Letanías

Yami to Fujikiri

Capítulo 7

El ser bajo la luz de la Luna

Concealed behind old castle walls

Will the grim one return, will Ithiria fall?

"Bring me the seer, may true words he speak"

As nightfall has murdered

the last rays of light

Oh god, don't let my heart be weak tonight


Peter había insistido lo suficiente regresar a la habitación, que no podían hacer nada ahí, que no tenía caso quedarse a esperarlo y no lo había dicho pero un, seguramente tardarán en regresar, había estado implícito. Sirius no tenía idea como es que le había hecho caso, el no saber si quiera si Snape estaba vivo lo tenía temblando; no es que le importara Severus Snape, pero él no era un asesino, él no era como su maldita familia, demonios, él no era pero realmente acababa de demostrar todo lo contrario, había traicionado a sus amigos, había puesto en un peligro mortal a otra persona, todo lo que un verdadero Black haría.

Llegaron al dormitorio con Peter casi arrastrando a Sirius, éste se quedó parado justo frente de la puerta que hacía segundos se había cerrado, concentrado en un punto en el suelo, sin poder parpadear; en un instante se dio media vuelta y golpeó la puerta con los puños cerrados, con todas sus fuerzas, haciendo a Peter saltar de un susto; pero ni siquiera le puso atención. Apretó lo ojos y los dientes y sollozó, dejándose caer lentamente hacia el suelo, con la cabeza recargada en la puerta. Pronto los sollozos se convirtieron en llanto; era como si últimamente ante cualquier cosa estuviera apunto de soltarse a llorar y esto no era cualquier cosa.

Peter quiso acercarse pero no se atrevió así que de esa manera pasaron al menos cuatro horas, eran las cinco de la mañana ya. Después de lo que le pareció a Sirius, una eternidad, pudo escuchar pasos subiendo las escaleras así que se levantó de golpe. James entró con la semblante caído. Sirius abrió la boca para hablar varias veces pero en ninguna ocasión pudo articular palabra. Lentamente James subió la mirada, justo hacia su novio y Sirius sintió como si se le rompiera el corazón; James le miraba como si enfrente tuviera algo que le producía asco, así hizo una mueca y quitó los ojos del otro.

- ¿Qué...?. - Apenas si murmuró Peter, manteniendo su distancia entre los otros dos.

- No le pasó nada. - Respondió con la voz más alta que pudo. - A ninguno. - Sirius dejó escapar un suspiro de alivio, James le lanzó una mirada fría que sin duda notó. - Nos la pasamos hablando con Snivellus, Dumbledore llamó a los padres de Moony, insistí en quedarme por que Moon no podía y al final Dumbledore y los padres de Remus lo convencieron de que no dijera nada. No se si eso sea posible. - Acabó cansado; sin duda por todo el ajetreo, por todo lo que había pasado ese día, primero su padre y luego esto, Sirius se maldijo a si mismo mientras lo miraba tumbarse en su cama. Pasaron varios segundos en los cuales Sirius intentó tomar valor.

- James, yo... - Comenzó con voz baja acercándose a la cama del otro.

- Ahora no Sirius. - Lo cortó. Estaba acostado y con los ojos cerrados. - Déjame dormir, déjame pensar. - Sirius sintió un nudo en su garganta y para no ser traicionado por su voz solamente afirmó con la cabeza y se alejó.

Esta sería la primera vez en semanas que dormirían en camas separadas. Lo cierto es que no sabía como sentirse, estaba esta furia que le llegaba hasta los puños y solamente podía contener respirando entre cortado y también estaba este lado cálido, el lado que amaba a Sirius, el que verdaderamente contenía su enojo, que le recordaba cuanto quería al otro, que tendrían una familia juntos, que le rogaba que entendiera pero no podía. Si algo apreciaba de Sirius y de los demás era su lealtad, si algo le importaba en una persona era eso, lealtad, más que valor u orgullo, era lo que pedía y ahora Sirius había roto todo eso. No era tan fácil.

Lo cierto es que no durmieron mucho, tres horas, un poco menos, ya eran las siete de la mañana y los tres estaban vistiéndose. Ni James ni Sirius intercambiaron miradas, mucho menos palabras. Sirius siempre se mantuvo cabizbajo, sabía que había tenido la culpa de todo esto, no se atrevía a contradecir a nadie. Se llevó una mano sobre el costado donde la noche pasada había caído y ahogó un quejido, en otra situación no le hubiera importado pero esto no lo involucraba solamente a él, sin embargo, no podía pasar a la enfermería, no mientras Remus estuviera ahí, aunque ya ni sabía si Remus le volvería a hablar, el pensamiento le dolió demasiado, perder a ambos James y Remus y obviamente a Peter, quien seguiría a los otros dos.

Los tres se dirigieron a la enfermería para visitar a su amigo. A James le vinieron algunas visiones de la noche pasada.

Después de que Sirius le había dicho lo que había pasado, corrió a fuera del castillo buscando con la mirada a Snape. Lo vio a lo lejos, sin duda dirigiéndose al Sauce Boxeador. No tenía idea de como pensaba el otro hacer para evitar el árbol pero no se detuvo demasiado a pensarlo, utilizó todo lo que años en el quidditch le habían dado, corrió tan rápido como pudo para alcanzarlo.

- ¡Snivellus!. - Gritó y observó como el otro se detenía y volteaba pero pronto se había puesto en marcha al ver que se trataba de James; ya estaba muy cerca. A James le pareció algo en extremo inusual, el movimiento rápido que hizo con la rama el Slytherin, no era algo que Snivellus pudiera hacer pero lo hizo y James ya estaba más que maldiciendo al mundo. Lo vio entrar. - ¡Detente, idiota!

Suspiró al recordarlo, no había podido evitarlo y Snivellus había visto a Remus trasformándose. Cuando llegó a su lado lo tomó del brazo y lo sacó de ahí sin ningún esfuerzo, Snape se había quedado petrificado sin ninguna necesidad de magia.

Estaban a punto de entrar a la enfermería, de hecho Peter ya se había adelantado y había entrado, seguramente no le gustaba estar con James, Sirius y el silencio incómodo. James se paró de pronto y detuvo a Sirius tomándolo por la muñeca. Sirius volteó.

- Será mejor que no entres. - Habló con voz apagada. - Le contaré a Remus por que Snivellus estaba ahí ayer y sinceramente no creo que quiera verte, yo no quisiera. - Era como si intentara lastimarlo con sus palabras y al parecer lo había logrado, bajó la mirada al notar los ojos de Sirius involuntariamente humedecerse. Dio la media vuelta y entró cerrando la puerta, dejando a Sirius detrás de ella.

Sirius se quedó parado ahí algunos segundos pensando en todo pero sin pensar, como intentando bloquear su mente. En algún momento reaccionó y supuso que no tenía caso seguir ahí así que se dirigió de regreso al dormitorio; las clases no comenzarían sino hasta las nueve y podría dormir un poco más además ahora mantenerse de pie le estaba siendo casi imposible debido al dolor que traía en el costado.


- Te ves terrible. - Comentó James intentando sonar lo más casual posible. Peter estaba sentado en el borde de la cama de Remus, él se quedó parado a un lado. Remus sonrió.

- ¿Cómo estás?. - Preguntó con una voz demasiado débil, aunque ya se la conocían de cada mes. - ¿Cómo está tu papá?.

- ¡Eres increíble Moony!. - Exclamó James exasperado y se puso a caminar alrededor de la cama. - ¿Podrías pensar en ti unos momentos?. - Sabía que no debía enojarse con Remus pero no podía evitarlo, había estado guardando demasiado últimamente.

- No te enojes con Moon. - Dijo Peter tímidamente. James pareció sacudir la cabeza.

- Si, tienes razón, perdona Moony. - Respondió cabizbajo.

- No te preocupes. - A James verdaderamente le fastidiaba el lado mártir de Remus, por una vez le gustaría verlo explotar, desquitarse, dejarse llevar.

- Te vendremos a visitar cada vez que tengamos tiempo libre. - Dijo Peter. Remus sonrió, sabía que no tenía caso discutir con sus amigos. Pronto arqueó una ceja.

- ¿Y Sirius? Se veía muy enfermo anoche, ¿está bien?. - Preguntó verdaderamente preocupado al no ver a su amigo. James iba a responder pero se detuvo, ¿enfermo? ¡Era verdad! ¡¿Cómo se le había olvidado que el mismo Sirius se había desmayado en su casa?!. - ¿James?. - La voz de Remus le sacó de sus pensamientos. Miró fijamente al licántropo y habló.

- Sirius se peleó anoche con Snape, no se bien los detalles, ese es Wormtail, pero, acabó diciéndole dónde estabas. - Esto último lo dejo casi susurrando, como temiendo la reacción de Remus.

- Snape se burló de él y... - Peter dudó pero las miradas de los otros le presionaron. - ...quiero decir, no se pelearon, pelearon, pero los pocos golpes que se dieron realmente tumbaron a Sirius. - James tragó saliva, no tenía idea. - Supongo que en un intento desesperado fue cuando Sirius le dijo lo del sauce, pero le dijo que James y Evans estaban ahí, supongo que esperaba que Snivellus se fuera simplemente, no se debió imaginar que acabaría queriendo comprobarlo por sus propios ojos. - Acabó Peter rápidamente, un tanto sonrojado de tener ambas miradas clavadas en él. Hubo un gran silencio.

- ¿Pero cómo está Sirius?. - Volvió a preguntar Remus. James negó con la cabeza.

- No lo sé... debería ir a...

- ¡¿No lo sabes?!. - El grito de Remus le había hecho saltar, sin duda no se esperaba una reacción así de su amigo débil y tendido en la cama. - ¿No han estado juntos?

- Moony, sentía que nos había traicionado, que te había puesto en un riesgo... - Intentó explicarse, ya no sabía que sentir, toda la furia y frustración se habían ido, ahora solamente quería ir a ver como estaba Sirius.

- James. - Dijo exasperado. - Sirius está embarazado y al parecer enfermo y a eso añádale Snape, tú también te hubieras roto. - Acabó como si explicara lo obvio y James fuera el tarado más grande. James afirmó.

- Iré con él. - Remus le dirigió una mirada aprobatoria y el capitán de Gryffindor salió pronto de ahí, Peter se quedaría un poco más con Remus después de todo.


James fue casi corriendo al dormitorio, le habían preocupado tanto las palabras de Remus como las de Peter, no tenía idea de como es que no se había acordado de lo que había pasado en su casa y ahora mismo recordaba que había encontrado a Sirius en el suelo antes de que éste le hubiera dicho lo de Snivellus. Ese maldito Slytherin le había hecho pasar un mal rato a su Sirius. Sonrió para sus adentros, ya pensaría en como vengarse. Abrió la puerta apresuradamente, respirando entre cortado.

Sirius estaba recostado en su cama, dormido. James sonrió y se acercó sentándose en el borde de la cama. Pasó una mano por entre los cabellos del otro. Le pareció hermoso, Sirius sin duda era el mejor parecido del colegio, traía a tanto hombres como mujeres siguiéndole los pasos y más últimamente se había puesto verdaderamente reluciente, sus labios habían tomado un tono rosado intenso, casi rojo y su piel estaba más suave que nunca y ahora tenía una especie de olor natural como a canela y agua. James miró directamente a los labios del otro y simplemente no se pudo resistir, dejó de acariciar el cabello suave, negro como la noche y atrapó sus labios. Sirius pareció despertar, James se separó.

- ¿J... James?. - Sirius estaba desorientado, según su memoria James estaba bastante enojado con él, pero el sabor en sus labios le tenía bastante confundido. James volvió a pasar sus dedos entre los cabellos de Sirius.

- Perdóname. - Susurró. - Hasta ahora escuché lo que pasó por voz de Peter. - Sirius agradeció en silencio, había pensado que tener a Peter cerca en aquellos momentos era tan útil como tener un tenedor como arma en contra de un dragón pero ahora verdaderamente estaba gustoso de que estuviera ahí. Pronto sacudió la cabeza.

- Tú perdóname, nunca debí, soy... - No pudo continuar. James sonrió, el embarazo le había hecho de todo, pero especialmente emocional, demasiado emocional, recordó como hace días se había puesto a llorar por no haber podido abrir la puerta del baño de prefectos, había dicho que ya no merecía ser un merodeador y otras cosas que James encontró muy graciosas.

- Está bien. - Susurró el de las gafas. Recordó lo más importante. - Sirius, ¿cómo te sientes?. - Preguntó preocupado. - Sé que no has estado bien y ¿qué te dijo Madam Promfey ayer? No pude seguirte después de que te desmayaste, perdóname. - Sirius sacudió la cabeza.

- Está bien, te entiendo, si hubiera estado despierto no te hubiera dejado, debías estar con tus padres. - Respondió rápidamente y luego comenzó a susurrar, solo para James. - Me dijo que estaba sensible y que debía cuidarme por que podría... - Tomó aire de nueva cuenta. - Este embarazo no será fácil y es peligroso para ambos. - Terminó mirando directamente a los ojos del otro. James no supo que decir, no se imaginaba perdiendo a Sirius. Tomó su mano y suspiró.

- Yo mismo me encargaré de que no vuelvas a pasar por nada, ambos. - Sonrió y puso una mano sobre el vientre aún plano de Sirius. Ambos sonrieron. - Vente, necesitas comer. - Lo jaló con sutileza de la mano, lentamente.

- ¡Ah!. - Sirius no pudo contener el grito, el dolor no se había apaciguado en absoluto. James le dejó acostarse de nuevo inmediatamente.

- ¿Qué...?. - Preguntó asustado. Sirius se tocó el costado izquierdo, respiraba con dificultad. - ¿Snivellus?. - Preguntó entre dientes. Sirius afirmó.

- No es... - Murmuró. - ...no fue un golpe que siquiera hubiera sentido en otra situación pero... - Se detuvo para tomar aire.

- Dios... - James dejó escapar. - ¿Sirius, si lo sabías, lo sabías, por qué te metiste con él?. - No estaba enojado, pero si asustado, bastante, por ambos, aunque más por Sirius, debía aceptarlo.

- Perdón. - Masculló con lágrimas en los ojos. James reaccionó.

- Debemos ir a la enfermería. - Pasó una mano por debajo del cuello del chico y otra por debajo de ambas piernas.

- No podrás. - Murmuró Sirius intentando reír.

- Rétame. - Y lo levantó entre sus brazos dirigiéndose hacia la puerta, pateándola una vez enfrente de ella y continuando. Sirius siempre había sido ligero, varias veces esa había sido su condena cuando jugaban peleándose. Pronto sintió los ojos pesados, aunque no sentía sueño. - Sirius... - James le llamó pero era demasiado tarde, yacía inconciente en sus brazos, James no se detuvo en ningún momento. - ¡Madam Promfey!. - Entró gritando. Posó a su novio en la primera camilla libre que encontró. Peter y Remus aún seguían ahí. Remus levantó la cabeza asustado, intentó levantarse pero Poppy lo detuvo e inmediatamente, junto con Peter, fue con los otros dos.

- ¿Qué pasó?. - Le preguntó a James mientras que acercaba varias botellas que James no reconoció.

- Estábamos platicando, él estaba recostado, cuando intentó levantarse se quejó de dolor, lo cargué para traerlo pero se desmayó en el camino. - Explicó rápidamente, las manos le temblaban, el saber que el solo embarazo podía costarle mucho a Sirius no le tranquilizaba para nada. - Me dijo que está delicado...

- Si. - Dijo la otra rápidamente. - Será mejor que salgan. - Pero James no se movió. - Señor Potter, por favor, le prometo que será el primer en saber de él. - Peter puso una mano sobre el hombro del otro e intentó moverlo hacia afuera, en otras circunstancias Peter no hubiera ni soñado con mover al capitán, pero ahora James apenas si reaccionaba así que se dejó mover afuera. Se quedaron quietos varios minutos, Peter no sabía si irse pero si lo hacía no se los quitaría de encima, así que esperó a que James se moviera.

- ¡Ese desgraciado me las pagará!. - Gritó James, su voz llena de cólera, los ojos le brillaban, Peter tuvo verdaderamente miedo. - James prontó se encaminó hacia las escaleras.

- ¡James! ¿A dónde vas?. - James se paró y volteó de pronto, Peter se detuvo súbitamente al ver el odio en lo ojos de James. - Quédate aquí. - Masculló entre dientes. - Avísame si sabes algo de Sirius por favor. - Y se fue.


Se dirigió con paso rápido hacia la torre de Slytherin, mirando a todos lados, los puños apretados, la mirada fija; buscaba a Severus Snape y lo encantaría. No se detuvo a pensar a quien pasaba o por donde, tampoco las miradas que varios grupitos de Slytherin le dirigían, no le importaban.

- ¡Snivellus!. - Gritó en medio del pasillo donde se encontraba al no tener éxito y saber que no llegaría más allá, pues no podría entrar a la sala común de Slytherin. Justo en ese momento Snape iba girando por el pasillo de enfrente. Ambos se miraron. Snape se acercó a James.

- ¿Qué demonios quieres aquí Potter?. - Le preguntó una vez que estuvieron de frente. James lo tomó por el cuello del uniforme y prácticamente lo levantó en el aire. - ¡Suéltame!. - Gritó. - ¿O quieres que les diga a unos cuantos nuestro secreto?. - Esto último lo dijo susurrando. - Estoy seguro de que no tardarían en expulsarlo. - Terminó refiriéndose obviamente a Remus. James pareció meditarlo y no tardó en soltarlo, sin dejar de clavarle la mirada.

- Ya supe lo pasó entre tu y Sirius. - Su voz era apenas audible, pero era seguro que Snape había escuchado la amenaza en ella.

- ¡Ah!. - Exclamó sonriente. - Ese perro ni siquiera ladra cuando no tiene quien lo defienda. - La sangre de James parecía hervir, se resistió en golpearlo. - Se nota que Lucius lo educó bastante bien. - Lo último tomó a James por sorpresa. Ese maldito de Malfoy... apretó los dientes, sabía que no podía empezar una pelea ahí o acabarían suspendiéndolo antes de que pudiera hacer le verdaderamente un daño al otro. Tomó aire, intentando olvidar el comentario.

- Te veo en las afueras del Bosque Prohibido esta noche. - Susurró solamente para Snape. - A menos de que me tengas miedo. - Acabó y se dio la media vuelta.

- Ahí estaré. - Murmuró Snape. Claro que ahí estaría, sonrió para sus adentros. Había estado preparando un gran hechizo de su propia cosecha y especialmente la razón de crearlo era usarlo contra James Potter. Esta sería su oportunidad. Además, si todo fallaba, no estaría solo.


La clase de hechizos nunca le había parecido tan larga a James. Era la cuarta clase del día. Tanto a él como a Peter los había obligado Magonagall a ir a clases cuando James ni siquiera había alcanzado la enfermería después de su plática con Severus Snape. No tuvo oportunidad de preguntar por Sirius, aún así, la jefa de Gryffindor le había insistido que podría verlo al terminar las clases y en los intermedios. Y la clase sin duda era eterna. Lo cierto es que el joven Potter tenía muchas cosas en la cabeza, debía ir a ver a su madre en cuanto pudiera, aunque ella no se lo pidiera él debía hacerlo. Suspiró en un intento de aliviar la desesperación y siguió esperando a que la clase terminara. Cuando por fin terminó James salió corriendo del aula sin siquiera esperar a Peter y pronto se vio a si mismo en la enfermería. Miró a donde había dejado a Sirius horas antes, el chico estaba despierto. Después de unos segundos de silencio donde solamente la respiración agitada de James se escuchaba, ambos se sonrieron y James se acercó.

- ¿Cómo estas?. - Le preguntó sentándose a su lado.

- Mejor que tu. - Sirius rió, James sonrió al verlo mejor.

- ¿Qué pasó?. - Le preguntó más serio.

- La pelea de ayer. - Suspiró Sirius. - No fue mi mejor idea. - Y acabó sonriendo como si acabara de hacer alguna travesura con su mejor amigo.

- Me diste un buen susto. - Murmuró James, Sirius le miró fijamente. - No me imagino sin ti. - Se mantuvo cabizbajo, sin ver a Sirius, con la mirada puesta en la palma de la mano del otro, la cual yacía en la cama y él jugando con ella.

- Perdona. - James sacudió la cabeza.

- Esta bien, bueno, no esta bien pero... tu me entiendes. - Sirius soltó una carcajada. Pasaron después justos momentos en silencio, disfrutando simplemente de la compañía del otro.

- James. - Sirius alzó la voz solamente lo suficiente para que James lo escuchara. - Vamos a ser padres. - Y sonrió.

- Lo sé Siri... - James arqueó una ceja y sonrió de una manera extraña. Lo sabían desde hace semanas.

- No, vamos realmente a criar a un niño y a ser una familia. - James lo miró como entendiendo por fin, sin embargo su sonrisa desapareció. Sirius pareció no notarlo. - Seremos felices, finalmente tendré una familia que no apeste. - Sirius miraba al techo, como visualizando el futuro. Jame se había quedado pensativo.

Era cierto, iban a ser una familia, Sirius lo necesitaba, su hijo lo necesitaba. Dios, tendría un hijo. De pronto todas sus acciones le parecieron infantiles y sin sentido, tendría un hijo y a Sirius y aún así se atrevía a ir a retar a Snivellus sabiendo que algo podría salir mal, actuando tan inmaduro, tan egoísta, sin pensar en el mismo Sirius, había sido un tonto pero retractarse... retractarse de su palabra con Snape, no se imaginaba haciéndolo.

- ¿Cómo le llamaremos? ¿James?. - La voz de Sirius lo sacó de sus pensamientos.

- ¿Eh?. - Pareció reaccionar.

- ¿Cómo le llamaremos?. - Insistió el otro.

- No lo sé. - James entrelazó sus dedos con los del otro. - ¿Cómo te gustaría?. - Observó el semblante pensativo de Sirius.

- Harry. - Dijo después de varios minutos. - Harry Sirius Black, se oye sexy. - Sonrió burlonamente.

- ¡Perdona!. - Exclamó James fingiendo indignación. - Si hay un niño se llamará Harry James Potter, se oye, ya sabes, no maligno.

- ¿Disculpa? ¿Tienes algo en contra de mi familia?. - Cruzó los brazos sobre su pecho, intentando no reír de sus propias palabras. - No querrás que nos deshereden. - Y ambos se echaron a reír.

- ¿Y si es niña?. - Preguntó James al cabo de unos minutos.

- ¿Remus?. - James estaba apunto de tirarse sobre la cama y reír.

- ¡Te estoy escuchando Padfoot!. - Escucharon gritar a Remus desde otra esquina.


La noche había llegado, Madam Promfey le había ordenado a Sirius quedarse al menos durante la noche, a la mañana siguiente podría retirarse. Sin duda la recomendación obligatoria lo había decepcionado pero al menos no estaría solo, a Remus le quedaba algo de tiempo antes de poder dejar la enfermería, juntos podrían inventar listas o llamarse por nombres, no se aburriría tanto aunque era obvio que se sentiría mal de no estar con James dos noches seguidas; aunque se sentía mejor que la noche pasada ya que esta vez sabía que no estaban peleados, que James no estaba con él por que así lo deseara, si no por que la profesora Magonagall lo había obligado, junto con Peter, a dirigirse a los dormitorios dadas las siete de la noche.

Sin embargo, si se encontraba algo incómodo, tenía algo, sentía algo en el estómago, como si necesitara a James mas que nunca, como si James lo necesitara, como si no estuviera en el lugar indicado.

Lamentablemente y por mucho que sintiera no podía moverse de ahí, ¿o podría?. Se trataba de Sirius Black, claro que podría. Se escabulló de la cama en un silencio absoluto, cuidando de no despertar a nadie, menos a Remus, seguramente intentaría detenerlo a como diera lugar, incluso armaría escándalo si hacia falta, sin duda no debía despertarlo; aunque el licántropo estaba muy cansado así que dudaba hacerlo y Sirius incluso sostuvo la respiración para hacer menos ruido. Salió con cuidado de la enfermería y aún afuera caminó a hurtadillas.

Una vez lo suficientemente alejado del lugar volvió a caminar normal, ya se enfrentaría a las consecuencias de esto por la mañana, por ahora solamente quería ver a James y relajarse un poco. Tuvo suerte y cuidado suficiente y no se encontró a nadie en el camino, así que pronto se encontró muy cerca del cuadro de la señora gorda, tan solo tendría que doblar una esquina más; aún así, siguió guardando silencio, tanto que James, quien salía tan silenciosos como él detrás del cuarto, notó cuando apenas Sirius iba a doblar la esquina más próxima. Sirius sonrió al verlo pero pronto su semblante cambió al notar el semblante cabizbajo del otro. Iba a llamarlo pero algo le detuvo, se escondió rápidamente. De reojo vio como James se alejaba, pensó en seguirlo pero si lo hacía sin duda James notaría su presencia y quería saberlo, que tuvo tan distante a James todo el día; no era que desconfiara de su mejor amigo, eso nunca, pero si conocía tan bien al otro como lo hacía, sabía que James nunca le diría la verdad así como así, tendría que averiguarla por si mismo.

Era obvio que si ahora corría tras de James no lograría nada más que descubrirse así que esperó hasta ya no oír los pasos de James alejándose y rápidamente entró a la sala común y subió a los dormitorios. Tuvo cuidado de no despertar a nadie y no lo hizo, tomó el mapa del merodeador de las cosas de James y lo abrió. La marca con el nombre James ya estaba afuera del castillo, dirigiéndose al Bosque Prohibido y eso no tranquilizó en lo más mínimo a Sirius quien salió del dormitorio con el mapa en manos, no podía correr o alguien lo escucharía, así que simplemente respiró hondo para intentar tranquilizarse y siguió a James.


A pesar de todo lo que le vino a la mente durante la tarde con Sirius, James no podía dejar su asunto con Snivellus de lado así que intentando no pensar se dirigió al punto de encuentro que él mismo había acordado. Severus Snape ya lo estaba esperando.

- ¡Me sorprende encontrarte aquí realmente, solo eres un cobarde, no pensé que te aparecerías!. - Le gritó, Snape tenía las manos en los bolsillos y la cabeza baja. Levantó un poco la mirada al escuchar la voz del otro, James traía su varita arriba.

- Alguien nos puede ver aquí. - Dijo Snape una vez que James estuvo cerca. - Acompáñame. - Le pidió señalando el fondo del Bosque Prohibido. - A menos que tengas miedo. - Entre la oscuridad, James seguramente no observó el brillo en los ojos del otro o su sonrisa maliciosa.

- ¡Ja!. - Se burló. - ¿De ti?, ¿Que podría temer si no que me eches tu grasa?. - Pero Snape seguía sonriendo, incluso cuando se dio la media vuelta y se adentró en el Bosque, seguido por el Gryffindor quien no bajó su varita.

La noche era tal vez la más oscura que James haya visto... o no visto, la luna en un brillo suave que no alcanzaba a penetrar entre el esposo bosque, la luna en un gibada menguante tan poderoso, tan perfecto, casi mágico; aunque la magia no rige sobre la naturaleza, eso sería una blasfemia contra los siglos del conocimiento. De pronto James sonrió al verse divagando en temas filosóficos en un momento como ese, debería estar concentrado como tal detallista fijando su vista en los movimientos del otro; aunque fuera mucho mejor que Snape en Defensa Contra las Artes Oscuras, nunca podría confiarse de un Slytherin.

Pasaron varios minutos caminando, pronto a James le pareció totalmente desconocido el lugar, claro que nunca se había tan adentrado al bosque, sabía que era prohibido por una razón pero se contuvo de hablar, no quería parecer como un cobarde, siguió caminando un poco más hasta que su sentido común pudo contra su orgullo.

- ¡Oye Snivellus!. - Gritó deteniéndose en seco. - ¿A dónde quieres llevarme idiota?. - Snape se giró e inmediatamente sacó una mano de su bolsillo en la cual sostenía su varita la cual apuntó hacia James en un instante en el que el otro no tuvo tiempo de reaccionar.

- ¡Sectumsempra!. - Le escuchó gritar y su acción por inercia fue la de aventarse hacia un lado, fuera del camino. Sintió un dolor en extremo punzante en su brazo, el cual miró de reojo y solamente vio sangre.

- Maldita sea. - Masculló. - ¡Expelliermus!. - Alcanzó a decir pero Snape también invocó algún hechizo que James no escuchó y ambos chocaron sin dañar al otro. James aprovechó para ponerse de pie. - Has mejorado Snivellus, ¿qué diablos fue eso? No fue crucio. - El brazo le estaba matando pero se las arregló para mantener su tono burlón y su sonrisa altanera. La respuesta que escuchó de nueva cuenta fue Sectumsempra, James corrió en un semi círculo al mismo tiempo que lanzaba otro hechizo. - ¡Stupefy!. - Y Snape apenas si pudo reaccionar.

- Cave Inimicum. - Masculló y el Stupefy de James pareció desaparecer. - ¡Crucio!. - Gritó casi con los dientes cerrados del odio que había estado guardando hacia James. No puedo evitarlo, James calló sobre sus rodillas sin poder soportar el dolor de la maldición. Severus sonrió y se acercó con pasos cuidadosos al chico.

- ¡Stupefy!. - James no supo de donde tomó fuerzas para subir la varita y lanzar el hechizo pero funcionó, el Slytherin estaba tumbado en el suelo. James suspiró, ese idiota le había causado mas daño del que se pudo haber imaginado, Sirius se reiría de él como nunca. Se puso de pie después de unos minutos.

- Vaya, vaya. - Una voz salió de entre los árboles y con ella un hombre aplaudiendo y sonriendo maliciosamente, James se puso en guardia, realmente le aterró el hecho de encontrarse con alguien en la madrugada, en medio del Bosque Prohibido, en especial con alguien con tales ojos brillantes, llenos de algo que hizo estremecer al joven, con un aspecto tan tenebroso, calvo, pálido como un muerto y algunas otras características que el cerebro de James no alcanzaba a asimilar. El ser bajo la luz de la Luna parecía tan imponente y terrorífico como James nunca había visto a otro. - Siempre los Potter tuvieron... habilidades innatas, no me sorprende que el más joven sea tan recio.

- Lord Voldemort... - Murmuró sin darse cuenta y reprimió el deseo de llevarse una mano a la boca. James nunca lo había visto, por supuesto, pero había escuchado historias acerca del mago tenebroso que amenazaba contra la seguridad del mundo mágico desde hacía más de cinco años; varios decían que desde hacía siete años, en 1970, cosas extrañas había comenzado a suceder, pero James no recuerda mucho. No tuvo mucho tiempo para ponerse a analizar una cronología de eventos, Voldemort se acercaba a él. La mano que sostenía su varita tembló pero se mantuvo firme. Vio como el otro apuntaba con su varita al chico en el suelo. James dio un paso hacia en frente, decidido a hacerle frente antes de que matara o hiciera lo que iba a hacerle a Snape pero no pudo evitarlo.

- Ennervate. - Dijo con voz firme el mago oscuro y Severus pronto abrió los ojos y trató de enfocar la vista.

- ¡Mi señor!. - Exclamó y en un instante se puso de pie. James notó como más figuras emergían desde las profundidades del Bosque. Reconoció algunos rostros, todos estudiantes o ex estudiantes de Slytherin.

- Mortífagos... - Susurró comprendiendo y dejó una risita escaparse al entender su suerte. Estaba acabado.

- Mi señor. - Escuchó la voz de Snape. - Los Potter siempre serán una amenaza, matar a su hijo sería un movimiento inteligente. - Dijo un casi hincado Snape, patético, pensó James y volvió a sonreír. Había sido un idiota, este había sido el plan de Snivellus todo el tiempo. Como había magos oscuros en estos terrenos, no tenía idea, pero en definitiva no era un sueño. El brazo le seguía punzando, el dolor era verdaderamente insoportable, eran al menos diez de ellos y uno que decían, era invencible, analizar sus posibilidades de salir vivo de ahí era casi estúpido.

- ¡No te atrevas a dirigirme la palabra!. - Exclamó Voldemort. Y luego miró a James. - Pero es cierto que la descendencia de esa familia es fuerte, únete a mi. - Fue directo al punto, James abrió los ojos como platos, se quedó sin palabras. Lo cierto es que no tenía ganas de morir pero traicionar todos sus ideales por una supervivencia sin honor, eso nunca. Pero Sirius... pensó, Sirius se quedará solo. Su mente debatió. Sirius entenderá.

- ¡Nunca!. - Masculló lo más fuerte que pudo, alzando la cabeza orgulloso. Escuchó las risas.

- Bien, bien. - Dijo el ser pálido de una forma muy tranquila. - Acábenlo. - Y pareció desaparecer, pues por más que James buscó ya no lo encontró. Snape no tuvo que escuchar dos veces. Alzó su varita, dispuesto a utilizar la maldición que fuera.

- ¡Expelliermus!. - Una voz gritó detrás de ellos. James no tuvo tiempo de preguntar, su mente le forzó a reaccionar.

- ¡Fiendfyre!. - Y todo a su alrededor se convirtió en llamas. Realmente no creía que podría hacer tal hechizo pero supuso que ante el peligro y el deseo de vivir, su potencial se puso al máximo. Corrió hacia donde escuchó la voz de Sirius, no muy lejos de ahí. Una vez a su lado Sirius le tomó de la mano y lo jaló corriendo.

- ¡Vuelve a hacerlo!. - Le gritó sin parar. James giró un poco la cabeza y apuntó hacia atrás.

- ¡Fiendfyre!. - Gritó sin que nada pasara. Tomó aire, no tuvo que mirar hacia el frente, se guiaba por Sirius. - ¡Fiendfyre!. - Y esta vez parecía un bosque de fuego.

Salieron casi sin aliento del bosque, aún preguntándose como rayos habían salido, especialmente James. Sirius se giró hacia él, ahogó un estremecimiento cuando vio el brazo del otro cubierta en sangre, parecía que James apenas si se podía mantener en pie. Volvió a tomar su mano, no podían quedarse ahí. Lo jaló hacia el castillo sin detenerse, era casi más como si tuviera que arrastrar a su novio, James parecía caminar cada vez menos. Una vez en la entrada del castillo se detuvo, él mismo recargó a James contra el muro.

- ¿Estás...?. - Intentó formular la pregunta, pensando que la pregunta era bastante tonta. - Vamos a la enfermería. - James negó con la cabeza.

- Me cuestionarán y no sabría que decir. - Lo escuchó susurrar débilmente. - Utiliza Episkey... tantas veces como sea necesario. - Terminó. Sirius lo miró fijamente, sujetándolo por la cintura.

- Eso será en extremo doloroso, James, tenemos que... - James sacudió la cabeza. Sirius se mordió el labio inferior, le tembló un poco la mano antes de alzar la varita y murmuró.

- Episkey. - Apuntando al brazo, lo escuchó gritar en un esfuerzo de mantener la voz lo más baja posible.


- Déjenme ver si entendí, mortífagos y Lord Voldemort... practicamente en Hogwarts. - Remus sonaba lo más incrédulo posible, los cuatro estaban sentados en su camilla. Sirius alzó las cejas, como si el otro preguntara algo obvio. - No están bromeando. - Peter parecía más asustado que de costumbre, si eso era posible. James suspiró cerrando los ojos. Era de mañana. James y Sirius habían ido al dormitorio a conseguirle al primero ropas limpias y dormir un poco y luego a la enfermería, antes de que amaneciera de modo que Madam Promfey nunca se enteró de que Sirius no había estado ahí durante la noche.

- ¿Seguro que estas bien?. - Le preguntó Sirius a James, parecía bastante cansado. James le miró sonriéndole.

- Estoy vivo. - Susurró. - Gracias a ti... ¿Cómo supiste?. - Preguntó sacudiendo la cabeza, habían estado tan entretenidos manteniéndolo vivo que no habían tenido tiempo de hablar.

- Te seguí. - Respondió rápidamente, sin quitar los ojos de él. - Te noté muy distante ayer... ¿Qué planeaste con Snape?. Le vi en el mapa y obviamente en ese momento, cuando te iba a atacar. - Remus escuchó atento y luego, como Sirius y Peter, miró fijamente a su otro amigo.

- Lo reté. - Respondió finalmente, observó la mirada frustrada de Sirius, no supo que decir. - No tenía idea de que era un... pre-mortífago. - Dijo rápidamente. - No tenía idea en lo que me estaba metiendo. - Acabó murmurando y bajando la mirada, apenado de sus descuidos.

- Pudiste morir. - Susurró Remus. - James...

- ¡Lo sé Remus!. - Alzó la voz, no podía dejar de pensar en Sirius y en lo egoísta que había sido. Miró a su novio. - Perdóname. - Sirius sacudió la cabeza.

- ¿Y ahora?. - Preguntó Peter después de varios minutos de silencio.

- A tener cuidado con esos. - Respondió Remus. - Especialmente ustedes dos, los retaron. - Sirius y James lo sabían desde que salieran corriendo, James había desafiado al mismísimo señor oscuro y Sirius había ido a su ayuda y con tantos estudiantes y egresados que lo conocían.

Nunca antes la guerra que se desarrollaba les había afectado tan directamente. Sirius miró a James, los ojos estaban más oscuros que de costumbre. Instintivamente tomó su mano y le sonrió. James intentó sonreír pero apenas si pudo esbozar un patético intento, aún recordaba muy bien a ese ser bajo la luz de la Luna.


N/A:

Uf! Como me costó este capítulo pero finalmente aquí está. La primera guerra se desarrolló entre 1970 y 1981, cuando Harry "derrotó" por primera vez a Voldemort. James y los demás entraron a Hogwarts en 1971. Si nos apoyamos en lo que dice Sirius en OOTP acerca de que había desapariciones y gente perdida como en la Primera Guerra, podemos deducir que en los primeros años, al menos en 1970, apenas si la gente se percataba de que algo pasaba, tal como sucedió en la Segunda Guerra, era obvio que un niño de 10 años, como lo era James en 1970, no tuviera ni idea de lo que pasaba; es por eso que con esto en mente, describí lo de los años y bla bla bla.

Antes de que asuman lo peor de este fic, sépase que estoy loca, que puedo hacer que Sirius acabe teniendo cocodrilos si así se me ocurre; así que no les recomiendo asumir lo obvio según lo leído, especialmente en este capítulo, en serio, este fic es tan volatil como mi humor en la semana de exámenes. No, no haría que Sirius tenga cocodrilos.

Respecto a la pregunta de si Sirius es la mamá de Harry (me quedé en shock cuando leí esa review, la cual agradezco infinitamente). Leer arriba, si digo más acabaré diciendo de que va este fic.

Odio las traducciones de los hechizos en español (desmaio... wtf?), por eso los utilicé en inglés. No, no tengo explicación lógica para James haciendo un Fiendfyre más que es un Potter y los Potter se la rifan.

Espero que esa última parte no haya parecido ridícula ni mucho menos, hubo un punto donde me detuve y me quedé pensando que escribía tonterías pero seguí.

Espero sus reviews ) me decepcionó un poco el éxito del capítulo 6, pero como sé que hay personas disfrutándolo, en mínima manera, pero disfrutándolo, aquí está el capítulo 7. ¡Y ahora a actualizar 01011001! (Nunca se metan a escribir 2 fics largos a menos que sean muy ociosos, de verdad).

21 de Septiembre 2008,

Karla

Verso del inicio at Haggard.