Touching Leads to Sex

By: Konoto-chan

Chapter III: Just Cry: Remember me

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La sangre seguía fluyendo y comenzaba a formar un pequeño charco debajo. Con gran alivio escuchó la sirena de la ambulancia acercarse rápidamente, fue cuestión de unos cuantos segundos para que legaran hasta donde estaban. Se mantuvo distante mientras veía como subían cuidadosa pero rápidamente al pelirrojo en una camilla; el rubio se subió a la parte trasera y sentándose, una de los paramédicos lo miró, sin despegarle la mirada por algunos instantes.

--Qué espera?! MUEVASE!!-le vociferó, la mujer dejó de mirarlo, se subió al automóvil y cerró las puertas.

Cinco minutos pasaron, la camioneta blanca y roja avanzaba por las calles velozmente, mientras la mujer estabilizaba el pulso del francés. De un momento a otro, el cuerpo del pelirrojo se tensó, arqueando su espalda, sus ojos rubí se abrieron desmesuradamente, su boca se abrió en un grito, pero ningún sonido salió de sus labios, para después relajar su cuerpo y cerrar sus ojos.

La pequeña máquina que medía el pulso de Camus indicó que su corazón se había detenido.

Sus zarcos ojos se abrieron ampliamente, horrorizados. No, eso no podía estar pasando. Él no podía morir, no ahora, no aún. Pero físicamente no reaccionó, solo se quedó sentado allí escuchando como el paramédico luchaba por devolver la vida perdida al cuerpo del galo. Desde allí, el tiempo se detuvo por completo, los segundos se convirtieron en una eternidad, todo sonido fue erradicado para escuchar únicamente el sordo sonido de los latidos de su propio corazón retumbar en sus oídos.

Todos y cada uno de los momentos que pasó al lado del francés pasaron ante sus ojos, como si estuviera viendo una vieja película casera, con él como único espectador. Vio con claridad todos los momentos pasados: la primera vez que lo vio, su sonrisa, su voz, aquella apuesta, las escenas de celos que hacía cada vez que veía al pelirrojo cerca del maldito de Saga, las veces en las que lo trataba tan mal sólo por ser tan malditamente cobarde y no aceptar que lo amaba, tantas veces en las que le había gritado y desquitado con él tan solo por estar enojado sin razón, todas las ocasiones en las que había visto aquel triste semblante en el bello rostro del galo…

Tres largos y tortuosos minutos pasaron… y el tenue pitido de aquel pequeño aparato se escuchó de nuevo en la parte trasera del vehículo. Aquel sonido fue como música para los oídos del rubio, quien soltó todo el aire retenido en sus pulmones, respirando aliviado, aunque su rostro no mostró expresión alguna, permaneciendo sentado incómodamente, con semblante ausente y sus azulinos ojos fijos en el terriblemente pálido rostro de Camus.

La furgoneta se detuvo de golpe al llegar al hospital, haciendo que todo se inclinara hacia delante por inercia. Se abrieron las puertas y los paramédicos bajaron la camilla cuidadosamente, para dirigirla hacia la edificación con rapidez; unos segundo después, el ojiazul bajo del vehículo, con parsimoniosa lentitud, aunque en realidad estaba totalmente ausente a todo cuanto ocurría en su alrededor, cruzando el gran umbral del edificio, ignorando a los doctores y enfermeras corriendo a todo lo que daban sus piernas de un lado a otro de la estancia, personas con vestimenta blanca en su totalidad, algunas veces manchada de escarlata.

--¿Disculpe?-una mujer con una cofia blanca sobre la cabeza.-Usted viene con el joven pelirrojo, no es así?-preguntó sonriendo amablemente, pero no recibió respuesta alguna por parte del ojiazul, quien tenía la mirada pérdida en las claras baldosas del piso.-¿Señor?-llamó de nuevo, pero el silencio fue su contestación.-Puede tomar asiento en la...-desvió su vista a la mano derecha del rubio pero trató de no tomarle gran importancia.-En la… sala de espera… s-si gusta.-pronunció dudosa de si era escuchada o no.

La mujer iba a hablarle de nuevo, pero el empresario caminó a paso lento hacia donde la enfermera le había indicado, sentándose con pesadez en una de las blancas sillas de la pequeña estancia, prácticamente dejándose caer sobre el asiento.

Descansó sus manos sobre su regazo, acariciando entre sus dedos la tersa prenda de seda, antes blanca, ahora teñida casi en su totalidad por la sangre del franco, con su mirada azulina observando la clara pared frente a él.

--Milo!!-una voz familiar le llamó desde el otro extremo del pasillo, acercándose a paso veloz hasta llegar y detenerse a su lado.-Llegamos lo más rápido que pudimos…-pronunció respirando entrecortadamente por la carrera emprendida hasta la edificación.-Estas bien?-cuestionó con rapidez y preocupación.-Camus esta bien?-pero al igual que la mujer que momentos antes trató de obtener una respuesta de los labios del rubio, el ojiverde no lo logro que el otro pronunciara una sola palabra.

--Aioria!!!... como corres así.-habló Shura al llegar hasta donde ambos jóvenes se encontraban, sus ojos grisáceos se fijaron inmediatamente en la bufanda ensangrentada que era sostenida por las manos del que estaba sentado.-No nos hiciste venir aquí por una tontería, no es así?.-cuestionó llamando su atención.-Qué sucedió?-mirándolo con seriedad, pero la única respuesta que obtuvo fue una ligera negación con la cabeza por parte del dueño de la mirada azulina, seña que, le hizo suponer lo peor.-Milo…-

--Aioria!!!-el aludido se volvió encontrándose con dos jóvenes que caminaban apresuradamente hacia donde el trío se encontraba.-Te oías muy alterado al teléfono.-pronunció un chico de larga cabellera rubia y profundos zafiros, seguido de otro con cabellos igual de largos pero de tonalidad lila y bellos ojos verdes.-Qué pasó?-pero no recibió una respuesta concisa de ninguno de los tres.

--Disculpen?-un hombre de alta estatura, oscuros cabellos y vestimenta blanca en su totalidad.-Ustedes vienen con…-bajo sus ojos aceitunados a la carpeta metálica que sostenía en sus manos.-el joven Camus Boisset, no es así?-enfocó sus orbes en el rostro de cada uno de los presentes, hasta enfocarlas en el rubio de ondulados cabellos.

--Es verdad.-se adelantó a responder el castaño, ya que dudaba que Milo lo hiciera.

--Bien…-el hombre cubrió sus ojos con una de sus manos por unos instantes.-Seré completamente sincero con ustedes… no quiero mentirles…-un extraño brillo se instaló en sus ojos, tal vez… un brillo de compasión.-Nunca es fácil decirle esto a los familiares o amigos de los pacientes pero…-detuvo su hablar unos segundos.-El golpe que el Jove recibió fue muy fuerte, ha perdido mucha sangre y su corazón se detuvo mientras era trasladado hacia aquí y me temo que… No creo que sobreviva esta noche.-dijo al fin.

La reacción del grupo fue de esperar, algunos abrieron los ojos de par en par, otros simplemente desviaron la mirada, sin poder dar crédito a la cruel verdad que sus oídos escuchaban. Pero, a diferencia de sus compañeros… Milo simplemente permaneció en su lugar, con una expresión neutra y los ojos ausentes a toda palabra pronunciada por el hombre, quien dio sus condolencias y se retiró con paso veloz, desapareciendo detrás de una puerta corrediza.

El dueño de verdes ojos y lilas cabellos se sentó al lado del empresario, cubriendo su pálido rostro con sus manos temblorosas, recargando sus brazos en sus piernas, suspirando repetidas veces, tratando de tranquilizar el nerviosismo que le invadía con gran velocidad. Shaka notó esto y con parsimoniosa lentitud se arrodilló frente a él, tomando sus manos entre las suyas con suavidad, llamando la atención del ojiverde, quien le miró, en un principio sorprendido, pero su mirada cambió a una de profundo odio mezclado con una tristeza terrible; el rubio no reaccionó, pero por dentro la culpabilidad lo estaba comiendo vivo y se sentía morir al ver la manera en la que el ser que tanto amaba le veía de aquella manera tan fría, pero sabía que él era el causante de todo y asumiría su responsabilidad, tratando por todos los medios existentes y por existir de ganarse con creces el perdón de Mu; pero a pesar de todo, guardó la compostura y no liberó las extremidades del pelilila de su agarre, sabiendo que éste no haría una escena frente a los demás, y mucho menos en una situación como la presente.

Sería un gran mentiroso si dijera que no había estado apunto de zafarse del rubio en ese preciso instante… sería un gran mentiroso también, si decía que el contacto de su piel con la tersa del otro no le hacía estremecer, como incontables veces antes; pero se obligó a sí mismo a no sucumbir ante la gran tentación de arrojarse a los brazos del otro, de besar sus labios. Porque lo que había hecho no lo olvidaría tan fácilmente.

--Quiero que nos expliques lo que pasó, Milo… y no nos ignores esta vez, porque…-pero el castaño detuvo sus palabras.

Aquellos fríos y bellos ojos azules estaban completamente ahogados en lágrimas, quienes se derramaban copiosamente por sus mejillas, atraídos por la gravedad, cayendo sobre sus manos, que, cerradas en puños sostenían aquella prenda de seda. Ojos azules verdes y grises se posaron sobre su rostro, pero no les tomó importancia, sólo siguió sumido en su gran sufrimiento, aunque su rostro no lo demostrara y sus ojos se mantuvieran pegados en un punto cualquiera del muro frente a sí, sentía que estaba muriendo por dentro, de una manera lenta y sumamente dolorosa, como si estuviera siendo quemado vivo, casi podría jurar que escuchaba sus propios alaridos de dolor; pero se negaba a demostrar su sufrimiento más allá de las gotas saladas que recorrían sus ya empapados pómulos, rozando con sus dedos el delgado pedazo de suave tela.

Se le destrozó el corazón en pedazos al ver a su gran amigo de la infancia en ese estado, tan deplorable, aunque su orgullo era demasiado grande para sacar a flote sus emociones, estaba seguro de que el rubio se sentía horrible. Atrajo el cuerpo del otro hacia sí, estrechándolo entre sus brazos y acariciando su espalda. Notando como el ojiazul hundía su rostro en la curvatura de su hombro, sintió las cálidas lágrimas mojar la piel de su cuello, otorgando confortables caricias en los ensortijados cabellos dorados; cerró fuertemente sus ojos, tratando de sofocar las terribles ganas de llorar, acompañando a su amigo, pero reunió gran fuerza de voluntad para no hacerlo. Sintiéndose absolutamente impotente ante el dolor ajeno.

Cuando los brazos del ojiverde le rodearon, su propio cuerpo no tuvo reacción alguna, dejándose hacer; no se sentía con las fuerzas necesarias para alejarlo o resistirse siquiera… lo único que quería era que el dolor cesara y dejar de ver los bellos ojos rubíes del galo en su mente…

Flash Back

--Ya esta retrasado mucho, no creen?-pronunció un joven de corta y castaña cabellera.

--Qué te pasa, Aioria? Estás ansioso de ver al amiguito francés de Shaka?-habló un atractivo rubio sonriendo indulgentemente a su amigo, quien le miró con reproche.

--No es verdad!!-replicó.-Además, no me vas a negar que tu también estas impaciente por conocerlo, no es así?.-cuestionó riendo burlonamente.

--Yo nunca dije que si… pero tampoco dije que no.-dijo sonriendo sensualmente.

--Eres un pervertido, Milo!!-dijo el castaño dando un suave golpe en el brazo de su amigo, provocando una suave risa por parte del joven pelilila que los acompañaba.

--Siento el retraso.-pronunció de repente un rubio de ojos azules apareciendo detrás de Mu, haciendo que éste diera un respingo involuntario.

--Shaka.-habló simplemente mirando a los ojos al otro.

--No quise asustare, amor.-susurró, besando suavemente los labios del más bajo, quien sonrió complacido ante el contacto.

--Y dinos querido Shaka… dónde esta tu amiguito?-cuestionó Milo sonriendo de lado.

--Ya viene, solo fue a estacionar el auto.-respondió notando la ya familiar de casanova en los ojos del empresario.

--Ya veo… y dinos… cómo es él?-cuestionó interesado.

--Porque tan interesado?-habló mordaz.-No e atrevas a intentar jugar con él, Milo.-amenazó el rubio de lacios cabellos.

-Quién dijo que yo iba a jugar?-

--Tu mirada me lo dice todo.-dijo rodeando la delgada cintura del pelilila con uno de sus brazos.

--Sólo quería saber como es él… nada más.-una mirada engañosamente inocente bastó para que Shaka viera que lo que Milo tenía en mente no era precisamente "jugar".

--Porqué no lo ves por ti mismo?-señaló con su dedo índice un punto a espaldas del ojiazul, quien se volvió con rapidez.

Su mirada azulina se enfocó en una hermosa criatura que caminaba hacia ellos con elegante andar a través de la abarrotada calle, una larga y lisa cabellera roja enmarcaba su rostro de porcelana, delicadas facciones, una bonita y recta nariz y un cuerpo que incitaba al pecado y sus ojos… aquel par de bellos rubíes, eran los más hermosos que jamás había visto.

--"Qué hace un ángel en la Tierra?".-dijo para sus adentros al momento en que la mirada rojiza y azulina se cruzaron.

KkKkKkKkKkKkKk

Lamento la tardanza, hasta aqui esta cap. espero que os guste.
Ciao!!!