Vicio #15 – Leer

Chuck Bass va a desaprobar Literatura.

Su profesora se lo ha dicho en incontables ocasiones, y ahora hasta se dedica a enviarle notitas a su padre. La pobre mujer probablemente ignora que todo el papelerío relacionado con el colegio es manejado por la secretaria del señor Bass porque él no tiene tiempo para menudencias.

La señora Sampson es una vieja bruja imposible de engatusar, quien da el mismo programa desde antes del Diluvio Universal, y que por algún motivo parece detestarlo. Tal vez porque él prefiere saltarse sus clases para irse a fumar un porro o porque no ha entregado uno solo de los trabajos prácticos de ese semestre. Él no lo sabe y la verdad, mucho no le importa. Si consigue librarse de forma milagrosa (o a través de una cuantiosa donación a la escuela por parte de su padre) de ir a clases en verano, bien; si no, ya encontrará a alguien dispuesto a escribir sus ensayos por él.

Lo que nadie sabe, lo que nadie sospechará nunca, es que Chuck ha leído cada uno de los libros requeridos, y probablemente haya entendido más sobre ellos que la señora Sampson puede soñar, más de lo que cualquiera de sus compañeros (incluido Humphrey) puede imaginar. El único problema es que no puede escribir informes sobre sus impresiones y entregárselos a la profesora, porque las opiniones de Chuck sobre el tema revelan demasiado sobre él, más que lo que quisiera que nadie viera.

Empezando por el comienzo: Jane Austen. ¿A todas las profesoras solteronas las enloquecía Jane Austen, o sólo la suya? Chuck no había sido siquiera capaz de ir a ver la película de Orgullo y Prejuicio, en primer lugar porque Keira Knightley es una tabla de lavar, en segundo lugar porque odia las películas románticas y en tercer lugar porque Nate casi muere de una embolia cuando Blair lo forzó a verla.

La señora Sampson no les hizo leer Orgullo y Prejuicio. Eso habría sido demasiado magnánimo de su parte. No, lo que les hizo leer era el aburrimiento condensado, la bazofia indescriptible de Mansfield Park.

De todas las heroínas de Jane Austen, Fanny Price debe ser la más mosquita muerta de todas. Insufriblemente modesta, incomprensiblemente generosa e increíblemente callada para ser mujer (si dice dos frases en todo el libro es mucho), la chica se la pasa viendo cómo todo el mundo vive mientras ella suspira por su primo hermano (y después él es el asqueroso, según Blair), quien es igual de idiota que ella. En el medio, y por alguna razón inexplicable, los únicos dos personajes más o menos interesantes se enamoran de Fanny y el insoportablemente bueno e idiota Edmund. Se supone que Henry Crawford, mujeriego incurable, y su hermana Mary, quien planea ascender en la escala social, son los villanos de la historia pero Chuck no puede comprenderlo.

A su modo de ver, son los únicos personajes que se esfuerzan en conseguir lo que quieren, mientras los demás se lamentan y se quejan sin mover un dedo. Tal vez Mary sea manipuladora y egoísta, tal vez le preocupe más la opinión de su círculo social que hacer lo correcto, pero al menos es medianamente divertida y cautivadora, y si le importa el dinero, ¿quién puede culparla? En cuanto a Henry, si él está dispuesto a cambiar toda su vida para conseguir el amor de Fanny, ¿por qué se le juzga y hace a un lado sólo por algunas indiscreciones del pasado? ¿Qué más da si sedujo a un par de chicas idiotas, si a Fanny la quería de veras? ¿Por qué Fanny sigue suspirando por Edmund, que es tan idiota que jamás se enterará que ella lo quiere, ni tampoco lo apreciará porque él mismo está hipnotizado por otra mujer? ¿Qué tiene Edmund que Henry, mujeriego y todo, no pueda ofrecer?

Chuck sospecha que la señora Sampson no compartiría su punto de vista, al igual que sabe que la vieja mujer se sorprendería si él le dijera que el verdadero motivo por el cual Yago le llena la cabeza a Otelo sobre la supuesta infidelidad de Desdémona con Casio no es porque envidiara el ascenso de éste último, sino porque secretamente deseaba a la mujer de Otelo y era la única forma de tener esperanzas de conseguirla. Es Yago quien sufre la verdadera tragedia, porque todos sus planes le estallen en la cara cuando Otelo asesina a Desdémona, ¿pero quién se acuerda de los malvados, los traidores? ¿Quién se lamenta por aquellos dispuestos a mentir y manipular para conseguir lo que quieren?

Y si de obras de Shakespeare se trata, Chuck no puede verle la gracia a Sueño de una noche de verano. Tal vez porque la historia de Lisandro y Hermia, la pareja que huye porque su romance no es aprobado por sus familias, y son seguidos por Demetrio, enamorado de Hermia, y por Elena, enamorada de Demetrio, le es dolorosamente familiar. Si su vida fuera una obra de teatros shakespeareana, los roles de la pareja enamorada e incomprendida serían encarnados por Serena y su chico de Brooklyn, mientras Nate sería el enamorado despechado de Serena y Blair sería Elena, eternamente persiguiendo a un hombre que nunca le corresponderá, cuyos ojos ya se han fijado en otra.

Pero su vida no es una obra de teatro y no hay ninguna poción que pueda hacer que Nate se olvide de Serena por siempre y vuelva a enamorarse de Blair, asumiendo que lo haya estado alguna vez. Y por supuesto, como no es una obra de teatro en la vida real Puck no se limita a observar de afuera y complicarle la vida a todo el mundo, sino que es lo suficientemente idiota como para enamorarse de Blair/Elena y destrozar su propio corazón en el intento de hallar una fórmula para que se fije en él.

Y si de paralelos con la vida real se trata, mejor ni hablar de los mitos artúricos que les han forzado a leer este año. ¿Cómo puede todo el mundo creer que el Rey Arturo y la Reina Ginebra son la pareja ideal, cuando es imposible no ver que es Sir Lancelot quien está dispuesto a todo por ella? El mejor amigo de Arturo, nada menos, y la ironía no se le escapa a Chuck.

Podría escribir párrafos y párrafos sobre lo mismo, podría repetir hasta el cansancio que el chico bueno no es necesariamente el héroe y de todos modos, ¿quién inventó la estúpida regla que la chica siempre debe quedarse con el héroe? ¿Por qué no quedarse con el villano, por una vez? ¿Por qué idealizar a alguien que te ha traicionado una y otra vez, alguien que nunca te querrá porque está obsesionado con otra mujer, alguien que no te merece?

Pero ni la señora Sampson ni nadie apreciará su opinión y aunque si así lo hicieran, aunque lograsen comprender lo que para él era tan claro, Chuck Bass no es la clase de persona que vuelca su corazón en tinta y papel, no es la clase de persona que deja a otros leer las páginas de su mente, descifrar el lenguaje de sus sentimientos.

Chuck Bass va a desaprobar Literatura.

Es sorprendente lo poco que le importa.