Bueno aquí el capi de esta semana. Esta un poco flojo pero bueno… puede que después a vosotras os guste, como nunca concordamos pues… jajaja XD Espero que lo leáis con calma, que hay que comprender y pillar algunas cositas jeje.

¿CELOS?

Yondaime lo seguía, no podía quitar la vista de su espalda, simplemente con el movimiento de su cuerpo lo guiaba. Le resultaba estúpido pero tenía que reconocer que parecía estar hechizado. Lo peor de todo es que sabía que Uchiha Itachi era un arma de doble filo. Nunca podría bajar la guardia, sería su amante y a la misma vez… su enemigo.

Terminaron de pasar el arco que custodiaba una pequeña estancia. No había absolutamente nada en ella. Únicamente, algunos miembros que se encontraban sentados en el suelo comiendo algo.

Con la mirada, el rubio pudo ver al líder, cubierto por las sombras, llevándose algo a la boca, no se podría decir que era, demasiado oscuro. A su lado, Zetsu estaba de pie apoyado en la pared, tieso como si un árbol fuera, y tenía que reconocer que sin duda lo parecía.

Itachi se paró de golpe, haciendo que casi chocara contra él. Levantó los brazos y se hizo de nuevo la coleta, recogiendo los pocos pelitos que habían caído sobre sus hombros a causa del ajetreo anterior. Se veía bastante masculino, demasiado para Yondaime, que desvió la vista para no caer en la tentación de abrir sus brazos, rodearlos entre ellos y lanzarlo contra la pared ¡no podía pensar en otra cosa!

Finalmente, el moreno se sentó en el suelo, cogiendo un trozo de queso que le había pasado Deidara con una ancha sonrisa. Kaseiyo quedó de pie, sin saber que hacer, desde que habían acabado de besarse, el Uchiha no le había prestado ni la más mínima atención, ahí estaba, hablando con el otro sin hacerle ni puto caso.

-Creo que me voy a dar una vuelta-, dijo justo antes de volverse, se sentía molesto ¿Por qué?

Itachi levantó la vista y lo observó, no dijo nada, solo lo siguió con la mirada hasta que casi había salido de la habitación. Alguien se puso delante, le cogió infantilmente del brazo y volvió a entrarlo. Arrugó el ceño, de nuevo ese maldito Tobi metiéndose donde no le llamaban.

-Sabía que pasaría esto-, soltó el castaño burlonamente mientras se sentaba en el suelo. Eso si, dejando un espacio entre Itachi y él para que cupiera el rubio.

-Me estaba yendo… necesito un poco de aire fresco-.

-¿Otra vez?-, preguntó el Uchiha, su mirada roja parecía estar ardiendo. Yondaime no entendía nada.

Con un suspiro se sentó entre ambos chicos y cogió el trozo de pan que le ofrecía Tobi. Lo tenía cogido entre sus manos, sin saber muy bien que decir o hacer, decidió pegarle un bocado y comer en silencio.

Aquello parecía estar cargado de mala ostia. Se podía palpar en el ambiente. Itachi sonreía para sí mismo de vez en cuando, como si la situación le hiciera bastante gracia. Después de terminar el último bocado de su trozo de queso, se giró hacia Deidara, viendo que tenía un pedacito en la comisura del labio.

El rubio se sorprendió al ver como la mano del moreno se le acercaba a la cara, tragó bruscamente el trozo que estaba masticando y siguió con sus ojos la dirección que tomaba el gesto. Notó los finos dedos en sus labios, como recogían algo y se lo llevaba a la boca, lamiéndolo.

Se puso como un tomate, aunque terminó formando una sonrisa traviesa.

-¿Esta bueno, Itachi, hum?-.

-Por supuesto…-, contestó seriamente, le tocó la barbilla y le miro por unos instantes, fijo en su cara, -todo lo que roces tu, siempre estará bueno-.

Deidara volvió a cambiar de expresión, ahora más que traviesa era sorprendida ¿Qué pasaba aquí? ¿Desde cuando Itachi sentía algo así… por él?

Yondaime les envió una mirada fría e indiferente, aunque por dentro, juraba que echaría a arder de un momento a otro. No sabía porque le afectaba lo que estaba pasando, pero lo cierto es que le hervía la sangre. Una mano le tocó el brazo, lo acarició lentamente de arriba abajo y sorprendido se volvió. Tobi tenía la cara dirección a la suya, y podía ver un brillo extraño en el único ojo que se podía percibir tras la máscara.

-Ven a mi cuarto-, le apretó de la muñeca y se acercó más a él, -a recordar los viejos tiempos-.

Yondaime sintió como le apresaba con fuerza, como si le estuviera dando a entender que tenía que aceptar la oferta sin oponer resistencia. Dudó, sobre todo al notar como la mano de Itachi le apretaba la rodilla. Giró a mirarle.

-¿Itachi?-.

Este se levantó de golpe, le tomó del brazo he hizo que el rubio hiciera lo mismo. El Uzumaki no entendía nada ¿es que en Akatsuki estaban todos en celo o que? Aunque él no debería hablar, se moría por estrechar el fuerte cuerpo del Uchiha.

-Lo siento Tobi-, fue Itachi quién contestó, -pero tenemos que organizar unas cuantas cosas antes de ir en busca de Naruto-kun-, soltó bruscamente la mano de Yondaime y se giró hacia la puerta, -vámonos-.

Kaseiyo pudo notar la risita maliciosa que tenía el líder, público añadido desde la oscuridad. Le pareció tan asquerosa que un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Así que eso es lo que quería el líder ¿eh? Pues con él, lo tenía claro. Nadie jugaba con Uzumaki Kaseiyo, nadie.

-No voy a ir-, Itachi se puso rígido y se volvió, sorprendido por la negativa, -soy tu compañero pero no tu subordinado, haré lo que quiera. Y prefiero en este momento estar con Tobi que contigo-, extendió una mano al mencionado para ayudarle a levantarse del suelo, y el castaño la cogió sin decir palabra.

Itachi no dijo nada, se mantuvo inexpresivo. Rehaciendo sus pasos, se colocó donde estaba Deidara y se sentó, cogiendo otro pedacito de pan.

-Tu mismo-, espetó secamente, enviándole alguna que otra mirada al líder, -estaré en "nuestra" habitación-, punteó, observando en brillo en los ojos de AL.

Yondaime asintió y echó a andar junto a Tobi, tenía que salir rápido de ahí si no quería terminar arrinconando al Uchiha y devorándolo vivo. Le encantaba verlo enfadado, dentro de sus propios términos claro. Pues no lo había visto demasiado motivado ¿le parecía a él o evitaba las peleas? Y si es así… ¿Por qué lo hacía?

Tobi le tocó el costado para que curvara la esquina, guiándolo por el pequeño laberinto de piedra. Después llegó a una habitación que si tenía puerta, una de las pocas que había visto desde que entró en aquella guarida.

-Pasa-, ofreció con una mano mientras esperaba para cerrar la puerta.

El rubio entró y se dejó caer en la cama, con total confianza. Se sentó sobre sus piernas cruzadas y achicó la vista, había llegado la hora de preguntarle.

-¿Tu no deberías estar muerto, Obito?-.

Tobi asintió con la cabeza y se acercó a él, sentándose a su lado.

-¿Tu no deberías estar muerto, sensei?-.

Se pudo escuchar una pequeña risita por parte de los dos. La vida no paraba de enviar sorpresas, aunque también… demasiados problemas. Yondaime levantó la mano para coger la máscara, pero antes de que la tocara, Tobi lo evitó, cogiéndosela y retirándola despacio.

-No es algo agradable de ver, te lo aseguro, sensei-.

Kaseiyo acarició la máscara y le sonrió con calidez, aquel siempre sería su querido alumno, uno de los que más adoraba, aunque fuera un llorón y un asustadizo. Tampoco había cambiado mucho, por lo menos era lo que todo el mundo solía ver, él sabía que no, que en verdad siempre había tenido valor y ahora…

Encajó la mano en los bordes de la careta y la fue retirando de la piel, despacio. Cuando empezó a ver lo que se hallaba debajo, no pudo evitar que se le cayera hasta golpear secamente contra la cama.

-Joder…-, fue lo único que escapó de su boca.

Tobi soltó una risita, que aunque parecía burlona, estaba rodeada de sarcasmo.

-Acabas de darte cuenta de que la belleza no es una de mis mayores cualidades-.

Yondaime volvió a acercar su mano a la cara del muchacho, que quedó estático. Le rozó la parte derecha, compuesta por diferente tipos de pieles, todas zurcidas con bastante dificultad, seguramente tendría que dolerle hasta arquear los labios.

Se retiró apretando el puño, justo en el momento que una lágrima de impotencia se derramaba por su mejilla.

-¿Quién ha sido el bastardo que te ha hecho esto, Obito?-.

El ojo castaño se cerró, dejando que las largas pestañas vibraran con el movimiento. La parte izquierda de la cara era como si le hubieran pegado multitud de pieles de personas para envolverla, se veía realmente repugnante, sin embargo la otra parte era blanca, lisa y suave, el ojo lo mantenía cerrado, aunque sabía que si lo habría, se encontraría vacío.

-Ha sido la persona que me dio una segunda oportunidad, sensei. Cuando volví a la vida no podía entender la razón, intenté matarme pero él no me dejó. Después me enteré de lo que había pasado-, dio un fuerte puñetazo a la cama y su boca, se frunció bruscamente, -¡yo quiero venganza, lo quiero ver muerto!-.

El rubio ya sabía quién era la persona que lo había traído a la vida. La misma que lo había traído a él. Aunque ya podía notar como habían avanzado sus conocimientos. Lo de Tobi fue hace mucho tiempo y realmente lo dejó destrozado, sin embargo él, estaba bastante bien. Pero había algo que si que no entendía.

-¿De quién ten quieres vengar?-, preguntó indeciso, rozando una y otra vez la mejilla maltrecha, intentando inconscientemente que con aquella caricia sanara.

Una sonrisa amarga volvió a escapar de sus labios, quería más que venganza. Quería descuartizarlo, quemar los restos y disfrutar del hedor de la cremación. Pero antes… antes torturaría en su cara, lo que más amaba.

Tobi le cogió de la mano y la apretó con la suya. Quería que lo mirara fijamente, que se quedara enterado. Sonrió con pura malicia.

-De… Uchiha Itachi-.

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Naruto abrió lentamente los ojos. Sabía que Sasuke seguía tendido a su lado, sin embargo no oía movimiento alguno. Seguía durmiendo mientras él no podía. Estaba realmente molesto. Nunca se había parado a pensar que algo así ocurriría. Nunca para ser exactos, había visto a Sasuke de esa manera, era tan… irreal.

Pero había algo que le dolía infinitamente. Así que solo quería tirárselo y después hacer como si nunca hubiera ocurrido ¿verdad? Pues bien, eso haría. Gracias a esas horas pasadas, se había dado cuenta de que no le disgustaba estar con un hombre, podía sentirlo hasta agradable y con el Uchiha había sido algo… demasiado agradable. Haría que se arrepintiera, le ignoraría, le haría pagar su desprecio, solo tendría que esperar el momento oportuno.

La puerta comenzó a abrirse, para su sorpresa. Una cabeza pelirroja se asomó unos instantes, al ver todo en calma terminó de pasar y añadió a la sala una lámpara de mano. Cuando entró completamente la dejó sobre el pequeño armario que había al lado.

-Oh… mejor no deberías mirar a la cama, Karin-, avisó otra voz, Naruto parecía identificarla con el idiota de pelo blanco.

La chica confusa por aquello, se volvió y quedó de piedra cuando vio el panorama. Ambos desnudos sobre la cama y con multitud de manchas blancas por toda ella. No hacía falta ser muy listo para saber lo que había ocurrido. Arrugó el entrecejo y apretó los puños, iba a matar a ese rubio.

Naruto se levantó despacio, totalmente serio. Ahora si que escuchó como Sasuke también se incorporaba y se sentaban ambos en las orillas contrarias de la cama. El Uzumaki se puso su bóxer y cogió la ropa con la mano. Se levantó y comenzó a andar, pasando al lado de los presentes sin mencionar palabra.

Karin se estaba poniendo colorada del coraje. En un volunto, se puso delante del rubio y lo miró con aquellos ojos carmesí profundo.

-¿Para eso has venido, marica de mierda?-.

Naruto levantó la vista hasta la de ella, más o menos de la misma estatura, puede que el rubio un poco más alto. Sonrió por unos instantes y volvió a bajarla.

-Son imaginaciones tuyas, aquí no ha pasado nada-, agarró con fuerza la ropa que tenía en la mano y volvió a mirarla, -dime donde puedo ducharme y lavar esto-.

Ella lo observaba con desprecio, le volvió la cara y caminó hasta Sasuke. Que como si nada, comenzaba a vestirse con su ropa habitual, aquella escena no le importaba lo más mínimo, o al menos, eso hacía creer.

Fue Suigetsu el que se acercó a Naruto y le agarró del brazo, con una amplia sonrisa que decía mucho de sus intenciones.

-Angelito rubio, yo te digo donde te puedes lavarte y limpiar eso-, los dedos que rodeaban el brazo de Naruto comenzaron a deslizarse despacio por el, -también podemos conocernos mejor, me has gustado, jeje-.

Sasuke que se estaba atando la cuerda a la cintura, notó como sus extremidades temblaban. Al escuchar esa frase había sentido un fuerte golpe en el pecho ¿Cómo se atrevía Suigetsu a tocarle siquiera? Se dio la vuelta bruscamente y antes de que diera un solo paso, paró al ver que el rubio reaccionaba.

El Uzumaki desvió la mirada hacia la mano y se quedó fijo en ella. La verdad, no era para nada desagradable, aun así…

-Pues tu no me gustas a mí-, espetó bruscamente, -si no me quitas la mano de encima te la corto por la altura del codo-, ahora si se permitió alzar la mirada y clavarle sus zafiros en forma de reto.

Aquello lo único que logró fue que el peliplateado se excitara aún más. Contra más difícil se lo pusiera más disfrutaría cuando lo lograra. Por ahora, se limitó a quitar la mano y siguió sonriendo.

-Sígueme, te acompaño-.

Naruto asintió y le siguió, arrugando la frente y frunciendo los labios, aquello se le estaba haciendo más difícil de lo que pensaba. El Uchiha ni siquiera se había alterado al ver como se le insinuaban ¿tan poco le importaba? Se quedó quieto, todavía no había salido por la puerta ¿Por qué tenía ganas de matar a alguien? Él no era así.

-Sasuke…-.

El moreno a su espalda, se acercó un poco a él, sumamente despacio.

-¿Qué?-.

-Yo nunca he tenido nada. Pero cuando me aferro a una cosa, nunca cambio de opinión. Si desde el fondo de mi corazón quiero algo, juro que lo conseguiré-, aun de espaldas al Uchiha siguió hablando, -y dile a esa tía, que como me siga tocando las pelotas, me va a encontrar-.

Y después de eso, pasó por el lado de Suigetsu, saliendo al pasillo y caminando por él, con el otro chico detrás, guiándole hasta donde querían llegar. Un pequeño río, con agua escasa pero sumamente cristalina, los esperaba.

Sasuke seguía mirando la puerta por la cual había salido el rubio ¿habría podido equivocarse al traducir la frase? ¿Que era lo que quería Naruto? ¿A él o simplemente llevarlo de vuelta?

-Que asco de tío-, escupió Karin, recogiéndose un poco el pelo rojizo entre sus manos, para volver a soltarlo libre en su espalda.

Al escuchar aquella frase, el moreno la miró bruscamente, acercándose a ella.

-¿Qué has dicho?-.

La chica se sorprendió, pero le encaró sin ningún reparo.

-Odio a ese rubio, me da asco-.

El Uchiha curvó una sonrisa y le pasó un dedo por la barbilla, separándose después de ella, mientras se quedaba estática ante lo que había ocurrido.

-Bien, prefiero que le odies. Absolutamente preferible-, y sin más, también salió de la estancia, dejándola allí parada, sin poder moverse.

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Sasuke estaba sentando en una larga mesa, cruzando de un lado a otro de la habitación. Como no, él estaba en el cabeza, con Karin a un lado y Juugo al otro. Llevaban bastante esperando, pues se estaba pasando el medio día y Suigetsu y Naruto no daban señales de vida.

Juugo de vez en cuando observaba a Sasuke. Sabía que aunque no quisiera demostrarlo estaba nervioso. Pues lo podía notar en el movimiento de dedos sobre la mesa, además de que la otra mano sacaba la kusanagi y la volvía a encerrar, una y otra vez.

Karin, enfadada, plantó las dos manos en la mesa, cogió el tazón de arroz que había preparado ella y comenzó a comérselo.

-Estoy harta, que los espere su madre. Odio a esos dos idiotas-.

Sasuke sin dejar lo que estaba haciendo, desvió la vista hacia ella, mirándola de reojo. La chica tragó saliva ante aquel echo, joder… ¿porque estaría tan enfadado el moreno? Tendría que estar relajado, había echado un polvo con aquel rubio ¿no? El castaño los observaba a ambos, sentía una cierta incomodidad en el ambiente. Se apresuró a intervenir.

-Sasuke ¿Qué pretendes hacer con Naruto-kun?-.

La pregunta pareció cumplir su cometido, captando toda la atención del Uchiha. Aunque… este únicamente cogió su tazón y comenzó a comer.

-Nada de lo que tengáis que preocuparos ninguno de vosotros, él es asunto mío-.

-Más bien, tú eres asunto mío-.

Sasuke levantó la vista al ver como la voz de Naruto había entrado en avalancha al salón. Venía con el pecho descubierto y lo pantalones naranjas completamente mojados. Su cabello rubio, estaba suelto al no llevar bandana, y chorreaba brillantes gotitas de agua. Se veía apuesto y potente. Más masculino de lo que él mismo pretendía.

El Uchiha se terminó de llevar los palillos a la boca y siguió comiendo, agachando la vista hacia el arroz. Tenía que mantenerse inmune, no debía difundir lo confuso que lograba ponerlo el rubio, es más, irritado. Esa sería la palabra exacta. Naruto le irritaba. Sobre todo cuando se comportaba como en ese momento.

-Yo no soy nada tuyo-, acotó el moreno, -solo estás aquí porque hiciste una elección-.

El rubio arrugó la frente, para después sonreír abiertamente. Se sentó al lado de Karin y cogió su bol. Ella pretendía retirarse pero el cuerpo de al lado olía muy bien, y también se veía realmente lindo. Pero no. Lo odiaba. Le estaba quitando a Sasuke, aunque por lo que parecía…

-Eso es, no eres nada mío. Y si seguimos por este camino, nunca lo serás-, contestó comenzando a comer.

Los palillos que tenía el Uchiha en la mano le temblaron. Se levantó bruscamente y los dejó sobre el cuenco, a medio vaciar.

-No debería haber dejado que me acompañaras. Nuestra amistad es agua pasada-.

Naruto dejó de tragar arroz y levantó la vista hasta él, totalmente enfadado.

-En eso si que tienes razón. Nunca debería haber venido aquí, pero hice una promesa, y la cumpliré. Que tú quieres romper los lazos, antes te estrangularía con ellos-.

Sasuke lo miró sorprendido ¿Cuánto había podido madurar en todos estos años? No sabía porque pero… aquello lo tomaba como un halago, y la verdad ¡era de locos!

Suigetsu fue el que rompió la tensión, echándose a reír. Se llevó una mano a la barriga y se reposó en la silla, mirando al techo.

-Pues yo si me alegro de que hayas venido, angelito rubio. Al principio pensé en seducir a Sasuke. Está bastante bien-, le envió una mirada burlona, que el Uchiha le correspondió con frialdad, Sui volvió a reír, -pero ahora… creo que he encontrado otra persona que me atrae más-, rodó sus ojos y los encontró con los de Naruto, que le miraba fijamente, -¿me dejarás seducirte, angelito rubio?-.

Naruto ante la sorpresa de todos los presentes, simplemente arqueó una sonrisa juguetona y entornó los ojos.

-Suigetsu, mis alas son de viento. Si te acercas mucho en una batida te puedes cortar, dattebayo-.

Sasuke pasó de la cara del rubio a la del peliplateado, esperando la contestación. Porque… ¿Por qué estaba tan irritado? ¿Por qué quería matar en ese momento a Suigetsu? Apretó los palillos entre sus manos, tanto que estos crujieron, a punto de romperse, esperando a hacerlo solo hasta la próxima frase.

-Correré el riesgo-.

El ruido de la madera partida, hizo que ambos se giraran. El Uchiha cogió un trozo y se lo lanzó bruscamente al peliblanco, haciendo que rasgara el viento con un chiflido por la velocidad y se le clavara en todo el ojo. Naruto se levantó bruscamente, sorprendido por la acción, pero antes de que pudiera hablar, la cabeza de Suigetsu se hizo agua, y el palillo cayó sobres sus muslos. A los pocos segundos volvió a formarse.

-Vaya, vaya, Sasuke. Una vez me dijiste que me matarías si no me portaba bien. Pero creo que…-, cogió el trozo y lo balanceó entre sus dedos, -esto es algo más que personal ¿ne?-.

Sasuke se separó de la mesa y totalmente recto, puso una expresión de serena frialdad.

-Te lo advierto. Si inten-

-¿Qué?-, preguntó el rubio, entrometiéndose, -si intenta que ¿Sasuke?-.

Este se tranquilizó al escuchar la voz de Naruto ¿Qué había estado a punto de decir? ¡Era de locos! Pero lo que si era verdadero, era el dolor de su pecho, la velocidad de su sangre, y las migrañas que comenzaba a tener. Había aprendido a contener sus impulsos, y lo seguiría haciendo, de cualquier clase que sean.

Sin decir nada, llegó a la puerta y antes de salir se detuvo, hablando casi en un susurro.

-Hay veces que te enamoras de los sueños. Pero estos, nunca se cumplen-.

Naruto pudo ver como empezaba a marcharse, no podía dejarlo ir sin decir la última palabra ¿ahora intentaba darle lastima?

-Jeje ¿Qué no se cumplen?-, rió un poco más flojito que de costumbre, -sobre todo si uno no quiere, Sasuke-.

El Uchiha tocó el bastidor de la puerta, esperó unos segundos y terminó arqueando una leve sonrisa.

-Puede ser-.

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Hala pero que celosos que son todos, niño XD Como en este fic no hay un "uke" o un "seme" etiquetado, pues… lo pongo como a mí me gusta, ala, yo rompiendo conceptos jajaja XD

Como aún estoy pachuchilla de la barriguita, no me he podido meter al máximo en el fic, y seguramente pues notaréis que no está muy bien expresado. Mil perdones.

Espero que haya alguien que entendiera lo de Tobi, me gustaría saber que pensáis jeje.

Por último, siento no poder contestar reviews, pero… estoy malita, podéis pasármelo por alto no? por lo menos he podido traer el capitulo, un día tarde pero algo es algo ToT

Agradecimiento especiales a: Aya K, himeno-Asakura, GabyKoIshi, hinata-chan, yukiyagami, samantha-miko, Ryuuchan-sama, Puroppu, Mayumi Ninthhell, Kren B-chan, Akane Miyano, Anny Uchiha Asakura, YuKiMe SoUmA-cHaN, laureo, kuzoy, Denisuki, Isilwen, citzin, neko-chan lee y Cathain.

Sabéis que adoro contestar reviews, pero es que estoy mareailla, me duele la tripa y no tengo ganas de nada. Es más, casi pensé que esta semana tampoco actualizaba. Gomen ne UU

Gracias a todas y dejadme review aunque no los haya contestado, por fis ToT por cierto, gracias por los 100! Me hizo muy feliz n.n