Por haber sido "mala" y haber dejado al personal en el final de ese capítulo, ahora os doy el siguiente (osea este) con la mayor rapidez que puedo, espero que os guste.
El reino del fuego no era como ninguno de ellos había esperado: caluroso y desierto. Era más bien todo lo contrario. Ríos repletos de peces corrían por los montes y una mar de flores de todos los colores inundaba la vista de los visitantes allá donde ponían la vista. Antes de avanzar un paso, Cotton se giró y observó la puerta. Tampoco había desaparecido, y también en este lado ponía algo en ella.
Atravesad la cascada, y vuestra fortaleza vereis recompensada.
Tiró de nuevo del brazo de Gibs para que le tradujera, y este se lo dijo al resto.
¿Cascada?, ¿qué cascada?.- preguntó Elia.- Por aquí no se ve ninguna.
No, esta visto que no, pero si continuamos por la orilla del río, probablemente lleguemos a donde nace, y allí estará la cascada.- contestó Jasón.
Y en marcha se puso nuestro equipo, en fila de a uno empezaron a recorrer la linde del bosque, al lado del río. La marcha les llevó horas, apartando rocas, ramas, y sorteando árboles. Era extraño, parecía como si en ese mundo no hubiera nada más que felicidad y armonía, era como si todos los animales se encontraran en la perfección. Un alce salió de entre los árboles y ni siquiera se asustó por la presencia humana, incluso se dejó acariciar por un experto Cotton y un anonadado Gibs. Todo era… demasiado extraño. La tripulación desconfiaba y llevaba las armas en la mano, o cerca por si acaso.
Después de lo que les parecieron horas, por fin atisbaron a ver la cascada. Caía con un rugido ensordecer, por lo que apenas podían oírse unos a otros. Para poder llegar a ella tenían que atravesar un pequeño puente de tronco de árbol suspendido sobre el vacío. Lo pasaron de uno en uno, aunque Gibs y Jasón estuvieron a punto de caer, y en el caso del primero Jack tuvo que ir a socorrerle y en el caso del segundo fue Cyrce la que tiró de él.
Cuando ya habían atravesado esto, se encontraron frente a la cascada. Para poder acceder a ella tenían que nadar por el pequeño lago y después, al llegar al pie del salto tenían que pisar sobre seis rocas y finalmente atravesar la cascada.
Así que se echaron al agua, era muy apetecible, estaba caliente, y los seis empezaron a nadar, pero terminaron riendo y echándose agua unos sobre otros. Cotton buceaba explorando el fondo, observando a los peces de cerca, Gibs estaba sentado sobre una de las rocas haciendo burbujas con un palo que había encontrado, Jasón nadaba tras Elia, mientras los dos reían, y mientras Cyrce les observaba desde un extremo con una sonrisa en sus labios. De pronto, a su lado encontró a Jack.
Las rastas te quedan muy favorecedoras, Cyrce.- dijo tomando uno de los mechones de pelo de la mujer entre sus dedos. Sin darla tiempo a reaccionar ni responder, se movió unos centímetros y la besó en los labios, tomándola de la cara con fuerza y suavidad a la vez. Sin dejar que huyera de nuevo. Cyrce al principio intentó resistirse, pero al cabo de unos segundos se dejó llevar, dejando que el pirata la moviera a su antojo, la colocó sobre su regazo, pasando sus manos por el cuello de él, y deslizando sus enjoyados dedos por su espalda calada.
El horizonte comenzó a oscurecerse, la luz del día empezó a desaparecer y de pronto todo lo bello que estaban viviendo los tripulantes de la Perla… se transformó. Sobre todos ellos comenzaron a cernirse dudas y ensombrecimientos. Se separaron de los besos, de las risas, de las caricias y la comodidad, y empezaron a discutir:
Eres un mujeriego y un superficial y me niego a ser una más en tu lista, Jack Sparrow.- gritaba Cyrce.
Pues tú eres una reprimida, que dejas pasar todas las oportunidades que se te presentan en la vida.- contestó Jack.
No huyas, Elia y enfréntate a la verdad, eres una niña egoísta que solo se preocupa por tu físico.
Y tú eres un musculitos estúpido que casi mata a mi hermana por su torpeza.
¡¡¡Silencio todo el mundo!!! Estoy harto de tener que traducir las estupideces que dices Cotton, búscate un loro.- le gritó Gibs mientras Cotton le propinaba un golpe en el estómago y echaba a correr, por las seis piedras, hacia la cascada. Gibs salió detrás de él, provocando que tras él corriera Jack, detrás del pirata fue Cyrce que no daba por terminada su conversación, tras ella su hermana Elia para que le diera la razón en lo que habían hablado, y detrás de esta última, Jasón, con ganas de romperle su bonita cara a la sirena.
Uno tras otro penetraron en la cascada y allí su mal humor se esfumó por lo que encontraron ante ellos: las paredes del lugar estaban llenas de cristales y esta vez, en vez de un solo arco, para pasar al siguiente lugar, había seis de ellos, pero los arcos no estaban vacíos como las otras veces, los arcos eran espejos. Se colocaron ante ellos y uno por uno observaron lo que les devolvían sus reflejos….
Cotton vio como de nuevo le cortaban la lengua y le arrojaban a un lugar oscuro y profundo, donde no había nadie más.
Gibs observó como todos los tripulantes de la Perla le abandonaban con regocijo, olvidándose de él casi en el instante en el que le dejaban pisando la arena desconocida. Elia observó como su hermosa cara se deshacía, llena de arrugas y marchita por los años.
Jasón vio como Elia huía de su lado y como él mismo se clavaba la espada con la que había estado a punto de matar a Cyrce.
Cyrce observó a Jack, observo como la dejaba, como la olvidaba y como todas sus hermanas reían de ella en su cara.
Jack se observó anciano, en la cubierta de su barco destrozado por el paso del tiempo, y solo.
Todos y cada uno de ellos, estaban observando sus miedos en esos momentos, sus miedos terrenales, humanos.
Creo que todos deberíamos saber que es lo que nos aflige, queridos míos.- dijo Jack.
Bien, yo traduzco a Cotton: tiene miedo a no poder volver a hablar con nadie jamás por esa amputación horrenda que le habían provocado los piratas sarracenos. Bueno, querido amigo, no te preocupes, mientras no esté aquí tu loro, puedes utilizarme todo lo que quieras.
Yo, Gibs, tengo miedo de perder a los que ya considero una familia: los tripulantes de la Perla, y lo que más temo era que a ellos no les importara perderme.
Gibs eso no es cierto, sabes que eres el mejor de toda la Perla y que todos te adoran.- Le contestó Cyrce.
Después de su capitán claro está.- sonrió Jack alegremente.- Continuemos, Elia querida, tu turno.
Yo tengo miedo al paso del tiempo, a la vejez, a que mi juventud se marchitara vacíamente. Sin nada en la vida, sin una meta o un amor.
Eso no puede pasar, mi amor, porque sabes que yo te adoro y jamás me separaré de ti.- Era la primera vez que Jasón expresaba en alto sus sentimientos por Elia aunque todos ya lo supieran, y Cyrce no pudo reprimir que un sentimiento extraño la retorciera el corazón, pero entonces fijó sus ojos en Jack y su corazón se apaciguó un poco.- yo (Jasón) temía que como ya me había pasado otras veces, Elia huyera de su lado, por mis equivocaciones, por mi mala suerte como el accidente con la espada.- Elia no contestó, solo le sonrió abiertamente y apretó su mano mientras negaba con la cabeza. El silencio se hizo patente durante unos segundos y entonces habló Gibs:
Capitán, señorita Cyrce, solo faltais vos.
Lo sé, lo sé, amigo mío, pero como soy un perfecto caballero, las damas van primero.- dijo haciéndole una leve reverencia a Cyrce. Ella se apartó un mechón de pelo con decisión y se giró de nuevo hacia su espejo:
Yo tengo miedo a demasiadas cosas, pero las que aparecen aquí, son las que laten ahora. Tengo miedo a… todos los sentimientos que tengo dentro, a equivocarme otra vez al elegir a la persona con la que compartir mi vida, tengo miedo de amar a Jack, porque es demasiada pasión la que siento dentro, solo con intentar decirlo, puedo abrumarlo. Y también siento que no puedo confiar en nadie, ni siquiera en mis hermanas, porque si él me abandonara… estaría… sola.- El silencio reinó unos segundos, y Elia observó a su hermana menor, ante el espejo, con los ojos llenos de lágrimas por sus miedos.
Sé que he hecho muchas cosas mal Cyrce, por favor, perdóname. Puedes contar conmigo siempre, y siento mucho lo que te dije en el barco cuando nos peleamos, he sido muy orgullosa.- Cyrce esbozó una sonrisa a través del espejo, y miró a Jack de reojo.
Te toca, capitán Sparrow.
Antes de decir nada, quiero que sepas, que tenemos una larga conversación pendiente, pero que no puedo evitar hacer esto.- en un par de zancadas recorrió la distancia que le separaba de la sirenia, y la besó apasionadamente, lanzándola contra su propio reflejo, entonces, ambos fueron absorbidos por el cristal, mientras a su vez, un fuego helado consumía los cristales de los demás, arrojándoles al interior de los mismos.
Atravesaron el reino de fuego por el que horas antes habían caminado por los aires, viendo todo a la velocidad del viento y con una perspectiva de ave. Y antes de que se pudieran dar cuenta, se encontraban de nuevo en la estepa arenosa en la que ya habían estado tres veces nada menos. Jack y Cyrce habían aterrizado el uno sobre el otro y a su alrededor Jasón, Gibs, Elia y Cotton. Se levantaron y se sacudieron las ropas, ahora de un blanco y rojo resplandeciente.
¿se supone que hemos pasado la prueba de la tierra del fuego?.
La prueba era enfrentarnos a nuestros miedos juntos, unidos, que el fuego no sembrara el caos entre nosotros. Ante nosotros ya no hay puerta, ¿no es así?, así que parece ser que sí, que la hemos pasado.- dijo Jack mientras abrazaba a Cyrce de los hombros.
Un viento arenoso empezó a soplar, cual tormenta del desierto, alzando a nuestros amigos y haciéndoles cabalgar sobre él. Ahora viajaban hacia el cuarto reino: el cielo.
