Se deslizó contra la pared hasta quedar sentada en el suelo. Desde donde estaba había podido oír la conversación entre Regina y Henry, y la falsa llamada telefónica...
"- Señorita Swan – Una pausa – Si, soy yo – otra pausa – ¿Y no cree que debería haberme llamado antes? - Emma ponía los ojos en blanco sin poder evitar que se dibujase una sonrisa en sus labios – No se preocupe, yo me encargo.
- Vamos Henry, te llevaré a la escuela.
- ¿Qué le ha pasado a Emma?
- Te lo contaré por el camino."
Cuando oyó el fuerte portazo de la puerta principal soltó todo el aire que ni si quiera sabia que había estado conteniendo. Se levantó despacio y salió del vestidor con cuidado de no tirar ninguna de las cajas en precario equilibrio. "¿Y ahora qué?" Dio una vuelta al rededor observándolo todo y se dejó caer en la cama.
Aún sentía su cuerpo caliente y no podía dejar de pensar en que había estado a punto de prácticamente violar a Regina dentro de un maldito armario y con su hijo tras la puerta. Definitivamente se estaba volviendo loca. Había pasado de ser la salvadora que todo un pueblo adoraba, a convertirse en una desequilibrada pervertida que se pasaba el día caliente por culpa de Regina. "Dios, necesito una ducha..." Se levantó y se acercó al baño, "no creo que a estas alturas le importe mucho que me de un remojón..." Rió para si misma, dejó la sábana que llevaba encima a un lado y se metió bajo la cascada helada para despejar sus ideas.
Dejó que Henry saliese primero, cerró la puerta bien fuerte para asegurarse de que Emma la oía y se apresuró a montarse en su coche.
- Entonces, ¿qué ha pasado? - Henry miraba a su madre con una expresión de lo más inocente.
- Ah si, pues eso, que como Emma había dejado ayer su coche aquí se suponía que David la iba a acercar en la van, pero por lo visto han surgido problemas.
- ¿Problemas? - Henry se giró preocupado - ¿Qué tipo de problemas?
- Pues... problemas de sheriff supongo – Regina se apresuró a aclararlo al ver la cara que había puesto el chico, y la verdad era que con todo lo que estaba pasando bien podría haber sido algo grave – Ya sabes, ayudar a ancianas a cruzar la calle, salvar gatitos de los arboles... En fin, lo que hacen los sheriffs en StoryBrooke. - La alcaldesa apartó la vista de la carretera un instante para ver la reacción de su hijo.
Henry la miraba extrañado, como si no supiera si reír o no, como si no creyese realmente que su madre estaba bromeando. Regina sintió una punzada de culpabilidad, ¿cuánto tiempo hacía que no bromeaba con Henry?
- Vamos, es una broma – Le dio un manotazo en la pierna - ¡ríete!
Al ver la sonrisa de su madre al fin reaccionó.
- ¡Es penoso! - Contestó medio riendo – Es el peor chiste que he oído en mucho tiempo – Regina paró en la entrada del colegio.
- Discúlpeme Míster Humor en persona, no estoy acostumbrada a bromear, - levantó una ceja y añadió – ya sabes, yo he sido siempre más de destruir finales felices.
- Si, y me alegro de que estés cambiando – La expresión de Henry era ahora completamente seria, haciendo que Regina quedase atrapada en los ojos marrones de su hijo.
Observó como si fuese otra persona como el chico abría la puerta y justo antes de salir del coche se giraba en su asiento y llegaba hasta ella para dejarle un beso en la mejilla.
- Adiós mamá, ya nos veremos más tarde – Regina permaneció inmóvil hasta que el portazo de Henry la sacó de su ensueño.
Arrancó de nuevo el coche, pero su vista se había nublado así que se apresuró a llevar sus manos hasta sus ojos. Lágrimas. No sabía cuando habían empezado a caer pero rápidamente los secó de un manotazo. Respiró hondo tratando de serenarse y puso rumbo al ayuntamiento.
Nada más entrar en su despacho marcó el número de su casa segura de que Emma no se habría movido de allí.
El teléfono se escuchaba por toda la casa. Por toda la casa excepto bajo el agua de la ducha de Regina.
Cerró el grifo y salió despreocupadamente de la ducha envuelta en una inmaculada toalla blanca que encontró en una de las estanterías. Se quedó mirando el espejo empañado unos segundos hasta que decidió salir del baño. Comenzó a recorrer poco a poco la habitación de la alcaldesa. No estaba muy decorada, tan sólo había un par de cuadros colgados y algunos marcos con fotos de madre e hijo en diferentes épocas, en la mesita de noche y sobre la cajonera.
Emma sabía que debía vestirse, tomaría algo prestado de Regina, total la iba a matar de todos modos. Fue deslizando los cajones uno a uno hasta que dio con el de la ropa interior. Se quedó un rato observando sin tocar, su mente tan sólo era capaz de producir imágenes de Regina vistiendo todos y cada uno de esos conjuntos.
Un escalofrío le recorrió la espalda haciéndola reaccionar, y eligió unas bonitas braguitas "culotte" de encaje y un sujetador a juego ambos verdes intensos. Dejó caer la toalla al suelo deliberadamente y, lentamente sin ninguna prisa se colocó la ropa interior dejando que el encaje la acariciase al deslizarse por sus piernas.
Antes de acercarse al vestidor a buscar algo de su estilo, o al menos a intentarlo, se acercó al gran espejo que había de pie justo frente de ella. Se quedó un rato mirándose en ese espejo, las braguitas le quedaban bien, de hecho le quedaban más que bien, para ser justas Emma sabía que tenía un culo de infarto y esa delicia verde lo hacía lucir mucho más. El sujetador por el contrario le venía algo grande, una talla menos habría estado perfecta.
Estaba claro que los pechos de Regina eran mas grandes. "No Emma, no vayas por ahí, no pienses ahora en ella". Pero eso era inútil, por su cabeza pasaban imágenes de la morena una y otra vez, mientras se repetía la misma frase cual mantra. Levantó la vista para encontrarse con su propia mirada pero en lugar de eso lo que encontró fueron dos profundos pozos de chocolate fundido.
Lo que le hacía falta ya, soñar despierta con ella, como si no fuese suficiente soñarla cada noche. Cerró los ojos y los volvió a abrir. "Un momento..." La imagen de Regina no había desaparecido, continuaba ahí y para colmo miraba su cuerpo como si estuviese a punto de saltar sobre ella, como una pantera acechando a una inocente gacela que no sabe que está siendo vigilada.
- ¿Re-Regina?
Unos momentos antes...
"Maldita sheriff, si no coge el teléfono ¿dónde demonios está?" Regina paseaba de un lado a otro del despacho, no es que estuviese preocupada por ella, que va, para nada, en absoluto, de ning- "¡Ya sé, el espejo!"
Se acercó rápidamente situándose frente a él, formó en su mente una imagen clara de la rubia y apenas moviendo los labios le pidió al espejo "muéstrame a Emma". Al principio una especie de neblina cubrió todo el espejo, era como si todo el cristal se hubiese empañado de golpe, podía distinguir una silueta pero nada más. Se concentró un poco más para intentar verla reflejada en otra superficie. Y de pronto apareció.
Seguía en su dormitorio y había cambiado la sábana que la cubría por una pequeña toalla e iba dejando un rastro de gotitas por todo el suelo. "¿Será posible que haya tenido el descaro de ducharse en MI casa y en MI ducha?" No había terminado de formular un pensamiento coherente cuando vio como esa impertinente de Emma Swan abría todos y cada uno de sus cajones hasta quedarse mirando el de su ropa íntima.
Esto ya fue demasiado para Regina, hecha una furia se lanzó hacia el teléfono dispuesta a gritarle a la sheriff hasta quedarse afónica. Pero cuando se giró teléfono en mano para seguir vigilando casi se le resbala de la impresión. El aire se le quedó atrapado en la garganta, no podía mover ni uno solo de sus músculos. La imagen que veía a través del espejo prácticamente la embrujó, y no era para menos. Veía cómo la sheriff se había quedado completamente desnuda al soltar la toalla y como se colocaba su propia lencería, y pese a que su mente intentaba reaccionar a toda costa esa imagen adormecía sus reflejos y embaucaba sus sentidos provocando que la excitación se adueñase de ella por completo.
Sin darse cuenta se había ido acercando más y más al espejo mientras Emma se observaba así misma. Regina por su parte había perdido la noción del tiempo y del espacio, y el sentido de la realidad tan sólo se dedicaba a devorarla con la mirada, fijó la vista en sus deliciosas caderas y se lamió lentamente los labios. Fue recorriendo poco a poco todo su cuerpo mientras se mordía fuertemente el labio intentando desesperadamente no tirarse contra el espejo y al mismo tiempo deseando estar en la misma habitación que Emma, quitarle con sus propias manos aquello que era suyo, y dejar al descubierto su suave y perfec-
- ¿Re-Regina? - La voz de Emma la sobresaltó haciendo que se retirar del espejo y apartase la vista momentáneamente para recobrar la compostura.
- Emma – Su voz sonó demasiado grave debido a la excitación, tanto que hasta ella misma se sorprendió. Carraspeó un poco intentando aclararla – Sheriff, ¿qué has estado haciendo? La he llamado y no contestaba.
- ¿Esperarte? - Emma se encogió de hombros con media sonrisa asomando en sus labios.
- ¿Esperarme? ¿Medio desnuda en mi dormitorio? - Regina la atacó con su mejor pose de desprecio mientras que intentaba con todas sus fuerzas no pensar en como sería llegar a casa y encontrarla desnuda, en su cama...
- Vamos, no es como si no me hubieses visto así antes – Esta vez Emma la miraba con su sonrisa más canalla – Además llevo más ropa encima que esta mañana.
Regina estaba empezando a perder los nervios y que la sheriff siguiese así delante de ella no la ayudaba en absoluto.
- Póngase algo encima y venga inmediatamente aquí. Tiene mucho trabajo acumulado.
- Está bien, hablaremos en persona, ahora dime, ¿cómo cierro Skype? - Regina rodó los ojos.
- ¿Cómo lo has encendido?
- No tengo ni zorra idea – Regina suspiró ante el vulgar vocabulario en busca de paciencia.
- Está bien, déjalo así y sal de ahí de una vez – Cuando Emma desapareció de su vista pasó la mano por delante del espejo y se vio de nuevo reflejada en él. Se quedó observando su imagen unos segundos y respiró hondo antes de dirigirse a su mesa pensando en cómo demonios iba a concentrarse ahora en todo ese trabajo con la imagen de Emma en la cabeza.
Después de haber abierto dos o tres cajas y haber revuelto el armario y un par de cajones, Emma encontró, aparte de alguna que otra jollita de la que hablaría con la morena más adelante, algo más o menos de su gusto. No es que a ella no le gustase la ropa de Regina, más bien todo lo contrario, parecía que todo su vestuario estaba hecho a medida con el único propósito de realzar esas curvas de diosa bajada del Olimpo, el problema era simplemente que ese no era su estilo.
Al final se decidió por unos pantalones negros y una americana que le había visto a Regina usar más de una vez y una camisa idéntica a la que ya le había tomado "prestada" anteriormente. Emma tenía serias dudas sobre si era la misma camisa o no. Ella misma había intentado devolvérsela pero la alcaldesa la había despreciado alegando que no quería nada que hubiese tocado su piel y Emma, por extraño que parezca, en vez de tirarla la guardó al fondo de su armario.
Nunca se paró a pensar porqué se la quedó, ella no había pensado antes en Regina de la manera en la que pensaba desde hacía unos días. Quizá su subconsciente sabía algo que ella ignoraba por aquel entonces. ¿Era posible entonces que fuese la misma camisa? ¿Por qué iba Regina a tener dos camisas iguales? Decidió que en cuanto pudiese miraría en su armario.
Respiró hondo y se ajustó la chaqueta frente al espejo sintiéndose tonta ya que el espejo no le devolvía su reflejo si no la imagen del despacho de Regina. Una sonrisa estúpida se le dibujo en la cara cuando vio la postura en la que estaba la alcaldesa. Regina estaba ligeramente inclinada hacia atrás en su silla. Sostenía un dossier en sus manos y una pluma descansaba delicadamente sobre sus labios, pero en lugar de estar leyendo el documento su cabeza reposaba suavemente en el respaldo y su mirada se posaba en el infinito. Emma se quedó observando durante algún tiempo hasta que vio como el dossier se le resbala de entre las manos y esparcía todo su contenido por el suelo mientras Regina, sorprendida, volvía en sí maldiciendo por lo bajo y agachándose a recoger el desastre. La rubia soltó un par de carcajadas antes de salir finalmente del dormitorio para dirigirse al ayuntamiento mientras por dentro se moría de curiosidad por saber que era a aquello tan importante que había con seguido distraer nada más y nada menos que a Regina Mills de su trabajo.
Entró al despacho de Regina haciendo que se sobresaltase.
- Señorita Swan, ¿es que no le enseñaron a tocar antes de entrar? ¿Nadie se ha molestado en enseñarle modales? - Regina prácticamente le había rugido nada más entrar.
- Pues no, la verdad es que no, todo lo que sé lo he tenido que aprender por mi misma sin la ayuda de nadie – Su contestación fue relajada, no había reproche ni molestia en su voz simplemente aceptación.
Regina se quedó muda unos instantes mientras la rubia se dejaba caer despreocupadamente en una de las sillas, frunció el ceño por el modo en el que Emma le quitó importancia al asunto. Se revolvió inquieta en su asiento, se sentía rara, ¿era eso que estaba sintiendo empatía? ¿Se sentía mal por Emma? Movió la cabeza de un lado a otro para despejarse y decidió cambiar de tema. Iba a interrogarla sobre lo ocurrido esa mañana pero en ese momento se percató de la camisa que llevaba la sheriff. "No puede ser... Joder la ha encontrado, soy estúpida, he robado mi propia camisa". Regina suplicaba porque la tierra se la tragase en ese mismo instante, sus mejillas se habían teñido de rojo y eso no pasó desapercibido para la rubia.
Emma sonrió de medio lado siendo consciente de la reacción de Regina al ver la camisa, ya no le cabía ninguna duda de que era la misma ahora quedaba averiguar el cómo y el porqué. Cambió el semblante y relajó su postura mientras se levantaba y se acercaba más a la mesa de Regina.
- ¿Qué hacemos ahora? - La voz de Emma sonó como un suspiro mientras miraba fijamente a los ojos marrones. Justo cuando Regina iba a contestar la rubia se le adelantó – Deberíamos trabajar, ¿no cree? - comenzó a caminar lentamente mientras rozaba el filo del escritorio con la yema de sus dedos – O quizá deberíamos hablar de los que ocurrió esta mañana, de cómo llegue hasta allí. - Regina observaba todos sus movimientos con cautela esperando paciente para descubrir a donde quería llegar la rubia – O de por qué en vez de usar tu magia, esa de la que tanto presumes, me encerraste en un armario... desnuda – La bruja se tensó en su asiento – Podemos hablar de ti tras el espejo – Emma se acercaba despacio cada vez más cerca de Regina y ella simplemente se estremeció con la mirada perdida – Quizá prefiere hablar de lo tremendamente bien que me sienta su ropa señora alcaldesa – Podía notar a Emma tras su silla, pero por alguna razón era incapaz de volverse y contestar, hacer que parase de hablar, que terminase con ese estúpido juego – O tal vez... - Sentía su aliento contra su oreja, susurrándole al oído – sólo tal vez... ya que estamos a solas... - La respiración de Regina se había vuelto más pesada, Emma no la tocaba, sin embargo, podría jurar que la sentía por todo su alrededor. Volvió a sentir su aliento cálido en su cuello y cerró los ojos dispuesta a abandonarse a ella, no lucharía más, no contra esto, no contra Emma. - Tal vez podrías explicarme el misterio de la camisa.
- ¡¿QUÉ?! - Regina abrió los ojos de golpe, eso no era lo que ella esperaba.
Se levantó de la silla de un tirón y se volvió para hacerle frente a esa rubia, ¿quién se creía que era para jugar con ella de esa manera? La miró a la cara y pudo ver esa expresión de chulería y suficiencia típica de alguien que sabe que ha ganado o que está cerca de la victoria, pero antes de que Regina pudiese replicar llamaron a la puerta. Emma se apartó rápidamente y se sentó en el sofá con una carpeta en la mano hojeándola distraidamente. La morena la fulminó con la mirada un poco más antes de sentarse en su sillón y contestar.
- Adelante – Tras la invitación la puerta se abrió dejando ve a la pequeña secretaria.
- Señora alcaldesa, la señorita Lucas está aquí, creo que el asunto tiene que ver con la sheriff.
- Está bien, hágala pasar – Regina suspiró audiblemente desde su cómodo lugar, mientras Ruby hacía su aparición.
- ¡Ruby! ¿Qué haces aquí? - Emma se acercó rápidamente a su amiga con una aparente tranquilidad y relajación que hace unos segundos no sentía en absoluto.
- Buenos días Emma, señora alcaldesa – Regina se limitó a inclinar la cabeza a modo de saludo – Vengo a buscarte porque necesitamos ayuda, en algunos sitios las obras se están descontrolando un poco – La rubia miró de reojo a Regina que las observaba con los ojos entrecerrados. Se acercó más a su amiga sonriendo mientras la agarraba del brazo y volvió a girarse disimuladamente para ver a Regina ahora con el ceño fruncido y su sonrisa se hizo mas ancha.
- Pues vamos entonces, no hay tiempo que perder. - Ruby iba a salir por la puerta cuando se fijó mejor en Emma, ¿como no se había dado cuenta antes? Se volvió hacia Regina para despedirse.
- Que tenga un buen día alcaldesa y no se preocupe, haré que Emma se cambie de ropa, no la permitiré acercarse a una obra con ese esplendido traje que seguro se ha visto obligada a prestarle por un motivo totalmente inocente, por supuesto. - La sonrisa de Ruby era más bien una mueca lobuna. Tanto Emma como Regina se veían incapaces de reaccionar, ¿cómo era posible que Ruby siempre consiguiese dejarlas en ridículo?
Por suerte para todos la primera en recuperar la compostura fue Emma y sacó rápidamente a la loba de allí porque nada más cerrar la puerta tras ellas el grito de Regina hizo temblar las paredes. Y pese a todo Ruby salía aún riendo del ayuntamiento mientras una furiosa Emma la fulminaba con la mirada.
Bueno aquí os dejo un nuevo capítulo, se que tarde en actualizar pero es que creo que el último capítulo de OUAT me dejó en shock, en fin, mis disculpas xD
Espero que os guste, dejadme un comentario para saber que os ha parecido ;)
Besos.
S.
