Bueno, aquí os traigo un poquito de continuación ;)
Regina se llevó las manos a la boca en un intento desesperado por recuperar la palabra que se le había escapado alto y claro.
Emma estaba realmente petrificada, con los ojos clavados en su madre pero con la mirada perdida y sus labios apretados en una fina linea, a la espera de una reacción.
Snow por su parte se veía incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo. Había demasiadas cosas que no tenían sentido y en primer lugar estaba la respuesta que claramente no salió de los labios cerrados de su hija. Poco a poco su cerebro iba procesando la información, y esa voz tan familiar fue formando un rostro en su mente al tiempo que inconscientemente buscaba la figura de Regina en la habitación sin hallarla. Pero entonces se percató de la incomodidad palpable de Emma, su extraña postura y de lo amortiguado de la voz que había escuchado, y algo en su interior hizo "clic". Sus ojos se abrieron de par en par mirando con horror hacia el lugar en el que se encontraba su madrastra como si pudiese verla a través de la manta. Y en apenas unos segundos su mirada cambió del horror y la sorpresa a una furia explosiva lanzándose hacia los pies de la cama y agarrando las mantas para descubrir a la intrusa.
Al ver la expresión en el rostro de su madre la rubia reaccionó estirando sus manos hacia delante en un pobre intento de pararla.
- ¡Snow quieta! - Para cuando el grito de Emma se oyó en la habitación Snow ya había levantado lo suficiente para destapar las piernas de Regina y la sheriff cerró los ojos y se preparó para la ira de su madre y probablemente también para la de Regina.
Pero nada ocurrió, sintió a Regina sentarse a su lado y abrió los ojos justo a tiempo para ver como su madre, totalmente quieta y con la vista fija aún en el lugar en el que hacía unos instantes estaban las piernas de Regina, cerraba los ojos y caía desmayada golpeándose la cabeza contra la madera del suelo.
Emma se quedó paralizada mirando fijamente a la mujer inconsciente sobre el suelo. Regina por su parte estaba recostada contra el cabecero de la cama observando con las cejas alzadas pero, por lo demás, totalmente indiferente. Emma la miró pidiéndole una explicación y ella simplemente se encogió de hombros.
- Le has pedido, y nada amablemente tengo que añadir, que se quedase quieta, así que supongo que simplemente ella ha... obedecido. - Una sonrisa burlona intentaba abrirse paso por sus labios pero la controló a tiempo.
Al darse cuenta de que nuevamente sus poderes habían tomado el control, a Emma se le hizo un nudo en el estómago y bajó de la cama rápidamente. Se acercó a su madre y comprobó su pulso mientras se aseguraba de que no tenía ninguna herida grave en la cabeza. La zarandeó un poco pero aún así no despertaba.
Se volvió hacia Regina y al cruzar los ojos con los suyos casi se queda sin aliento. La intensa mirada que le ofrecían esos ojos oscuros gritaba peligro y todas las alarmas de Emma se activaron de inmediato. Sus ojos recorrían su cuerpo como si en cualquier momento fuese a saltar sobre ella. En ese instante Emma fue consciente de su desnudez y sintiendo cómo su cuerpo se prendía bajo esa mirada comenzó a vestirse lo más rápido que pudo, consciente de que no era el momento ni el lugar de pensar en según que cosas...
Regina no apartaba la mirada ni un segundo, el cuerpo de Emma la tenía prácticamente hipnotizada, cada vez le costaba más ignorar todas esas emociones y sentimientos que despertaba en ella, sabía que esa mujer sería su perdición y cada día que pasaba estaba más segura de ello.
Una vez vestida y un poco más cómoda consigo misma, dio un rápido vistazo al rededor y levantó a su madre para dejarla sobre la cama. Regina se levantó de inmediato, cómo si de pronto las sábanas que la cubrían fuesen lava, y se alejó cuanto pudo de la cama mirando a Snow con el ceño fruncido.
- Bueno, no quisiera interponerme en esta bella reunión madre-hija, así que–
- ¡Ni se te ocurra! - Ante el grito de Emma Regina bajó las manos y la miró con las cejas alzadas – No puedes irte... Regina, ¿y si no despierta? ¿Y si le he hecho daño? Yo... - No terminó la frase, simplemente la dejó en el aire mirando hacia ella con su mejor cara de cachorrito abandonado, suplicando silenciosamente por su ayuda.
Con un profundo suspiro Regina cedió. Ver a Emma vulnerable se le hacía a la vez extraño y enternecedor, pero no le gustaba verla en ese estado de indefensión y angustia. Se cruzó de brazos y frunció los labios.
- Muy bien, ¿cuál es el plan? - Al oír sus palabras Emma soltó todo el aire que no sabía que había estado conteniendo y una tímida y diminuta sonrisa se dejó ver brevemente en su rostro.
- No sé, deberíamos bajar y desayunar algo, no se me da bien pensar con el estómago vacío. - Regina puso los ojos en blanco mientras se giraba hacia la puerta.
- Regina... Esto... - Regina volvió la cabeza en respuesta y se fijó en el modo en que la sheriff la miraba – Quizás quieras ponerte algo más, ya sabes, por si ella despierta...
Regina deslizó su mirada hasta el delicado camisón que aún llevaba puesto y automáticamente sus suaves mejillas adquirieron un tono más rosado que de costumbre. Con un simple carraspeo y un sutil giro de muñeca quedó impecablemente vestida, un segundo después bajaba las escaleras con la cabeza bien alta directa a la cocina.
Emma simplemente negó con la cabeza un par de veces mientras una sonrisa estúpida se dibujaba en sus labios. Necesito varios segundos para reaccionar. Suspirando miró hacia su madre que continuaba tendida sobre la cama y la levantó en peso para llevarla al salón. Quería tenerla cerca por si se producía algún cambio.
Snow navegaba entre la consciencia y la inconsciencia. Logrando abrir los ojos pero sin poder mantenerlos mucho tiempo abiertos, como si intentase despertar de una especie de anestesia, ajena a la discusión que mantenían las dos mujeres en la cocina a pocos metros de ella.
Tomando algo más de consciencia de su cuerpo, en uno de sus intentos por despertar, consiguió mover uno de sus brazos con gran esfuerzo hasta dar con él con fuerza en una superficie rígida.
Emma y Regina por otra parte, seguían discutiendo sobre qué hacer. En ese momento la alcaldesa, con su mejor pose de perra cínica e indiferente, sugería llevársela a Rumple a ver si él podía hacer algo por ella, y si no podía hacer nada, encargar una bonita urna de cristal a los enanitos. Pero de pronto un fuerte ruido interrumpió su elaborado discurso.
- ¿Qué ha sido eso? - Emma se volvió hacia el ruido mientras preguntaba – Está despertando – La sheriff se acercó rápidamente hasta el sofá donde descansaba su madre y recogió el teléfono inalámbrico que acababa de tirar al suelo. Se puso a su lado en cuclillas y la zarandeó suavemente.
- Mary Margaret. Eh, Mary Margaret despierta – Emma alternaba miradas nerviosas entre la cara de su madre y la de Regina mientras levantaba la voz un poco más – Snow, ¿estás bien?
Poco a poco volvió a abrir los ojos intentando enfocar la cara que tenía justo delante, prácticamente encima de ella. Lentamente la imagen se hizo más nítida y frunció el ceño echando una rápida mirada alrededor antes de centrarse de nuevo en los ojos verdes que la miraban con una mezcla de alivio y preocupación.
- Oh Dios. ¡Estás despierta! - Sin poder contener el impulso, Emma la rodeó con los brazos lanzándose sobre ella en un apretado abrazo.
Ante el repentino contacto, Snow se retorció escapando de su abrazo de oso y levantándose de un salto del sofá, alejándose lo máximo posible de ella.
- ¡¿Quién eres tú y qué quieres de mi?!¡¿Dónde estoy y por qué me has traído aquí?! ¡¿Es que acaso no sabes quién soy?! - Snow la miraba con los ojos entrecerrados y en posición defensiva, mientras que Emma tan sólo podía observarla con los ojos y la boca abiertos desmesuradamente.
Ante aquel extraño espectáculo Regina decidió acercarse poco a poco hasta ellas, curiosa por el nuevo rumbo que estaba tomando la situación. Pero justo en el momento en el que entró en el campo de visión de Snow ocurrió algo que ni en un millón de años Emma imaginó que pudiese llegar a ver.
- ¡Regina! - El grito de Snow las sobresaltó al tiempo que incrédulamente veían como la mujer de pelo corto se lanzaba a los brazos de Regina estrechándola con fuerza - ¿Qué ha ocurrido Regina? ¿Quién es esta mujer? ¿Y por qué vas vestida así? ¡Oh dios mio! - Snow miró su propia ropa - ¡¿Por qué voy YO vestida así?! - La última frase fue tan aguda que Regina estaba segura de que superaba los decibelios permitidos. Ese tono agudo y esa verborrea incontenible recordaban a Regina tremendamente a la época en la que Snow... "No... no puede ser..."
- Mary Margaret, soy yo, Emma – Aún no salía de su asombro, no entendía que le ocurría a su madre. Snow se separó de Regina antes de hablar aunque lo hizo refugiándose ligeramente tras ella. Y Emma se dio cuenta de que de ese modo se veía mucho más segura de sí misma y sus palabras sonaban con más fuerza.
- En primer lugar, Emma – Le lanzó una mirada desaprobatoria mirándola de arriba a abajo al tiempo que pronunciaba su nombre con cierto retintín – No sé quién será esa tal Mary Margaret, pero se equivoca de persona, mi nombre es Snow White, y en segundo lugar, no la conozco de nada así que hable de una vez, ¿quién es usted?
Emma miró a Regina a los ojos en una súplica muda, y Regina suspiró pesadamente rondando los ojos a la vez. Sin embargo al ver la sombra del miedo reflejada en la cara de Emma decidió intervenir.
- Está bien Snow, es mejor que te sientes – La morena hizo un gesto e inmediatamente Snow se dejó caer delicadamente en el sillón que le mostraba – Dime una cosa, ¿qué es lo último que recuerdas?
- Pues... - Puso cara de concentración antes de contestar resueltamente – Estábamos en la antesala de tus aposentos tomando un té, después de que me ayudaras a llegar al castillo sin que mi padre se enterase de que había escapado al pueblo y me había golpeado la cabeza mientras perseguía a unos chicos. Recuerdo que por algún motivo me levanté de la silla y debí hacerlo demasiado rápido porque sentí un mareo y todo se volvió negro. Lo siguiente que sé es que abrí los ojos y la vi a ella – Señaló a Emma con un vago gesto sin si quiera mirarla, sólo parecía tener ojos para Regina, a la que le regaló una dulce sonrisa.
Regina hizo contacto visual con Emma y ambas pudieron ver su propia incertidumbre reflejada en los ojos de la otra. Regina se acordaba perfectamente de ese día, por supuesto que sí, cómo para olvidarlo. Así que tan sólo hizo la pregunta necesaria para que Emma comprendiese la gravedad del estado de su madre.
- Snow querida, ¿cuántos años tienes? - Snow inclinó la cabeza antes de contestar con una risita estúpida.
- Oh Regina, ¿qué pregunta tonta es esa? Tengo 15 años, lo sabes perfectamente.
Regina se levantó dando la espalda a ambas mujeres suspirando y agarrándose el puente de la nariz con una de sus manos. Emma tan sólo se dejó caer en el sofá con la mirada perdida en el infinito incapaz de alcanzar un pensamiento coherente.
Sé que el capitulo está un poco flojo, pero esta parte era necesaria para la historia, he intentado que sea lo más amena posible. Intentaré no tardar mucho en actualizar y tampoco creo que le queden muchos capítulos al fic, así que... bueno de momento esto es todo xD
Como siempre, decir que las criticas serán bien recibidas, me interesa mucho vuestras opiniones y sugerencias! :)
Nos leemos.
Besos.
S.
