Emma y Regina se quedaron mirando a Ruby sin saber que decir mientras esta las observaba con una ceja alzada, los brazos cruzados y conteniendo una sonrisa. Emma dirigió su vista hacia Regina que miraba un punto fijo en algún lugar detrás de Ruby totalmente consternada, sabía que tenía que decir algo para salvar la situación.
- Ey Ruby... eh... yo..., bueno Regina..., lo de la magia y... su casa... - Balbuceaba con la mirada perdida sin mirar a la camarera a la cara, los nervios no la dejaban construir una frase coherente.
Ruby la miraba ahora con una expresión divertida por la incomodidad de las mujeres, dejando ver su sonrisa plenamente y a punto de romper a reír a carcajadas. Pero justo cuando iba a interrumpir el desastroso intento de excusa de Emma, las puertas se abrieron tras ella dejando ver a Snow bajo el marco.
- Emma hija, menos mal que ya estás aquí, ¿por qué has tardado tanto? - Interrogó a la rubia - ¿Algo ha ido mal? - Preguntó dirigiendo su vista a Regina de soslayo con absoluta desconfianza reflejada en sus ojos.
- No, es sólo que... - Emma había comenzado su explicación pero se vio interrumpida por Regina.
- Sólo que la inútil de tu hija es incapaz de recordar un simple recado – Le espetó en la cara a Snow y su rostro reflejó todo el rencor y el odio que sentía por la que un día se hizo llamar su hijastra. Dicho eso, se adelantó hacia ella haciéndola a un lado y se adentró en la sala con la cabeza bien alta y el porte de la reina que había sido.
- Bueno, vamos dentro nosotras también, luego me contarás – Comentó Snow mientras se daba la vuelta con el ceño fruncido.
Emma se dispuso a caminar tras su madre pero algo la retuvo. Ruby le agarraba un brazo impidiendo que entrase aún en aquel gran salón.
- Nos debemos una charla, ¿no crees? - Emma vio la expresión en el rostro de Ruby y se dio cuenta de que esta vez hablaba muy en serio, no le quedaba otro remedio, seguramente tendría que someterse a un tercer grado por parte de la loba.
- Si, por supuesto – Contestó la rubia tras un largo suspiro.
Esta vez si, ambas entraron en la sala de reuniones. Emma se fijó en la distribución del mobiliario algo sorprendida, al parecer habían desplazado las sillas hasta el fondo muy cerca del atril desde donde normalmente se daban conferencias o se hacían reuniones de resoluciones de conflictos o presentaciones de presupuestos, y una gran mesa redonda se encontraba justo en medio de los asientos, ocupados en su mayoría. Pudo observar que su padre se hallaba de espaldas al atril situado en lo que parecía ser el lugar central, pues ocupaba el único asiento diferente del lugar, resaltando su posición como rey y presidente de la reunión del consejo.
A la izquierda de James se encontraba Snow que ya había llegado hasta allí a penas un minuto antes y a la derecha del mismo había un hueco libre que, supuso, era para ella misma, ya que Ruby se dirigió hacia el asiento libre junto a su madre.
Mientras rodeaba la mesa para llegar hasta su asiento observaba como Snow y Ruby se sonreían la una a la otra con cariño. Algo se agitó en su interior encendiendo una alarma, sabía que la loba y su madre eran muy amigas en StoryBrooke, pero por el lugar que ocupaba en el consejo comprendió que esta amistad venía de más atrás y era mucho más fuerte de lo que pudiese haber pensado en un principio. Ruby ocupaba un lugar a la izquierda de la reina, el lugar de la guardia de honor, la persona en la que más confiaba esta.
No podría contarle nada a Ruby de lo ocurrido con Regina, no ahora que se acababa de dar cuenta de la relación tan profunda que tenía con su madre. Ella tenía con la loba una fuerte amistad pero ahora estaba segura de que no había comparación posible con lo que la unía a su madre. Si que era verdad que Ruby no había dicho nada al respecto tras la situación del despacho y que tampoco había comentado nada unos minutos antes, pero no se podía arriesgar, por lo que ella sabía igual sólo estaba esperando obtener más pruebas.
James se levantó de la silla haciendo que Emma se sobresaltara saliendo rápidamente de su ensimismamiento.
- Bueno, puesto que ya estamos todos aquí comencemos con la reunión del consejo – La voz de James sonaba mucho más formal y autoritaria de lo que Emma estaba acostumbrada a oír, eso la sorprendió bastante e incluso pensó que podría llegar a sentirse intimidada. Habría sido duro tenerlo como padre en su adolescencia.
James se sentó de nuevo y se giró hacia su esposa cediéndole la palabra.
- Bien, os he pedido que nos reuniésemos hoy aquí por el hecho de que los enanitos creen saber las causas del terremoto – Snow hablaba tranquilamente mientras la mayoría de los presentes la contemplaban expectantes - Gruñón – Se dirigió hacia el enanito y con un gesto de su mano le instó a que comenzara su relato – Si eres tan amable.
- Eh... por supuesto – dijo el interpelado con un pequeño carraspeo. No estaba acostumbrado a que le prestaran demasiada atención y mucho menos a hablar frente a una multitud de oyentes, aunque en este caso la multitud era extremadamente reducida.
El enanito comenzó a narrar su historia y todo el mundo le prestaba una gran atención, alguno de ellos realmente absortos en las palabras de este. Emma recostada en su silla intentaba procesar toda la información que llegaba a sus oídos, aunque para ser sinceros no podía evitar distraerse de vez en cuando ni que sus ojos buscasen inconscientemente a Regina todo el tiempo. La sheriff no podía evitar preguntarse en que pensaba en ese momento pues por la expresión de su rostro parecía algo afectada por las palabras que inundaban la sala. A Emma tampoco la dejaban indiferente, intentaba esquematizar todos los hechos mentalmente para poder analizarlos con calma.
Resumiendo, el caso era que mientras trabajaban en las minas extrayendo polvo de hadas, uno de ellos dio con el pico sobre algo pequeño pero muy brillante, entonces sintieron un ligero temblor lejano, que como más tarde supieron, había arrasado la ciudad. Tras creer que había pasado y que no suponía ningún peligro continuaron su labor y volvieron a golpear sobre la brillante gema, esta vez dándole de lleno, lo que provocó que la entrada de la mina se derrumbara dejándolos atrapados.
Al parecer mientras la noche anterior los enanitos contaban lo sucedido a Snow, Rumple se había enterado de alguna manera y había insistido en examinar la piedra preciosa. Nada más acercarse a esta, la gema comenzó a vibrar emitiendo un extraño zumbido. Rápidamente devolvió el objeto a Snow y se alejó de ella haciendo que volviese a quedar inerte.
Emma comprendió entonces la presencia de El Oscuro en la reunión, pues normalmente hubiese desechado cualquier petición de ayuda a no ser que fuese a cambio de algo, pero obviamente en este caso estaba bastante interesado en las propiedades mágicas de la gema. En ese momento Rumple comenzaba a exponer su teoría por petición de Snow.
- Bueno, debo decir que le he dado muchas vueltas al asunto durante la noche y he llegado a algunas conclusiones aunque, en su mayoría, las propiedades de dicha gema son ciertamente desconcertantes – Comentó terminando la frase con ese tono agudo tan característico.
- ¿Y bien? - Le instó James - ¿Cuál es tu opinión sobre lo ocurrido?
- Pues en primer lugar debemos partir del punto de mayor importancia, la gema tiene propiedades mágicas – Miró alrededor recibiendo a cambio miradas de reproche por la obviedad de sus palabras – Veo que a esa conclusión han llegado todos, bien, esas aptitudes especiales parecen activarse al contacto de otra fuente mágica. Ese es el motivo por el que reaccionó de esa manera cuando apenas la toqué, pues yo mismo soy una fuente inagotable de magia.
- ¿Cómo explicaría eso lo del terremoto? - Ruby le puso voz a la pregunta que rondaba en la mente de Emma.
- Según tengo entendido los picos que utilizan los enanos en las minas están hechos de un material especial de procedencia mágica, ¿no es así, querida? - El hada Azul asintió en reconocimiento.
- Entonces teniendo en cuenta todo esto, ¿de qué modo podríamos obtener algún beneficio de esa... cosa mágica? - James hablaba con el ceño fruncido y una expresión un tanto extraña. Él nunca había entendido los entresijos de la magia y se sentía incómodo tratando con ella.
Tras la pregunta de James todos empezaron a especular posibles utilidades, cómo convertirla en un arma o en una defensa, etc., todos menos Regina.
Emma que no participaba en la conversación, pues no tenía ni la más mínima idea de estrategia militar, se limitaba a observar, y, por supuesto, su miraba se concentraba en la alcaldesa. Regina miraba el pañuelo de terciopelo color burdeos que protegía la gema que se hallaba sobre la mesa bastante cerca de ella. Emma pudo ver como la morena se inclinaba hacia delante en su asiento apoyando sus manos sobre la mesa. Tan sólo con estirar uno de sus brazos llegaría hasta el pequeño bulto rojizo. Lentamente el brazo de Regina fue avanzando hasta llegar a tocar el suave pañuelo. Nadie la observaba, pero a ella tampoco le importaba, parecía estar totalmente absorta en aquel objeto. Emma tampoco podía dejar de observarlos a ambos, era como si un fuerte magnetismo se lo impidiese. Poco a poco Regina fue desenvolviendo la piedra preciosa hasta que pudo observar su brillante transparencia y el reflejo de mil colores a la vez, acercó suavemente su mano para rozarla con la yema de los dedos y la gema comenzó a tornarse de un azul intenso, como si una nube de tinta hubiese hecho explosión en su interior, y una extraña sensación de paz inundó el corazón de Regina hasta tal punto que sus ojos se humedecieron.
Emma contemplaba la escena con un asombro absoluto, se sentía irremediablemente atraída hacía ella, inconscientemente su cuerpo había reaccionado inclinándose sobre la mesa, si quisiese llegar hasta ella tendría que levantarse, pero a penas si era consciente de nada, salvo de la necesidad imperante de sentir el tacto de los dedos de Regina y el poder que emanaba de la gema.
En ese momento Gruñón, que se había percatado de la extraña posición de Emma, dio cuenta de Regina. Se levantó de la silla violentamente haciéndola caer con fuerza hacia atrás.
- ¡Eh tú! ¡Suelta eso vieja bruja! - Gritó al tiempo que sacaba un cuchillo de su cinturón y se abalanzaba sobre Regina.
Regina a penas si tuvo tiempo de reaccionar y ponerse en pie, pero lo que ocurrió a continuación lo percibió todo como a cámara lenta.
Pudo ver como el afilado cuchillo resplandecía en la mano de su agresor directo a su corazón, pudo ver los rostros de asombro de todos los presentes, pero sobre todo pudo ver el gesto de desesperación de Emma mientras intentaba llegar hasta ella. Y de pronto todo se aceleró. En el siguiente pestañeo todos y cada uno de los miembros del consejo se hallaban a veinte metros de ellas tendido sobre el suelo entre los restos de lo que antes había sido la gran mesa. Regina podría jurar que sintió el cuchillo rozándole la piel por encima de su camisa pero en ese instante un grito desgarrador había escapado de los labios de la salvadora inundando toda la sala con su eco a la vez que con un gesto involuntario convocaba su magia mandando a todos los allí reunidos, mesa y sillas incluidas, contra la pared más alejada.
- ¿Estás bien? - Regina se sorprendió por la pregunta de Emma. Para nada esperaba que, encontrándose sus padres y sus amigos tirados en el suelo posiblemente heridos, la principal preocupación de la rubia fuese ella, estaba bloqueada no era capaz de decir nada.
Emma miraba a Regina a los ojos, podía leer en ellos miedo, confusión, incertidumbre y algo más que no supo descifrar, vio sus labios separarse pero no llegó a salir de ellos sonido alguno, por el contrario, toda ella quedó envuelta en humo violeta y unos segundos después había desaparecido sin dejar rastro.
Una vez se hubo esfumado Regina, Emma fue consciente de lo que había provocado. Sintiéndose tremendamente culpable por no haber podido controlarse, se acercó rápidamente hacía el desastre para ayudar a su madre y a Ruby a incorporarse mientras el resto se levantaba trabajosamente, a excepción de Rumple que se encontraba tranquilamente y sin ningún rasguño observándola con una curiosa expresión. Emma decidió ignorarlo, no merecía la pena intentar descifrar la incógnita que suponía la mente de ese ser.
- ¿Están todos bien? - Preguntó Emma mientras observaba como su padre ayudaba al hada azul a ponerse en pie. Por respuesta recibió varios asentimientos y algún que otro gruñido.
- Emma, ¿qué demonios ha ocurrido? - La rubia miró a su padre que se aproximaba a ella cojeando.
- Yo lo siento mucho, de verdad. Regina me advirtió que esto podía pasar, tengo que aprender a dominarlo cuanto antes – Se disculpó apartando la mirada.
Por el rabillo del ojo Emma vislumbró al gema tirada en el suelo a unos metros de ella y se acercó a recogerla. Nada más sentirla en su mano una calidez invadió su torrente sanguíneo y una sensación de poder recorrió su espalda en forma de escalofrío. Se quedó absorta en la belleza de la piedra y esta poco a poco comenzó a tornarse violácea. De pronto sintió como si le faltase algo, algo que necesitaba urgentemente, una imperante necesidad la acuciaba, pero su mente era incapaz de identificar que era lo que necesitaba para completarse. La gema la mantenía en trance, no podía apartar su mirada de ella y más aún cuando el interior de esta se veía ya completamente invadido por un humo violeta que parecía surgir del mismo centro de la piedra. Humo violeta. Regina.
- ¡Emma! - Snow le agarraba del hombro mientras la zarandeaba suavemente ya que Emma no respondía a sus llamados. La rubia se sobresaltó de tal manera que todos la miraron extrañados. - Emma, te estoy hablando, decía que será mejor que continuemos con esto en otro momento, ¿no crees?
Emma asintió, aún sin ser capaz de responder, lo único que quería era seguir observando por más tiempo el objeto que descansaba en su mano. Condujo su mirada hasta él, pero algo rojo se interpuso en su visión.
- Será mejor que lo cubramos querida, no sabemos si puede ser peligroso – Emma levantó la vista para encontrarse de nuevo con esa mirada en el rostro de Rumple que daba la sensación de que sabía más de lo que contaba.
Al envolver la piedra Emma se sintió libre de la atracción y pudo pensar con mayor claridad. Miró a su al rededor y vio como todos comenzaban a caminar hacía la salida. Ruby se apresuró a llegar a su lado.
- ¿Qué me dices? ¿Un café? Creo que tienes bastante que contar.
- Claro Ruby, pero antes debo detener a Leroy – Respondió Emma lo suficientemente alto para que todos lo oyeran y eso los hiciera detenerse de golpe.
- ¿Cómo dices? - Repuso el enanito gruñón.
- Ya me has oído, estás detenido por intento de asesinato – Emma fue a echar mano de sus esposas pero se dio cuenta de que las había olvidado en la mansión.
- Creo que necesitará esto, querida – Rumple ofrecía a Emma unas brillantes esposas con expresión divertida y ella las aceptó inmediatamente para luego acercarse al enano.
- Pero... - Comenzó a protestar pero se vio interrumpido.
- Pero nada, tiene derecho a guardar silencio, cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra.
- Pero Emma, no puedes hacer eso – Snow la miraba estupefacta.
- No hay peros que valgan Mary Margaret, y por su puesto que puedo hacerlo. Yo soy la sheriff ¿recuerdas? Y él ha infringido la ley, permanecerá en el calabozo hasta que Regina decida si presentará cargos – Se dirigió a James al recordar el estado de la comisaría – David por favor, asegurate de encontrarle algún lugar que haga las veces de calabozo – Y dicho esto se dirigió hacia la salida seguida de cerca por Ruby.
Antes que nada quiero pedir disculpas, ya sé que dije que actualizaría antes de tiempo y no sólo no lo hice si no que además me retrasé más de una semana. Pero mi internet de casa murió y desde el móvil no pude subir el capitulo :/
Bueno intentaré compensar esta semana ^-^
Pues nada más que decir salvo que espero que les guste el capítulo :)
Comentad vuestras impresiones u opiniones y me hareis muy feliz jajajaj
Besos.
S.
