Vicio #04 – Medicina

Chuck Bass se está muriendo.

Le duele hasta el último músculo de su cuerpo, incluyendo los párpados, siente la boca como papel de lija y su piel arde de un modo que no resulta placentero en absoluto. Sus alrededores no cesan de dar vueltas y más vueltas, y hay un martilleo constante dentro de su cráneo que la aspirina no ha podido acallar aún.

Se pregunta si es demasiado pronto para redactar su última voluntad. Desea que lo entierren con su bufanda y el último número de Playboy, el resto de sus pertenencias puede quedárselas Nate, incluyendo su reloj. Su funeral debería celebrarse de noche, y debería haber un bar abierto durante toda la ceremonia, por no mencionar las conejitas y...

Su línea de pensamiento se descarrila cuando su cuarto empieza a girar otra vez y de todos modos, tampoco importa porque seguramente su padre ya se está ocupando del testamento y todo el papelerío que conllevará su muerte inminente. Al menos puede confiar en el viejo para eso.

Los golpes contra la pared de su cráneo se vuelven más y más insistentes. Se tapa la cabeza pero los golpes siguen allí, ahora acompañados por una voz que no suena en absoluto como la voz de su conciencia, asumiendo claro está que alguna vez haya tenido una en primer lugar.

- Bass¿todavía sigues en cama?

Qué extraño, juraría que es la voz de Blair Waldorf, pero ella jamás entraría en su cuarto a menos que sea armada con un rifle y con su novio al lado. Ella lo conoce bien, después de todo.

La luz le quema las retinas cuando alguien retira la almohada de su cara y él deja de escapar un gemido de dolor.

- Por Dios, Bass, cualquier diría que tienes alguna enfermedad terminal.

Él tiene una enfermedad terminal, no importa que el médico diga que solamente es...

- Sarampión, Chuck. ¿Cómo es que no la tuviste de chico como la gente normal?

- Me la debo haber salteado – masculla entre dientes, y la garganta le arde. Con dificultad abre los ojos, para encontrarse con una muy exasperada Blair Waldorf. Chuck parpadea unas cuantas veces hasta decidir que no puede ser producto de su afiebrada imaginación, porque en tal caso ella llevaría un traje de enfermera con minifalda blanca y portaligas rojo en vez del sobrio uniforme del colegio.

- ¿Qué haces aquí? – logra preguntar, sin poder salir de su estupor. Ella se encoge de hombros.

- Nate me pidió que pasara para ver cómo estabas. Él tenía que juntarse con su padre y no podía venir.

Un silencio sigue a estas palabras, hasta que Blair resopla y pone los brazos en jarras.

- ¿Y bien?

Chuck la mira sin comprender, tratando sin demasiado éxito de enfocar la vista.

- ¿Y bien qué?

Ella pone los ojos en blanco.

- ¿Cómo estás?

Él frunce el ceño, y hasta ese pequeño gesto le duele.

- ¿Cómo crees? Blair, me estoy muriendo.

Aun a través de la niebla que enturbia su vista él puede ver cómo ella pone los ojos en blanco.

- Me imagino – Sus ojos se pasean por la habitación, su ceño se frunce delicadamente - ¿No te dieron un remedio o algo?

El rostro de Chuck se tuerce en una mueca de disgusto.

- Blair, no voy a tomar esa cosa. Es asquerosa. Es más, estoy seguro de que es tóxica.

Ella cierra los ojos, los vuelve a abrir.

- Chuck, no seas idiota.

Sus ojos vuelven a pasearse por la habitación y esta vez se topan con la condenada botella y la cuchara que descansa a su lado. Con una sonrisita satisfecha que no augura nada bueno, Blair se acerca a la mesa de luz y toma el jodido antibiótico. Él la mira con aprensión.

- ¿Qué vas a hacer con eso?

Su sonrisa se vuelve aún más pronunciada y ominosa mientras desenrosca la tapa y cubre la cuchara con un líquido espeso y nauseabundo. En vez de responder, se sienta en la cama junto a él, tan cerca que su muslo roza su cadera a través de las sábanas. En otras circunstancias él habría sonreído ante el curso de los acontecimientos, hoy está demasiado dolorido para poder apreciarlo. Además, ella no le inspira ninguna confianza en absoluto, menos que menos cuando sonríe así.

- Vamos, Chuck. Abre la boca.

Él niega con la cabeza y aprieta fuertemente los labios.

- Chuck, no seas infantil.

Nunca fue un argumento que surtiera mucho efecto y esta vez no es la excepción. Vuelve a negar con la cabeza.

- Bass, abre la boca ya o te juro que te haré lamentarlo.

El tono gélido de su voz habría hecho temblar a casi todas las niñas de Constante Billiard y a muchos de los muchachos de St. Jude's, pero a estas alturas Chuck se ha vuelto inmune. Ni modo que le va a hacer tragar semejante asquerosidad, es una decisión tomada.

Los labios de la chica se convierten en una delgada línea blanca y eso jamás es una buena señal, pero aún así Chuck mantiene su resolución. Su padre estaría orgulloso de él.

Quizás. Probablemente no.

Entonces, sus labios vuelven a curvarse en una sonrisa fugaz y un destello extraño fulgura en sus ojos. ¿Qué...?

Súbitamente, el aire deja de entrar a sus pulmones cuando Blair le aprieta la nariz con la mano libre. Chuck trata de apartarla, pero sus brazos parecen pesar una tonelada cada uno. No tiene más remedio que rendirse y abrir la boca para dejar pasar una bocanada de aire... instante que Blair aprovecha para zamparle la maldita cuchara.

Está tentado de escupirle el antibiótico en la cara, pero por acto reflejo traga antes de poder hacerlo y podría jurar que el líquido le produce ampollas mientras baja por su garganta.

Ella se levanta y alisa su falda, con aire satisfecho. Él la fulmina con la mirada, lo cual sólo parece provocar un brillo divertido en sus ojos.

- Que te mejores pronto, Bass.

Cuando está a punto de salir por la puerta, Chuck consigue replicar:

- La próxima vez, al menos ponte el traje de enfermera.

Su risa sardónica es lo último que escucha Chuck antes de que la puerta se cierre.