Vicio #10 – Venganza

- Es una propuesta de negocios.

Planteado así suena extremadamente simple y claro, incluso familiar. Blair ha crecido viendo a su padre cerrar tratos con clientes y fiscales, escuchando a su madre negociar contratos y precios. El lenguaje de los negocios se enseña a corta edad en el Upper East Side: obtener el máximo beneficio al coste mínimo es lo primero que los niños aprenden en el jardín de infantes. Y Blair Waldorf siempre ha sido una alumna aventajada.

Sin embargo, duda. Últimamente sus reflejos no han sido tan agudos como siempre, su natural sangre fría se ha visto turbada por el fracaso y la desilusión, sus decisiones han estado lejos de ser brillantes. Tiene que tener mucho cuidado, porque pisa hielo muy delgado y sus Manolos no aguantarán otra caída.

Inclina la cabeza a un lado, observando con atención al joven frente a ella. Se ve confiado, seguro de sí mismo. Blair entrecierra los ojos, tratando de encontrar en su mirada un atisbo de engaño, intentando descubrir en sus gestos algo que delate una futura traición. No percibe nada sospechoso en su saco verde oscuro y su camisa impecable, no hay nada en su postura relajada y atenta a un tiempo que dispare sus alarmas.

Pero, ¿puede confiar en él? Su reputación es la peor de todo Manhattan, su villanía, casi legendaria. Jamás se ha preocupado por nadie que no fuera él mismo, nunca ha tenido otro interés en la vida aparte de divertirse. Es todo lo contrario a ella, la encarnación de la corrección, con toda su vida cuidadosamente planeada, mientras él va adonde lo lleva el viento, adonde sus antojos y vicios lo arrastran. ¿Qué pueden tener en común?

Es una propuesta de negocios.

¿Qué puede perder con escucharle?

- ¿Cuál es el plan, exactamente?

Él sonríe, sabiendo que al menos ha despertado su interés inicial, pero cuando se inclina para hablarle su voz resuma profesionalismo.

- Mira, es un hecho conocido que tu reputación ha sufrido... un revés.

No me digas, piensa Blair, a duras penas conteniendo un bufido irritado. Él ni pestañea.

- Solías ser la reina de Constance Billiards, la chica a la que todo el mundo se volvía en busca de aprobación. Era tu opinión la que contaba, nadie se atrevía a estornudar siquiera sin tu visto bueno.

Blair se muerde el labio, porque las heridas son demasiado recientes y aún escuecen como si fuera el primer día, cuando todo su mundo se cayó a pedazos, pero mantiene el porte erguido y la frente en alto.

Negocios.

Él se inclina aún más hacia delante, su voz bajando un par de octavas, sus ojos clavados en los suyos.

- Perdiste tu corona, Blair. No, no la perdiste: te la robaron. Te clavaron un puñal por la espalda y aprovecharon para quitarte en un instante lo que te llevó años conseguir – Él vuelve a enderezarse en su asiento, su voz volviendo a su tono normal – No fue justo.

- ¿Y desde cuándo te importa la justicia? – pregunta ella, alzando una ceja. Los labios de él se curvan en una sonrisa.

- Podría decirte que me importa cuando se trata de una damisela tan encantadora como tú, pero sé que eres demasiado inteligente para caer con un truco tan obvio.

Blair no da ninguna señal que demuestre que ha captado el cumplido. Él no parece molestarse en absoluto.

- Te busqué precisamente por eso. Eres fría y calculadora, no te dejas amedrentar fácilmente... y no tienes demasiados escrúpulos para conseguir lo que quieres. Tú y yo no somos tan diferentes.

Esta vez Blair no puede evitar soltar un resoplido y poner los ojos en blanco.

- Tú y yo no nos parecemos en nada.

Él sonríe aún más.

- En eso te equivocas. Tú y yo no nos parecíamos en nada... pero ahora caíste al peldaño más bajo de la escala social, y aunque no quieras admitirlo vas a necesitar ayuda para subir de nuevo – Su sonrisa se vuelve sugerente – Yo podría brindártela.

- ¿A cambio de qué? – pregunta Blair, tensa. Él baja la vista y revuelve su café, tratando de aparentar indiferencia sin lograrlo del todo.

- Bueno... Podría decirse que no eres la única que necesita limpiar su imagen.

Blair alza una ceja mientras él toma un sorbo de su café. De todos en el Upper East Side, él es la última persona que ella hubiera creído que se preocupaba por su reputación. Al levantar la vista él se encuentra con el interrogante en sus ojos y se encoge de hombros.

- Digamos que algunas de mis últimas aventuras han llegado a oídos de mi padre... y no tuvo mejor idea que amenazarme con congelar mi cuenta bancaria a menos que le demuestre que puedo ser – Abre comillas con los dedos – "alguien de provecho".

Pone los ojos en blanco y Blair frunce el ceño.

- ¿Realmente crees que sería capaz?

Si hay una cosa que los padres del UES jamás se atreven a hacer es dejar a sus hijos sin dinero, porque hacerlo significa arriesgarse a que los demás crean que ya no pueden costearse sus extravagancias. Es preferible ser un padre negligente que parecer uno pobre, y eso los niños del Upper East Side lo aprenden pronto.

Él hace una mueca de disgusto.

- Como ya debes saber tiene una nueva novia oficial, y al parecer quiere darle la impresión de que es un padre responsable o alguna ridiculez por el estilo. En cualquier caso – agrega, la nota profesional regresando a su voz – pensé que podría empezar limpiando mi imagen de... mujeriego, digamos, y conseguirme una novia apropiada – Sonríe con suficiencia - ¿Quién mejor que tú, la alumna modelo, la presidenta del Comité de Eventos Sociales y el ejemplo de niña bien por excelencia para representar el papel?

Blair da un sorbo a su jugo de naranja (que es horrendo, pero ése es el precio a pagar cuando se elige un bar lejos del UES para evitar los múltiples ojos de Gossip Girl) y medita su respuesta.

- Sabes que mi reputación ya no es lo que era.

Él descarta su argumento con un gesto lánguido de su mano.

- Mi padre no prestará atención a los rumores que hagan correr un montón de treceañeras con síndrome premenstrual. Echará una ojeada a tus calificaciones perfectas, a tu ropa de señorita y tus modales de princesa y se dará por satisfecho. No es muy profundo que digamos.

- ¿Y qué recibo a cambio?

- ¿A cambio de ser mi novia oficial, dices?

Por un momento, él le dirige una sonrisa engreída y una mirada lasciva, pero pronto su rostro recupera su máscara de fría indiferencia.

- Bueno, para empezar, sé suficientes secretos sobre tus compañeras para provocar un escándalo que destruya a cualquiera de ellas. Y, seamos sinceros... No te hará daño que crean que tienes un novio estable y que no vas por ahí saltando de cama en cama.

- ¡Yo no voy saltando de cama en cama! – exclama, indignada, y todo el bar se da vuelta a mirarla. Blair aprieta los dientes. Genial, lo único que me falta es un idiota con cámara en el celular para mandárselo a Gossip Girl.

Pero ninguno de los secuaces de Gossip Girl se atrevería siquiera a acercarse a este bar, así que al menos en ese aspecto están seguros. Blair trata de recuperar su autocontrol y quizás un poco de su dignidad. Él tiene la decencia de no reírse en su cara, aunque en sus ojos brilla la diversión.

- Tener un novio oficial no me ayudará de mucho – masculla Blair entre dientes – si es un idiota que se la pasa revolcándose por ahí, borracho a todas horas. No puedo darme el lujo de ser vista con cualquiera, ya lo sabes.

Su gesto se vuelve súbitamente serio, el brillo divertido apagándose en sus ojos.

- Blair, mi padre no será muy profundo, pero si voy por ahí "revolcándome con cualquiera", como tú dices, y borracho a todas horas se va a dar cuenta de la farsa y puedo irme despidiendo de mi fideicomiso. No, si queremos que esto funcione, vamos a tener que actuar durante un tiempo como la pareja modelo. ¿Qué dices?

Blair duda. Si es sincera consigo misma, sus planes para reconquistar su posición social no están marchando demasiado bien. Serena la ayuda tanto como puede, pero las conspiraciones nunca han sido su especialidad y Hazel parece tener a toda la maldita escuela de su parte. Blair está harta de los susurros que parecen seguirla a todas partes, de las miradas de suficiencia y las sonrisitas sardónicas, harta de tener que sentarse sola cuando Serena está con Cabbage Patch o pasar los fines de semana encerrada en su casa. Tiene que dar un golpe de estado y hacerlo rápido, y para eso necesita una mentalidad maquiavélica de su parte.

Blair evalúa a su posible colaborador. Sí, sin duda es atractivo y puede comportarse como el perfecto caballero cuando quiere. Es capaz de deslumbrar a cualquiera que no lo conozca bien con sus encantos, y la envidia corroerá a más de una chica en Constante Billiards si se enteran que ella es su primera y – única – novia oficial. A ojos de todos, Blair se habrá hecho con un partido nada desdeñable... y la caída de Hazel y sus acólitos será cuestión de horas.

Se ponen de acuerdo en algunos puntos cruciales. Es una propuesta de negocios, y cualquier cosa que no sea el más estricto profesionalismo es inaceptable. Ninguno es dado al sentimentalismo por lo que no es una condición difícil de aceptar. Blair no puede imaginarse sintiendo nada por él, y está convencida de que él es físicamente incapaz de preocuparse por nadie más que él mismo.

Para que la farsa funcione, tienen que ser la pareja modelo. Dulces y tiernos en público, pero mostrando siempre el recato necesario para no intranquilizar a sus padres. Blair hace una lista concisa de las tareas y comportamiento básicos de un novio, dada la nula experiencia de él al respecto. Él no parece abrumado: fingir se le da bien. Comprar flores y caminar tomados de la mano no le parece un gran desafío cuando considera la alternativa de enfrentar la vida sin la ayuda financiera de su padre.

Ella extiende su mano para que él la estreche.

- ¿Tenemos un trato?

Él alza una ceja, una media sonrisa curvando sus labios.

- ¿No deberíamos cerrar el acuerdo con un beso?

Ella pone los ojos en blanco.

- No abuses.

Un brillo divertido se enciende en sus ojos mientras estrecha su mano pequeña y delicada.

- Ni se me cruzaría por la imaginación.

La alianza más peligrosa del Upper East Side acaba de firmarse y nadie está preparado para el huracán que se aproxima.

-

A la salida del colegio los alumnos se reúnen en pequeños grupos, ubicados estratégicamente según su relevancia social. Hazel, flanqueada por sus mascotas, la pequeña J y Penelope, está rodeada por su nuevo séquito. Le lanzan, de tanto en tanto, miradas burlonas a Blair, quien no tiene más remedio que tolerar a Brooklyn para poder estar con Serena. Hoy, sin embargo, hay un campo gravitacional a su alrededor que repele los comentarios insidiosos y las burlas de los demás estudiantes. Tiene un as oculto bajo la manga y no puede esperar el momento de enseñarlo.

Una voz cálida suena junto a su oído, erizándole la piel:

- ¿Cómo estás, hermosa?

Blair se da vuelta con una sonrisa radiante y sus ojos se encuentran con su co-conspirador, quien le devuelve la sonrisa. Ella observa con agrado que él ha puesto especial cuidado en su apariencia, y si no lo conociera como lo conoce su mera sonrisa haría que se le aflojaran las rodillas.

Blair no es tan idiota, sin embargo, y mantiene la sangre y la cabeza frías. Salta a sus brazos, todavía sonriendo.

- Nunca estuve mejor.

Por encima de su hombro, Blair puede ver la cara estupefacta de Hazel y las miradas de incredulidad (y admiración) en los ojos de las otras chicas cuando él le rodea la cintura con un brazo y le acaricia el cabello con la mano libre.

- ¿Qué te parece si vamos a Butter hoy?

Ni Audrey Hepburn podría irradiar más encanto y arrobamiento que Blair cuando responde que le encantaría. Él la toma de la mano y saluda amablemente a Cabbage Patch, cuya confusión es evidente en su rostro, y a Serena, que le lanza una mirada preocupada a Blair. Su amiga no está de acuerdo con el plan, pero de más está decir que Blair puede cuidarse sola.

- Nos vemos luego, S. Hasta nunca, Cabbage Patch.

Y empiezan a alejarse cuando Blair siente una súbita inspiración y lo toma del brazo.

- ¿Quieres hacerlo realmente convincente?

Él alza una ceja.

- ¿Qué tienes en mente, Waldorf? – susurra y ella sonríe al ponerse en puntas de pie y besarlo delante de toda la escuela.

Él lo capta al vuelo y el beso pronto se vuelve un beso de película, en el cual él la levanta del suelo y ella enreda los dedos en sus cabellos.

Al apartarse están los dos sin aire, pero la mente de Blair sigue funcionando a toda velocidad mientras sus ojos registran el semblante atónito de Humphrey (quien jamás comprenderá cómo funcionan las cosas en el UES), la mirada casi asustada de Serena (quien nunca entenderá que a veces hay que tomar medidas drásticas para conseguir lo que deseas), la envidia en los ojos de Hazel y sus secuaces (prontas a caer), y por último, su mirada se detiene en los dos chicos en el otro extremo del patio.

Nate tiene la boca abierta y los ojos de par en par (Blair espera que le duela, que le duela por no haberla escuchado, por no haberle dado una segunda oportunidad cuando ella le dio tantas). Es como si le hubiese caído un rayo encima. Su rostro empieza a tornarse carmesí y Blair se pregunta si estallará o si sufrirá una combustión espontánea allí mismo, y no puede decidir qué opción le gustaría más.

Pero sus ojos no permanecen en Nate mucho rato, porque enseguida buscan al chico de la bufanda y ojos castaños inyectados en sangre. Sus puños están apretados, los nudillos blancos, y parece temblar de pies a cabeza por la ira contenida. Sus ojos se encuentran y Blair puede ver una furia abrasadora en ellos, un odio tan profundo que amenaza con consumirla entera.

Blair le dedica una sonrisa radiante y toma del brazo a Carter antes de bajar los últimos peldaños y alejarse de la escuela, la mirada ardiente en los ojos de Chuck Bass grabada en sus retinas.

La guerra no ha hecho más que comenzar en el Upper East Side y Blair Waldorf no puede esperar al momento en que las cabezas empiecen a rodar.