Letanías

Yami to Fujikiri

Capítulo 3

Déjame ir

Pruébame con Newton más que con Descartes y con Copérnico más que con Ticho-Brahé,
explícame solamente por qué una piedra cae cuando se le lanza hacia arriba
vuélveme palpable, evidente, este efecto tan simple,
y te perdonaría ser un moralista,
al demostrarme que eras aceptable físico


La noche pasada había sido increíblemente molesta, hasta un punto de suave tortura. Sirius, quien siempre había sido un chico muy saludable, no estaba acostumbrado a pasar ya dos días enteros con estos constantes mareos y esas molestas náuseas. Aquella noche en particular, había sido extremadamente dolorosa y de hecho el joven Black no había dormido mucho que digamos.

Apenas amanecía en Hogwarts, Sirius, contra su voluntad, ya se encontraba levantado y vestido; aunque aún faltara una hora para que las clases comenzaran. Vio como Peter, con pereza, se paraba de su cama y se dirigía hacia las regaderas. Pronto, unos ruidos que provenían de la cama de James le llamaron la atención. La noche pasada no vio llegar a James, seguramente, había estado con Lily. Después de unos cuantos bostezos y estiramientos, lo advirtió sonriendo. Sirius bajó la mirada. Sabía por que James sonreía y simplemente no entendía por que le dolía tanto, finalmente su amigo estaba feliz, finalmente había conseguido lo que quiso durante tantos años, ¿por que él era tan arrogante y egoísta como para no estar feliz por su amigo, por qué tenía estos sentimientos aún? Él los odiaba, odiaba su corazón que predominaba sobre su mente, sobre sus más razonables pensamientos; odiaba amar tanto a James y odiaba el estar tan sentimental y sensible desde un tiempo para acá. Sintió un nudo en la garganta, nuevamente quería llorar sin razón, ¿qué había pasado con el rompecorazones, el rudo Sirius Black, en qué lo había convertido Potter?.

- Mejor me apuro. - la entusiasmada voz de James lo sacó de sus pensamientos. - Le prometí a Lily que almorzaríamos juntos. - Sirius vio como James atravesaba el dormitorio, dirigiéndose, igual que Peter, a las regaderas.

Se quedó sentado ahí en su cama, mirando hacia donde James se había ido, nuevamente luchando por contener las lágrimas. Un fuerte retorcijón le hizo llevarse una mano al vientre involuntariamente, ahogó un quejido. Aún Remus se encontraba en la habitación, no quería preocuparlo más, ya suficiente tenía con su amigo siguiéndolo últimamente más de la cuenta, preguntándole cuando iría de una vez por todas con Madam Promfey; no quería darle más razones. Pero pese a sus intentos, Remus había estado vigilándolo desde que se despertó y tal vez mucho antes.

- Sirius. - Escuchó la voz del licántropo pero no volteó. - Sirius, escúchame, ya llevas bastante tiempo así, ve con Madam Promfey ahorita que falta para que las clases comiencen. - Pronto escuchó los pasos del otro acercándosele. No tardó para estar de frente a él. Remus se sentó a su lado.

- Estoy bien Moony, estoy bien. - Volvió a sentir estas terribles ganas de vomitar, luchó contra el ansia, para no darle involuntariamente la razón a Remus pero pronto un gran escalofrío recorrió su cuerpo, lo hizo apretar con su puño la capa del otro. Remus suspiró.

- Te acompaño. - Dijo con firmeza, sin dejar lugar a más pretextos. Sirius por fin le miró, con un poco de sudor en el rostro, apretando los dientes para apaciguar el dolor.

- No, yo puedo ir solo. - Finalmente dijo. - Tu prepárate para las clases, yo ya estoy listo. - Se levantó de la cama con trabajo y se puso en marcha hacia la puerta.

- ¿Estás seguro? Quiero que vayas realmente. - Remus le había seguido.

- Estoy seguro, deja de ser tan molesto. - Contestó forzando una sonrisa.

- Llámame si necesitas algo. - Remus lo vio salir, apenas afirmando con la cabeza. Volvió a suspirar, de verdad su amigo se veía muy mal, no solo por todo esto de la enfermedad, él sabía, mejor que nadie, los sentimientos de Sirius y también veía con fastidio la reciente actitud de James y como esta afectaba aún más a Sirius, le dolía.

Desde hace dos días que James había empezado a salir con Lily, cosa que llevó al buscador a las nubes, realmente lo había llenado de confianza y más arrogancia, si eso se podía y principalmente, James no hacía más que hablar de Lily de las cosas que hacían juntos o de las que estaban por hacer. Remus siempre notaba como Sirius apretaba los puños y como sus ojos brillaban de repente, con rastros claros de lágrimas queriendo florecer de ellos; admiraba su habilidad para mentir y sonreírle a James y animarlo un poco o responderle que genial que por fin estuviera con Lily. Remus empezaba a cansarse de esto, realmente. Advirtió a James saliendo del baño, acomodarse el cabello con la mano, con la suma intención de solamente dejarlo alborotado.

- ¿Aún no te bañas Mooney? Quería que me acompañaran con Lily pero definitivamente se me hace tarde. - Remus suspiró, Lily Evans, Lily Evans, ¿No había más en la mente de Potter? ¿Sirius Black?. - ¿Y Padfoot? No se veía bien cuando me levanté. - Dijo sin dejar de mirarse en el espejo que tenía frente, arreglándose la camisa, aflojándose la corbata.

- ¡Ah, me sorprende que hayas notado a Sirius!. - Remus puso todo el tono sarcástico que pudo y sin mirarlo entró al baño, del cual Peter estaba saliendo.

- ¿Qué te pasa?. - Escuchó que James le gritaba. Este se dirigió a Peter, quien solo alzó los hombros. - Vamos Wormtail, acompáñame a desayunar con Lily.

- Eso será tan incómodo. - Respondió Peter.

- ¿Y dónde rayos está Sirius?. - Se preguntó a si mismo, ignorando el comentario del otro.


Sirius yacía recostado en una de las camillas, ya las náuseas se habían ido gracias a algún remedio que Madam Promfey le había dado pero aún la estaba esperando, por ordenes de ella claro, lo cual le pareció totalmente innecesario a Sirius, ya había desaparecido el dolor, no podía llegar tarde a clases; aunque esto último era más un pretexto para no estar ahí, nunca le había importado mucho llegar a tiempo a las clases. Escuchó los pasos de la otra así que se levantó y sentó en la camilla.

- Señor Black. - Comenzó Promfey, una vez que estuvo delante de él. - ¿Me deja hacerle unas preguntas?. - Sirius asintió con la cabeza. - ¿Actualmente, tiene una relación íntima con alguien?. - Sirius sin duda no vio eso venir, ¿por que, eso iba a importar?.

- Ehh... no. - Luchó contra los deseo de preguntarle que le interesaba o decirle que no tenía por que responder aquello.

- ¿Ha estado con alguien, me refiero a íntimamente, con algún chico?. - Lo miró directo a los ojos, Sirius empezó a tartamudear.

- Eso... ¿eso qué...? ¿eso importa?. - Preguntó con ansiedad y un poco de rubor en las mejillas.

- Si, señor Black. - Reafirmó la enfermera. Sirius tragó algo de saliva.

- Una vez. - Le dolió recordar aquella noche, realmente le dolió, cerró los ojos unos segundos, intentando olvidar. Poppy tomó asiento a su lado.

- Sirius. - Le sorprendió escucharla utilizar su nombre. - Estás embarazado, hijo. - Terminó con suma calma. La mente de Sirius se congeló por unos segundos, creyó pronto estar aún dormido o en alguna clase de letargo, o tal vez alucinando, definitivamente no escuchó eso.

- ¿Qué?. - Debía despertar de este sueño cuanto antes.

- Sabes bien que los embarazos masculinos son bastante comunes entre los magos. - Volvió a hablarle con suavidad. - Todo lo que has estado experimentando en estos días son tus primeros síntomas. - No podía ser, no podía pasar esto, Sirius apenas escuchaba la voz de la enfermera, apenas veía bien, la vista, al parecer, le estaba fallando, sintió algo extraño en su estómago, como si algo le apretara, no como las náuseas que no lo habían dejado dormir, esto le recorría todo el cuerpo.

- Eso... eso es imposible... no puedo, yo... - Sirius dejó de mirarla para ver al suelo rápidamente, respirando con dificultad. ¡No podía estar esperando un hijo de James!

- ¿Sabes quién es el padre, verdad? Me dijiste que fue una vez... - Ante esto los ojos de Sirius se humedecieron rápidamente pero esta vez ya no pudo contenerlo más, las lágrimas rodaron por sus mejillas. Alcanzó a afirmar con la cabeza. Claro que sabía, solamente había estado con un chico en su vida, con la única persona a quien amaba, pero también él que no lo veía más como a un amigo. James.

- ¿Quieres que le diga?. - Preguntó con delicadeza, aunque el grito de Sirius que le subsistió casi la hace brincar.

- ¡No!. - Claro que no, James no podía enterarse de esto, lo odiaría. No, él no sería quien destruyera la relación entre James y Lily. - No puede saberlo. - Susurró más para él que para la otra.

- Cariño, no puedes pasar por esto tu solo, los embarazos juveniles son especialmente difíciles. - Poppy le pasaba una mano por la espalda, tratando al chico, quien todavía no paraba de llorar.

- No, yo puedo hacerme cargo. - Se pasó las mangas del uniforme por sus ojos, limpiando las lágrimas. Se levantó. - Estaré bien. - Afirmó. ¿Puede mantener esto en secreto?

- Respeto tu decisión, aunque no este de acuerdo. ¡Y por supuesto que yo nunca hablo de mis pacientes!. - Sonó algo indignada pero sonrió. - También tienes que venir a revisiones cada semana, máximo cada dos semanas, ¿entendido?. - Sirius afirmó con la cabeza. - ¿No quieres tomarte el día libre?

- No, prefiero ir a clases mientras pueda. - Respondió el chico, intentando sonar lo más optimista que pudo. No lo logró. Salió de inmediato de la enfermería.

¿Qué era lo que iba a hacer? No podía estar pasando esto. Tener al bebé y ¿cómo?, apenas tenía 16 años, no sabía ni cuidarse a si mismo, vivía con los Potter. No tenía a nadie que le apoyara, estaba solo. Y era claro que no tenía a James, le resultó más claro cuando llegó al comedor y lo vio besándose con Evans.

No lo necesito, las lágrimas volvieron a correr por su rostro. No lo necesito.

Tendría a este bebé y le demostraría que no lo necesitaba.


La primera clase fue Adivinación y James volvió a mirar hacia la puerta del salón, como lo había estado haciendo durante la última hora, esperando constantemente a que de un momento a otro entrara Sirius. Le estaba preocupando bastante, no había tenido tiempo de hablar con Remus desde que lo vió en el dormitorio y no tenía idea de donde podría estar su mejor amigo, además, Remus tenía otra clase en ese momento, no podía preguntarle. La ansiedad se hizo claro en las manos que no dejaban de golpear el lápiz contra el escritorio. Y no pudo más. Levantó la mano a la mitad de la plática del maestro.

- Profesor, no me siento bien, ¿puedo salir un momento?. - Escuchó una especie de rugido de la garganta del otro y salió de inmediato, tomando aquello como una respuesta afirmativa.

Tenía que buscar a Sirius, probablemente no pasaba nada, pero realmente le había preocupado el rostro débil y cansado que percibió en la mañana. Se dirigió rápidamente a su dormitorio. Una vez ahí buscó entre el baúl de sus cosas y sacó un pergamino.

- Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. - Dijo la frase de memoria y pronto se reveló el mapa del merodeador. Ansiosamente buscó el nombre de Sirius Black en el mapa, se sorprendió de encontrarlo cerca del lago. Se apresuró a salir de la torre de Gryffindor y del castillo, dirigiéndose al lago.

No lo entendía, por que sentía esta presión sobre su pecho. Había estado tan feliz de tener por fin a Lily entre sus brazos que poca atención le había ofrecido a sus amigos últimamente. Aunque había notado las constantes idas al baño de Sirius y sus quejidos durante la noche; no se había preocupado por preguntarle si algo le pasaba, por reafirmarle que seguía importándole y de eso, apenas se daba cuenta.

No tardó en ver al chico de espaldas, sentado frente al lago, con las rodillas pegadas al pecho. Se acercó lentamente, como temiendo asustar a Sirius, aunque no estaba seguro de por que. Tampoco entendía por que Sirius lloraba de tal manera, llanto que solamente recordaba la noche en la que su amigo había huido de su casa; como si todo su mundo se estuviera cayendo.

- ¿Pads?. - Sirius se sorprendió al escuchar la voz de James, rápidamente se llevó las mangas al rostro, limpiándose las lágrimas.

- ¿Qué haces aquí Prongs?. - Intentó sonar lo más calmado posible, pero su voz le traicionó.

- Es curioso, iba a preguntarte lo mismo, ¿Por qué no llegaste a Adivinación?. - Se acercó aún más, se sentó al lado del otro; pudo ver los ojos rojos de Sirius, aún rastros de lágrimas. No entendía que pudo haber pasado como para haber afectado de esta manera a su amigo, a Sirius, quien sobre todas las cosas, siempre había sido fuerte y testarudo.

- Se me hizo tarde. - Sirius no podía verlo a los ojos, el solo hecho de estar tan cerca de él le provocaba un dolor increíble, quería gritar, quería gritarle.

- Vamos, puedes mentir mejor que eso. - James tomó el rostro del otro, obligándole a mirarlo. Sintió como todo el cuerpo de Sirius tembló ante su toque. Se sorprendió al sentir como Sirius lo empujaba. - ¿Qué te pasa?. - James sonaba preocupado, realmente preocupado y un poco dolido ante la reacción de Sirius.

- ¡Estoy bien James, déjame en paz!. - Se puso de pie y en marcha de regreso al castillo, apretando el paso, rezando por que James no le siguiera, no podía estar a su lado, ya no podía, se sentía como basura, usado por el otro y ahora pagando las consecuencias de tener tan enfermizos sentimientos.

- ¡Sirius!. - Escuchó la voz de James detrás de él, muy cerca. Se estremeció cuando una fuerte mano le tomaba por el brazo, obligándole a detenerse. No pudo más.

- ¡¡NO ME TOQUES!!. - James se quedó inmóvil, el grito de Sirius le había perturbado sobremanera, nunca lo había visto reaccionar así. Furia y un gran miedo en aquel grito, le dió escalofríos especialmente por que no sabía que había pasado para que su amigo reaccionara de tal manera. - Déjame ir. - Le pidió con lágrimas rodando por todo el rostro, con una voz que sonó a plegaria para James. Instintivamente lo soltó, no pudo articular palabra, solamente mirar como Sirius se alejaba de él, lo vio abrazarse a si mismo, llorar un poco más, correr hacia el castillo y aunque quiso seguirlo no pudo.


Cuando estuvo de vuelta en el castillo le tomó la palabra a Madam Promfey y le pidió permiso de falta a clases durante el resto del día. No podía enfrentarse nuevamente a James, tampoco a los cientos de preguntas que le haría Remus y mucho menos a ver nuevamente a James y Lily juntos durante la comida o entre clase y clase. Ya no podía más. Sintió que las piernas le fallaban mientras salía de la enfermería nuevamente pero luchó para mantenerse en pie. Se dirigió instintivamente al dormitorio, para dormir un poco, dormir para siempre con suerte.

Solo quería llegar al dormitorio. Apenas si veía por donde caminaba, apenas si escuchaba el ruido que hacían otros estudiantes, con trabajos conoció a la chica que de pronto tuvo enfrente, apenas si alcanzó a detenerse.

- No te ves nada bien. - Preguntó con un sincero tono de preocupación en la voz.

- Tu tampoco Evans. - Suspiró, no quería hablar con ella, de todos menos con ella y James.

- Escucha Sirius, sé que tú y yo nunca nos hemos llevado bien pero me gustaría ser amiga tuya, tu sabes, ahora que estoy saliendo con James y tu siendo su mejor amigo, creo que es lo más correcto. - Apenas si podía escucharla, no entendía de hecho, como es que seguía ahí. Intentó no golpearla, ni siquiera gritarle. Supuso que no se lo merecía, que ella no tenía la culpa. La culpa era de James, la culpa más que de otra persona, era de Sirius.

- Yo... - intentó pensar en algo lo suficientemente educado, simplemente no se encontró en la posición de lidiar con esto. - ...no me siento bien, necesito ir a dormir. - Afirmó casi susurrando. - Hablaremos luego. - Pasó a Lily rápidamente, sin dejarla responderle.

Se adelantó lo más que pudo y se alegró al ver la entrada al salón común. Sin detener el paso se dirigió al dormitorio, cerró los ojos y suspiró una vez dentro.

- Te estaba esperando. - No había notado la presencia de Remus, se llevó las manos al rostro, no esperaba tener que hablar con alguien más. - Me tenías preocupado.

- ¿No tienes clase?. - Suspiró Sirius resignado, casi aventándose contra su cama.

- ¿Qué te dijo Madam Promfey?. - Le cuestionó ignorando la pregunta.

- No quiero hablar de eso por ahora. - Rodó sobre su estómago, con la cara en la almohada.

- Sirius. - Rogó Remus, se dirigió hacia el otro. - Dime por favor, ¿no es nada grave? es que has estado tan pálido y débil últimamente y...

- ¡Estoy embarazado!. - Las palabras de Remus fueron cortadas súbitamente por la voz del otro pero más que nada por sus palabras.

- ¿Qué?. - Preguntó con un hilo de voz. Si no fuera por las lágrimas que se asomaban en los ojos del otro o por el temblor de todo su cuerpo, habría pensado que era otra las bromas de Sirius. No le reafirmó nada, simplemente volvió a refugiarse en su almohada. Remus pasó un poco de saliva por la garganta. - ¿Cómo... quién?.

- James... - murmuró Sirius, su voz un poco ahogada por la almohada y por el dolor.

- No sabía que ustedes... - Remus aún no podía creerlo.

- No lo estamos... ni lo estuvimos. - Respondió Sirius, aún sin levantar el rostro. - Fue solo una noche... lo suficiente.

- ¿El lo sabe?. - Remus se sentó en el borde de la cama, puso una mano en la espalda del otro chico.

- No. - Dijo Sirius con toda la firmeza que pudo encontrar. - Ni lo sabrá.

- ¿A qué te refieres?. - La voz de Remus sonaba incrédula. - ¿Cómo se lo ocultarás? ¡¿Por qué?!. - Se levantó súbitamente al igual que Sirius.

- ¡El no me quiere!. - Gritó. - ¡Quiere a Evans!. - Ahora era más ira la que su voz y rostro demostraban, pero no podía desquitarse con Remus, no podía hacer lo mismo que James. - ¡¿Qué crees que pasará cuando le diga que espero un hijo suyo?! No utilizaré eso para obligarlo a estar a mi lado. - Terminó y se volvió a dejar caer sobre la cama.

- Tienes que decirle Sirius, él merece saberlo. - Dijo Remus mucho más calmado, también intentando calmar al otro.

- El no merece nada. - Murmuró Sirius, lo suficientemente alto como para que Remus escuchara.

- Sirius... - Intentó razonar, sabía que Sirius no podía pasar por esto solo. Era claro, para Remus, que al menos con él contaba, solo esperaba que Sirius lo supiera.

- Necesito estar solo Moony, me siento débil. - Admitió otra vez contra la almohada, rezando por que Remus entendiera y se marchara.

- Esta bien. - Sin decir ni hacer más, Remus salió del dormitorio.


Había pasado ya casi todo el día. La noche caí sobre Hogwarts y Sirius no se había movido de la posición en la que había optado varias horas antes. Parecía, que al menos si se quedaba quieto, las náuseas y los espasmos no se hacían presentes. Hasta ese momento, en que comenzaba a sentirlos nuevamente y por más quieto que se quedara, no podía evitarlos. Suspiró, no quería levantarse, no quería volverse a poner de pie.

Escuchó unos pasos acercarse a la habitación, supuso que James, Remus y Peter estaban por llegar. Realmente esperaba quedarse solo más tiempo, tal vez para siempre, no tener que lidiar con el sentimentalismo de Remus y mucho menos con James. Peter era fácil de ignorar.

Fue como si cientos de agujas se le clavaran en la piel, aquel espasmo que le llegó tan repentinamente. Se levantó tan rápido como pudo y corrió hacia el baño de a lado del dormitorio.

Remus, Peter y James alcanzaron a ver a Sirius correr y encerrarse en el baño, Peter miró como cuestionando a los otros dos, quienes no respondieron absolutamente nada. Peter optó por ignorar la situación e ir a su cama directamente. Remus miró de reojo a James.

- Ve a hablar con él. - Dijo finalmente. Sus ojos encontraron a los de James.

- El no quiere hablar conmigo. - Respondió con tristeza. - Ni siquiera me quiere cerca y no tengo idea de porque.

- Entonces averigüalo. - Le dijo firmemente, sabía que Sirius necesitaría a James. El otro le miró y supo que no tendría opción. Se dirigió al baño y giró la perilla esperando que Sirius no la hubiera asegurado. Se sorprendió de que fuera así. Al parecer el otro no había tenido tiempo.

Pronto estuvo dentro y encontró a su amigo arrodillado frente al escusado, vomitando. ¿Por qué? Sirius no se había aparecido a la hora de la cena ni de la comida, eso también le preocupaba. Caminó hacia él, nuevamente lo hizo lentamente, como antes en el lago.

- ¿Pads? ¿Estás enfermo?. - Fue lo más inteligente que se le ocurrió, aunque pronto se dio cuenta que aquello era lógico.

- Vete James. - Sirius le respondió con esfuerzo. Aún con el mal sabor de boca.

- No Sirius. - James aseguró con firmeza. - No me iré hasta que hablemos. - Sirius se levantó de aquel sitio para recargarse contra la pared, James lo siguió, sentándose enfrente de él.

- No quiero hablar contigo. - Sirius se mantuvo con los ojos cerrados, recargando la cabeza en la pared, como si intentara dormir.

- No me importa. - James volvió a asegurar.

- Ya se que no te importa. - Sirius abrió los ojos y le miró. - Nunca te ha importado lo que yo quiero, nunca te he importado. - Intentó mantener la voz baja pero aún así la furia que sentía se hizo presente encada palabra.

- ¿De qué hablas?. - James se sintió casi ofendido, dolido un poco más. - ¡Siempre me has importado!. - Recordó con amargura el dolor que sintió al ver hace ya varios meses a aquel Sirius mojado bajo la lluvia, con cortadas y golpes por todo el cuerpo aparecerse en su puerta. Recordó con grave dolor como Sirius se despertaba noche tras noche por las siguientes semanas, debido a las pesadillas que solía tener, cada una peor que la otra. Sobre todas las cosas, Sirius le importa, le quería tanto, era su hermano, su compañero.

- No quiero hablar contigo. - Volvió a decir Sirius, James se desesperó.

- ¡Ya sé que no quieres hablar conmigo pero...!.- James lo tomó por los hombros y le obligó a levantarse. Sin soltarlo lo apretó contra la pared.

- ¡Suéltame!. - James siguió oprimiendo. - ¡Que me sueltes! ¡Suéltame!.- Observó confundido como Sirius intentaba pelear, pero lo sintió tan débil, tan frágil, ese no era el Sirius que continuamente le ganaba al pelear, casi siempre amistosamente, pero siempre con fuerza. Sirius cerró los puños y comenzó a golpearlo en el pecho, pero James apenas si se movía. De pronto el de las gafas aflojó un poco e inmediatamente acorraló al otro en un abrazo. Sirius aún luchaba en aquel abrazo, intentando apartarse, ahogando pequeños gritos, con lágrimas volviendo a aparecer en su rostro. - Suéltame por favor, no me hagas esto. - Murmuró en el hombro de James, pero este siguió sin soltarlo.

- Odio verte así, háblame, quiero ayudarte. - Afirmó James, susurrándole en el oído, provocando que Sirius se estremeciera más.

- No puedes, no puedes ayudarme. - susurró Sirius un poco más calmado.

- Claro que puedo y lo haré. - Se quedaron así, abrazados por lo que parecieron horas. James aún podía escuchar los sollozos de Sirius, en ningún momento había disminuido la fuerza del abrazo, en ningún momento se había movido pese a los esfuerzos de Sirius. Y siguieron en silencio por mucho más tiempo, la noche seguía avanzando, James no podía escuchar nada más que la respiración entre cortada de Sirius, la sintió justo en su cuello. Le pasó una mano por entre el cabello.

- Estoy embarazado. - Apenas escuchó el murmuro de Sirius.

Era como si todo se le hubiera olvidado, como si ya no le importara nada más, estaba cansado de que pensar en James, de sacrificarse por James, de ver feliz a James y el morirse por dentro, estaba cansado de ser el mártir, quería, por una vez en su vida, quedarse ahí en el abrazo de James y no moverse nunca. Y sin pensarlo, sin planearlo, le dijo esas palabras; ya no le importaba la reacción del otro, ya no le importaba nada.

James no supo como reaccionar, las palabras de Sirius le habían tomado por sorpresa, no supo siquiera que hacer, siguió abrazándolo pero ya no con la misma fuerza. Pronto se vio soltando a Sirius, ambos quedando uno frente al otro. Sirius levantó la mirada, encontrándose con la de James, la confundida mirada de James.

- Nunca he estado con nadie más que contigo. - Volvió a susurrar, la voz algo entumecida, como si temiera que James le fuera a decir lo contrario. Vio a James llevarse una mano a la boca, como ahogando un gemido o grito o lo que fuera que James hubiera dicho en esta situación. No pudo más con esto. Ya estaba hecho, ya le había dicho. De pronto comenzó a caminar, directo a la puerta del baño, pasando a James. Apenas alcanzó a dar unos pasos cuando James le tomó por el brazo.

Estaba muy débil como para reaccionar o como para no dejar que James lo atrajera así su cuerpo y lo besara ferozmente, mordiendo sus labios, sosteniendo su nuca para evitar que Sirius se hiciera para atrás. Pronto Sirius le empujó, con todas las fuerzas que pudo encontrar, le empujó, pero no pudo hacer que James le soltara el brazo.

- Suéltame. - le susurró. - No te estoy pidiendo nada.

- No tienes que hacerlo, quiero estar contigo. - Le respondió y se sorprendió de pronto escuchar la risa de Sirius llenar todo alrededor.

- ¡Quieres estar conmigo!. - Repitió en tono de burla. - ¡Por favor James! Ni tu te crees esa, ahora que estás con Lily... - su voz le falló pero intentó continuar, como pudo. - ...No seré yo quien lo arruine.

- ¡No fuiste tu!. - James contestó de inmediato. - No te dejaré hacer esto solo, no... - Pronto James se encontró sonriendo, con una mano aún sosteniendo a Sirius, con otra acariciando su rostro. Sirius entrecerró los ojos. - Eres tan hermoso... - Sirius sonrió.

- Déjame ir, James. - Y por segunda vez en el día, James no pudo seguirlo.


N/A: Yay! Perdón por la tardanza, son las 3 am del domingo y mañana tengo clases! Bueno... hoy, realmente esto no es saludable.

Bueno,... Si claro que si! Remus estará con Sirius, son amigos, y Remus se preocupa sobremanera por Sirius, ya lo han visto en este capítulo.

Espero que les haya gustado :) y que dejen sus reviews!

Gracias por su tiempo.

Verso del inicio at el genio, el maestro, el Dios, Marqués de Sade.

11 de Agosto del 2008