Hola! Antes de nada quería comentar una cositas:
1. He actualizado en tiempo record ni yo me lo estoy creyendo, pero no tengo fiebre ni nada xD
2. He tenido que cambiar el capitulo entero después de haberlo escrito porque era terriblemente inexacto, nada tenía sentido, lo malo es que el pequeño desafío de nuestras chicas tendrá que esperar lo bueno es que... bueno no sé, que hay un capitulo mas? xD Lo que tengo claro es que no volverá a pasar he utilizado una agenda para asegurarme de que dia y a que hora hacen cada cosa xD
3. (Puede contener SPOILERS de OUAT) Me veo en la obligación de expresar por escrito lo mucho que odio a Hook y lo tremendamente adorable que es Regina sobre todo con esa cara que se le queda cuando por un momento piensa que ha tirado a Emma de un puente o cuando se entera de que han dejado a Henry conducir. Muero de amor... En fin... (Fin de spoilers ?¿?)
4. Perdón por la charla del 2, el despliegue de amor del 3 y los posibles fallos del capitulo porque va sin revisar son las tres de la madrugada y no soy persona.
5. Para evitar confusiones en la última parte del capítulo todo lo que está en cursiva son susurros aunque no estén en los diálogos, no son pensamientos.
Sin más dilación disfruten de la lectura.
- Siempre – Contestó Emma sin apartar los ojos de los suyos. Quedaron así, demasiado cerca, perdidas, deseando encontrarse, rogándose en silencio un tiempo inexacto. - Lástima que no podamos comprobarlo... - Se dio la vuelta dirigiéndose a la salida y en el último instante volteó – quizá en otro momento – Dicho esto salió de la casa a paso ligero sin darse cuenta de que dejaba atrás a una confundida mujer luchando sin tregua contra esos pensamientos que llevaban acosándola desde hacía dos días.
Caminar hasta el apartamento le llevó algo más de una hora. Su escarabajo continuaba frente a la casa de Regina desde esa mañana y si hubiese llegado en él, Mary Margaret habría sospechado.
Estaba buscando sus llaves en los bolsillos cuando la puerta se abrió dejando ver a Henry dispuesto a salir seguido de David.
- Ey chico, ¿cómo va todo?
- Bien, ya salíamos para ir con Archie – Henry compuso una media sonrisa, le caía bien Archie pero no entendía por qué tenía que seguir yendo a terapia.
Emma se fijó en la expresión que tenía el chico y se le ocurrió una idea que quizás lo alegrase un poco.
- Oye Henry, ¿te gustaría quedarte hoy a dormir con tu madre? Mañana iré a por ti para llevarte a la escuela.
- ¿Quieres que se quede con Regina? - Antes de que el niño pudiese contestar una Mary Margaret muy confusa había hecho aparición desde detrás de la puerta.
- Si Henry quiere creo que sería una buena idea – Repitió mirando a su hijo con una sonrisa e ignorando el tono de su madre.
Pero ver la cara que puso Henry borró la sonrisa de su cara.
- ¿Qué pasa Henry? ¿No quieres quedarte con ella? - Emma frunció el ceño preocupada. Henry titubeó.
- No, no es eso – dijo a media voz - ¿Estás segura de que ella va a querer que me quede?
Emma se quedó boquiabierta, no se esperaba esa reacción en absoluto. Al ver como Henry evitaba su mirada se agachó junto a él poniéndose a su altura.
- Eh, mirame, ella es tu madre ¿de acuerdo? Tu eres lo que ella más quiere, siempre va a querer estar contigo, ¿entiendes eso Henry? - El chico asintió débilmente – Bien, entonces la llamaré y le diré que te recoja cuando termines con Archie.
Henry sonrió y ella se apartó de su camino dejándolos salir del apartamento a él y a David antes de entrar. Una vez cerró la puerta se dispuso a sacar el teléfono y marcar el número de Regina mientras veía como Snow la miraba con el ceño fruncido desde la cocina. Pero en cuanto el móvil comenzó a dar señal le volvió la espalda para evitar su mirada mientras esperaba que la alcaldesa contestase, estaba nerviosa y no sabía realmente porqué.
Al otro lado de la ciudad, Regina revolvía los cojines de su sofá en busca del teléfono que no dejaba de sonar insistentemente. Se oía muy cerca, tenía que estar aquí, debió caersele cuando Emma se le sentó encima. Al pensar en ese momento un escalofrío le recorrió la espalda. Respiró hondo y harta de buscar el maldito teléfono simplemente estiró la palma de su mano y lo hizo aparecer.
- ¿Dígame? - Contestó sin mirar si quiera quien la llamaba.
- Regina, soy Emma – La alcaldesa se quedó quieta durante unos segundos antes de poder responder – Regina, ¿me oyes?
- Si, si, dígame que es lo que quiere sheriff – Contestó demasiado brusca.
- Me preguntaba si estaría bien si Henry se quedase esta noche contigo – Regina creía haber oído mal.
- ¿Cómo dice? - preguntó incrédula.
- Digo que Henry quiere pasar la noche en tu casa, ¿tienes algún inconveniente? - Regina no reaccionaba – Regina ¿sigues ahí?
- Claro, por supuesto que se puede quedar, esta es su casa – Dijo apresuradamente.
- Bien, entonces ve a recogerlo cuando termine con Archie, mañana iré a por él para llevarlo a clase. Hasta mañana Regina.
Emma colgó sin darle tiempo a replicar. Se dejó caer en el sofá para intentar asimilar un poco las cosas, habían ocurrido demasiados sucesos extraños en los últimos días, sucesos en los que parecía no tener nunca el control y eso era nuevo para ella. Estuvo un rato ensimismada divagando hasta que se le ocurrió la idea de prepararle una cena especial a Henry, necesitaría comprar algunas cosas y tenía que darse prisa si quería llegar a tiempo a recoger a su hijo. Decidido esto se levantó rápidamente agarró las llaves de su mercedes y salió por la puerta.
Justo se dirigía al garaje cuando de reojo vio el horrible trasto de la muerte, o lo que viene siendo lo mismo, el coche de Emma aparcado en la acera de enfrente. Se volvió y se quedó unos instantes observándolo. Tenía mal aspecto, sinceramente daba pena mirarlo, estaba sucio, abollado, faltaba pintura en varias zonas, tenía arañazos por todos sitios y el parachoques trasero apenas si se sostenía por si sólo, Regina dudaba de que fuese a aguantar mucho más teniendo en cuenta que las calles de Storybrooke estaban medio destrozadas desde el terremoto. Frunció el ceño mirando fijamente el vehículo en cuestión y con un suspiro y un leve giro de muñeca el parachoques recuperó su lugar original quedando bien afianzado. Acto seguido se dio la vuelta y continuó su camino.
Nada más colgar el teléfono oyó la voz de Mary Margaret.
- Emma, ¿cómo se te ocurre dejar que Regina se quede con Henry?
- Te recuerdo que es su madre, no le pasará nada estando con ella. - Emma estaba un poco harta de que todo el mundo cuestionara sus decisiones pero se obligó a sí misma a tranquilizarse.
- Emma, tu eres su madre, debe estar contigo, ¿y si practica magia delante de él o hace algo que le ponga en peligro o.. -
- ¡Por el amor de Dios, va a estar bien Mary Margaret, ella lo ha criado durante diez años, es su madre mucho más de lo que lo seré yo nunca! - Comenzaba a sentir un extraño cosquilleo en la yema de sus dedos.
- Pero ella es la Reina Malvada.
- Ah, ¿ahora es la Reina Malvada? ¿Es que acaso no lo era cuando le pedías ayuda desesperadamente hace dos días? ¿o es que sólo lo es cuando te interesa? - Uno de los vasos sobre la mesa se quebró y Emma intentó desesperadamente controlar su respiración.
- No seas injusta Emma, sabes que le pedimos ayuda porque estábamos desesperados, no teníamos otra opción.
- Si lo sé, pero ha aceptado a ayudarnos, puede que no de buena gana pero creo que se merece un mínimo de confianza al menos por mi parte – Emma sabía que se estaba alterando demasiado, sus pulsaciones se habían disparado, empezaba a temer perder el control, pero estaba muy confusa. No entendía por qué de pronto la enfurecía tanto que Snow dijese esas cosas de Regina ni por qué ella la estaba defendiendo tan ardientemente. Esta vez fue el centro de mesa de cristal el que estalló haciéndose añicos.
- Emma tranquilizate, respira. Mira lo que estás haciendo, no es para tanto, tienes que calmarte – Pidió Snow suplicante.
- ¡No me digas que me calme! - El grifo del fregadero se descolgó de pronto y comenzó a salir agua en todas direcciones.
- ¡Oh, por todos los dioses! - Mary Margaret corrió hacia la cocina intentando parar el desastre de algún modo y Emma aprovechó para huir hasta su dormitorio.
Cerró la puerta y se tumbó en su cama abrazándose las rodillas contra su pecho y escondiendo la cabeza entre ellas. Por un lado, esa postura la reconfortaba, la hacía sentir protegida, pero por otra parte le recordaba una y otra vez que nunca en su infancia tuvo a alguien que la consolase o la protegiese. Realmente en estos momentos ni si quiera sabía por qué tenía la sensación de que necesitaba a alguien con ella, no entendía que estaba pasándole, por qué sentía una presión permanente en la boca del estómago.
Respiró hondo y se levantó a buscar su Mp4, un poco de música le iría bastante bien y le ayudaría a dejar de pensar durante algunas horas. Se sentó con los auriculares ya puestos junto a la ventana y se recostó en su asiento mirando a la gente caminar de un lado a otro mientras la música retumbaba en sus oídos y ahogaba sus pensamientos.
Una mano en su hombro la hizo sobresaltarse. Era James. Lo veía mover los labios pero el sonido no llegaba hasta ella. De un manotazo se quitó los auriculares.
- … comer algo? - oyó como terminaba la frase.
- ¿cómo dices?
- Que la cena está lista, que si vas a bajar a comer algo – Repitió James paciente, como si hablase con un adolescente irascible.
Emma sentía el estómago cerrado, sólo pensar en comida se le revolvía desagradablemente.
- No, no me encuentro muy bien, de hecho estaba apunto de irme a la cama – James suspiró.
- Está bien, como quieras – le pasó la mano por el pelo y le dejó un beso en la cabeza – Que descanses.
Ella asentía viendo como su padre salía del dormitorio. Se levantó tranquilamente y empezó a desnudarse para ponerse el pijama, si es que a una camiseta cinco tallas más grandes se le puede llamar pijama. Aún así de pronto cambió de idea, un baño de espuma le vendría mucho mejor. En ese momento se alegraba muchísimo que su habitación tuviese un baño propio.
Lentamente la bañera se fue llenando y comenzó a añadirle sales aromáticas. Añadió un poco del bote etiquetado "extracto de vainilla" y otro poco de "esencia de canela". Al dejar este último en el armario se quedó mirando un frasco sin etiquetar que no había visto antes, estuvo tentada de derramar un poco en la bañera tan sólo por el color tan llamativo que tenía la sal de su interior, pero decidió olerla primero.
Nada más llevar el frasco a su nariz e inspirar suavemente sus sentidos se embotaron y su cerebro se colapsó al contacto con el intenso olor a manzana que emanaba de él. Tuvo que sujetarse para non caer al suelo pues tan sólo una pizca de ese olor había despertado en ella un torbellino de sensaciones. Cerró el frasco en cuanto se recobró un poco y lo devolvió rápidamente a su lugar. Sacudió la cabeza intentando despejarla y no pensar en lo que acababa de ocurrir. Simplemente se acercó a la bañera ya lista y cerrando el grifo se sumergió lentamente.
El agua caliente le quemaba la piel pero apretó los dientes y terminó de sumergirse adaptándose poco a poco a la temperatura del agua, invitando a su cuerpo a relajarse. Respiró hondo dejando que la vainilla y la canela penetraran en sus sentido. Dejó la mente en blanco. Se relajó. Se relajó tanto que se quedó dormida.
Unos suaves rayos de Sol le acariciaban la piel rescatándola de entre los sueños. Gimió un poco en protesta, no quería levantarse, después de todo la alarma aún no había sonado. Se abrazó un poco más a la almohada sin abrir los ojos... "uff, la almohada está húmeda, debí acostarme con el pelo mojado..." Emma suspiró audiblemente intentando recordar cuando exactamente se había acostado hasta que una voz familiar se oyó a lo lejos.
- ¡Mamá! ¡¿Dónde están los cereales?! - ¿Henry? ¿Por qué estaba Henry despierto antes que ella?
Emma iba a gritar una respuesta cuando de pronto otra voz la hizo abrir de golpe los ojos.
- Están donde siempre Henry, termina el desayuno voy a salir un momento al jardín - ¿¡Regina!?
Se incorporó rápidamente mirando a su alrededor, esa no era su habitación, de hecho era la primera vez que la veía. Era totalmente blanca, paredes, muebles, cortinas, todo blanco. Se acercó a la ventana y se asomó. No es que le quedaran muchas dudas pero después de asomarse no le quedó ninguna. La figura bastante reconocible de una mujer morena se acercaba aun hermoso manzano arrancando de él dos llamativas piezas de fruta. No había duda estaba en casa de Regina. La pregunta era ¿por qué?
No lo entendía, que hacía ella en la que parecía ser la habitación de invitados de la casa de la alcaldesa y encima desnuda... "Espera ¡¿qué?! Oh dios mio, estoy desnuda!" Echó un vistazo al rededor y se cubrió con lo único que había en la habitación, la fina sábana que cubría la cama. Tenía que salir cuanto antes. "No! No puede ser" Forcejeaba con el pomo pero era inútil, la puerta se negaba a abrirse. ¿Es que acaso la había encerrado la alcaldesa allí? ¿Sabía si quiera Regina que ella estaba allí? Emma se dirigió corriendo a la ventana rezando para que la morena siguiese en el jardín y abrió la ventana para llamar su atención.
Regina salió tranquilamente de su casa a recoger un par de manzanas. Normalmente tenía una cesta repleta de ellas en su cocina pero últimamente no había tenido tiempo de reponer las que se iba comiendo y Henry no tenía ninguna que llevarse al colegio.
Después de elegir cuidadosamente el par de manzanas se volvió con la intención de ir hacia el porche, pero antes de entrar de nuevo en la casa se giró hacia la calle. Y allí seguía, el horrible trasto de la muerte desafiándola con su sola presencia. Rodó los ojos mientras se asomaba a la calle para asegurarse de que no pasaba nadie por allí y con un suspiro balanceó su mano haciendo que la enorme abolladura del capó del escarabajo desapareciese.
Rápidamente se giró hacía su jardín, se suponía que no haría magia estando Henry con ella a no ser que fuese absolutamente necesario y eso claramente no lo era, en realidad ni si quiera sabía por que lo hacía.
Un ruido la hizo detenerse a medio camino de entra a la casa. "Pss! ps, ps!" Movió la cabeza a ambos lados pero no encontró el origen del ruido. Justo cuando iba a seguir caminando lo oyó de nuevo, esta vez más fuerte. Era como si alguien la estuviese llamando. Empezó a mirar a su alrededor, pero aún nada. "Pss, Regina, arriba" Sonó como cuando gritas un susurro, pero fue lo suficiente para que Regina levantase la vista y sus ojos se abrieran exageradamente rozando lo cómico.
Tuvo que parpadear varias veces antes de convencerse de que no estaba alucinando y aún así no terminaba de creérselo. Un montón de preguntas se agolparon en su mente, ¿qué demonios hacía Emma Swan en su casa? ¿cómo había...? Espera, ¿no es esa la habitación de invitados?
- ¡Regina! ¡Sube, necesito ayuda! - Eso sacó a la morena de su estado de estupor. Ni si quiera se molestó en dirigirle la palabra simplemente le lanzó una de esas miradas que harían retroceder al más valiente de los guerreros y se adentró en la casa.
Henry había terminado su desayuno y esperaba a Emma viendo la televisión. Al pasar Regina cruzaron las miradas e intercambiaron una sonrisa antes de que esta comenzase a subir las escaleras. Una vez arriba se fue hasta la puerta de la habitación en la que estaba Emma y giró la llave que había en la cerradura. Abrió la puerta con violencia para encarar a la sheriff que se levantó de golpe de la cama y casi deja caer del susto la sábana que la cubría.
- ¡¿Se puede saber qué haces aquí?! - Regina susurraba gesticulando bruscamente para dar el énfasis que le quitaba el no poder gritar - ¿Cómo ha entrado? La llave estaba por fuera y... - De pronto se paró en seco mirando a Emma de verdad - ¿estás... estás...? ¡Estás desnuda! - Esto último lo dijo demasiado alto debido al asombro y antes de que la rubia pudiese responder se oyó la voz de Henry.
- Mamá, ¿has dicho algo? - Las dos mujeres se miraron con los ojos muy abiertos sin saber que hacer - ¿Mamá?
Regina rápidamente tiró del brazo de Emma y la sacó de la habitación cerrando de nuevo tras ella. "¿Qué haces?" La voz de Emma apenas era un susurro.
- "Shh calla". No pasa nada Henry, hablaba conmigo misma – Por respuesta tan sólo oyeron los pasos del chico subir pesadamente las escaleras.
Emma estaba apunto de entrar en pánico y daba gracias a dios que Regina siempre reaccionase a tiempo. La alcaldesa empujó a Emma por el pasillo hasta llegar a su dormitorio y una vez allí al oír los pasos de su hijo más cerca se encerró con ella en el vestidor. Normalmente, en ese espacio habrían cabido hasta cuatro personas sin ni si quiera rozarse, pero días antes Regina había decidido reorganizar todo su vestuario por lo que unas grandes cajas ocupaban todo el espacio disponible dejándolas a ellas apretadas contra un rincón.
- ¿Mamá? - Henry estaba en la puerta de su dormitorio.
- Henry, espera ahí, me estoy cambiando, me he manchado de tierra en el jardín. - Pudo ver como Emma levantaba una ceja y ella a cambio le pellizcó un brazo para acto seguido taparle la boca para amortiguar el ruidito que salió de su boca.
- Vale, sólo quería decirte que Emma está tardando mucho y voy a llegar tarde, quizá deberías llamarla por si ha ocurrido algo.
- Tranquilo, seguro que se ha dormido. No es que sea Miss responsabilidad – Esto último lo dijo en apenas un susurro provocando que fuese Emma quien esta vez le pellizcase en la cintura.
Regina dio un respingo y empujó a Emma aún más contra la pared mientras la miraba con los ojos entrecerrados.
- De todos modos ahora la llamaré, para quedarnos tranquilos.
- Ooookey – Eso sonó a Henry tirándose en su cama.
- Cariño, ¿no bajas? - Regina preguntó nerviosa.
- Es igual, te espero aquí – Contestó Henry despreocupadamente mientras sus madres juraban en silencio - ¿cuánto tiempo tardas en cambiarte de camisa?
- Eh? Pues... es que... tiene que combinar...
Genial, ahora tendría que cambiarse delante de Emma. Mientras se entretenía en resoplar y poner los ojos en blanco, la rubia había descolgado una camisa con su mano libre y le sonreía entre sugerente y burlona. Regina la fulminó con la mirada mientras resignada comenzaba a desabrocharse la camisa.
No es que hubiese otra cosa que mirar, pero Emma no quitaba ojo de la alcaldesa, de sus manos soltando uno a uno sus botones, de la piel que dejaba al descubierto... Notaba como sus pulsaciones se aceleraban incontrolables, sentía como se le secaba la boca y al darse cuenta de que la morena estaba teniendo dificultades con el último botón debido al poco espacio que tenían, no pudo más que agarrala de la cintura y acercarla más a ella si eso era posible hasta llegar a su oído y susurrar suavemente "¿Necesitas ayuda?"
El repentino agarre y el susurro ronco de Emma provocaron que un jadeo escapase de la boca de Regina y todo su cuerpo se calentase. De pronto se sentía ida, el olor de Emma era demasiado intenso, como si se hubiese bañado en vainilla, el aire le faltaba, tenía que salir de ahí, ¡por el amor de dio su hijo estaba detrás de esa puerta! El mareo casi le hizo perder el equilibrio y la sheriff reaccionó sujetándola con las dos manos olvidándose completamente de sujetar su sábana.
Eso era más de lo que Regina podía soportar, intentó mantener la compostura alejando a Emma lo máximo posible de ella cerrando con fuerza los ojos. Sabía que Emma no se podía agachar a recoger la sábana para taparse de nuevo en aquel reducido espacio del mismo modo que sabía que si la veía desnuda no se haría responsable de sus actos. Lo más rápido posible y a tientas se colocó la nueva camisa y abrió la puerta lo justo para salir ella sin dejar que se viese el interior.
Henry levantó la mirada y frunció el ceño al ver a su madre.
- ¿Estás bien? Pareces un poco... ¿acalorada?
- Dentro del vestidor hace calor, es un poco agobiante – contestó desviando la mirada – voy a llamar a Emma, es obvio que algo la está retrasando.
Se acercó a su bolso y sacó el teléfono. Hizo como la que buscaba el número de Emma en la agenda y fingió llamar mirando de reojo a su hijo, que le daba vueltas a un cojín entre sus manos ajeno a todo lo que acababa de ocurrir.
Hola de nuevo, espero que os haya gustado ^-^
Mil gracias a quienes siempre comentan y a quienes leen desde las sombras.
Besos.
S.
