Bajo el agua, Cyrce miraba la superficie. Cuando habían saltado al agua, la habían herido. Su tobillo izquierdo sangraba insistentemente. Cuando observó que el barco ya había desaparecido, tiró de la muñeca de Jack, sacándole del agua.
Entre los dos treparon a la Perla Negra, y dejaron inconsciente al par de guardias que Black Bart había dejado cuidando el navío, por si acaso sus ocupantes volvían de la ultratumba.
Ahora, capitán Sparrow, va a poner rumbo al acantilado de MayFar.
Pero no puedo dejar así a mi tripulación, querida, debo perseguir a ese…
No quiero más discusiones.
Pero preciosa.- Contestó Jack zalameramente como había intentado hacer minutos antes con Black Bart- es mucho mejor que les salvemos la vida a mis camaradas y entonces podremos ir donde os plazca. Además ese acantilado está maldito y ….
BASTA.- le cortó sombríamente Cyrce.- Me he dejado herir para salvarte la vida, y ahora vas a ir a ese acantilado o te atendrás a las consecuencias. La ira de la Reina del Mar, se cernirá sobre tus hombros.
Bueno, tampoco hacía falta ponerse así, con insistir un poco…
Jack puso rumbo al acantilado. Los días pasaron lentamente, uno tras otro, con solo un ligera parada para abandonar a los perros sarnosos de Black en una isla apartada de la mano de cualquier dios. Al principio Jack se encontraba un poco resentido con la muchacha, que en varios momentos le encontró intentando cambiar de rumba la Perla para ir en busca de sus compañeros, pero con el paso de los días, la tensión se fue relajando, al capitán no le quedaba más remedio que atenerse a lo que su… acompañante le pedía.
Cyrce se comunicaba con la reina del mar de noche, cuando la tocaba su turno al timón. Mediante gaviotas o delfines, que llevaban los mensajes a su madre. Cyrce llevaba el tobillo izquierdo vendado, y en ningún momento se había quejado a Jack, pero notaba cuando se convertía que se la hacía difícil mantener el rumbo. De vez en cuando, los pinchazos eran insoportables, pero las algas la ayudaban a sanar.
Jack y Cyrce convivían sin apenas dirigirse la palabra, pero ya había habido muchos momentos en los que se habían descubierto mutuamente, observándose sin pudor alguno.
Una noche, Jack se encontraba en su camarote bebiendo ron. De pronto, sin saber muy por qué, se levantó y atravesando pasillos y escaleras a toda velocidad, subió hasta cubierta. Allí se la encontró a ella al timón. La luna esculpía su cuerpo, tan bella, tan irresistiblemente hermosa. Jamás la había visto como esa noche. Se acercó a ella y la observó desde lejos, sin atreverse a tocarla, pensando absurdamente que tal vez, si lo hiciera ella se desvanecería como en un sueño. Entonces ella le miró y se acercó a él rozando sus labios con los dedos y dulcemente dijo: Jack…
- Jack… Jack, despierta, es tu turno… ¡JACK SPARROW!.- el pirata abrió los ojos azorado, y sí se la encontró ante él, pero cansada y sudada, deseando darse un baño y meterse en la cama. Por una vez, se sintió un poco azorado, y abandonó su cama. Juntos subieron a cubierta, y entonces ella hizo lo que todas las mañanas. Subirse a la baranda del barco y lanzarse al agua. Jack la perdía de vista durante horas, pero después ella siempre volvía, empapada, pero feliz.
Desde ese día, Jack observaba a la muchacha con inquietud, la melena corta y revuelta; la forma de la cara, la piel pálida… la otorgaban un aura de muchacha desvalida a la que daban ganas de proteger; pero en el momento en que se acercaba a ellas y observaba la postura en guardia de su cuerpo y la fiereza de sus ojos, se daba cuenta de que no necesitaba protección de nadie, se sabía cuidar bien solita.
Cyrce también se sentía atraída irresistiblemente por el pirata, pero intentaba ocultarlo. Cada mañana, tras su baño matutino, observaba su lienzo, sin poder creer que fuera él y sintiéndose, por un lado tentada a devolvérselo, y por otro, reticente a ello. Cada vez se sentía más atraída por él, y cada vez más culpable, al pensar en su prometido.
Una mañana en la que el sol relucía en lo más alto del cielo, cuando Cyrce estaba a punto de saltar al agua, y Jack la observaba descaradamente, vieron en el horizonte su destino: Los acantilados de MayFar.
ahí estan. Los acantilados. Capitaneas el barco excelentemente Jack Sparrow. Haces honor a tu sangre pirata.- Jack sonrió.
Lo sé.
Cyrce bajó de la baranda de un salto, y se tambaleó cayendo al suelo. Se tomó el tobillo entre las manos mientras Jack abandonaba el timón para ayudarla.
- No, no es necesario.- dijo ella seriamente, pero de todas maneras aceptó la mano que le tendía Jack para levantarse.
Horas más tarde, el ancla de la Perla descansaba en el fondo del mar, mientras Jack y Cyrce saltaban al agua. Nadaron lentamente hasta los acantilados, Cyrce seguía teniendo apariencia humana, no se sentía con suficientes fuerzas para convertirse.
Bien, ahora vamos a sumergirnos y entrar por un pequeño tunel, iré delante de ti, si se te acaba el aire, tira de mi muñeca y te ayudaré.
Jack asintió y ambos se sumergieron. Comenzar a nadar lentamente hasta encontrar el agujero por el que entrar, Cyrce pasó primero; el túnel era muy estrecho al principio. De pronto, en un tramo se hizo lo suficientemente amplio como para que pasaran dos personas. Jack y Cyrce continuaron ascendiendo, pero de pronto Jack tiró de la muñeca de la muchacha, el aire se le agotaba. Cyrce le agarró con fuerza e intentó acelerar la subida, pero estaba demasiado cansada y herida para poder con dos personas. Entonces se detuvo, tomó el rostro de Jack con las dos manos y uniendo sus labios, le dio todo el aire que había en sus pulmones humanos, mientras se convertía. El cabello de ambos se enredaba a su alrededor, mientras el beso le daba la vida a Jack, que, completamente anonadado, había encadenado sus brazos en torno a la cintura de la sirenia.
Entonces haciendo un último esfuerzo, Cyrce y Jack llegaron hasta la superficie, absorviendo bocanadas de aire, con la respiración completamente agitada. Cyrce tenía la cola herida y sangrante y apenas se movía. Jack se acercó a ella y la puso una mano en el hombro.
- ¿Cyrce?- preguntó el capitán en un susurró. Una voz autoritaria e indiscutible le hizo alzar la cabeza.
- Bienvenido a mi hogar, Jack Sparrow. Perdona la bienvenida.
