Wenas chicas, se me rompió el ordenador, y tuve problemillas, pero he vuelto y con muchas ganas de Piratas del Caribe. Gracias a Allenduka y Atenisa, me habeis hecho sentir muy bien . Y también grace a Coco, por sus ánimos. A ver cuando hablamos.
Un besote a todos y espero que os guste.
Aura
Jack en realidad, no había posado para su pintora. Ella solo le había observado durante unos seis días, sin que se diera cuenta, y así había conseguido un retrato casi perfecto del pirata. Cuando la Perla, zarpó de Tortuga rumbo a otros lugares, el capitán Sparrow encontró en su camarote el cuadro de su pintora desconocida, con una nota:
Porque jamás había visto unos ojos tan increíblemente profundos como los tuyos.
El capitán sonrió y bebió durante toda la noche, a la salud de la bella dama (él, al menos, estaba seguro de que solo una dama podría retratarle con esa belleza). Cuando a altas horas de la madrugada, la tormenta comenzó y balanceó el navío de arriba abajo, el cuadro ya estaba colgado del mástil de la perla, para que todos pudieran observar la obra de arte, al menos esa noche; porque cayó a las aguas y se perdió de su vista… ¿para siempre?.
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Cyrce nadaba presurosa, con el cuadro en las manos, mirando a su alrededor, para ver si acechaban las temibles morenas. Al llegar a Palacio, salió del agua y se dirigió directa a su habitación, escondiendo la pintura en su armario. Era mejor evitar represalias. Después se vistió y bajó a cenar. Cena con la familia. Elogios a cada una de sus hermanas, por lo bella que era, lo bien que cantaba… en su opinión nada de eso valía en las profundidas. El océano era despiadado, para poder sobrevivir en él, había que ser una luchadora, una guerrera, sin compasión por nadie. Pero en su familia nadie apoyaba eso. Sus hermanas la llamaban marimacho, e incluso algunos de los sirenos la despreciaban porque a pesar de no ensayar jamás, tenía una voz dulce que enloquecía a quien la escuchaba.
Cyrce había aprendido a no confiar en nada ni en nadie excepto en ella misma… y una sola de sus hermanas, Elia. La única persona que la encomendaba trabajos con los ojos cerrados, era su madre. Y en esa cena, de nuevo, Cyrce volvió a ser la protectora de los mares.
Calypso envió a su hija a buscar a un pirata, a un hombre que ella no había conocido ni había visto jamás; su encargo: bajarle a las profundidades, para realizar una reunión urgente. El pacto se había roto, el equilibrio del mundo, de la tierra, los mares y el cielo, se tambaleaba: Calypso necesitaba a Jack Sparrow en su Palacio.
