Los viajeros aparecieron de nuevo en el mismo lugar, en la estepa, pero esta vez se encontraba en el mismo lugar desde el que habían partido y Rageti, Pintel, Sam (el enano) y otro par de marineros más, esperaban en la playa sentados, jugando a las cartas.
Los recibieron con alegría, y con preocupación a Jack, que parecía no estar consciente, como Cyrce, a la que la cabeza se la iba y venía apoyada en el hombro de su hermana. Subieron en las barquichuelas sorprendidos y se dirigieron a la Perla Negra.
"¿Cuánto tiempo hemos estado fuera, Pintel?" preguntó Gibs.
"Sí, eso, ¿cómo habéis soportado tanto tiempo con este calor y sin sombra?" añadió Jasón.
"Pero… ¿cómo que tanto tiempo?". Contestó Rageti con una sonrisa. "Si apenas habeis tardado una… media hora diría yo. ¿Verdad Pintel?".
"Sí, sí, media hora… ".dijo el hombre mientras continuaba remando.
Jasón, Gibs, Elia y Cotton se giraron hacia la extraña estepa que les había "acogido" durante lo que a ellos les habían parecido días, y de pronto, observaron a lo lejos, la torre de Metal. El castigo del dios del cielo, y cómo poco a poco, se iba deshaciendo su visión, hasta que de nuevo solo observaron la estepa.
Al subir al navío, llevaron a cada uno a su camarote, excepto a Jack. Los marineros tomaron las redes de pesca y montando una hamaca improvisada lo tumbaron allí, para mantenerlo atendido en todo momento.
El ruido de voces conocidas hizo que Jack abriera los ojos lentamente. Se incorporó sobre un antebrazo, mirando alrededor, intentando enfocar la vista. Cuando lo consiguió, observó que todos sus muchachos se encontraban en la cubierta de la Perla, y caminaban atareados, arriando las velas y soltando cabos, pero todo ello en voz baja. De pronto Raggeti gritó:
"Todo a babor". Y su berrido fue contestado con una réplica de schhhhhhhhs, el capitán duerme que le dejaron helado.
Jack sonrió, pero tras un par de segundos recobró la compostura, se levantó y se dirigió a sus hombres con autoridad:
"Muchachos, que rumbo llevamos??".
"Hacia los acantilados de Mayfar, capitán". De pronto un pensamiento cruzó la mente de Jack… Gibs estaba ahí, hablando con él, se giró… Cotton se encontraba al timón… Jasón miraba hacia el horizonte en cubierta, Elia abrió la puerta de su camarote cargada con una tinaja de agua y una jarra, y Jack se lanzó hacia allí.
"¿Dónde está?".
"Ahí dentro, pero está dormida Jack no creo que sea…" Elia no pudo terminar la frase porque Jack ya se estaba introduciendo en su camarote. Allí estaba Cyrce. Recostada en uno de sus lados como una niña. El pelo negro estaba esparcido por toda la almohada, Jack se acercó y la retiró un mechón de cabello recordando el apasionado beso que la había dado días antes en ese mismo camarote. Respiraba con tranquilidad, y al contacto de la mano de Jack se revolvió, tomándola entre las palma y estrujándola contra su rostro. Se giró, revelando la parte izquierda de su rostro: dos arañazos profundos surcaban sus mejillas y tenía el ojo morado. Jack contuvo la respiración, sin pensar que él debía tener un aspecto bastante similar. En ese momento entró Elia en la habitación:
"Te dije que estaba dormida, pero eres un cabezota".
"Solo quería asegurarme de que estaba bien, querida, al fin y al cabo, soy el capitán de este barco y debo preocuparme por la seguridad de mis víct… quiero decir, de mis tripulantes". Ambos sonrieron, Jack no había perdido su toque irónico.
"Creo que es conveniente que te cures esas heridas, y te des un buen baño, Capitán Sparrow".
"Sí, voy a ello". Jack se inclinó sobre Cyrce depositando un beso sobre su mejilla sana, y después guiñándole un ojo a Elia le dijo: Cuídala.
Mientras se sumergía en el agua espumosa, frotando sus heridas con cuidado, analizaba todo lo que le había pasado en los últimos momentos de su vida. Estaba contento de lo que había conseguido. De nuevo el equilibrio, de nuevo la libertad. Ninguna responsabilidad sobre el reino del viento le acontecía, al menos de momento, no había dejado marca en él.
Salió de la bañera limpio y se dirigió a lo que le habían cedido como camarote, ya que él se lo había cedido a su vez a Cyrce. Tomó una camisa blanca y unos pantalones negros, dejando el chaleco a un lado y observó que Elia en su camarote había colocado dos espejos:
"Vanidosa". Pensó Jack sin dejar de mirarse el bigote y el pelo de nuevo en rastas. De pronto algo llamó su atención en su espalda. Sí sí, en su espalda no a su espalda. Tenía un tatuaje nuevo, uno que no recordaba haberse hecho, y aunque eso no resultaba una novedad, acreditaba que el Capitán Jack Sparrow era en realidad Jano, príncipe del aire, porque en su corpulenta espalda había tatuadas dos impresionantes alas de ángel. Jack sacudió los hombros echándoles hacia atrás, concentrándose en su poderosa fuerza y entonces, rompiendo la piel pero sin dolor alguno, salieron de su espalda, mostrándose de nuevo, rojas e imponentes, como la luz del sol al atardecer. Jack se observó un momento frente al espejo. Sin joyas, ni pañuelos, ni siquiera ropa… solo él, genuinamente Jack con esas nuevas alas. Se encogió y las alas volvieron a su espalda, delineadas perfectamente. Se puso los pantalones y observó un rato más su nuevo tatuaje- poder, tocándolo con las puntas de los dedos, como si tuviera miedo a lastimarlo, o a lastimarse él mismo. Después de unos largos minutos, se puso la camisa y el chaleco, ató la cinta roja a su frente, la pistola en su cinturón y se armó de joyas saliendo hacia la cubierta. Un nuevo destino les esperaba.
