Hola a todas! Me disculpo por haber tardado tanto en actualizar pero entre que ha sido la feria de mi ciudad y que tengo todas las entregas de los trabajos en la facultad me ha sido un poco imposible subir el capitulo antes -_-" Espero no tardar mucho en subir el siguiente pero estoy estudiando para los exámenes así que no puedo prometer nada :) Bueno, espero que disfruten de la lectura ;)
Llevaba ya dos horas intentando cuadrar el presupuesto y la subvención de la escuela pero se le estaba haciendo difícil. Suspiró frustrada. Apenas si había parado en todo el día, de hecho el único descanso que se había tomado había sido para comer una ensalada especial de Granny's a eso de la una de la tarde y de eso hacía ya casi cuatro horas.
Se pasó las manos por el pelo e intentó despejarse sin perder la concentración. Comenzó a repasar el documento de nuevo desde el principio pero no llevaba ni dos párrafos cuando la habitación se oscureció drásticamente. Regina frunció el ceño y se acercó a mirar por la ventana. Era demasiado pronto para que comenzase a anochecer y sin embargo apenas si entraba claridad en la habitación. Al llegar a la ventana se quedó observando el cielo atentamente, se había vuelto completamente gris, tan oscuro que casi parecía negro, y grandes nubes impedían los intentos del sol por colarse entre ellas. Era como si estuviese apunto de caer la peor tormenta en siglos. Pequeñas gotas comenzaban a caer mientras la alcaldesa observaba ensimismada. Era extraño, una tormenta tan repentina, así venida de la nada y más aún en esa época del año. No, esa no era una tormenta normal. La lluvia comenzó a caer con más fuerza. Algo no iba bien, de eso estaba segura. No era solamente que esa tormenta estuviera fuera de lo común, era esa inexplicable sensación, esa opresión que sentía en el pecho lo que le dejaba claro que algo andaba mal. Se volvió hacia el interior de la oficina intentando encontrar la forma de quitarse esa extraña sensación de encima cuando una melodía la sobresaltó. Su teléfono sonaba insistente sobre su escritorio, echó un vistazo a la pantalla. Era Emma. Se quedó dudando unos instantes pero al final cedió y descolgó el aparato.
- Regina Mills – Regina contestó con voz neutra pero un fuerte ruido de fondo la hizo preocuparse involuntariamente.
- Re-Regina... Oh dios Regina. Tienes que venir, yo... yo necesito que vengas – La alcaldesa distinguió la voz de Emma entrecortada y desesperada y sus pulsaciones comenzaron a acelerarse. Estaba en lo cierto, algo estaba ocurriendo.
- Señorita Swan, ¿qué ocurre? Trate de calmarse, no la comprendo – Intentaba sonar indiferente pero estaba empezando a preocuparse seriamente.
- Es mi magia. No puedo pararlo. Oh dios, ¿qué he hecho? ¡Por favor tienes que venir!
- Está bien, señorita Swan respire, ¿me oye? ¿Dónde está? - Por respuesta sólo obtuvo la respiración agitada de Emma y voces que no reconocía a lo lejos. - ¡Emma! - Al oír su nombre pareció reaccionar.
- El puerto, estoy en el puerto, en la conservera. Regina por favor, tienes que venir, por favor... por favor... - La sheriff sollozaba y comenzaba a hiperventilar.
- Emma tranquila, estoy allí en un segundo, tranquilizate o será peor. Ya estoy de camino... te lo prometo. - No sabía que era lo que la hacía reaccionar así ni por qué había dicho lo que dijo pero en ese momento no le importó lo más mínimo. Echó un vistazo a las llaves de su coche pero la voz de Emma aún retumbaba en su mente, tenía que llegar ya. Y en ese mismo instante desapareció dejando tras ella un leve rastro morado flotando en su despacho.
Regina buscaba en todas direcciones, la lluvia la estaba empapando, iba a comenzar a llamarla a voces cuando unas llamas le indicaron el lugar exacto. Al acercarse pudo ver el caos con sus propios ojo. Unas veinte personas se encontraban frente a la puerta de la nave principal de la conservera que ardía fuertemente, pese a la densa lluvia que le caía encima. Era cómo si ese fuego no se apagase al contacto del agua... "Oh Emma, ¿qué has hecho?" Se acercó más intentando encontrar a la rubia y en poco tiempo la localizó un poco más apartada. James se encontraba a unos cinco o seis metros de ella como si no pudiese acercarse más. Al llegar hasta ellos Regina pudo oír la conversación.
- Emma, por favor – Charming suplicaba.
- No David, ¡no te acerques! - Por cada paso que el hombre daba hacia ella, la rubia retrocedía dos. James desesperado se giró encontrándose a Regina de bruces.
- Haz algo, ayúdanos – La alcaldesa lo miró con desprecio e iba a replicarle algo justo cuando desvió la mirada y se cruzó con la de Emma.
- Yo me encargo – Lo dijo sin apartar la mirada de ella, y de igual modo movió sus manos haciendo que una nube de arena viajase desde la playa y cayese sobre las llamas del edificio extinguiéndolas por completo. - Vamos, ven conmigo. - Se habían acercado lo suficiente como para que Regina pudiese agarrarla de la cintura. - Tranquilo, estará bien – Sus últimas palabras dirigidas a James quedaron flotando en el aire mientras el hombre observaba el lugar que hace unos instantes ocupaban su hija y la Reina Malvada, y un malestar se apoderó de él aún sin poder entender a qué se debía.
Aparecieron en el salón de la mansión. Emma se abrazaba a sí misma mientras tiritaba. Regina por su parte se giró hacia la chimenea, prácticamente la encendió con la mirada y con dos amplios movimientos hizo aparecer una manta sobre Emma y se vistió así misma con ropa seca. La sheriff que observaba todo con la mirada perdida, se fijó en ese detalle y torció el gesto levemente, demasiado aturdida como para decir algo.
- Sólo puedo hacer aparecer mi ropa porque se como es, la conozco y además se exactamente donde está o al menos imaginarlo, no hay posibilidad de confusión. Por ese motivo no te pude vestir esta mañana ni puedo traer ropa seca de tu armario – Ante la aclaración Emma simplemente asintió y se acercó más al fuego – Pero si me das tu ropa la puedo meter en la secadora.
- ¿Qué? - Las mejillas de Emma recuperaron un poco de color – No, no. No es necesario.
- Está bien, dame al menos la chaqueta – La sheriff se la entregó obediente y volvió a colocarse la manta rápidamente – Puedes sentarte donde quieras, ahora vuelvo.
Emma se sentó en el suelo junto a la chimenea mirándola fijamente. Al poco rato oyó unos pasos aproximándose y se giró extrañada al no oír el 'clic' de los tacones. La alcaldesa iba descalza y llevaba con ella dos copas y una botella de vino. Emma no sabría decir cual de las dos cosas la sorprendió más. Regina se acercó y se sentó en el suelo junto a ella. "Definitivamente ahora si que lo he visto todo en esta vida..." Incapaz de articular palabra, la rubia se quedó observando como la alcaldesa vertía una generosa cantidad de vino en ambas copas y le tendía una sin soltar palabra. Después de casi un minuto de mirarse la una a la otra Regina rompió el silencio.
- Bueno, ¿vas a explicarme lo que ha ocurrido? - Emma suspiró y sabiéndose observada bebió un largo trago de vino.
- Resumiendo, podríamos decir que David, Leroy y compañía me hicieron enfadar y de pronto todo se descontroló, aparecieron unas llamas salvajes y supongo que me asusté así que comenzó a llover... porque tú también piensas que yo traje esa extraña tormenta, ¿no es así? - Regina se limitó a asentir para no distraer a Emma de su historia – Yo no me podía calmar, las llamas y la lluvia eran cada vez más fuertes y supe que tenía que llamarte... Gracias por venir. - Emma apartó la mirada y se escondió tras un sorbo de vino.
Regina dejó de observar a la mujer que tenía al lado y hundió la mirada en su copa. Ella no estaba acostumbrada a ser necesitada por nadie, excepto quizá por Henry que cada vez la necesitaba menos, pero por encima de todo no estaba acostumbrada a que le dieran las gracias, no estaba preparada para ello y al hacerlo Emma prácticamente la había desarmado. Miró a la rubia de reojo y vio como tiritaba perceptiblemente.
- Estás tiritando, si no te quitas la ropa intentaré secarte como sequé tu camiseta cuando se mojó con el hielo – Al recordar el incidente la mirada de Emma se turbó y antes de que pudiese replicar Regina le dio un empujón en el hombro y la tumbó en el suelo.
- Espera, ¿qué...? -
- Sh, calla y no te muevas – Regina comenzó por su pantalón. Pasaba ambas manos por encima de Emma quedando a pocos centímetros de sus piernas sin llegar nunca a rozarla.
Por una vez en su vida hizo caso y se quedó quieta mientras observaba a Regina trabajar. Veía la expresión de concentración en el rostro de la alcaldesa y como sus manos ascendían lentamente por su cuerpo. Podía sentir el calor emanando de ella. Sus pantalones ya estaban completamente secos y las manos de Regina ascendían por su ombligo peligrosamente cerca de sus pechos. Un escalofrío que nada tenía que ver con su camiseta húmeda, le recorrió la espalda y por un momento los ojos de ambas se encontraron.
Los ojos verdes, las pupilas dilatadas, los labios entreabiertos, la respiración pesada. Regina intentaba mantener la concentración pero empezaba a resultarle difícil. Comenzaba a marearse por todo el esfuerzo que empleaba en aplicar su magia y resistirse a Emma al mismo tiempo. "Irónicamente podría haberme evitado ambos esfuerzos si Emma se hubiese quitado la ropa..." Tras este último pensamiento involuntario todo se tornó negro y fue incapaz de sostenerse así misma.
La sheriff vio como los ojos de Regina se cerraban y logró agarrarla antes de que su cabeza golpease contra el suelo.
- Regina, ¡Regina! ¡¿Qué ocurre?! ¡¿Estás bien?! - Emma la sacudió levemente haciéndola pestañear volviendo en sí, pero al rozar su mano se sobresaltó. - ¡Por dios Regina! ¡Estás helada!
Regina sonrió débilmente e incorporándose alargó la mano hasta alcanzar la manta que descansaba sobre el sofá más cercano y se la echó por encima acercándose lo máximo posible al fuego.
- Regina, ¿qué se supone que acaba de pasar? - Emma la miraba sin entender nada.
- Ya le he dicho, señorita Swan, que la magia es mucho más compleja de lo que cree. Para crear fuego, una vez que dominas tu magia, tan sólo tienes que pedirlo, pero para lo que acabo de hacer, para secarle la ropa, he tenido que traspasarle calor, mi propio calor corporal – Emma abrió los ojos impactada – Pero tranquila, me repondré enseguida, tan sólo estoy un poco cansada debido al esfuerzo. Y hablando de eso, debe de estar agotada sheriff, ha incendiado un edificio y desatado una tormenta, ¿se puede saber que la hizo enojar tanto? - Una sonrisa irónica se daleó en su rostro.
- Ya te lo he dicho, David y Leroy me hicieron enfadar.
- ¿Leroy?, creí que Borracho est -
- Gruñón.
- Como sea, creí que pensabas dejarlo detenido – Regina ahora la miraba con curiosidad.
- Exacto. Pero por lo visto David decidió desobedecer a la autoridad alegando que yo no veía las cosas con claridad – Emma apretó los puños – Y entonces todos empezaron a decir que no era para tanto y que después de todo lamentablemente aún seguías viva. Lamentablemente, Regina ¡lamentablemente! - Estaba empezando a perder el control de nuevo y ni siquiera era consciente.
- Emma tranquiliz-
- Estoy tranquila Regina, ¿cómo pueden andar por ahí deseándole la muerte a la gente? ¿No se supone que son los buenos? ¿No son héroes y príncipes? ¡¿Cómo pueden llamarse a ellos mismos "buenos" si van con una daga bajo la manga esperando un buen momento para atacar?! ¡Si esos son los buenos yo no quiero formar parte de ellos! ¡No quiero ser buena! ¡NO QUIERO SER SU MALDITA SALVADORA! - Y la chimenea estalló.
Las llamas eran como tres o cuatro veces más fuertes y expedían un calor sofocante. Regina se separó lo más rápido que pudo del fuego y alejó a Emma con ella mientras que la rubia no dejaba de hiperventilar asustada. La morena la agarró de los hombros y buscó su mirada.
- Señorita Swan... Emma – La zarandeó suavemente pero la rubia seguía con la mirada fija en las llamas – Emma mirame, por favor Emma mirame – Poco a poco la sheriff fue guiando a sus ojos hacia ella saliendo del shock inicial.
- ¡Regina paralo! ¡Haz algo!
- No Emma, tu puedes detenerlo, sólo tienes que relajarte, ponerlo bajo tu control.
- No, no puedo. Esto es más fuerte que yo, no puedo hacerlo.
- ¡Si, si que puedes! - Emma intentó retirarse negando con la cabeza pero Regina la tomó de las manos – Escucha Emma, esto no es más fuerte que tú porque todo esto es tu poder, tu magia, de hecho es una mínima parte de él, tu eres mucho más fuerte que un simple fuego mágico. Dejate llevar, Emma, simplemente siente la energía recorrer cada rincón de tu cuerpo. Siéntela Emma, y después hazte con ella.
Mientras Regina hablaba Emma se había perdido en sus ojos, las palabras suaves y calmadas la tocaban como leves caricias que calmaban su alma. Sus respiraciones se fueron acompasando, poco a poco Emma sentía su cuerpo más libre, menos tenso. Fue consciente del tacto suave de las manos de Regina cuyos pulgares acariciaban inconscientemente el dorso de sus manos. Y se ahogó por momentos en aquel chocolate líquido de sus ojos, tan alejada del mundo que no se dio cuenta del silencio hasta que Regina lo rompió.
- ¿Ves? Lo has conseguido – Regina formó una ínfima sonrisa en sus labios y soltó las manos de la rubia haciéndola volver a la realidad de su mundo, un mundo en que ella no era nada para Regina Mills.
- Regina, ¿qué voy a hacer? No se porqué ha funcionado pero no estoy segura de poder volver a controlarme. - La mirada de suplica de Emma le movió algo en su interior, algo que la asustó.
- Tan sólo necesita práctica y disciplina señorita Swan – La respuesta fría de Regina, o más bien gélida comparada con las palabras anteriores, la hicieron retroceder un paso. "Jamás entenderé a esta mujer", Emma suspiró en su interior.
- ¿Y qué pasa si en el tiempo que tarde en controlarlo ocurre esto otra vez, otro "accidente"? ¿Y si no puedo llamarte? ¿Y si no llegas a tiempo? - Regina la observaba fijamente – Tengo miedo Regina...
La bruja continuó mirándola mientras sentimientos y pensamientos contradictorios se agolpaban en su interior. Las veces que la sheriff había perdido el control había sido por su culpa, ella la había defendido a capa y espada delante de todos. Estaba claro, se lo debía. Sería como el pago de un favor, como cumplir su parte del trato, al menos eso era lo que se repetía a si misma una y otra vez para tranquilizar su conciencia.
- Puede que haya algo que sirva de ayuda.
- Lo que sea, haré lo que sea – Emma volvió a mirarla con esa expresión de cachorro desvalido y automáticamente le volvió la espalda comenzando a caminar hacia la cocina.
- Muy bien, sígueme – Emma se pegó a ella rápidamente – Se trata de un pequeño hechizo sencillo pero que requiere de una poción para completarse con éxito.
- ¿Y qué hará exactamente ese hechizo? ¿Me quitará mis poderes? ¿Los controlará?
- De ninguna manera querida, ninguna poción puede despojarte de tus poderes ni retenerlos – Regina había ido sacando extraños utensilios de un pequeño armario bastante escondido a la vista – Lo que este hechizo hace es conectarte a mi de alguna manera, por así decirlo – Emma la miró con incredulidad – Básicamente si me necesitas, dices mi nombre y yo aparezco al instante.
- ¿Qué? O sea que si yo estoy hablando con Henry y le pregunto por ti o si pronuncio tu nombre en alguna conversación, tú aparecerás de la nada en un microsegundo.
- Es más complejo que eso Sheriff – tomó aire inspirando con paciencia – Sólo funcionará cuando de verdad me necesites, cuando desees profundamente que esté ahí, para salvarte del peligro o de ti misma – Terminó la frase en un tono de burla más agudo reflejando la satisfacción que aún sentía al burlarse de Emma.
- Ok, ¿entonces te ayudo?
- No, no, mejor no toques nada, no quiero que mi hermosa cocina termine pareciendo un desastre. Llama a la tontanieves y diles que estás bien, no les quiero dentro de media hora aporreando mi puerta reclamándote cual reliquia sagrada – Emma entornó los ojos y torció el gesto y Regina se encogió de hombros dándole la espalda.
- Ya... - Emma se paró para hablar desde la puerta - Por cierto, hablando de reliquias, tenemos que hablar de la gema esa kriptoniana.
- ¿Kriptoqué? - La rubia sonrió ante el rostro confuso de la alcaldesa.
- Nada, dejalo, no tiene importancia – Y se alejó sonriendo para llama a casa.
Una hora y cuarto después ambas habían tomado un trago de aquella extraña poción y pronunciado las palabras del conjuro. Se acercaba la hora de la cena y Henry la estaría esperando en casa para que le diera una explicación por no recogerlo y llevarlo a la escuela esa mañana. Regina ya le había comentado como había explicado a Henry que no estuviese por si el chico desconfiaba de ella y le preguntaba. Hablaron también de como Emma había podido llegar a su casa pero sin ahondar mucho en el tema porque cada vez que ella intentaba llevar la conversación a su "situación", Regina elegantemente reconducía su charla o simplemente fingía no haberla oído por estar demasiado concentrada en la poción. Por último concertaron una cita a la mañana siguiente con Rumplestiltskin para que las pusiera al corriente de sus averiguaciones, y para que les resolviera el misterio de lo que vieron reflejado cada una en la gema, aunque esto último, por supuesto, no se lo habían confesado entre ellas.
Emma llegó hasta la puerta del apartamento, tomó una gran bocanada de aire y la cruzó. Mary Margaret la vio desde la cocina y salió apresuradamente a abrazarla. A pesar de que no se habían hablado desde la noche anterior, la verdad era que ambas necesitaban ese abrazo.
- Emma, cariño, ¿estás bien? - El tono preocupado de Snow calentó el corazón de Emma al sentir por primera vez lo que era realmente el amor de una madre.
- Si, si. Estoy bien. Regina me ha ayudado – La rubia sonrió sin darse cuenta al pensar en ella y al ver por un momento el rostro contrariado de Snow le quitó importancia rápidamente – Pero no tengo ganas de hablar de ello, estoy cansada y me muero de hambre – Exageró una mueca de pena y Mary Margaret sonrió tiernamente.
- Por supuesto, siéntate mientras termino la cena.
Nada más dejarse caer en el sofá aparecieron David y Henry por la puerta. El chico rápidamente llegó hasta ella y comenzó a parlotear de un millón de cosas diferentes, hasta que Mary Margaret los llamó para que se sentaran a la mesa.
Una vez que sirvieron la comida todos comenzaron a devorarla en silencio excepto por las intermitentes interrupciones de Henry. David por su parte a penas levantaba la cabeza de su plato, Mary Margaret le debía haber dicho que ella no quería hablar del tema. Estaban terminando sus postres cuando Emma habló.
- Mañana iré a ver a Rumple para hablar de algunos detalles de su visión y la relación que tiene la extraña piedra con todo esto, ademas de... de un par de cuestiones – Esto último lo dijo casi para si misma.
- Oh bueno, yo mañana tengo que estar en la escuela pero puedes decirle a Ruby que te acompañe.
- Um no, no será necesario... - Emma bajó la mirada hacia su plato vacío – Regina vendrá conmigo.
- ¡¿Regina?! - James intervino en la conversación, pero antes de poder añadir nada más sintió la mano de Snow apretando la suya suavemente.
- Si, Regina – Dijo Emma en medio de un suspiro. Se volvió hacia Henry que la miraba sonriente - ¿Qué ocurre chico?
- Nada – Se encogió de hombros – Me gusta que mi madre y tu os llevéis mejor. - Emma le devolvió la sonrisa y se levantó a dejar los platos en el fregadero.
Tras regresar y disculparse por estar agotada, dio las buenas noches y subió a su dormitorio. Sentía sus párpados cerrándose, el cansancio acumulado parecía regresar a ella todo de golpe. Consiguió desvestirse y colocarse una camiseta antes de dejarse caer rendida en la cama. En el instante en el que su cabeza rozo su almohada sus ojos se cerraron haciéndola caer en un profundo sueño.
5.30 am. 108 de Mifflin Street
Se incorpora en la cama sobresaltada, un agudo dolor en el pecho le trae un pensamiento a su mente "Emma". Sabe lo que va a ocurrir en ese instante y alarga su mano para hacerse con la bata que descansa a los pies de su cama pero antes de estar ni siquiera cerca de rozarla ya había desaparecido con un parpadeo.
No había ninguna luz, no sabía donde se encontraba, sus ojos intentaban acostumbrarse a la penumbra y gracias a la débil claridad de la luna menguante que se colaba por la ventana se pudo dar cuenta de que estaba en un dormitorio.
Comienza a girar sobre si misma observando su al rededor hasta que sus ojos dan con la cama. Lo que ve la deja paralizada pero es sin duda lo que oye lo que hace que pierda el control.
Hola de nuevo! Espero que os haya gustado el capítulo!
Muchas gracias por la paciencia y por vuestros comentarios, me dan la vida :) Dejadme saber que opináis ;)
Besos.
S.
