Habían atracado el barco, como la vez anterior, y habían saltado al agua, atravesando la puerta submarina de la ciudad de las sirenas. Habían sido recibidos con salvas y honores, y habían descansado en los sillones más cómodos, con los mejores licores y las mejores comidas a su disposición, en los colchones más mullidos con almohadas de plumas de oca.

La fiesta se había prolongado durante días: el mundo estaba a salvo!!! Que el júbilo llenara las calles y plazas a lo largo de todo el globo!! El capitán Jack Sparrow había salvado a la humanidad!!.

Cyrce escuchaba a sus hermanas hablando del tema mientras ella se peinaba los cabellos a un lado. Parecía que, según contaban ellas la historia, nadie más hubiera ido con Jack. Parecía como si él solo se hubiera enfrentado a su destino.

En esos momentos, Jack se encontraba en una sala contigua. Habían vuelto ha vestirle de blanco completo, le habían descalzado los pies, y habían intentado hacer algo con su pelo, pero ahí seguían las rastas y la trenza, y el pañuelo rojo en su frente, además de todas las joyas que relucían cada vez que hacía un gesto con las manos, y por supuesto, sus profundos ojos negros, estaban delineados con esmero.

Jack esperaba impaciente, habían interrumpido su siesta con noticias urgentes, y eso le había sentado muy mal, eso y que ahora le estuvieran haciendo esperar.

De pronto la puerta se abrió a sus espaldas y Elizab… quiero decir, Calypso y Acapulco entraron en la sala, seguidos de un hombre. Era alto y con los hombros anchos, el pelo negro y sedoso caía sobre sus hombros, llevaba una perilla cuidada, e iba vestido con unos pantalones largos y una camisa amplia que tenía tonalidades que iban del naranja al amarillo. Sus ojos eran negros, tan negros y tan profundos como los del propio Jack. De hecho, en el momento en el que quedaron frente a frente, parecían un espejo, solo que uno tenía algo más de edad que el otro.

"Hijo mío"- dijo el hombre acercando la mano al rostro de Jack. "Jano, hijo mío".

"Bueno, al menos he de reconocer que es absolutamente innegable que soy hijo vuestro". Ironizó Jack. Segundos más tarde Cyrce entraba en la habitación, y miraba de hito en hito a Eolo dios de los vientos y a Jano, su hijo (Jack).

"Sois… casi idénticos".

"Ya ves querida, es lo que tiene que la sangre del viento corra por nuestras venas". Dijo Eolo.

"Bueno, está bien… ehhh, yo venía a comunicaros que Gaia, la reina de la tierra acaba de llegar, todo está listo para comenzar la reunión".

"Bien, vamos allá". Dijo Acapulco, y todos juntos salieron hacia la reunión.

"Jano hijo mío, tenemos muchas cosas de las que hablar"

"si padre, así es".