minuto, no tengo remedio, pero si que tengo una buena noticia, he acabado por fin los exámenes y soy libre así que lo mismo subo más capítulos esta semana, o no, soy la personificación de la flojera xDD

Ah, que no se me olvide, quiero agradecer todos los comentarios, cada vez que veo uno nuevo me lanzo a escribir, asi que comentad para que yo siga inspirada! jajajaj

Pues eso, os animo a dejar vuestro comentario tanto si es para bien o para mal, se aceptar críticas, para mi es importante vuestra opinión. ;)

Besos.

S.