Letanías
Yami to Fujikiri
Capítulo 6
Crucifícame
- Llegado el instante fatal en que el velo de la ilusión sólo se
desgarra para dejar al hombre reducido al cuadro cruel de sus errores y
sus vicios, ¿no te arrepientes, hijo mío, de los múltiples desordenes a los
que te condujo la humana debilidad y fragilidad?
- Sí, amigo mío, me arrepiento.
- Pues bien, aprovecha estos remordimientos felices para obtener
del cielo, en este corto intervalo, la absolución general de tus faltas, y
piensa que es por la mediación del santísimo sacramento de la
penitencia que te será posible obtenerla del Eterno.
- No nos comprendemos.
- ¡Cómo!
- Te he dicho que me arrepentía.
- Así lo oí.
- Sí, pero sin comprenderlo.
Habían pasado apenas 3 meses desde que Sirius se había enterado de su embarazo pero aún no se empezaba a notar a ojos de otras personas, Madam Promfey le había dicho hacía dos semanas, que no se empezaría a notar hasta los cuatro meses; nadie que no supiera de su condición lo había notado. Por supuesto, pocas eran las personas que sabían, por obvias razones el director, Albus Dumbledore y la jefa de la casa de Gryffindor, Minerva Mcgonagall, pues ella era la responsable de sus alumnos, el profesor Horace Slughorn, de pociones, quien debía saberlo para no exponer a Sirius a ningún experimento peligroso, era bien sabida la habilidad de Sirius por buscar los problemas, si bien una poción podía parecer inofensiva, a manos de Sirius Black era letal. Madam Promfey, quien fuera la primera en saberlo, los señores Dorea y Charles Potter, tutores de Sirius, Remus Lupin, su segundo amigo más cercano, Peter Pettigrew, el tercero en la lista y el capitán del equipo de Quidditch, James Potter, quien por cierto también era el padre de la criatura y su mejor amigo.
Pero en aquellos momentos, parado frente al espejo, a ojos de Sirus, su cuerpo parecía decir a gritos su condición.
- ¡Podrías dejar de verte por favor!. - Soltó Remus exasperado, había estado tratanto de contener sus comentarios pero para ese punto ya le pareció imposible.
- Me parece que desde un tiempo para acá te has vuelto más vanidoso. - Comentó Peter, quien levantó su vista del partido de ajedrez que sostenía con Remus y que claramente perdía.
- ¡No es eso!. - Casi gritó el aludido. - Bueno, sé que mi elegancia natural merece ser alabada... - Dijo sumergiéndose en su natural tono que ya todos le conocían. - ¡Pero no es eso!. - Terminó de la misma forma que empezó y se volvió a girar al espejo. Escuchó la risa de James en algún lugar de la habitación cercano a él y no tardó en ver la figura del otro reflejada en el espejo.
- Te ves bien. - Le afirmó James sin dejar de sonreír divertido. - Siempre te has visto. - Y rodeó la cintura del otro con sus brazos.
- No soy lo suficientemente vanidoso como para preocuparme por eso. - Le susurró solamente para que James pudiera escucharlo. Vio el reflejo del otro arquear una ceja. - Bueno sí, pero no ahorita. Me preocupa que... - Suspiró. - No sé como manejaré esto, me refiero, con los demás de la escuela. - Dijo bajando la mirada, James soltó el abrazo y se puso en frente de Sirius, bloqueando el reflejo.
- ¿Desde cuándo te preocupa lo que los demás piensen?. - Le cuestionó serio, si algo le molestaba a James era ver esos repentinos arranques de Sirus, no le hacían enojarse con el otro, pero si le molestaba sobremanera el saber que Sirius estaba pasando por algo tan fuerte como para cambiar de tal forma sus pensamientos, su forma de hablar incluso.
- Tienes razón. - Contestó al cabo de unos segundos formando una sonrisa en su rostro. - Después de todo ya soy un maldito bastardo traidor malagradecido, si le añadimos embarazado, tendrá un toque con mucho estilo. - Terminó riéndose de sí mismo y al mismo tiempo se dirigía a su cama, ese era su Sirius.
- Embarazado de un bastardo hijo de otro traidor por favor. - Añadió James siguiéndolo, se recostaron juntos.
Habían estado juntos desde aquella noche en la que James por fin había aclarado sus sentimientos y Sirus los había aceptado finalmente. Aún no habían anunciado públicamente su relación pero planeaban hacerlo, especialmente cuando se supiera que Sirius estaba embarazado, James pretendía dejar muy en claro que era orgulloso padre de ese niño.
Habían estado junto todo ese tiempo y hasta ahora no se habían peleado, cosa que les parecía sorprendente tanto a Remus como a Peter, con las personalidades tan explosivas que ambos amigos cargaban era muy difícil pensar que podrían estar todo el día, todos los días juntos y no haber caído ya en una discusión, incluso cuando no eran novios, cuando solamente eran mejores amigos, se peleaban más que ahora; pero lo cierto es que a Remus le parecían muy felices, muy tranquilos y eso le hacía muy feliz.
Para Peter la situación fue muy extraña desde el inicio, él fue el último en enterarse del embarazo de Sirius y sin lugar a dudas lo tomó con balbuceos y risitas nerviosas pero con el tiempo se acostumbró, seguían siendo sus mismos amigos, lo comprobó cuando una semana después, Sirius le propuso algo en el oído a James una mañana cuando despertaban juntos en la misma cama y cinco horas después, Snivellus, estaba nadando con el calamar gigante. Sin duda eran las mismas personas.
- ¡James!. - Escucharon una voz agitada abrir la puerta del dormitorio apresuradamente. Los cuatro merodeadores voltearon para encontrarse con la chica pelirroja.
- De verdad Lily. - Comenzó James. - Tienes que contarnos como rayos le haces para entrar a estos dormitorios. - Dijo sin soltar la mano de Sirius, quien se había levantado un poco del regazo del otro ante la entrada de la chica. Ambos se sorprendieron en silencio al no escuchar la voz de la otra respondiendo un "antes muerta" o "¿me crees estúpida?" así que pronto la miraron con un semblante más serio.
- La profesora Mcgonagall te busca. - Dijo dirigiéndose a James, respirando con dificultad, se notaba que había estado corriendo para llegar con los chicos. - Le llegó una lechuza urgente, me parece que... es tu padre, no sé bien. - Terminó susurrando. James se levantó de la cama en un santiamén, apenas si Sirius alcanzó a quitarse de en medio.
- ¿Dé que hablas, qué...?. - James conocía bien a sus padres, no mandarían un aviso, una lechuza u otro mensaje a no ser que fuera algo serio y la mención de su padre le había realmente alarmado.
- No sé, estaba ayudándole a organizar unas cosas cuando... - Se detuvo unos segundos. - Será mejor que vayas. - Terminó. No tuvo que decirlo dos veces, James ya estaba en camino.
- ¡James, te acompaño!. - Lo detuvo la voz de Sirius, quien se levantó más rápido de lo que debió, al parecer, pues pronto tuvo que sentarse de nuevo para evitar caer al suelo debido al mareo repentino.
- No, quédate aquí. - Dijo James, casi como una orden, a lo cual Sirius frunció el ceño.
- También son mis padres. - Murmuró poniéndose de pie, mirándolo a los ojos.
- Entonces lo suyo es casi incesto. - Escucharon la voz de Peter por detrás, los cuatro lo miraron con los semblantes en blanco y luego se echaron a reír.
- Eres genial Wormtail. - Expresó Sirius intentando dejar de reír y pronto se pusieron en marcha, no solo James y Sirius, también Remus y Peter con Lily siguiéndolos.
- ¡Profesora!. - Prácticamente dijo gritando, para James el recorrido de la torre de Gryffindor a la oficina de la maestra fue una eternidad, aunque sin duda no por la compañía de los demás, hubiera tardado lo mismo solo o acompañado.
La docente estaba sentada tras su escritorio, levantó la vista de inmediato ante la preocupada voz de su alumno y los pasos pesados y rápidos de los cinco Gryffindors.
- Joven Potter. - Comenzó hablando. - Será mejor que nos esperen afuera. - Dijo dirigiéndose a los demás. - El joven Black se puede quedar ya que también le interesa... - Todos le miraron alarmados.
- No les guardo secretos. - Murmuró James. - Está bien. - Terminó y Mcgonagall no pareció querer protestar más. Sirius alcanzó a escuchar un "entonces me retiro detrás de él" y se volteó para alcanzar a sujetar el brazo de la pelirroja.
- Tampoco a ti Lily. - Le sonrió. Lily parecía asombrada, era la primera vez que Sirius le llamaba por su nombre. Se quedó donde estaba. Los cinco observaron como la profesora volvía a su asiento, después de hacerla levantarse con tan ruidosa entrada.
- Recibí una carta de su madre. - Comenzó diciendo, las manos en la barbilla, los lentes un poco ladeados. - Su padre parece estar... muy enfermo. - Terminó mirando a los ojos a James, quien no atinó a decir nada. Lily y Peter contuvieron la respiración, Sirius tomó instintivamente la mano de James.
- ¿Qué tiene?. - El menor de los Potter pareció reaccionar.
- Me parece que se trata de una enfermedad al corazón, ya tiene algún tiempo... - La voz de James la cortó.
- ¡Imposible! Me hubiera dado cuenta. - Minerva alzó las manos en señal defensiva.
- Lo mejor será que hable usted con su madre, podrá utilizar la Red Flu del despacho del profesor Dumbledore para ir a su casa en cuando lo desee. - Respondió de la forma más tranquila que pudo.
- ¿Puedo ir con él?. - Intervino Sirius llamando su atención. - También son mis tutores y...
- Por supuesto. - Lo cortó Mcgonagall, respondiendo como si hubiera preguntado lo obvio.
- Entonces me gustaría ir ahorita mismo. - Alzó la voz James, apretando la mano de Sirius inconcientemente. Mcgonagall asintió con la cabeza y los dirigió afuera de su oficina.
- Mándenos un mensaje en cuanto puedan. - Remus se dirigió a Sirius, quien parecía un poco más conciente de lo que sucedía a su alrededor, Sirius asintió.
- Está bien James. - Notó a Lily susurrarle a su novio. - Seguramente no pasa nada. - Y luego observó a James mover la cabeza casi automáticamente, poco convencido.
- Vamos. - Habló la profesora y dirigió a ambos chicos a la oficina de Dumbledore.
Afortunadamente el director fue más conciente y no los entretuvo tanto así que pronto se encontraron en la residencia de los Potter. Una vez ahí, James se lanzó fuera de la chimenea llamando a su madre.
- ¡Mamá!. - Gritó sin obtener respuesta. - ¡Mamá!.
- ¡James!. - Escuchó otra voz. Alice, la vecina y mejor amiga de su madre bajaba por las escaleras precipitadamente. - Sirius. - Habló al ver al otro chico detrás. - No los esperábamos tan pronto.
- ¿Qué le sucede a mi padre?. - James se apresuró hacia la mujer. Alice pareció titubear.
- Tu madre está arriba, será mejor que hables con ella. - James se lanzó rápidamente a las escaleras, seguido por Sirius, quien parecía mucho más lento de lo acostumbrado.
Pronto se vio incapaz de seguir a James, de seguir subiendo los escalones y tuvo que, no solo detenerse, si no sentarse en uno de los escalones, con una mano en su estómago y un semblante de incomodidad.
- ¿Sirius?. - Escuchó la voz detrás de él.
- No me siento bien. - Respondió con una voz demasiado débil para el gusto de James. - Tu sube, ya te alcanzo. - Terminó sin voltearlo a ver pero escuchando los pasos del otro moverse casi inmediatamente, sabía lo preocupado que James debía estar, él mismo tenía un temblor muy visible en las manos, temiendo que algo realmente malo le pasara al señor Potter, quien para él, era más padre que Orion Black, su padre biológico. Pero esta presión en su estómago le fue demasiado para controlar, ya había estado sintiendo algo muy parecido desde que llegaran a la oficina de la profesora, ya le había costado dar pasos apresurados pero fue hasta ahora que realmente tuvo la necesidad de detenerse.
Tomó una bocanada de aire, intentando atrapar en ella todo el oxígeno posible, pero incluso respirar le parecía muy difícil, algo no iba bien.
- ¿Estás bien?. - Escuchó la voz de Alice a su lado; había conocido a la señora desde que se mudara con los Potter, pasaba bastante tiempo con la madre de James. La miró con los ojos entre cerrados e instintivamente negó con la cabeza. Definitivamente algo no iba nada bien.
- Estoy embarazado. - Susurró. Esperaba que la mujer supiera de esto, siendo tan cercana a Dorea Potter pero al parecer se había equivocado, la juzgar por el rostro sorprendido de la otra. Observó como Alice sacudía la cabeza intentando reponerse. - Creo que algo anda mal. - Terminó exhalando un poco de aire, cansado.
- Vamos arriba, a la habitación de James. - Ofreció ayudando al chico a levantarse, ella era una enferma muggle con una hija bruja; así que tal vez podría ayudarlo. La siguió sin protestar.
- Lo cierto es que... - James no podía ver el rostro de su madre, no estando tan hundido en sus manos y él abrazándola instintivamente. - No queríamos que supieras. - Dijo en un sollozo.
- ¿Pero por qué?. - Preguntó James, no entendía como su padre podía estar ahí, tendido en aquella cama, tan delgado, tan sombrío, tan enfermo y él ni siquiera supiera que ya tenía cinco años lidiando con esto, no entendía que tan perdido en su propia vanidad había estado que no había notado si quiera la enfermedad de su padre.
- No queríamos preocuparte. - Contestó su madre con una voz débil.
- ¡Eso es tan tonto!. - Alzó la voz exasperado, separándose de ella y tomándola por los hombros, ya con las lágrimas rodando por su rostro. - ¡Madre, no tenían que protegerme de algo en lo que les debí ayudar!. - Dijo con lágrimas en los ojos.
- ¡No lo entiendes James, no queríamos que pasaras por nada innecesario, no queríamos ponerte en nada ligeramente estresante, no queríamos hacerte daño, no podemos, Dumbledore nos lo dijo, por que tu debes...!. - Su mano se fue instintivamente a su boca, impidiéndole terminar la frase. Su hijo la miró desconcertado.
- ¿Qué? ¿Qué madre?. - No entendía la actitud de sus padres y ¿qué tenía que ver Dumbledore en esto?. - ¡Madre!. - La sacudió de los hombros.
- James. - Murmuró más calmada. - Tienes una responsabilidad más grande. - Había cerrado los ojos, como si mirara por dentro sus palabras antes de decirlas.
- No se de que hablas. - James la soltó. - Pero ustedes son mi familia, madre, no podría vivir sin ustedes. - Habló con voz suplicante, su madre le sonrió. Después de unos segundos de silencio buscó con la mirada el sillón de la habitación de sus padres y se dirigió hacia él, dispuesto a velar por su padre, dispuesto a acompañar a su madre.
- Lo cierto es que yo no tengo ninguna experiencia en esto. - Habló Alice atrayendo la mirada perdida de Sirius. - Pero me parece que tu cuerpo está respondiendo de manera negativa al embarazo. - Terminó dejando de palmear el estómago del chico.
- ¿Qué significa eso?. - Sirius cuestionó preocupado, no podía estarle pasando nada a su hijo, ¡no podía!.
- Es incluso común en mujeres. - Dijo rápidamente tratando de calmarlo. - Pero ciertamente no estoy segura de como un hombre reacciona, yo recomiendo que vayas de regreso a Hogwarts, en la enfermería te atenderán mejor. - Sirius no pudo protestar, temía por el bebé.
- Pero... - Habló casi inmediatamente, recordando por qué estaba ahí. - El señor Potter...
- Su corazón. - La voz de la mujer le respondió de inmediato. - Empezó a fallar desde hace algunos años, esta vez tuvo una recaída muy fuerte. - Explicó con la voz apagada. - Se teme lo peor, por eso Dorea le mandó ese mensaje a James. - Los ojos se le empezaron a humedecer, no podía creer que el recio señor Potter estuviera en peligro de muerte, no podía aceptarlo, no podía irse. Se levantó rápidamente y se dirigió a la habitación de los señores Potter.
- ¡Sirius!. - Escuchó la voz de Alice llamarle pero no se detuvo, no hasta estar en la habitación donde encontró a James sentado enfrente de la cama de su padre y a Dorea Potter en otro sillón pequeño, a lado de su esposo, quien yacía en la cama. Se detuvo preocupado, contemplando la escena con un nudo en la garganta. Pronto se vio dirigiéndose hacia la madre que lo recibiera con los brazos abiertos hace poco más de un año.
- Hola cariño. - La mujer le sonrió con lágrimas en los ojos y unas ojeras tremendas, se notaba que había estado llorando por varias horas ya. Sirius puso una mano en su hombro. Abrió la boca varias veces intentando decir algo pero no pudo, simplemente no encontró las palabras.
- Está bien. - La vió sonreír y despegar su mirada de él para volver a su esposo. Sirius levantó la vista hacia James, quien lo miró consternado. Soltó el hombro de Dorea y se puso en marcha para ir a lado de su novio. Apenas estaba a la mitad del camino cuando sintió como su mente y su cuerpo dejaban de responderle y no pudo evitar doblar las rodillas.
James apenas reaccionó, no había quitado la vista de Sirius desde que había entrado, realmente lo necesitaba ahí en esos momentos. Realmente el corazón le dio un brinco cuando lo vio caer y con los movimientos más rápidos que el Quidditch le pudo haber heredado, alcanzó a sujetarlo justo antes de que cayera de lleno al suelo. Lo miró espantado y sus temores no fueron calmados, al contrario, sus manos le temblaron compulsivamente al ver que Sirius había perdido el conocimiento.
- ¡Sirius!. - Gritó sin poder contenerse, advirtió a su madre levantarse y dirigirse hacia ellos inmediatamente, casi tan asustada como él. La vecina, Alice, se apresuró también.
- Se sentía muy mal hace unos momentos. - Dijo apresuradamente. - Le dije que lo mejor sería que regresara a Hogwarts.
- Sirius, vamos, despierta, ¡Sirius!. - James había comenzado a sacudirlo fuertemente, sus manos aún temblando, los ojos bien abiertos, lo que fuera que le estuviera pasando a su Sirius no podía ser bueno, había sido un estúpido al haberlo dejado venir.
- James, hijo. - Escuchó la voz de su madre. - Regresa con él a Hogwarts, hazlo rápido. - James miró a su madre como si esta estuvieron conjurando alguna blasfemia en contra de los media sangre pero no pudo responder; no quería dejarla sola con su padre enfermo pero tampoco quería dejar a Sirius así, debía llevarlo pronto a Hogwarts. No sabía que hacer, los cuatro eran su familia, su padres, Sirius y el bebé.
- Yo lo llevaré. - Y pronto le estuvo agradecido como nunca antes a aquella amiga de su madre. Le dolía en el alma dejar a Sirius, pero si no lo hacía su madre se quedaría sola, confió en aquel instante en Remus, sabía que no dejaría solo a Sirius, trago algo de saliva antes de voltear a verla. - Pero necesito que me ayudes a llevarlo abajo para utilizar la Red Flu.
- James, será mejor que vayas con él, no empieces a descuidar a tu familia desde ahorita. - Le dijo su madre, miró de nueva cuenta al inconciente chico que yacía en sus brazos, cerró los ojos, preparándose para hablar.
- Iré hoy mismo por la noche. - Alzó la voz intentando mantenerla lo más clara posible. - Estoy seguro de que... estará bien. - Su voz titubeó pero no pudo encontrar otra solución, estaba seguro de que se odiaría a si mismo por esto más tarde, pero no tuvo más tiempo para pensarlo.
- Vamos entonces. - Dijo Alice y lo cargó hasta la chimenea. Aún el otro estaba ligero así que no le costó mucho trabajo, aunque si tuvo sumo cuidado al bajar las escaleras.
Una vez enfrente de la chimenea, bajó los pies de su novio y lo sujetó por la cintura. La mujer entró a la red y James le acercó el cuerpo del otro asegurándose que lo tuviera bien sujeto.
- Cuídelo mucho, por favor. - Le pidió en un murmullo antes de besarlo en los labios. La vió asintir con la cabeza y murmurar las palabras adecuadas para así desaparecer.
La oficina de Albus Dumbledore estaba vacía pero no vaciló en cruzarla con algo de trabajo, no esperó a nadie más. Sintió la cabeza del adolescente moverse un poco y al voltear a verlo, percibió como éste abría un poco los ojos.
- ¡Sirius!. - Exclamó. - ¡Qué bueno que despiertas!. - Aún lo sujetaba pues el otro no parecía estar del todo listo para sostenerse en pie; sin embargo se había detenido antes de llegar a la puerta. Sirius sacudió la cabeza y miró a su alrededor. Lo último que recordaba era la imagen de James con un semblante oscuro, sentado velando por su padre y ahora que miraba a todos lados, solamente reconocía las extravagancias del director del colegio. Estaba en la oficina de Albus Dumbledore, de pronto pareció reaccionar soltándose del sostén de la mujer, tambaleándose un poco pero pronto recobrando la estabilidad.
- ¿Dónde...? ¿Y James?. - Preguntó de inmediato bastante desconcertado.
- Te desmayaste. - La voz de la otra y su respuesta le hicieron fijar su vista. - Vamos, tienes que ir a la enfermería. - Sirius no opuso mucha resistencia, si se había desmayado es que realmente algo andaba mal.
- Pero... - Aún así no se sentía a gusto sin saber donde estaba su novio.
- James se quedó un rato más con su madre, dijo que vendría a verte por la noche. - Respondió adivinando la pregunta. Sirius asintió, si James había preferido quedarse con su madre es que realmente le preocupaba y no podía juzgarlo, él hubiera preferido que así sucedieran las cosas. Se sintió aliviado, aunque un tanto solo.
Había pasado una hora desde que Sirius había llegado con Madam Promfey y aún seguía sin entender que le pasaba o sin lograr arrebatarle explicación a la señora. Estaba tan solo sentado ahí, al borde de la camilla, mirando a los puntos de los muros, intentando pensar en otra cosa que no fuera el hecho de que simplemente estaba ahí sentado sin poder hacer nada por James, quien seguramente necesitaría estar con alguien a parte de su madre; ciertamente se sentía inútil ante la situación. Alice se había marchado hacía ya media hora, después de haber verificado que Sirius estaba bajo el cuidado de Poppy y se quedaría ahí. Le pidió a la profesora Minerva que le avisara de la situación a su amigo Remus Lupin y a Peter Pettigrew y así lo hizo pero por ahora ninguno de los dos podía entrar a la enfermería.
Escuchó los ya conocidos pasos de la mujer que lo había estado revisando constantemente las últimas semanas.
- ¿Entonces Poppy?. - Dijo sin guardar su desesperación. - Realmente me estoy aburriendo aquí. - Dejó caer la cabeza hacia atrás descansando el cuello.
- Joven Black. - Le llamó con un tono de regaño, atrayendo la atención de Sirius nuevamente. - Bien, me parece que tenemos aquí dificultades. - Le dijo una vez tuviera toda la atención del chico y estuviera frente de él.
- ¿A qué se refiere?. - Preguntó alarmado, no se había subido a una escoba desde hacía meses, incluso sus travesuras a los Slytherin no tenían ningún riesgo significativo, ¡no había hecho nada mal!.
- Hasta hace un año. - Comenzó en voz baja. - El maltrato del cual era víctima en casa de sus padres había sido continuo, durante años. - Sirius sin duda no se esperaba esto, volver al tema de su familia le causaba una mezcla de sentimientos entre cruzados y ninguno apetecible. No pudo mirarla a los ojos, era un tema que sin duda evitaba a toda costa. - Después de tanto tiempo bajo... - Pareció reconsiderar sus palabras. - Las maldiciones, los golpes y las heridas, son dignas de muerte; de hecho lo sabe bien usted, aquella vez cuando llegó a casa de los Potter estuvo a punto de morir. - Sirius la volteó a ver alarmado, intrigado de como ella sabía tal situación. - Está en su expediente señor Black. - Respondió como leyéndole el pensamiento.
- ¿Dice que todo eso me afectó?. - Preguntó en voz baja. - Eso es obvio.
- Si pero más allá de cualquier situación fisiológica. El trauma que ha recibido el cuerpo hace que sea difícil acoplarse a un embarazo. - Explicó con tranquilidad. - Seguramente habrá complicaciones en el parto y seguramente todo lo que resta del embarazo será difícil y puede que haya más complicaciones como esta. - Sirius no dijo nada, no sabía bien que decir; rodó los ojos y apretó los dientes, su familia seguía arruinándole la vida. - Debe ser en extremo cuidadoso. - Atinó en afirmar con la cabeza.
- ¿Es necesario que pase la noche aquí?. - Preguntó esperando que lo dejara ir, sus esperanzas de volver a la casa de los Potter estaban casi desvanecidas por completo, pero por lo menos quería dormir en su cama.
- Si lo desea si, pero no es necesario. - Respondió alejándose a revisar a otro paciente. Sirius le dió las gracias en silencio, más que nada por no haberlo hecho quedarse. No tardó en retirarse del lugar. Ya se sentía bien así que ir a su dormitorio sería lo más atinado. Era fin de semana así que no había habido clases, no había tarea ni trabajos por hacer, se podría dormir un rato, si bien no tranquilamente, pues James no estaría con él, si lo podría hacer, se sentía en extremo cansado, como nunca antes; ya no sentía dolor pero apenas si podía mantener los ojos abiertos.
Se sorprendió al no ver a los otros dos merodeadores a fuera de la enfermería esperándolo pero no se propuso buscarlos, se dirigió al dormitorio de inmediato.
Al llegar ahí encontró a sus dos amigos. Pronto caería la noche.
- Hola. - Peter fue el primero en hablar. Sirius respondió alzando la mano en señal de saludo.
- ¿Cómo te sientes?. - Preguntó Remus. - Mcgonagall nos hizo venir acá, no dejó que nos quedáramos a esperarte. - Explicó con un semblante de culpa.
- No te preocupes. - Respondió Sirius con la voz más débil que alguna vez Remus le haya escuchado. De inmediato se preocupó, se levantó de su cama y se dirigió hacia su amigo. - Estoy bien Moon. - Suspiró Sirius tumbándose en su propia cama. - Solamente estoy cansado. - Y pronto Remus lo comprobaría, no habían pasado ni dos minutos cuando Sirius ya había caído dormido. Remus sonrió, su amigo se veía perdido en el sueño.
- Será mejor que me vaya de una buena vez. - Se dirigió a Peter quien esbozó una tímida sonrisa.
- ¿De verdad... de verdad no, no quieres que yo... este, yo...?. - Balbuceó, Remus sonrió poniéndose en marcha.
- No, no te preocupes. Sería muy peligroso. Mejor cuida de Sirius, si le pasa algo no nos quitaremos a James de encima. - Y con eso se marchó, dirigiéndose al Sauce Boxeador.
No fue ruido ni movimiento lo que despertó a Sirius, pero por alguna razón se despertó, aunque aún se sentía muy débil, era como si la siesta no le hubiera servido para nada, se sentía igual de cansado. Se talló los ojos intentando despertar por completo, miró el reloj de mano que traía. Las ocho de la noche, había dormido casi tres horas. Miró a su alrededor pero no encontró a nadie, suspiró. De un tiempo para acá no le gustaba estar solo, le recordaba su vida en Grimmauld Place, el tiempo que pasó con Lucius, los días en los que estuvo peleado con James. Dirigió su vista hacia el ventanal, la luz de la luna llena iluminaba toda la habitación que estaba en tinieblas, le pegaba de lleno en el rostro. Se quedó perplejo un buen rato, simplemente odiando el silencio que había, sin duda no le gustaba estar solo. Se sentó sobre la cama y casi de inmediato reaccionó. ¡¿Luna llena?!. Se levantó lo más rápido que pudo y salió casi corriendo de los dormitorios. Casi de inmediato se tropezó con Peter.
- Paddy, ¿qué haces levantado?. - Exclamó el rubio, quien traía al menos una decena de panquecillos y otros dulces entre los brazos.
- ¡Wormtail, hoy hay luna llena!. - Le gritó en el oído, Peter casi salta del susto pero pronto logró controlarse.
- Lo sé. - Dijo en un susurro. - Pero Moon dijo que estaría hoy bien solo, que estabas cansado y que sería peligroso que yo fuera solo con él. - Explicó algo apenado, algo deseoso de tan solo volver al dormitorio.
- Pero... - Sirius intentó protestar, desde que habían conseguido transformarse en animagos no había pasado ni una sola noche de luna llena sin acompañar a Remus en sus transformaciones, era un pacto que no deseaba romper. - Mejor vamos, todavía podemos alcanzarlo. - Y al mismo tiempo se puso en marcha jalando de la manga al otro, haciéndolo tirar los dulces al suelo.
- ¡Sirius, no debemos!. - Clamó a duras penas Pettigrew.
- ¡Se lo prometimos Wormtail!. - Al llegar a las escaleras Sirius ya lo había soltado sin dejar de caminar a prisa y Peter no tuvo otra opción más que seguirlo; de otra forma nunca le dejarían de reclamar, en especial Prongs. - ¡Apresúrate!. - Le gritó al mismo tiempo que giraba la cabeza hacia atrás para encontrarlo y sin mirar al frente chocó contra alguien deteniéndose enseguida.
- ¡Fíjate por donde vas Black!. - Severus Snape exclamó con una mueca como de asco al ver a Sirius, quien no se quedó atrás, empujándolo con ambas manos.
- ¡Mejor cállate Snivellus!, ¿qué buscas por estos lugares, te tengo que recordar que Evans te odia?. - Esto último lo dijo muy lentamente, como esperando que le hirieran más profundo al otro. Snape apretó los dientes al mismo tiempo que tomaba a Sirius por el cuello de la gabardina, quien sin duda no se esperaba tal reacción de alguien como Snivellus, así que no tuvo tiempo de alejarse.
- No permito que una escoria como tu me hable así. - Sirius sonrió burlándose de las palabras del otro. Peter se había quedado seguro más arriba de las escaleras que ya se habían vuelto a mover, alejado de la pelea que se estaba desarrollando.
- Aléjate de mi. - Susurró al tener el rostro del otro tan cerca. - La grasa de tu cabello me da asco. - Dijo imitando su mueca de asco. - Snape soltó y empujó con todas su fuerzas a Sirius, quien apenas si logró mantener el equilibrio; por muy débil que estuviera, no se dejaría vencer por un papanatas como Snivellus, sin embargo apenas estaba controlando sus pies cuando Snape ya le había propinado un puñetazo en el rostro; que si bien, en otras condiciones se hubiera reído de la fuerza de éste, en ese momento no pudo siquiera mantenerse de pie y calló por los escalones, que, por suerte, eran tan solo tres, antes de llegar al suelo.
No podía creerlo, Snivellus lo había tirado, ¡y le dolía el costado izquierdo!, se llevó la mano a aquel lugar instintivamente y miró hacia arriba, hacia su agresor, no tardó en ponerse de pie, pues el otro ya venía hacia él.
- ¡Basta Snape!. - Escuchó la voz de Peter. - Te meterás en problemas. - Pero Snape la ignoró por completo.
- No eres tan bravo sin tu novio Potter a tu lado. ¿Dónde está por cierto? Seguramente en alguna habitación con la otra escoria de Lupin. - Se burló mientras lanzaba otro golpe a Sirius quien apenas logró esquivarlo; pero el costado realmente le dolía y no pudo mantenerse de pie un segundo más, cayó sobre sus rodillas. Snape rió. - Así me gusta, como el perdedor que eres. - Sirius apretó los dientes, sintió todo el odio que pudo hacia Snape, su mirada irradiaba ira.
- Oye Snivellus. - Murmuró sin dejar apretar los dientes. - ¿Te digo un secreto? James está en el Sauce Boxeador, con Evans. - Observó como el rostro del otro se volvía de todos los colores. Lo volvió a tomar por el cuello de la gabardina.
- ¡Mientes, ella lo odiaba!. - Snape expresaba la misma ira que Sirius hace un momento.
- Tiempo pasado idiota, han pasado varias noches ahí desde hace tiempo. - Sirius sin duda disfrutó de cada una de sus palabras. Pronto Snape lo soltó y volvió a caer en el suelo. Observó como éste salía corriendo del lugar.
- Siri, ¿Estás bien?. - Sirius no le respondió, se quedó mirando al lugar hacia donde Snape se había ido. Se dirigía fuera del castillo. ¡No! ¡¿Qué había hecho?! ¡Lo había dirigido justo con Remus!.
- Pete, pete... - Murmuró asustado.
- ¡Sirius!. - Escuchó la voz tan conocida de James a algunos metros de ahí, vio como éste se acercaba corriendo, seguramente asustado al verlo tirado en el suelo y aún sosteniendo su costado izquierdo. - ¿Qué pasó?. - Le preguntó una vez ahí, más a Peter que a Sirius.
- Se peleó con Snivellus. - Contestó el más pequeño.
- James, James, cometí una tontería. - La voz le temblaba, James de verdad se estaba asustando. - ¡Dirigí a Snivellus al Sauce Boxeador, hoy es luna llena, James, detenlo!. - Habló Sirius con la voz mas desesperada que James le hubiera escuchado, pero poco tuvo para pensar en eso cuando reaccionó.
- ¿Qué? ¡¿Qué rayos hiciste?!. - Le gritó en el rostro pero no le dió tiempo de responder, salió corriendo fuera del castillo. Sirius se quedó perplejo viendo hacia esa dirección, si Snape averiguaba acerca de Remus, si Snape se acercaba demasiado y Remus acababa atacándolo, matándolo, condenaría a Remus por siempre.
Había traicionado a sus amigos, había traicionado a todas sus creencias y ¿qué iba a pasar con toda la confianza que James le guardaba?.
N/A:
Supongo que me tomó mas tiempo por eso de los exámenes y las fanlistings, pero aquí está. Iba a cortarlo después de que James y Sirius hablaran pasado todo el incidente del Suace pero son las 3:30 AM y ya no tengo muchas fuerzas para mantener los ojos abiertos.
Gracias por sus reviews, de hecho son en las que me baso para actualizar, propongo un número y en cuanto las reviews llegan a ese número, escribo y subo el siguiente capítulo, para asegurar que no estoy escribiendo esto para mi sola. El número propuesto para el 6to fueron 20 reviews, me da gusto saber que acabé actualizando con 21 :D.
Como dije en el capítulo pasado, soy anti AU, así que si, definitivamente, Sir Voldy tiene que aparecer (y de hecho es mi 5to personaje favorito - a pesar de que mató a uno de mis 2 personajes favoritos D: - , no lo borraría del mapa :D).
Espero que les haya gustado, no estuvo tan emocionante como los pasados, pero quise prepararlos para los siguientes, que son los traen el drama, angst y muchas otras cosas :D.
Texto del inicio at Marques de Sade
12 de Septiembre 2008
PS. Aquellos que gusten del buen Teddy Lupin, recomiendo mi más reciente one shot "Valle de Pecados" :D.
