Holaaa! Cuanto tiempo sin actualizar, creo que tengo que pedir disculpas por eso, uff más de cuatro meses... Pero tiene una explicación, la verdad es que quería que esta escena saliera perfecta y nada de lo que escribía me parecía lo suficiente bueno. Además me había presentado por primera vez, después de que me insistieran un montón, a un concurso de relatos cortos y obviamente no gané, había como mil participantes, pero de algún modo hizo que le cogiera miedo a escribir y perdí la confianza en mi misma. Pero bueno, he pasado todo un verano sin escribir una sola palabra y creo que he expiado mis demonios, así que he vuleto! xD

No tengo mucho más que decir excepto que seais benevolentes con el capitulo, me ha costado sudor y sangre y aún así no estoy muy satisfecha peeero es lo que hay, espero sinceramente que os guste! :)


Observa a la rubia tendida e indefensa, con sus rizos desordenados sobre la almohada y sabe que puede resistirse. Desliza la mirada capturando el reflejo del fino sudor que brilla antes de perderse en la curva de su espalda arqueada contra el colchón y sabe que, si quiere, puede resistirse. Baja sus ojos desde su vientre terso hasta la delicada muñeca firmemente escondida entre la familiar tela verde y su propia piel y sabe que si se concentra podría resistirse... Pero es lo más ínfimo, la sombra de un suspiro, la mitad de un aliento, lo que hace que toda resistencia se evapore y la abandone a su suerte.

- Regina – Su nombre resbalando de esos labios fue apenas un murmullo propagado en el silencio de la noche que poco a poco invade el lugar y penetra en el más profundo interior de Regina prendiéndole fuego a sus entrañas.

La necesidad y la cadencia en la voz de Emma la desarmó y antes de poder hacer nada por evitarlo un sonido a medio camino entre un jadeo suave y un gemido bastante audible escapó de sus labios entreabiertos sin el más mínimo reflejo de taparse la boca para acallarlo.

Quizá fue el sonido demasiado alto o al comenzar a acercarse hizo demasiado ruido, pero de pronto Emma se quedó estática y con los ojos entornados y la respiración pesada escudriñó la oscuridad entre sus pestañas. Regina no apartaba la vista de la mano de la rubia, la que aún mantenía en su ropa interior, cada vez más cerca de la cama, perfilando su figura en la oscuridad. Los ojos de Emma se abrieron de golpe al reconocer a Regina en la penumbra. Se vio incapaz de reaccionar, su cerebro no parecía ser capaz de comprender la situación, estaba soñando con ella, de eso estaba segura, y de pronto, allí estaba, en carne y hueso la autentica Regina, a los pies de su cama y devorando cada centímetro de su piel con la mirada. Emma notaba sus pulsaciones desbocadas a la vez que tomaba consciencia de su situación, de lo que estaba haciendo, de hacia donde se dirigían los ojos de Regina... Pero antes de pensar si quiera en retirar su mano se encontró completamente inmovilizada.

Regina no podía resistirse más, Emma la había visto y ahora todo su cuerpo rogaba por sentir el roce de su piel. En un rápido movimiento la inmovilizó sentándose a horcajadas sobre ella, atrapando con su cuerpo su mano derecha y agarrando la izquierda junto a la almohada por encima de los rizos rubios. Con los ojos fijos en los de la rubia se fue acercando lentamente hasta que pudo sentir el aliento entrecortado que escapaba de su boca. Emma hizo el intento de atrapar sus labios pero Regina amagó en el beso y se deslizó por su mejilla hasta llegar su oreja. Separó sus labios para susurrarle al oído y, al sentir el cálido aliento, a Emma la recorrió un escalofrío y el reflejo involuntario de retirar la mano atrapada bajo Regina se hizo más fuerte, consiguiendo que lograra arrastrar su muñeca lo suficiente para que sus nudillos presionaran accidentalmente el punto dulce en el vértice de las piernas de Regina que clamaba por atención.

El gemido llegó a sus labios sin previo aviso, demasiado fuerte por la sorpresa y sin oportunidad de ser disimulado, por puro instinto Regina presionó sus caderas hacia abajo en busca de más fricción provocando en Emma un eco más débil de su propio gemido. Agitó bruscamente la muñeca y Emma llegó a distinguir unos reflejos morados que rodeaban la habitación, Regina se aseguraba de que nadie la oía gritar, Emma tragó saliva ante ese pensamiento y casi creyó perder el conocimiento cuando, esta vez sí, Regina susurra en su oído esas palabras que hacen explotar su mente.

- Si hubiese sabido antes que el encaje te sentaba tan bien no habría esperado tanto para arrancártelo con mi boca.

Emma creía que se deshacía, la voz ronca de excitación de Regina sumada a las sensaciones que le provocaba sentir como se arrastraba poco a poco por su cuerpo dejando un rastro de besos y mordiscos, la estaba volviendo loca. Aún intentaba pasar su camiseta por encima de su cabeza cuando Regina ya se ensañaba con sus pezones imposiblemente duros.

Emma se sentía abrumada pero Regina no daba tregua y antes de que la rubia pudiese pedir más, ella ya se había hecho un hueco entre sus piernas y continuaba dando pequeños mordiscos por encima del borde del encaje. Podía oler la excitación de Emma embriagándola y con una última mirada maliciosa a los ojos verdes bajó la cabeza y desgarró de un mordisco la delicada tela.

Emma se sobresaltó, no se esperaba que le arrancase las bragas con la boca literalmente, pero pronto perdió esa linea de pensamiento cuando sintió la lengua de Regina recorriendo por completo su humedad.

Regina murmuró en apreciación ante el sabor de la rubia y continuó jugando con su lengua.

Emma sentía como los labios, la lengua e incluso los dientes de Regina se burlaban de ella, acariciando, besando y excitándola mientras evitaban cuidadosamente su clítoris palpitante de necesidad. Y justo cuando creía que no podría soportarlo más Regina lo rodeó con sus labios y succionó al mismo tiempo que no dejaba de mover su lengua.

- ¡Regina! - Si no hubiese sido por el conjuro insonorizador, Emma estaba segura de que la hubiesen oído en todo el pueblo. Y sin poder resistirse enredó una mano entre el cabello fino de Regina y la instó a apartarse de ella a la vez que la conducía hacia arriba. La necesidad inexplicable de besar esos labios rojos manchados con su propia humedad se hacía insoportable.

Ninguna pudo contener el gemido de satisfacción al sentir los labios de la otra. Regina profundizó el beso, bruscamente y si pedir permiso, metiendo la lengua en su boca y reclamándola como suya. Poco a poco la mano de la morena se fue dirigiendo lentamente entre los muslos de la rubia deslizando sus dedos junto a su entrada. Al sentir la leve caricia Emma se retorció separándose del beso y clavando su mirada en esos ojos que la enfrentaban, dándole la oportunidad a Regina de hablar de nuevo.

- Uhm...Dios, estás tan mojada... - Regina hablaba cerca de Emma y en cada palabra sus labios rozaban su mejilla - ¿Sabes? No deberías haber hecho esto, no deberías haberme invocado... - Conforme hablaba sus dedos no dejaban de burlarse de Emma sin llegar a penetrar en su interior – Nadie te ha atacado, no estás herida, tus poderes están bajo control... y sin embargo... - Hundió la punta de uno de sus dedos en el centro de Emma que se retorció en busca de más antes de que lo retirase de nuevo – Sin embargo aún me sigues necesitando. - Terminó la frase en apenas un murmullo ronco y necesitado, y la penetró de golpe con dos largos dedos, logrando que Emma gritara su nombre de nuevo y su espalda se arqueara en un angulo imposible. Con una sonrisa depredadora comenzó a moverse suavemente permitiendo a Emma adaptarse a la intrusión, pero pronto empezó a empujar más rápido.

Regina estaba extasiada, no podía apartar la vista de Emma, cada gesto de placer que se dibujaba en su cara era un calambrazo de excitación que se deslizaba por su vientre. Y tan concentrada estaba que no reparó en la mano inquieta que pretendía colarse en su ropa interior. El roce de Emma sobre su clítoris fue tan inesperado que por un momento se incorporó y se quedó completamente paralizada, con sus ojos cerrados y todo su sistema nervioso temblando de necesidad. La rubia aprovechó la vacilación de Regina para deslizar dos dedos fácilmente en su interior y una lengua de fuego se desató en su interior al sentir lo mojada que estaba.

Regina pareció volver en sí como sus caderas comenzaron a montar los dedos de Emma al tiempo que reanudaba el movimiento de sus dedos dentro de ella.

Regina se dejó caer hacia delante y ambas se unieron de nuevo en un beso desgarrador mientras sus cuerpos se mecían juntos en una carrera desesperada hacia su liberación.

El orgasmo golpeó a Emma tan fuerte que Regina sin dejar de balancear sus caderas se incorporó para poder observarla. La rubia se retorcía de placer bajo ella y la simple combinación de esa visión y los salvajes movimientos de sus caderas, mandó a Regina por el borde del precipicio cabalgando cada ola de su orgasmo con la vista fija en el objeto de su deseo. Finalmente se desplomó suavemente sobre ella y ambos cuerpos quedaron temblando en los pequeños espasmos de las replicas del orgasmo.

Una vez se repuso lo suficiente, Regina se deslizó hacia un lado quedando tendida junto a la rubia y se quedó observándola unos instantes esperando a que abriese los ojos hasta que con asombro fijándose en su respiración acompasada se dio cuenta de que se había quedado profundamente dormida, e inevitablemente una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

No sabía cuanto tiempo llevaba viéndola dormir pero comenzó a caer en la cuenta de lo que acababa de hacer y sobretodo de lo que estaba haciendo en ese momento, y esto último la asustó más que otra cosa. ¿Qué le estaba pasando? Ella no hacía ese tipo de cosas, ella nunca habría intimado con la salvadora, adalid del bien, fruto del amor verdadero, y muchísimo menos velaría el sueño de una hija de Blancanieves con una estúpida sonrisa en la cara como si se sintiese la persona más dichosa del mundo. No, esto no tenía ningún sentido, tenía que salir de allí, tenía que huir.

En el momento que fue a levantarse de la cama, Emma se giró oportuna hacia ella pasando una mano por encima de su cintura y acercándose a ella hasta reposar su cabeza en el hueco de su cuello, y con un suspiro en mitad de su sueño murmuró lo único que habría hecho dudar a Regina:

- No me dejes – Y esa petición simple, humilde y sencilla desarmó a Regina de tal modo que tuvo que cerrar fuertemente los ojos para mantener a raya las lágrimas que amenazaban con escapar. Empujó todos sus pensamientos y sentimientos a un lado mientras alargó la mano para cubrirlas a ambas con una fina sábana e inclinó la cabeza hacia Emma aspirando el olor de su cabello y dejándose arrullar por la cálida sensación que abrigaba su corazón.

A la mañana siguiente el Sol las encontró con las posiciones invertidas, ahora era Regina la que se acurrucaba en los brazos de la sheriff y la rubia quien la rodeaba en un apretado abrazo protector.

Un rayo de Sol se colaba entre las cortinas calentando lentamente la mejilla de Emma y golpeando con la claridad sus ojos cerrados haciéndole fruncir el ceño al verse arrancada del mundo de los sueños. La consciencia regresaba a ella poco a poco pero se negaba a abrir los ojos, recreándose así en los olores que la rodeaban y en la suavidad del cuerpo que sostenía entre sus brazos. Reconfortada por el peso de ese cuerpo contra el suyo Emma abrió perezosamente los ojos para observar a Regina. El Sol comenzaba ahora a descender sobre ella y cuando el pequeño rayo juguetón alcanzó su rostro, Regina, arrugó la nariz y Emma casi se derrite de adorabilidad con una boba sonrisa jugando en su boca. "Soy asquerosamente cursi por las mañanas..." Se reprendió a sí misma y volvió a concentrarse en Regina, después de todo, conociendo a la morena no sabía si tendría otra oportunidad para hacerlo de nuevo.

Al cabo de un tiempo un murmullo puso a Emma en alerta sacándola de su fantasía idílica. El ruido provenía de detrás de la puerta y justo a tiempo de reaccionar se dio cuenta de que eran pasos. Se incorporó bruscamente para tirar de una manta sobre ellas y el repentino movimiento despertó a Regina.

- ¿Pero qué–

La mano de Emma voló hasta tapar la boca de Regina interrumpiendo la frase. - Ssh! Viene alguien. - Dijo en un susurro.

- No pueden oírnos, esto está insonorizado – Consiguió responder Regina después de librarse de esa mano de un manotazo. Iba a seguir replicando cuando una voz desagradablemente conocida le hizo componer una mueca involuntaria de desprecio.

- Emma, ¿estás despierta? - Snow dio varios golpes en la puerta.

- ¡¿Qué hacemos?! - Susurró Emma llena de pánico – ¡Desaparecete o algo!

- ¿Qué? ¿Estás loca? Si me voy así y entra verá el rastro de la nube púrpura y sabrá que he estado aquí – Reprochó indignada.

- ¿Emma? ¿Estás bien? ¿Puedo pasar? - Snow insistía tras la puerta.

- ¡No! - Gritó Emma muy nerviosa - ¡No entres, espera un segundo!

- Emma si no contestas voy a entrar. - La rubia confusa miró a Regina que la observaba con una ceja levantada.

- ¿Qué...? Oh ya, claro, no puede oírnos – Regina rodó los ojos "imbécil" - Bueno da igual, va a entrar. Rápido, escondete. - Regina indignada quiso replicar pero se vio empujada bajo la manta exactamente tres segundos antes de que Snow abriese la puerta.

Emma se había dejado caer apoyando la espalda en el cabezal de la cama tapándose hasta el cuello y levantando las rodillas para que la manta no marcase la silueta de Regina que se había colocado entre sus piernas. Snow echó un vistazo a Emma y volvió la vista al periódico que llevaba en las manos y mientras lo ojeaba se dirigió a Emma.

- ¿Cómo te encuentras? Debes seguir agotada por todo el esfuerzo – Regina desde su posición puso los ojos en blanco "Si tu supieras..." - Te he preparado el desayuno, ¿quieres que te lo suba a la cama antes de irme? - Levantó de nuevo la vista con una gran sonrisa.

- No que va no hace falta deberías irte ya adiós luego hablamos – Emma lo soltó todo de carrerilla intentando que su madre saliese cuando antes de la habitación, pero ese extraño comportamiento hizo que Snow se fijase aún más en la curiosa expresión de la rubia.

Regina por su parte comenzaban a impacientarse ahí abajo y aunque ni muerta lo reconociese, estar entre las piernas de una rubia muy desnuda y no hacer ni el más mínimo movimiento estaba poniendo a prueba todo su autocontrol.

Snow escrutó la cara de Emma pero por suerte no reparó en la extraña disposición de las mantas, ya que si se hubiese fijado, se habría percatado de la presencia de una figura escondida bajo ellas. Regina comenzaba a tener serios problemas para permanecer quieta, su nariz comenzaba a picar y temía que en cualquier momento pudiese estornudar.

- Bueno, entonces nos veremos después. Hasta luego cariño. - Emma suspiró aliviada cuando Snow se volvió de espaldas a ella y agarró el pomo de la puerta.

Y en ese instante se desató el horror. Sucedió en apenas unos segundos y ni si quiera Emma, que lo vivió a cámara lenta, pudo evitar el desastre.

- ¡Achís! - El estornudo de Regina resonó en el silencio de la habitación.

- Salud - Dijo Snow automáticamente empezando a volver la cabeza con una sonrisa.

Emma se preparó para contestar ella a su madre, pero en cambio contempló horrorizada como años de estricta y férrea educación se impusieron al instinto de supervivencia.

- Gracias.


Bueno, ¿qué os ha parecido?! :$ Dejadme un comentario con vuestra opinión, es importante para mi :)

Y gracias a todos los nuevos seguidores y lo que marcaron como favorito, pero sobretodo gracias por los comentarios releerlos en mi pequeño exilio ha sido terapeútico ;)

Besos.

S.