Bueno, sorry por haber cortado ahí el capítulo, pero quería saber vuestras sensaciones.

Porqué os sorprende que quiera saber como pensais que sois?? No tiene ningún tipo de maldad si estais pensando en algo de eso… es para después deciros la verdad.

Sin más dilación, lo que estabais esperando.

Elia no reaccionaba, mientras Jack nadaba presuroso hacia ella. La tomó entre sus brazos, acunandola como si de un niño se tratara.

Cyrce, Cyrce, contéstame… Cyrce… amor… CYRCE, CONTÉSTAME…- la zarandeaba suavemente pero la sirenia no abría los ojos. Elia lloraba entre los brazos de Jasón que había reconocido la espada que antes había empuñado.

¡ Ha sido culpa tuya!.- la voz de Jack golpeó en el agua como un mazo.- ¡Ella está muerta, y es culpa tuya! ¡JAMÁS TE LO PERDONARÉ, TENDRÁS QUE PAGAR POR ESTO!.

Mientras tanto, Cotton no paraba de hacer gestos, mientras nadie la hacía caso, Jasón sujetaba a Elia que no parecía tener intención de calmarse; y Gibs trataba de evitar que Jack soltase el cuerpo de Cyrce y se abalanzase sobre Jasón. Cotton agitó las manos todo lo fuerte que pudo, y entonces todos se giraron hacia él, hizo un par de gestos que nadie entendió, les repitió más despacio y Gibs tradujo:

Dice que en el principio… cuando oímos la canción… decía algo…

¿qué puede importarnos esa estúpida canción del principio?- resopló Jasón inquieto.

No, no esperad, decía algo como… algo como las pruebas a las que tendríamos que enfrentarnos.- dijo Gibs, traduciendo a Coton.

A ver, la primera era cantar al oído de la caracola.

La segunda era encontrar la llave en el interior del pulpo

Y la tercera…

Encontrareis la Perla en el corazón de la sirena.

Elia se acercó a su hermana, y le pidió a Jack que sujetara a Cyrce con todas sus fuerzas. Él la tomó por la cintura y entonces la sirena tiró de la espada, sacándola por completo. Al contrario que con el pulpo, el agua no se tiñó de rojo, sino de una blanco nacarado que les dejó sin vista durante unos segundos. La punta de la espada tenía forma de llave, y la blancura que les había cegado, era una tremenda Perla, alba, perfectamente redonda, que aterrizó flotando en la mano de Elia. Pero Cyrce no despertaba, no abría los ojos… a pesar de todo, y sin dilación, los cinco tripulantes y Cyrce en brazos de Jack se dirigieron a la ciudad. Atravesaron sus calles, observando como los peces, y algunos sirenos, salían al paso de lo que creían era un cortejo fúnebre.

Llegaron hasta la otra punta de la ciudad, donde les esperaba, de nuevo, el arco para cruzar. Colocaron en sus lugares las llaves: la de papel en el lado izquierdo, la de plata en el lado derecho, en la parte de arriba, en la que se había reconvertido la espada y en el centro del arco, donde estaba representada Calypso en su esplendor, con un mano extendida… sobre ella, la Perla. La colocaron y acto seguido, el nivel del agua comenzó a descender. Todos empezaron a boquear, y dieron un paso hacia delante precipitadamente, cayendo al suelo casi sin respiración. De nuevo se encontraban en la estepa.

Jack había caído sobre Cyrce, apoyando el rostro sobre la arena, dejando un brazo sobre su pecho y deseando que todo hubiera sido un mal sueño, cuando de pronto notó como el pecho de la sirenia se henchía, miró hacia ella y vio como poco a poco abría los ojos, tosiendo, vomitando borbotones de agua como si hubiera estado a punto de ahogarse.

¡¡Cyrce!! Estás bien!!.- todos se arremolinaron, cantando y gritando palabras de alegría, antes de que Jack pudiera mover un dedo, Elia se tiró a los brazos de su hermana, provocando que tosiera aún más.

Cyrce, hermana mía, Cyrce, dioses, que mal lo he pasado, no vuelvas a hacerlo jamás de los jamases… ¡oh! Maldita sea Calypso y su raza que nos ha hecho pasar esto, pero estas viva ¿cómo es posible?.

La perla, estaba en mi corazón.- susurró Cyrce.- Si Jasón no hubiera clavado la espada y me hubiera liberado de ella, me habría matado al salir por esa puerta. La Perla me inundó desde que tomé la poción para poder "respirar" bajo el agua, aunque yo ya podía hacerlo. Al clavar la espada en mi pecho, no tocó mi corazón, solo ensartó la Perla. Al sacarla de mi, quedé inconsciente por el esfuerzo, pero puedo resistirlo.- Elia entreabrió la camisa de su hermana y observó una pequeña herida sangrante.

Tardaron un par de minutos en acercarse al resto de los hombres, después de que Elia se empeñara en vendar la herida de su hermana.

Cyrce… ahora que tenemos un minuto de soledad… querría decirte algo.

Bien, no hace falta que me digas nada.- dijo Cyrce intentando ahorrarse el mal trago.- Ya sé lo que te pasa…

¿sí? ¿lo sabes?.

Pues claro, creo que estás enamorada de Jack y que lo que pasó con Jasón te ha implicado también con él y entonces ahora estás completamente confusa porque no sabes cual de los dos elegir, porque Jack es sensual y maravilloso, y en cambio Jasón es guapísimo y galante, y yo me apartaré porque no quiero nada con ninguno de los dos hace tiempo que quería hablar con Jasón para deshacer nuestro compromiso pero…- la mano de su hermana en los labios interrumpió la perorata alocada de Cyrce.

Yo no tengo ninguna duda. Sé perfectamente al hombre al que quiero, y sé que ha sido un error no decírtelo antes, porque es cierto que he sido una egoísta. Y…

Jack se acercó a ellas cortando la confesión de Elia que solo pudo susurrar

Solo puedo decirte que esta vez has de seguir tu corazón Cyrce y luchar.

Cotton, Jasón y Gibs les esperaban sentados en el suelo, hablando entre ellos. Cuando se levantaron, Cyrce se acercó a Jack y le besó en la comisura de los labios, muy cerca de estos, y después casi sin apartarse le susurró:

Gracias.

¿por qué preciosa?

Por no dejarme allá abajo.

Esta vez no había cofre, ni canto, esta vez las palabras estaban esculpidas sobre el arco de piedra que les precedía:

Ante el fuego del dragón debereis pasar

Enfrentaros a vuestros miedos, y vencer para acabar.

Los seis se tomaron de las manos y adelantándose un paso a la vez, entraron en el reino del fuego. La tercera prueba comenzaba.