Una vez fuera del ayuntamiento Emma redujo el paso mientras se giraba hacia Ruby que la observaba con curiosidad.
- ¿Qué? - La morena se sobresaltó notablemente
- Yo..., Emma creo que te ha pasado un poco, ¿no crees? - Preguntó Ruby mientras hacía un mohín. No quería alterar a su amiga ahora que la más mínima provocación podía causar una catástrofe.
- Pero Ruby, él se lo merecía, atacó a Regina sin ningún motivo – Emma seguía caminando más rápidamente algo más enojada.
- No me refería a eso... - Esta vez la sheriff miró a la loba con expresión interrogante – Emma, has mandado a volar a todos los que estábamos ahí dentro y para colmo has hecho añicos la Mesa Redonda.
Emma se paró en seco.
- Espera, ¿qué?, ¿cómo que la Mesa Redonda? ¿No me irás a decir ahora que esa mesa era... - La rubia se interrumpió a si misma al ver el esfuerzo que hacía Ruby por no reírse.
- Una mesa que ha durado siglos, que ha sobrevivido a guerras e incluso a incendios y tú, tú simplemente la has destruido en dos segundos con un simple gesto de la mano – Ruby ya no podía ocultar la sonrisa que amenazaba por terminar en carcajadas – Emma, Arturo debe estar retorciéndose en su tumba.
La expresión de Emma no podía ser más graciosa, se quedó con la boca abierta y simplemente se dejó guiar los metros que quedaban hasta llegar a Granny's mientras Ruby no dejaba de reír a su costa.
Cinco minutos después se encontraban sentadas una frente a la otra con sus respectivas tazas delante en la mesa más alejada del salón. Ruby esperaba paciente a que Emma comenzase, pero viendo que eso no iba a ninguna parte comentó algo como si nada.
- Y bien, ¿no hay nada que quieras contarme? - Emma se sonrojó mientras se llevaba la bebida a los labios sin decir nada – Ey, sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad?
- Ruby yo...
- Emma mírame, puedes estar tranquila, se que te preocupa que hable con Snow pero prometo no decirle nada – La rubia levantó la vista sorprendida – No me mires así, ella es mi mejor amiga y no quiero mentirle, pero creo que tú me necesitas más en estos momentos – Ruby le sonreía cálidamente – Además no es cómo si ella me fuese a preguntar si estás liada con Regina.
- ¡Ruby! - Emma la miraba con los ojos muy abiertos mientras la loba se desentendía totalmente.
- Vale, vale, nada de conjeturas – Ruby frunció el ceño y añadió – quizá podríamos empezar por algo simple. ¿Qué estabais haciendo ayer Regina y tú en la oficina justo antes de que llegásemos Charming y yo?
¿Con que algo simple no? Emma se mordió el interior de la mejilla mientras evitaba la mirada de su amiga y consideraba una respuesta coherente.
- Lo cierto es que ella estaba bastante enojada y comenzamos a discutir acaloradamente, muy acaloradamente, eso es todo – Bueno, lo de que estaba enojada era cierto al menos.
- Emma tu sabes que como loba, aparte de una fuerza por encima de lo normal, tengo los sentidos muy desarrollados, ¿verdad? - La sheriff asentía imperceptiblemente dándose cuenta de por donde iba su amiga – Pues eso incluye el olfato cariño, así que... ¿qué es lo que no me estás diciendo?
- No se a qué te refieres – Emma se había plantado y Ruby lo sabía así que con un suspiro aclaró las cosas.
- Olías a Regina Emma.
- Ruby ya sabes como es ella, cuando discute contigo intenta intimidarte e invade tu espacio personal, debió ser eso lo que oliste... - Esta vez la rubia pudo ver la mirada seria de Ruby.
- ¿Sabes qué Emma?, si no me quieres contar nada, tranquila, no te voy a presionar. Yo quiero que confíes en mi, pero que lo hagas de verdad.
- Ruby, yo confío en ti... - Suspiró profundamente desviando la mirada.
- Ey, pequeña rubia, está bien. - La camarera extendió su mano hasta ponerla sobre la de Emma. - Tomemos las cosas con calma, sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti – Apretó suavemente su mano y le guiñó un ojo mientras se ponía en pie – Debo volver al trabajo. Y no lo olvides, cualquier cosa me llamas.
Emma observó con una sonrisa avergonzada como la camarera pasaba la barra y entraba hasta la cocina. Se bebió de un trago lo que quedaba en su taza y salió del restaurante. Necesitaba un paseo para aclarar su mente.
Cuarenta y cinco minutos después de andar sin rumbo fijo y con la mente en blanco se encontró a sí misma delante del jardín de la mansión de Regina. No sabría decir cuanto tiempo estuvo allí parada ni que fue lo que le hizo avanzar hacia el porche, quizá fuese que ya pasaba la hora de comer y de la casa salía un delicioso olor, o quizá fuese otra cosa, algo que su cerebro no llegaba a vislumbrar con claridad...
Regina llevaba casi una hora y media cocinando, era lo único que conseguía mantener su mente ocupada el tiempo suficiente como para poder olvidarse de todo lo que ocurría a su alrededor. Echó un último vistazo a la olla mientras inspiraba el olor embriagador que emanaba de ella. Delicioso. Veintiocho años perfeccionando el arte de la cocina dan para mucho y ella era plenamente consciente del grado de perfección que había alcanzado.
Sonrió inconscientemente mientras decidía que no le apetecía comer en la cocina y pese a estar ella sola se dispuso a poner la mesa en el comedor mientras pensaba en un vino que acompañase adecuadamente a su almuerzo. Se dirigía con una copa en la mano hacia su estudio para buscar el vino cuando unos golpes en la puerta la sobresaltaron de pronto haciendo que la copa casi resbalase de sus manos.
Obviamente ella no esperaba visita, pero podía imaginarse perfectamente quien era. Tan sólo una persona se atrevería a ir hasta su casa a no ser que fuesen junto a una multitud enfurecida portando hoces y antorchas. Regina compuso una mueca al imaginarse la situación, y por su cabeza pasó la idea de que quizá prefiriese enfrentarse a esa horda de imbéciles antes que a la rubia que seguramente estaba detrás de esa puerta. Aún así respiró hondo y se acomodó la ropa mientras se dirigía hacia la entrada.
Emma, al ver que Regina no abría, levantó de nuevo el puño y se dispuso a golpear más fuerte, pero justo en ese momento la puerta se abrió de pronto y el golpe fue a parar al rostro de Regina.
La morena se llevó la mano a la nariz, tras el golpe se le habían saltado las lágrimas pero al menos no había comenzado a sangrar. Emma por su parte se había quedado horrorizada con lo que acababa de ocurrir.
- ¡Oh Dios mio! ¡Losientolosientolosiento mucho Regina! - Emma estaba un poco asustada al ver que la alcaldesa no decía nada y empezó a dar vueltas a su alrededor inquieta sin dejar de pedirle disculpas.
Regina sabía que no le había rota la nariz pero aún así dolía como mil demonios, y para colmo se sentía bastante mareada. Ignorando completamente a Emma se fue hasta el sofá y se sentó en él apoyando la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
- Regina, ¿estás -
- Hielo – La interrumpió con un gruñido.
Emma inmediatamente corrió a la cocina abrió el congelador y encontró unos cuantos cubitos, los envolvió en un trapo de cocina y regresó al salón. Regina continuaba tapándose la nariz con una mano y agarrándose la cabeza con la otra. Todo le daba vueltas, había intentado levantarse un par de veces, pero había sido inútil.
Oyó a Emma caminar hasta el sofá pero no se molestó en abrir los ojos. La rubia se quedó unos instantes ahí de pie sin saber que hacer observando a Regina. Cuando pudo reaccionar se acercó a ella apoyando una rodilla en el sofá junto a ella para poder llegar hasta su cabeza y con delicadeza le separó la mano de la nariz y le acercó el paño con hielo.
Regina se sobresaltó primero por el calor de la mano de Emma y un segundo después por el frío del hielo contra su piel. Diez segundos más tarde ya estaba intentaba levantarse de nuevo y retirar el hielo de su cara.
- Regina estate quieta y vuelve a echar la cabeza hacia atrás.
- No necesito su ayuda sheriff, ya ha hecho suficiente. - A Emma se le encogió el estómago por la culpabilidad.
- Tienes que quedarte aquí y ponerte el hielo o se te hinchará la...-
- No tengo que hacer nada – Le contestó Regina enojada a la par que intentaba incorporarse solo para encontrar la mano de Emma empujándola de nuevo hacia atrás.
- ¿Pero qué...?
Regina comenzó a forcejear con Emma y a pesar de estar aún algo mareada, la rubia terminó por tener que pasar la otra rodilla por encima de Regina, quedando sentada a horcajadas sobre ella, y sujetarle ambas manos con una sola. La morena suspiró con resignación y miró con odio a Emma.
La sheriff reprimió una sonrisa y le acercó el paño a la cara.
- Cierra los ojos, sólo diez minutos – A Regina se le escapó un pequeño gemido al sentir el alivio que suponía el frío contra la zona golpeada de su rostro. - Luego, si quieres, puedes devolverme el golpe.
Regina tenía los ojos cerrados pero pudo imaginar la expresión adorable de cachorrito arrepentido que tenía por el tono lastimero de su voz y fue su turno de reprimir una sonrisa.
Mientras le aplicaba el hielo, Emma para intentar distraerse, empezó a fijarse en todo lo que había a su alrededor. Ya lo había visto esa misma mañana así que no tenía nada nuevo con lo que entretener la vista por lo que irremediablemente sus ojos fueron a para a Regina. Tenía una muy buena vista desde su posición y eso la estaba poniendo nerviosa, cada vez que sus ojos bajaban algo más de la zona en la que sujetaba el paño, estos se desviaban sin remedio hasta el generoso escote de Regina, haciendo que se reprendiera mentalmente una y otra vez.
El hielo comenzaba ya a derretirse y algunas gotas habían empezado a correr por su cuello lentamente. Esto por supuesto no le pasó inadvertido a Emma en absoluto. "No, eso otra vez no. No mires, no mires, no mires. Joder Emma, controlate!"
Regina podía sentir como las gotas le hacían cosquillas en la piel cuando se deslizaban desde su cuello hacia más abajo. Pero también podía sentir como las pulsaciones de Emma aumentaban ya que sus manos aún seguían unidas a su muñeca. Abrió imperceptiblemente los ojos, sin que la rubia se percatase. Desde su posición tan sólo pudo ver los ojos de Emma y sin embargo ver en ellos que el deseo la consumía fue suficiente para que todo su cuerpo se incendiase de pronto.
Emma estaba embobada con el recorrido de las gotas del hielo derretido cada vez más abundantes, no dejaba de preguntarse una y otra vez como sabría tomar ese agua de la piel de Regina. Inconscientemente se estaba acercando a su cuello poco a poco, tenía que beber de ella. Tenía que probarlo. Necesitaba probarlo.
Regina notaba la respiración de Emma contra su cuello y su pelo haciéndole cosquillas en la piel. Eso no estaba bien, debía pararla. Pero en ese momento era incapaz de articular ningún sonido. "Vamos Emma, hazlo". No, tengo que pararla, me prometí a mi misma que esto no pasaría nunca más. Regina podría jurar que sintió los labios de Emma rozar su clavícula.
- Señorita Swan – Su voz era al menos una octava más baja – creo que ya han pasado los diez minutos.
Emma se separó como un resorte al oír su voz y se levantó lentamente del sofá liberando a Regina. Esta se puso también en pie poco a poco cuidándose de no provocarse un nuevo mareo, y ambas quedaron frente a frente con los sentidos aún embotados sin saber bien que decir.
Regina rompió el silencio.
- Estás muy mojada – dijo suavemente. Nada más oír las palabras los ojos de Emma se abrieron de golpe y sus mejillas se tiñeron de rojo con violencia. Regina al darse cuenta como había interpretado la sheriff sus palabras, se apresuró a aclararlo mientras luchaba por no ruborizarse – Su camisa se ha mojado – Señaló la parte derecha de Emma – Debe haberse empapado al chorrear el hielo – Terminó diciendo con un carraspeo intentando recobrar la compostura, mientras que con un gesto despreocupado de su mano secaba la camisa.
Regina se volvió y salió hacia la cocina para dejar el trapo mojado en el fregadero y Emma la siguió hasta allí parándose en la puerta sin saber que hacer.
- Será... será mejor que me vaya – Titubeó mientras se daba la vuelta para salir de allí.
- ¿Disculpa? - La voz de Regina se elevó por encima de su tono normal con un deje de ironía, lo que hizo que Emma se volviese hacia ella. - ¿Vienes hasta mi casa, interrumpes mi almuerzo, me golpeas en la cara y ahora te vas sin decirme si quiera para que has venido hasta aquí? - Regina terminó la frase alzando una ceja y cruzando los brazos.
- Yo no lo sé, supongo que vine para hablar.
- ¿Hablar? No tenemos nada de que hablar – Regina se había puesto claramente a la defensiva.
- ¿Cómo que no? - Emma sabía perfectamente de lo que no quería hablar y eso le molestaba de alguna manera - ¿Qué hay del control de mi magia, tus clases, la amenaza de tu madre, la gema, la detención de Leroy, y nosotras? - Esto último se escapó de su boca antes de poder detenerlo, y ambas se tensaron conteniendo la respiración.
Regina iba a replicarle que no había un "nosotras", pero se percató de que algo de lo que había dicho la rubia no tenía sentido. Emma se había ido acercando poco a poco mientras hablaba y se fijó en la expresión confundida de Regina.
- ¿Qué ocurre?
- Ha dicho "la detención de Leroy" ¿es que acaso le ha encerrado? - La voz de la alcaldesa denotaba escepticismo.
- Por supuesto – Contestó Emma con toda la obviedad del mundo – por si no lo recuerdas hace dos horas que intentó clavarte un puñal, y hasta donde yo sé el intento de asesinato es un delito penado con cárcel.
Regina miraba boquiabierta. Había detenido al enanito más fiel de Snow por atacarle. A ella! Eso era algo que Regina jamás había esperado, nunca nadie la había defendido, nadie se había preocupado por ella, nadie hasta ahora. Tenía que averiguar porqué.
- ¿Ha comido?
- ¿Perdona?
- Qué si ha comido, señorita Swan.
- Eh... No, no he comido – Emma titubeó.
- Bien, tome – Regina le tendió un cubierto y una copa, y Emma se quedó mirando muda de asombro – vamos, muévase sheriff, haga algo útil y ponga la mesa mientras sirvo los platos.
Emma en estado de shock se dirigió al comedor y colocó su cubierto al lado izquierdo del de Regina que se encontraba presidiendo la mesa. Pocos segundos después llegó la alcaldesa anunciando los platos.
- Medallones de solomillo con salsa de nata con champiñones , siéntese mientras voy por el vino.
- Pero estas segura de que... - Antes de que pudiera terminar la frase Regina había vuelto a desaparecer, haciendo aparición menos de un minuto después. Emma continuaba de pie tras su silla y la morena se paró en seco al verla.
- ¿Es qué no le gusta el solomillo, señorita Swan? ¿No es la salsa de su agrado?
- No, quiero decir sí – Emma no terminaba de comprender la actitud de Regina – yo solamente te esperaba – musitó mientra bajaba la cabeza.
- Perfecto, siéntese, lo encontrará delicioso.
Ambas tomaron asiento y después de que la morena sirviese el vino comenzaron a comer en silencio. La primera cucharada que Emma se llevó a la boca casi le arranca un gemido de placer.
- Humm, Dios esto está buenísimo – Dijo sin poder contenerse nada más tragar el primer bocado.
Regina dejó escapar una pequeña sonrisa a su cara mitad orgullosa mitad divertida por la actitud infantil de la rubia
- Si no me equivoco está aquí para hablar de algunas cosas, así que adelante – La bruja hizo un gesto con su mano alentándola a hablar mientras bebía un poco de vino.
- Oh, si claro – Emma se removió un poco inquieta en su silla – Primero deberíamos aclarar el tema de Leroy.
- Por supuesto, el tema del enanito Borracho – Regina sonrió socarronamente.
- Es Gruñón – Emma la miró con expresión seria y la morena simplemente se encogió de hombros – Bueno, la cosa es que está encerrado en... umm, dónde quiera que lo haya metido mi pad... David o James o como quiera llamarse – Regina frunció los labios intentando no sonreír ante la confusión de Emma – Está esperando a que decidas si presentas cargos contra él.
Regina se quedó mirando el plato que tenía delante mientras jugueteaba con los champiñones que quedaban en él, absorta en sus pensamientos. ¿De verdad encerraría Emma en la cárcel al enano amigo de Snow porque este atacó a la Reina Malvada? Sin duda eso era difícil de creer, desde luego a Snow no le haría ninguna gracia,
- No, no presentaré cargos – La propia Regina se sorprendió de sus propias palabras.
- ¿No? - La morena negaba de nuevo con la cabeza – Bueno en ese caso tendremos que soltarlo – Pero mientras sacaba el móvil para informar a su padre se encontró con los ojos de Regina y justo antes de pulsar el botón de llamada se detuvo a sí misma - ¿sabes qué? - Emma dejó el teléfono a un lado – Puede estar 72 horas detenido sin cargos, le vendrá bien pasar unos días encerrado, así aprenderá a no ir intentando clavar cuchillos a gente inocente por ahí.
Regina se giró hacia Emma completamente. Emma pensaba que ella era inocente, que no merecía morir, no entendía muy bien de que iba todo, pero en ese momento le pareció la cosa más dulce que nadie había hecho por ella.
Al ver la expresión de la alcaldesa, la rubia se asustó pensando que había hecho algo mal.
- Regina, ¿estás bien? ¿He dicho algo que no debía?
- ¿Qué? No, está todo bien – Sacudió la cabeza mientras bebía un trago de vino – Deben estar todos un poco decepcionados contigo por lo de esta mañana, ¿no? - Preguntó intentando cambiar de tema.
- Bueno, ellos saben que no controlo mi magia aún y que... - Al ver la cara que ponía Regina se interrumpió a si misma, era la misma expresión que tenía Ruby esta mañana, se estaba burlando de ella – No, no, no, tu también no! - A Regina se le estaba empezando hacer difícil aguantar la risa - ¡Es una maldita mesa!
Emma la miraba con el ceño fruncido con una pose tan exageradamente indignada que ella no pudo aguantar más y rompió a reír. La sheriff la miraba ahora estupefacta, no recordaba haberla oído reír así nunca. De hecho lo que más le sorprendió fue la risa suave y transparente que ella había esperado mucho más dramática y malvada, mucho más al estilo "Evil Queen". Eso la dejó embobada.
Para intentar parar de reír, Regina respiró hondo y bebió un poco de su copa. Dirigió la mirada hacia Emma y se dio cuenta de que su mirada había cambiado, ya no la miraba molesta, sino más bien asombrada, se atrevería a decir que incluso maravillada, como si estuviese observando algún fenómeno extraordinario de la naturaleza. La morena no sabía que hacer así que se levantó rápidamente.
- Vaya, se nos ha acabado el vino, iré a buscar más – Y antes de que Emma pudiese decirle que no era necesario ya había desaparecido.
Mientras Regina regresaba el móvil de Emma comenzó a sonar. Era Snow. La sheriff se quedó unos segundos pensando si responder o no. Sabía de sobra que estaba enojada por lo de Leroy, y seguro que no le haría la menor gracia que estuviese comiendo con nada más y nada menos que la Reina Malvada. Aún así decidió contestar, conocía muy bien a la que fuera su mejor amiga como para saber que no se rendiría hasta hablar con ella.
- Snow?
- Emma, ¿dónde estás? Henry ha preguntado por ti.
- Eh si, después de salir del ayuntamiento fui a tomar café con Ruby – Emma no quería mentirle a Mary Margaret, e intentaba por todos los medios no hacerlo, pero a veces era tan insistente que no quedaba otro remedio.
- Pero eso fue hace horas, ¿has comido con Ruby? ¿Estás con ella ahora? - La rubia suspiró mientras negaba con la cabeza.
- Yo, esto sí, estábamos charlando, ya sabes lo mucho que habla Ruby, y al final se nos vino el tiempo encima así que me quedé con ella a comer – Emma miró hacia un lado y se encontró con la mirada indescifrable de Regina que la atrapó durante varios segundos.
- Mira en realidad iba ahora a recoger algo del apartamento, en un rato nos vemos – Colgó interrumpiendo lo que fuera que le estaba contando Snow.
- ¿Son últimamente demasiado cortas mis faldas y me has confundido con pornocaperucita o es que no quieres que tontanieves se entere de que comiste con su malvada madrastra? - Emma no sabía que decir, ¿estaba de broma?, ¿le había molestado? Abrió la boca para decir algo pero Regina se le adelantó – No hace falta que me de explicaciones señorita Swan, no me interesa lo que diga o haga con su vida – Se acercó a la mesa a dejar el vino mientras miraba fijamente a Emma que continuaba sentada.
- Debería irme, Henry está nervioso por todo lo que está ocurriendo – la rubia se levantó tan deprisa que tuvo que agarrarse a la mesa por un repentino mareo. - Uou, demasiado rápido.
- O demasiado vino – Regina la miraba con una ceja levantada – que poco aguante sheriff.
- No lo creo señora alcaldesa, estoy segura de que soporto el alcohol mucho mejor que usted – Emma rodeaba la mesa mientras hablaba hasta quedar frente a frente.
Regina se acercó hasta la rubia invadiendo peligrosamente su espacio personal y entrecerró sus ojos.
- ¿Me está retando, señorita Swan? - Regina la miraba fijamente muy cerca de ella.
- Siempre.
Hola! Siento mucho no haber publicado antes, simplemente se me fue la inspiración, escribía y volvía a borrar, nada me convencía y al final me ha salido esto, espero que os guste el capítulo sé que no dice mucho pero al menos ya se como va a seguir la historia y ya tengo el siguiente capitulo casi acabado :)
Ah, antes que se me olvide, tengo un teclado nuevo y no lo controlo muy bien aún así que si hay algún error en el texto avisadme porque lo he intentado revisar pero estoy muriendo de sueño ahora mismo jajajaj
Bueno nada más que decir, dejen un comentario para saber su opinión o para lo que sea ^-^
Besos.
S.
