Letanías
Yami to Fujikiri
Capítulo 2
Hojas Secas
Desde luego, la embriaguez, lo báquico, tienen su misterio.
Pero me parece que la mayoría de la gente que anda sentada en las tabernas no tiene idea de eso.
Me da la impresión que precisamente el meterse en las tabernas es algo muy adocenado.
¡Lo bueno sería pasar la noche entera con antorchas encendidas, en una verdadera orgía desenfrenada!
Pero eso de tomar un vasito tras otro no creo que sea muy interesante, ¿no?
¿O acaso puedes imaginarte a Fausto sentado noche tras noche en la taberna?
Yo bebí y le miré con hostilidad.
-Bueno, no todos somos Fausto -respondí secamente.
No es que el sol penetrara profundamente en la habitación en la que se encontraba, no en la que aún las persianas se encontraban cerradas pero incluso cuando uno se encuentra dormido, por más profundo que sea el sueño, se puede sentir la calidad de la mañana, el calor inminente que nos llama a despertarnos, que nos dice que ya es demasiado tarde como para seguir ahí recostados, el que nos incomoda por que nos sentimos inútiles, perdiendo el tiempo del día; aunque algunos dicen que esa era una cuestión de edad, que solamente eran los viejos los que escuchaban la voz del sol.
De cualquier forma eso poco importa cuando uno no logra dormir, cuando uno se mantiene en vela, solamente recostado pensando sin pensar, intentando descubrir algún significado omnipotente de la vida o tal vez tarareando una cansión en la mente o simplemente quedandose quieto, muy quieto. Justo como en aquel momento se encontraba Sirius Black.
No cabía la mayor duda de que ese era el caso de Sirius, que no había podido dormir toda la noche, uno podía notarlo por su sola postura, como si nada pudiera moverlo, ni una sacudida de la Tierra o el mover del cuerpo que lo había apresado la noche anterior.
En aquel momento recordó el preciso instante, cuando él, Sirius se rindió ante los deseos de James y había decidido quedarse quieto, y pensó que aquello lo había condenado, pues desde entonces no se había movido en absoluto; aunque no es que lo hubiera intentado lo suficiente, de hecho, ahora que lo recordaba, no lo había intentado. Cuando James se derrumbó sobre su cuerpo supo que no podría salir de ahí, no sin enfrentar la mirada de James, no sin sentirse despreciado, usado y deseado, todo al mismo tiempo. Así que se siguió quedando quieto, sin pensar en lo que había pasado, solamente mirando el techo, la pintura blanca apenas carcomiendose, sintiendo la luz de las estrellas apenas rozar la ventana de la habitación y ahora, el sol que daba la bienvenida a un nuevo día, un día que Sirius no quería vivir, por que sabía, sabía lo que sucedería cuando James se despertara.
Sintió como James se movía un poco, su cabeza recostada en el pecho de Sirius, quien suspiro cerrando los ojos, como si con una plegaria silenciosa pidiera que el tiempo se congelara justo ahí, que no tuviera que enfrentarse, no a James, no a la cruda realidad.
James levantó un poco la cabeza, se frotó los ojos aún adormilado. Inmediatamente sintió la piel desnuda del chico debajo de su cuerpo. Se rodo lentamente sobre Sirius, quedando a su lado, mirando el techo, justo como el otro. Ahora James se encontraba visiblemente despierto, consiente de la situación. Miró de reojo a su lado y vió que Sirius estaba despierto. Le tomó algunos segundos comenzar a hablar.
- Lo lamento. - No alzó la voz, no se preparó para hablar, solo lo hizo. - Esto no debió pasar. - De pronto Sirius sintió lo que en toda la noche no había sentido, pudo sentir los párpados cayéndose, un sueño incontrolable, deseaba tanto dormir. Pero no pudo, la voz de James se lo impedía. - Escucha Sirius, ayer estaba... - Se llevó una mano a los ojos, tallándolos, intentando encontrar las palabras adecuadas, arrepintiéndose de la noche anterior, según lo Sirius entendía.
- Estabas borracho. - Sirius le ofreció ayuda. - querías sexo o desquitarte de Lily con lo más cercano que tenías, conmigo. - Dijo con la voz más fría que James le había conocido hasta ahora. - Pero James, no pensaras que realmente estas desquitándote de ella, esa chica que ni siquiera es tu novia, que no te debe nada, ni cuentas ni explicaciones y que puede acostarse con quien quiera sin que tu la puedas juzgar. Tal como tu lo hiciste. - Terminó e intentó levantarse, sentarse en la cama, aunque tardó un poco, el cuerpo le dolía bastante.
Había estado con chicas anteriormente pero esa era su primera vez con un hombre y por supuesto, su primera vez ante la sumisión.
- Es verdad, no me debe nada. - Respondió James sin poder mirar al otro, aceptando las palabras de su amigo, conciente de que Lily no era suya. - Solo que me sentí morir, necesitaba descargar toda esa ira que me llenó ayer y... - Se detuvo, como analizando las palabras que habían salido de su misma boca. Sabía que era verdad, era lo que sentía en esos momentos, deseaba herir a Lily, deseaba tanto hacerla sufrir pero simplemente no podía. En su lugar se desquitó con Sirius, por que sabía que él no le odiaría después, o al menos eso esperaba.
Sirius entendió lo mismo o tal vez eso ya lo había deducido en las tantas horas que tuvo para quedarse quieto. La forma en la que James lo había tomado la noche anterior no fue ni cercana a lo romántico o a lo gentil, todo lo contrario, podía sentir la furia de su mejor amigo en cada embestida
Hubo un silencio increíblemente grande, donde lo único que confirmaba la existencia de vida en la habitación era el latir del corazón de James y la respiración débil pero certera de Sirius.
- ¿Para qué están los amigos?. - Sirius rompió el silencio y forzó en su rostro una sonrisa. James le devolvió la sonrisa.
- No se puede repetir. - Susurró James bajando la mirada, un poco avergonzado. Sirius entrecerró los ojos, como calmando su propio llanto. Podía ver el arrepentimiento de James en el rostro, podía ver su vergüenza por lo sucedido. Sabía que no tenía muchas oportunidades con James, por supuesto nunca se llegó a imaginar que algo como esto podría suceder y por supuesto, no le había gustado; quería que James sintiera lo mismo que él, que lo quisiera como quería a Evans. Y en lugar de eso si pudo acostarse con James, cuando éste solamente sentía angustia, frustración, lujuria y él, Sirius... él ni siquiera sabía ya lo que sentía, pero sin duda no fue el placer que imaginó, tampoco la felicidad.
- ¡Claro que no Prongs!. - Comenzó a vestirse de inmediato, haciendo lo posible por olvidar todo eso. - Yo no haré nada si tu no me lo pides, ¿Recuerdas?.
James siguió su ejemplo, se puso las gafas que había votado en la alfombra la noche anterior y también comenzó a vestirse. No intercambiaron palabra alguna.
Después de eso fue como si un acuerdo silencioso se desarrollara y ambos hubieran decidido olvidarlo todo y ser quienes eran antes. Al menos así fue en apariencias, al menos así fue para James. Pero es un tanto difícil olvidar una noche así cuando si tienes sentimientos por la otra persona. Y a pesar de eso Sirius fingió de tal forma que James nunca dudó de él.
El resto de las vacaciones pasó rápido. James volvió a traer el tema de Lily Evans casi todos los días pero no volvió a buscarla a su casa y eso tampoco lo mencionaba, como si temiera ver a la chica, como si temiera recordar. Pero el día de regresar a Hogwarts se acercaba y James sabía que la vería y sabía que no podría evitar el deseo de ir a hablar con ella, de intentarlo una vez más.
También recordaba lo que Sirius le había dicho aquella mañana, que Lily no le debía cuentas, que no tenía razón para reprocharle algo. Él mismo, James, había dormido con muchas chicas y chicos y al siguiente día coqueteaba con Evans; lo cierto es que exageró las cosas, lo cierto es que hirió a Sirius sin razón.
En general esos días fueron buenos, jugaban en la casa, practicaban un poco de quidittch, hacían cosas al azar que a veces aburrían a James pero comparado con otros verano en su casa, para Sirius, era como disfrutar verdaderamente de la vida, sin tener que preocuparse por cumplir al pie de la letra lo que toda una familia esperara. Por supuesto, él a diferencia de James no había olvidado lo que había pasado, pero no tuvo opción más que llenarse de resignación, olvidar si James le había herido o no y tener siempre conciente que no sería más que el mejor amigo del otro. Sin embargo también había decidido que no haría nada con respecto a Lily Evans; no se interpondría en los cortejos de James ni tampoco le ayudaría más, no le volvería a acompañar a verla otra vez. Desde entonces, cuando James comenzaba a decir lo que haría o lo que podría decir al ver a Lily la próxima vez en Hogwarts, Sirius solamente le seguía la conversación sin darle opinión ni sugerencias. Esto, había descubierto Sirius, era bastante relajante, era como liberarse de un gran peso que, desde que se dio cuenta de sus sentimientos por James, no le había permitido disfrutar de su relación con James. Ya no se preocuparía por Lily, ni por James y Lily y tal vez, seguramente, con el tiempo se olvidaría de sus sentimientos por él.
Muy a pesar de eso, el día de volver a Hogwarts había llegado y aún sus sentimientos seguían intactos. Y ciertamente las dos semanas que habían tenido desde aquella noche no habían servido de mucho, al menos no para Sirius.
Las clases del sexto año de Hogwarts no eran muy diferentes al resto de las clases que habían tenido y ningún maestro era diferente o nuevo al del año pasado, no fue entrar al nuevo año. Todo era igual, incluyendo las bromas a Snivellus, las preparaciones para la noche de luna llena, las risas de los merodeadores al burlarse de algún Slytherin, todo, excepto el coqueteo casual de James con Lily.
No es que no le interesara, pero cuando Peter le preguntó a James sobre esto, el otro solo bajó la mirada y no habló durante el resto de la conversación; así que Remus optó por callar y esperar que no hubiera nada malo con su amigo. Sirius, por otro lado, sabía a la perfección lo que ocurría, pero nunca lo comentó con los demás, no lo haría sin la aprobación de James.
Sirius y Remus se encontraban en sus habitaciones que compartían con James y Peter. Ambos estaban en silencio, cada uno en su respectiva cama. Remus se encontraba a media luz leyendo algún libro para alguna clase, realmente Sirius no le había puesto atención cuando se lo dijo. Sirius, por otro lado, hacía la tarea de transmutaciones, la que había dejado para ya entrada la noche. De reojo, vio como James llegaba al cuarto, cabizbajo, pensativo.
- ¿Mal día Prongs?. - preguntó Sirius, sin dejar de escribir. - Aunque estuvimos juntos la mayor parte del tiempo... - dijo con el tono más casual que encontró.
- ¡No encuentro por ningún lado a un golpeador indicado!. - exclamó frustrado, dirigiéndose a su cama y dejándose caer en ella.
- ¿Golpeador?. - esto había llamado la atención de Remus. - ¿Por qué necesitas uno, alguien se retiró?.- le preguntó retirando la vista del libro. James era el capitán de Gryffindor y por lo tanto se encargaba de buscar jugadores cuando alguno se retiraba, aunque esto no era común.
- Steven Marcel. - suspiró James. - ¡Está embarazado, el muy idiota...! ¿Pueden creerlo?. - Se sentó súbitamente, mirando de Sirius a Remus y viceversa.
- ¿Embarazado?.- murmuró Sirius.
Recordaba muy bien aquella vez de su segundo año en Hogwarts. La clase de transmutaciones no era lo suficientemente entretenida así que se encontraba pasándose notas con James desde una esquina a otra. La profesora Minerva Mcgonagall los había separado de esa manera desde el primer año, desde que empezaron a hacer notar por su empeño al no comportarse en el salón de clases. De cualquier manera, la clase no era difícil.
- Profesora. - Alguna chica iba a preguntar algo que poco les interesaba a ambos. - Perdone que me salga del tema pero... ¿es verdad que dos magos pueden tener un bebé?. - el cuchicheo que adornaba el salón pronto se apagó, algunos rostros extrañados miraron a la chica. Hija de muggles.
- ¡Claro que si Angela!. - Alzó la voz otro chico. - Como se nota que no conoces nada de la magia. - Ella se sonrojó hasta las orejas, por su ignorancia, por el tono de su compañero, por las risas que le siguieron, incluídas las de James y Sirius. Pronto la profesora calló al salón entero.
- Si. - Le respondió. - De hecho en el mundo de los magos es algo muy común, tan común como si fuera entre un hombre y una mujer. - Declaró acercándosele. - Pero solamente puede ocurrir entre dos magos. - La pequeña Angela abrió la boca en señal de sorpresa, ella no era la única nacida de muggles que había en el salón, así que tampoco fue la única en sorprenderse.
- ¿Y es... ya sabe, normal, aceptado?. - Preguntó en voz baja, apenas queriendo que la maestra la escuchara.
- ¡Por supuesto que si!. - Exclamó Mcgonagall. - Los embarazos masculinos son tan comunes como los femeninos, no habría por que no ser normal.
- ¿Y qué vas a hacer?. - La voz de Remus sacó a Sirius de sus recuerdos.
- No lo sé.- suspiró James. - Seguir buscando supongo... es un idiota, ese Steven.
Había pasado una semana desde que entraron a Hogwarts y James seguía buscando golpeador. Los merodeadores se paseaban por los alrededores del castillo, cerca de los campos de quidditch, ayudando a James, entreteniéndose con cualquier cosa que les pareciera divertida. Por supuesto, también se encontraban con otros estudiantes. James alzó la vista y la miró en la distancia.
Lily se encontraba sentada bajo la sombra de un árbol, muy cerca de ellos. Sirius notó el gesto de James así que miró en la misma dirección. No cabía duda de que sus sentimientos no habían cambiado en nada, se maldijo a si mismo, bajó la mirada, intentó no ver más ni a Lily ni a James.
Potter suspiró, cerró los puños y caminó hacia ella. Los otros tres notaron la seriedad de James, sabían que intentaría algo más, así que permanecieron ahí, mirando a los alrededores, viendo que hacer, al menos si Peter y Remus. Sirius no pudo soportarlo más, sentía como si fuera a romper en llano ahí mismo.
- ¿Saben qué?.- forzó una voz de lo más imparcial que pudo. - Olvidé algo en los dormitorios, ahora vuelvo. - Se alejó de ahí sin esperar respuesta de los otros. Por más que intentó esconderlo, Remus notó la humedad en sus ojos. Peter solamente se dirigió un grupo de Gryffindor que se encontraba cerca de ahí.
A James le temblaba el paso, se sorprendió a si mismo cuando llegó a donde estaba Lily. Cuando impidió la sombra del sol, esta levantó la vista y lo encontró. Se había preguntado, se había preguntado por que no la había seguido, ni siquiera le había dirigido la palabra cuando tuvo tantas oportunidades; en el tren se cruzaron, varias veces en el comedor se encontraron cara a cara pero James ni siquiera le había dirigido la palabra. Lo cierto es que le gustaba y temía que después de todos sus rechazos, James se hubiera cansado de esperar.
- Evans. - murmuró el chico. - ¿Puedo hablar contigo un momento, no me tomará mucho?.- Lily se sorprendió del tono tan serio del chico, apenas asintió con la cabeza. James se sentó a su lado. - Tu me gustas. - La tomó casi por sorpresa. Lily no tardó en recuperar su postura.
- Me lo has dejado claro muchas veces Potter. - Volvió su vista al libro que había estado leyendo.
- Y quería saber si estas con alguien más. - James continuó sin detenerse a pensar, con el tono más monótono que Lily le hubiera escuchado.
- ¿A qué te refieres?. - Se preguntó verdaderamente extrañada. Bajó su libro y lo cerró. Este James le intrigaba. El otro no tardó en contestar.
- Te vi con alguien, aquella vez. - Lily lo miraba anonadada, intentando adivinar lo que él sentía y descifrar lo que decía. - En la fiesta de Frank, durante las vacaciones. - Lily pareció recordar. Se echó a reír. James la miró confundido, un tanto furioso.
- ¡Vamos James!. - le respondió entre risa. James se sorprendió de escuchar su propio nombre salir de los labios de la chica - Charles Scott es uno de mis mejores amigos, desde que entramos a Hogwarts, incluso tu, quien poca atención pones en los demás, debiste notarlo. Cuando no me la pasaba con Severus estaba con Charles. - terminó al mismo tiempo que se limpiaba las lágrimas de la risa. Todo esto le parecía poco chistoso al otro.
- ¿Y decidieron ser más que amigos?. - James le preguntó con una voz sumamente apagada. Lily volvió a sonreír.
- Lo cierto es que esa noche... - Lily comenzó más seria, pero aún sonriente. - Charles me confesó sus sentimientos por mi. - James la miró un tanto sorprendido. - Sin embargo yo le dije la verdad. - Ella pudo sentir el calor en sus mejillas, se relajó, tomó un poco de aire y dijo. - Que a mi me gustaba otro chico. - Confesó sin mirar a James, el que rápidamente volteó a otro lugar, sintiéndose miserable. Finalmente lo sabía, Lily quería a otro.
- Ya veo. - James estaba apunto de irse.
- Charles intentó besarme. - Lily alzó la voz, mantenía una sonrisa melancólica. - Pero es mi amigo, solo pude abrazarlo. - James entendió a la perfección y no pudo reconocer en la voz de la otra alguna clase de mentira.
- Entonces te gusta alguien más. - murmuró James más para si mismo que para ella.
- Si. - respondió. - Estoy verdaderamente loca, él es una persona tan desequilibrada, nunca pensé que me llegaría a gustar de esa forma. - Se echó a reír de nueva cuenta. James no se resistió.
- ¿Quién es él?. - No quería saberlo para buscar venganza, para matarlo por haberle robado a una chica que ni siquiera era suya. Solamente quería saber ante quien había perdido.
- ¿De verdad... quieres saber quién es?. - La voz de Lily cambió, se mostraba insegura, pero deseosa de hablar. James asintió. Se miraron a los ojos, James pudo admirar de cerca esas bellas esmeraldas y de cerca y aún más de cerca, como si estas estuvieran dirigiéndose hacia él. Pero... no, debía estar alucinando, no podían realmente estar dirigiéndose hacia él. Intento reaccionar, asimilar el porque Lily se acercaba más y más, pero no pudo, no en el momento en el que sintió los suaves labios de Lily Evans sobre los suyos.
Sirius llegó lo más rápido que pudo al dormitorio, con una mano limpió las apenas pocas lágrimas que se asomaban por sus ojos. No, si su mismísima familia no lo había derrumbado, no lo haría James Potter, no la persona en quien más confiaba.
Se tumbó en la cama, deseó dormir y despertar hasta que las vacaciones de invierno llegaran, cuando solamente él y James pudieran estar juntos y solos, tan solo jugando con la nieve, nada más.
Intentó cerrar los ojos y dormir, pero una fuerza mayor le contuvo, sintió como si toda la habitación diera vueltas a su alrededor, se puso de pie lo más rápido que pudo y cuando se dio cuenta, ya se encontraba en el baño de hombres, hincado sobre el retrete. Tenía un sabor asqueroso en la boca y unas náuseas que nunca antes había sentido, como si alguien le apretara el estómago hasta asfixiarlo. Volvió a vomitar. No se sentía capaz de ponerse de pie.
- ¿Sirius?. - Escuchó la voz de Remus desde la puerta. Este se apresuró al ver a su amigo en el suelo, con una expresión de dolor e incomodidad que nunca se imaginó ver en su rostro. - ¿Qué sucede, estás bien?. - Se arrodilló ante él.
- Si...- Sirius contestó débilmente. - Debí comer algo que me hizo daño.- Se apoyó en Remus para levantarse. Suspiró. Sí, eso debía ser, se repitió a si mismo y no lo que su mente, enferma y desquiciada le intentaba hacer creer.
N/A: Bueno, muchas gracias por sus reviews, las aprecio mucho. Sí, si me iré rápido :) o eso trataré. Y no odien a James :) Prongs es lindo, no es su culpa ser un ciego. Y pues, ya veremos lo que llegará a sentir James en un futuro :) nadieee lo sabe, quien sabe como tome la noticia de Sirius, quien sabe como el mismo Sirius tome la noticia.
Muchas gracias por leer y espero sus reviews! Cortito pero seguro :)
Por cierto, señálenme si creen que me fui muy rápido y me faltó desarrollo en este capítulo :( no estoy segura.
Verso del inicio at mi amor prohibido, Hermann Hesse.
01 de Agosto del 2008
