Letanías
Yami to Fujikiri
Capítulo 9
Pequeño Guerrero
Pequeño guerrero en la batalla has de vencer
Un día he de alcanzarte y a tu lado reinaré
Una estaca se ha clavado en tu corazón
Del sepulcro de mi vida te estaré llamando
Y se que al fin la hermosa muerte me guiará a tu lado
...Pequeño guerrero en la batalla has de vencer...
- Deseo olvidarte completamente y saciar la sed de angustia... - Era un frío diferente, quemaba, quemaba de verdad. - ...Y a pesar de tanto dolor que siento, es cierto, eres libre... - El apenas mover los labios era doloroso, pero parecía también calmar un poco el frío o tal vez simplemente alejar los pensamientos que herían incluso más que el frío. Parecía que Bristol no quisiera recibirlo, era una de las ciudades más importantes de Inglaterra y, aparte de Londres, la más poblada por magos y brujas y también una de las residencias de la familia Malfoy.
- Silencio. - Dijo una voz cansada, Sirius ni siquiera giró la cabeza, siguió con la mirada clavada en el oscuro paisaje de la noche que apenas si se alcanzaba a apreciar a través de la ventana del tren en el que viajaban. - Además no te queda, eso de cantar. - Lucius cruzó los brazos y cerró los ojos, como intentando volver a dormir. Sirius dejó el tarareo.
James había movido de lugar el jarrón por sexta vez consecutiva, apretó los ojos exasperado, aspiró aire profundamente e intentó calmarse, casi al mismo tiempo sintió una mano posarse en su hombro y no pudo más que voltear pesadamente. Los ojos verdes le miraban consternados, la chica estaba de verdad preocupada por su amigo.
- Debería ir a recostarte un rato. - Inmediatamente agitó la cabeza mirando al suelo. - Vamos James, te ves terrible, más de lo acostumbrado. - Intentó bromear, pero incluso ella misma sintió lo patético del esfuerzo.
- Estoy bien, me necesitan aquí. - Contestó él con voz débil, Lily tenía razón, no había dormido en días, no había tenido una comida decente en semanas, cuando el hambre era demasiada picaba algo que se encontraba, para sus amigos, el hecho solo de mantenerse en pie era increíble.
- James... - Intentó protestar, James dio un tirón por el hombro, liberándose del toque.
- Te digo que estoy bien. - Y se alejó de ella, caminando apresuradamente hacia su madre, quien estaba sentada en la sala, platicando con alguna otra mujer, con lágrimas en los ojos. James ya casi no podía recordar sus ojos secos, su madre se la había pasado llorando desde hacía tres días cuando su esposo murió. Se acercó a ella con la taza de té que había estado preparando y se la ofreció. - Madre.
- Gracias hijo. - Susurró alcanzando la taza. - ¿Por qué no subes y duermes un poco?. - Había escuchado la misma pregunta incontables veces durante el día.
- No tengo sueño. - Y por más increíble que fuera, no mintió.
Hacía cinco días que Sirius había desaparecido de la escuela y él, se la pasó intentando encontrarlo, no descansó hasta que mandaron llamar a Dumbledore, pero ni el director ni los profesores parecían encontrar pista de Sirius. Por supuesto que James estaba muriendo de angustia, lo estaba y más aún dos días después cuando su madre llegó al colegio con la cara empapada de lágrimas, lanzándose a los brazos de su hijo.
Por más que quiso concentrarse en Sirius le fue imposible, James, con toda la fuerza que pudo encontrar, hizo a un lado su preocupación por Sirius, dejando en manos del director, pidiéndole que se enfocara en encontrarlo, y acompañó a su madre.
Por supuesto Remus, Lily y Peter habían estado preocupados sobremanera por Sirius y por supuesto que cuando se enteraron del fallecimiento del padre de James lo acompañaron para ayudarlo, aún ellos no habían puesto un pie en Hogwarts desde aquella vez y ahora lo acompañaban para velar el cuerpo. El cofre estaba en medio de la sala de la residencia de los Potter. Había un gran número de gente platicando en las diferentes esquinas, los Potter siempre se habían caracterizado por su confianza y amistad con diferentes personas, no importando las características sociales, eran sin duda una familia con la que se deseaba estar.
James se tumbó en uno de los sillones y cerró los ojos. No tenía sueño, pero moría de cansancio, sin embargo no podría dormir, no sin Sirius, no sin saber siquiera de él, no con su padre muerto en la sala. Sintió el peso de alguien más a su lado.
- Escucha, pase lo que pase...- Comenzó Remus.
- ¿Dónde...?. - Lo interrumpió la voz débil del otro. - ¿Qué habrá pasado?. - Preguntó sin abrir los ojos.
- No sé. - Contestó en un susurro, él también deseaba saberlo, él también estaba desesperado pero debía mantener la calma si algo caracterizaba a Remus Lupin era eso, él mantenía la calma.
- Yo no creo... - Remus tuvo que acercarse al rostro de James para alcanzarlo a oír bien. - ...Yo no creo que pueda vivir si algo le pasó, no sin él. - Remus no pudo decir nada, no sabía de Sirius, no podía dar ánimos ni esperanzas si ni siquiera él las tenía.
- Llegamos. - Abrió los ojos de inmediato al sentir la mano firme de Lucius sacudiendo su hombro. Salió del vagón con algo de lentitud, aletargado quizá tras el rato en el que pudo conciliar el sueño. - Rápido. - Le murmuró Malfoy al notar su retraso, jalándolo del brazo hasta adentro del carro donde ambos subieron en los asientos posteriores que los esperaba a las afueras de la estación. Adentro, una mujer delgada y alta se encontraba sentada en uno de los asientos de en frente.
- Querido Lucius. - Se estiró para saludarlo, Lucius le besó la mano.
- Walburga, un gusto verla de nuevo. - Le sonrió. Walburga posó la vista sobre su hijo, quien había vuelto a su tarea de examinar el paisaje a través de la ventana, esta vez, del auto que se ponía en movimiento. La mujer suspiró. - Me da gusto que hayas sabido escoger, Narcissa es una buena chica y sé que Sirius es difícil e indigno... - Sonrió para sí misma mientras miraba el parabrisas de frente, uno de los chóferes de los Malfoy era el que manejaba el auto. - La verdad es que no sé que te habría hecho tomar a Sirius en lugar de Narcissa, ella es mucho mejor. - Susurró entre dientes.
- No voy a negar que los encantos de Cissa son diversos. - Habló Lucius. - Pero encuentro a Sirius fascinante. - Una mueca parecida a una sonrisa apareció en su rostro mientras miraba de reojo al chico. - Además no me preocupa la descendencia, ya hemos comprobado que Sirius es... capaz. - Terminó aspirando aire y con la notoria tos de Walburga.
- Es una vergüenza que espero no se divulgue más de lo necesario, espero que ese maldito chico Potter no hable. - Escupió entre dientes. - Pero eso ya tiene solución y tú estabas terminando tu último año en Hogwarts, es perfecto. - Alzó la voz más animada.
- Si y estoy seguro de que por los resultados de mis pruebas no me he de preocupar, ya no tiene caso seguir yendo y sin duda prefiero que Sirius no vuelva tampoco. Sirius no dijo nada, era tan fácil permanecer indiferente, perdido de la situación que le pareció ridícula su interminable lucha que había librado durante tantos años en su casa.
- Llegamos Señor. - Anunció el chofer y salió de inmediato para ayudar a Walburga a salir del auto.
- Que adorable lugar es Bristol, casi puedo jurar que veo muchos más magos que asquerosos muggles en las calles. - Comentó tan casual como le fue posible mientras hacía su camino hacia la entrada de la mansión.
- ¡La mansión de los Malfoy en Bristol, toda una casa de campo!. - Rió Lucius. La mansión de Londres era, por supuesto, más grande que esta, pero aún así era digna de observación, resaltaba entre las demás residencias de alrededor y tan solo la fachada por si sola lucía en extremo costosa. Algunos sirvientes salieron por las maletas que ya cargaba el auto. Walburga había ido a dejar las cosas de Sirius. Lucius se detuvo a esperar a Sirius y cuando lo alcanzó lo tomó de la mano y entrelazó sus dedos, Sirius lo miró de reojo para después voltear por primera vez y ver la mansión. El frío de la noche calaba, Sirius intentó respirar lo menos posible. - Vamos. - Entraron a la casa, que lucía más impresionante ahora por dentro que por fuera.
- Walburga, querida. - Sonó la voz de una mujer y pronto apareció, alta, delgada y rubia. - Me formé un tiempo para venir y arreglar algunas cosas para tu comodidad. - Y ambas se besaron en las mejillas, Lucius, hijo, yo me encargaré de recibir a Walburga. - Se dirigió a su hijo y ambas se perdieron en alguna habitación. Lucius y Sirius también se pusieron en marcha y pronto llegaron a una gran habitación.
- Esta es mi habitación y la tuya también. - Le dijo, Sirius solamente se paró en el centro sin saber que hacer. - Encontrarás muy difícil salir de esta casa y te recomiendo que no lo intentes, también te devolveré tu varita cuando lo crea conveniente, y además... - E inmediatamente lo empujó con fuerza a la cama y lo apretó con su peso contra ella, Sirius ahogó un quejido. - Harás todo lo que yo quiera, todo lo que te pida. - Le susurró al oído. - Cumplirás con mis demandas, no me negarás nada. - Levantó su rostro un poco para verlo directamente a los ojos. - ¿Está entendido?. - Sirius afirmó con la cabeza, intentando asimilar las palabras, intentando respirar. - Bien, por que no volverán a estar juntos así que mas vale que lo vayas olvidando. - El chico tuvo que pasar saliva para poder aliviar el nudo que se estaba formando en su garganta. - Harás todo lo que te diga y ahora mismo quiero que abras las piernas. - Y pronto y sin necesidad de magia se quitó las ropas que llevaba puestas y luego precedió a trabajar en las de Sirius, quien no se movía. Intentó recordar su primera vez con James, tan parecida, pero por alguna razón su mente no deseaba aliviar su dolor y solamente podía sentir todas aquellas veces que le siguieron, dulces, verdaderas.
Imaginó en todo lo que podía estar haciendo sus amigos, con su repentina desaparición seguramente andaban como locos buscándolo y eso le dolía. Imaginar a James desesperado le dolía más que a nada. Olvidarlo, como Lucius decía, era imposible sin lugar a dudas, olvidar a James era olvidarse a sí mismo.
Sintió una embestida en particular dolorosa, apretó los dientes para evitar gemir pero no evitó el siguiente, al sentir una mano posarse en su vientre.
- Cuando nazca. - Murmuraba Lucius a su oído. - Yo mismo lo mataré. - Sirius respiraba con dificultad, le había empezado a doler todo el cuerpo y el frío era cada vez peor. El sudor de Lucius parecía congelante, su misma piel parecía de hielo. - Lo quemaré vivo si es necesario.
- Estás enfermo... - Susurró Sirius sin poder evitar ya las lágrimas, pronto lo sintió embestirlo más fuerte, casi tomando su tiempo para lastimarlo.
- Tu fuiste el que tomó esa decisión, ¿Ya lo has olvidado?. - Volvió a susurrar. - No llores cariño. - Le dijo al notar las lágrimas y lo besó fieramente. - Tendremos muchos y todos de sangre pura, no necesitas a ese bastardo, hijo de una basura como Potter. - Sirius giró de golpe la cabeza para no mirarlo pero pronto Lucius lo tomó por la mandíbula y lo besó de nuevo. - ¿Quién elige a un perdedor como Potter sobre su propio bebé?. - Le mordió el labio inferior hasta sacar sangre y chuparla. - Imaginar que dentro de ti hay algo como eso... - Susurró con los dientes apretados y sin previo aviso le propino un fuerte golpe en el vientre, Sirius no pudo evitar quejarse, casi gritando. - Pero no importa, no importa, ahora mismo estarás lleno de mi...
- ¿Por qué haces esto?. - Preguntó con voz débil, apagada. - ¿Por qué decidiste formar parte de esto, por qué...? Teniendo a Cissa, ella te quiere...
- Por que te deseaba Sirius. - Lo cortó. - Deseaba lastimarte, romperte. - Explicó sin dejar de moverse dentro de Sirius. - Y ese deseo parece no desvanecerse. - Y gimió, mordiendo la oreja del otro. Sirius no dijo nada más, intentó volver a pensar en las noches de luna llena, los cuatro jugando en sus formas de animagos, Remus como hombre lobo. - Ya lo verás... - Le escuchó decir al hombre. - Que te haré olvidarlo.
Al día siguiente James acababa de organizar algunas de sus cosas en el dormitorio de Hogwarts, estaba hincado en el suelo, acomodando una maleta, pronto suspiró se dejó caer de lleno al piso. Todo estaba mal, todo, aún no tenían noticias de Sirius. Su madre le había insistido que regresara al colegio, que estaría bien pero no estaba bien, por que no sabía si Sirius estaba bien. Se talló los ojos con los dedos y respiró hondo. Tenía que seguir buscando.
- Así pues, mi hijo no desea regresar al colegio, debe imaginarlo... - Bajó la voz. - Con el embarazo y todo. - Desde muy temprano en la mañana Walburga había regresado de Bristol y llegado Londres, dirigiéndose inmediatamente a Hogwarts para hablar con el director y dar de baja a Sirius.
- Lo imagino. - Susurró Dumbledore con voz baja. - Pero me gustaría hablar con Sirius también, sé que no había estado viviendo con usted desde el verano pasado. - La mujer hizo una mueca de incomodidad.
- Tuvimos diferencias, como cualquier hijo adolescente. - Intentó explicar. - Pero él mismo me fue a buscar a pedirme perdón y que lo dejara volver y bueno, como toda madre no pude resistirme a tener de vuelta a mi hijo. - Y le brindó una sonrisa falsa.
- Entiendo, pero insisto en hablar con él antes. - Le pidió el mago sin dejar de mirarla a los ojos.
- Él está cansado y delicado, seguramente habrá escuchado que su embarazo es peligroso. - Dumbledore asintió.
- Pero Sirius es un chico fuerte, estoy seguro de que aguantará una simple conversación. - Y le sonrió, Walburga intentó mantener su semblante frío.
- Muy bien. - Intentó sonreír. - Lo traeré en unas horas.
- Hoy es luna llena. - Suspiró mirando al cielo. Lily lo volteó a ver arqueando una ceja.
- ¿Y qué?. - El giró la cabeza lentamente mirándola y luego bajando la vista. - Oh... - Y ella miró al frente.
- Si no quieres estar conmigo, últimamente que los cinco... - Se detuvo al pensar en Sirius. - ...nos hemos hecho amigos... pensé que podía decirte y...
- ¡No hay problema Remus!. - Lo cortó rápidamente y sonrió. - Es solo que, ya me lo imaginaba. - Remus entrecerró el ceño.
- ¿Ya te lo imaginabas?. - Preguntó sorprendido.
- Si, bueno, con todas sus salidas en luna llena y tu siempre en la enfermería los días que le seguían... - Intentó no sonar infantil pero no pudo evitar ruborizarse al pensar en lo entrometida que debía sonar. Remus sonrió
- Que bueno que no te importa. - Y se dedicó a analizar el sitio, como si no lo conociera, ambos se encontraban en los barandales de las escaleras del colegio. - ¿Esa es... Walburga Black?. - Intentó enfocar la vista a la mujer que se encontraba al final del pasillo de enfrente. Lily intentó lo mismo.
- Pues solo la he visto en la estación, pero creo que si. - Contestó la chica para luego mirar cuestionando a Remus. - ¿Crees que este aquí por lo de Sirius?. - Remus abrió la boca como sorprendido.
- Eso de verdad sería nuevo. - Susurró.
- Pero es su madre... - Lily sabía poco de los marauder, apenas había empezado a estar con ellos. Por supuesto, como todos, sabía que la relación de los Black no era la más familiar y linda pero familia era familia.
- Ella lo quiere tanto como James a Slytherin. - Susurró y Lily se llevó una mano a la boca. - No creo que sea buena idea acercarnos.
- Ni decirle a James. - Lily inquirió, Remus parecía estar de acuerdo.
- ¿Decirme que?. - Y ambos saltaron al escuchar repentinamente la voz del chico detrás de ellos. Remus pareció tartamudear.
- ¡Que últimamente no has volado bien!. - Inventó Lily.
- ...Últimamente no he volado. - Contestó arqueando una ceja, hacía varias semanas que no había jugado quidditch.
- ¡Esa debe ser la razón!. - Lily alzó los brazos como si le hubieran revelado una gran secreto. James pareció enfocar su vista a través de sus amigos.
- ¡Esa es la mamá de Sirius!. - Exclamó y pronto los pasó corriendo, dirigiéndose hacia ella.
- Somos pésimos en esto. - Murmuró Remus y pronto él y Lily siguieron a James.
- ¡Ey!. - Le gritó James cuando estuvo cerca de ella, ahí también estaba Dumbledore hablando con ella, despidiéndola al parecer. Walburga hizo una mueca como de asco al notar al chico acercarse. - ¿Qué hace ella aquí?. - Le preguntó al director una vez ahí.
- Señor Potter por favor cálmese. - Habló con voz calmada. - Será mejor que regrese a sus clases. - Pero James lo ignoró.
- ¿Dónde está Sirius?. - Se dirigió a la mujer que parecía deseosa por salir de ahí. - Sabía que tenía que ver con estas basuras... - Murmuró casi para si mismo pero Walburga le escuchó claramente.
- ¡Como te atreves maldito traidor!. - Le gritó. - Me da asco el saber que mi hijo fue tan idiota como para revolcarse contigo, no sabes cuanta repugnancia me causa el hecho de que cargue con tu bastardo. - Llegaron Remus y Lily para escuchar aquellas palabras.
- Señora Black. - Intentó calmarla Dumbledore. - Será mejor que nos retiremos.
- ¡No!. - Gritó James. - ¡¿Dónde está Sirius?!. - Iba a alcanzarla, tal vez sujetarla por las túnicas pero Remus alcanzó a tomarlo por el brazo deteniéndolo.
- Mi hijo ha decidido volver a casa, ha visto con claridad el perdedor que eres y prefirió estar con su familia. - Y sonrió triunfante al ver los labios de James separarse en sorpresa, pronto sacudió la cabeza.
- Esa mentira le honra, Sirius nunca regresaría con basuras como ustedes, ustedes son los que le dan asco. - Walburga rió.
- Ya lo verás. - Pronto Dumbledore puso una mano en el hombro de la mujer intentando sacarla de ahí y Remus jalando a James.
- Vamos, James. - Le insistió.
- ¡Profesor!. - Le llamó, Dumbledore giró un poco la cabeza y le guiñó el ojo. James detuvo sus esfuerzos. - ¡¿Sirius, nunca volvería con ellos, verdad Remus?!. - Se giró para ver desesperado a su amigo, Remus negó con la cabeza.
- Claro que no, no. - Intentó calmarlo, sujetándolo por ambos brazos. - Vamos, tenemos clases que atender. - Y entre Lily y él, lo sacaron del lugar.
Sirius continuaba retorciéndose en la cama, un medico mágico a su lado, el dolor era casi insoportable. Había comenzado desde muy temprano en la mañana, Lucius, al no poder seguir durmiendo se fue a otra habitación dejándolo ahí, pero pocas horas después, para cuando los quejidos de Sirius eran cada vez más fuertes, con todo el pesar y sueño que traía tuvo que llamar al médico para que lo revisara.
- ¿Y bien?. - Preguntó el rubio desesperado.
- Son complicaciones causadas por movimientos bruscos o golpes, en un embarazo tan delicado esto es muy peligroso. - Explicó pasando una mano por la mejilla de Sirius intentando calmarlo. - Le he dado algunas pociones que calmarán el dolor. - Y al parecer ya estaban haciendo efecto, Sirius parecía empezar a calmarse. - Hay que tener mucho más cuidado. - Habló después de algunos segundos. - La posibilidad de un aborto o de que nazca muerto es grande si continúa así. - Explicó en voz baja sin pretender asustar a nadie, Lucius, quien estaba detrás de él, sonrió, Sirius lo miró fijamente y luego cerró los ojos, intentando dormir. - También el riesgo es muy grande para él. - Dijo refiriéndose a Sirius.
- Tendremos cuidado. - Susurró Lucius. Despidió al médico no sin antes recibir un buen número de pociones y recomendaciones a las que fingió prestar atención. Luego regresó a la habitación, se sentó a lado de Sirius. - Eso sería conveniente, ¿verdad?. - Le dijo riendo. - Especialmente para ti. - Sirius no tuvo más remedio que abrir los ojos. - Si nace muerto te dolerá pero no tanto como verlo vivo y ser asesinado, si ambos mueren sería la situación perfecta, ¿cierto? Si tú mueres y él vive... eso sería trágico. - Habló como si contara un chiste, Sirius hundió la cabeza en la almohada. - Sirius... - Lo obligó a girarse. - No te dejaré morir así que no cuentes con eso. - Ahora si vuélvete a girar que ayer no quedé del todo complacido. - Y se subió sobre de él justo antes de oír unos golpecitos en la puerta.
- La Madam Walburga desea una palabra con su hijo. - Anunció alguna voz de alguna sirvienta. Lucius rió.
- Tu madre si que sabe interrumpir. - Y se levantó de la cama. - Levántate. - Le exigió al ver que el otro seguía acostado. - No querrás hacer esperar a tu madre. - Y salió de la habitación.
Sirius no tardó en levantarse con mucho trabajo y dolor, el solo estar de pie le producía un estremecimiento terrible en todo su cuerpo, dar un solo paso le hacía arquear la espalda. Llegó a la sala donde se encontraba su madre sosteniéndose con la ayuda de los muros.
- Eres una vergüenza, ni siquiera un embarazo lo resistes. - Murmuró Walburga al ver a su hijo quien pronto se sentó enfrente de ella.
- ¿Querías verme?. - Le preguntó rápidamente, quería salir de la situación cuanto más rápido posible.
- El estúpido de Dumbledore no aceptará tu baja sin antes hablar contigo. - Le explicó. El corazón de Sirius latió rápidamente, Hogwarts, volver ahí parecía un sueño, no pudo evitar pensar en James. - Irás a verlo pero te lo advierto Sirius, espero no tener que recordarte el trato que hiciste, una palabra y...
- Lo sé. - La cortó rápidamente. - No hablaré. - Murmuró.
- Y seguramente verás a ese idiota. - Escupió dejando de lado la taza de té que sostenía. - Espero que sepas que decir. - Ambos se miraron fijamente, Sirius asintió.
Sirius llegó por la red flu a la oficina del Director, quien ya lo había estado esperando. Le sonrió al verlo llegar, Sirius respondió de la misma manera, estar tan solo en Hogwarts parecía un sueño casi imposible hasta hace unos días.
- Tu madre me ha dicho que deseas darte de baja del colegio. - Inquirió con la preocupación latente en su voz, Sirius tragó saliva y asintió. - ¿Si?. - Parecía querer escucharlo de su propia voz.
- Si señor. - Susurró.
- ¿Puedo saber tus razones?. - Sirius puso una mano sobre su vientre.
- Supongo que es más que suficiente. - El director seguía serio.
- Hasta hace unos días no parecía importante, querías seguir y luchar a lado del joven Potter. - A la mención de James, Sirius pareció temblar, bajó la mirada.
- Mi familia me ha hecho una oferta que no pude negar. - Intentó sonar convincente, aún con la mirada del director clavada sobre de él. - Estoy seguro de que James entenderá.
- Puedes decirme lo que sea...- Sirius lo miró, parpadeó varias veces intentando desvanecer las lágrimas que amenazaban salir de sus ojos.
- Estoy bien. - Susurró apenas audible. Dumbledore lo miró fijamente y luego asintió.
- Siempre serás bienvenido de regreso. - Y se levantó dirigiéndose al chico quien también se puso de pie apoyándose de la silla. - Ahora ve por tus cosas a tu dormitorio. - Sirius tembló ante la oferta.
- Preferiría no hacerlo. - Alcanzó a formular.
- Lo sé, pero debes de. - Y salieron juntos de la oficina.
- James, te digo que esperemos un poco más. - Remus iba tras de su amigo, Lily intentando mantener el paso y Peter ya muy atrás corriendo.
- Si Dumbledore estaba con Walburga es por que sabe algo y no me detendré hasta que me explique todo. - Pero se detuvo y de golpe al verse de frente con el mismo Sirius, a lado de Dumbledore. El otro chico no se movió, apenas pudo respirar, no esperaba encontrarse con James tan repentinamente. - ¿Sirius?. - James parecía estar viendo a un muerto, de cierta forma la analogía era apropiada, Sirius parecía haber bajado de peso súbitamente y lucía más pálido que nunca. Sin previo aviso corrió hacia él y lo atrapó en un abrazo, jalándolo hacia una esquina, alejándose de los demás. - ¡Dios, Sirius, he estado muriéndome de preocupación!. - Le susurró y volvió a abrazarlo. - No tienes idea... Sirius... - El otro parecía temblar en su abrazo. - ¿Estás bien?. Te ves muy mal, deberíamos ir a la enfermería... -
- No, James... - Intentó detenerlo.
- Claro que si. - Tomó su mano y comenzó a jalarlo. - Tienes que...
- ¡James!. - Su grito retumbó en los muros. James lo miró fijamente, cuestionando. - Venía a despedirme. - Respiraba con dificultad, no parecía real, nada de esto. James sacudió la cabeza e intentó sonreír.
- ¿De qué hablas?. - Recordó las palabras de Walburga, no podía ser posible.
- Hablé con mi madre, estamos bien ahora. - Se escondió entre el muro y una de las columnas de la estructura, James lo acorraló.
- Eso es imposible, tu los odias. - Su voz le traicionaba, tenía miedo, verdaderamente tenía miedo.
- No, no los odio. - Intentó explicar ya con lágrimas rodando por su rostro, las manos de James sujetando las suyas. - James, sabíamos que no funcionaría. - La quijada de James pareció caerse.
- ¡Funcionaba perfectamente!. - Le gritó en el rostro, ya sin poder ocultar su frustración. - Estábamos muy bien, dime la verdad, ¿Qué te hicieron, qué te dijeron?. - Sirius lo miró fijamente como queriendo hablar, como queriendo decirle la verdad.
- Nada. - Respondió traicionando sus deseos. - James, quiero a Lucius. - El rostro de James pareció tomar formas diferentes, no podía haber escuchado bien.
- ¿Perdón?. -
- Yo lo quiero. - Volvió a romperse. - Y él a mí. - Las manos de James tomaron su rostro.
- Mientes. - Le dijo en voz baja pero firme. - Sé que mientes.
- Me casaré con Lucius. - Podía sentir el rápido palpitar de James sobre su rostro, a través de sus manos. - Amo a Lucius. - Su voz se quebró, James negó con la cabeza.
- Es mentira... -
- Déjame ir. - James no pudo evitar recordar la última vez que Sirius le había pedido eso, aquella vez había sido un error dejarlo ir y esta vez estaba seguro, también lo sería. - James, déjame ir. - Puso sus manos sobre las del otro chico, intentando liberarse.
- No, dime la verdad, dime por que haces esto. - Le rogó sin soltarlo. - Somos una familia, no dejaré... no me puedes hacer esto. - James apenas podía ver a través de sus lentes, ahora también con lágrimas en el rostro.
- Estarás mejor sin mi. - Murmuró Sirius, ya casi sin poder sostenerse en pie. - Me iré a vivir a Bristol, tu, tu vivirás bien y estarás con Lily, es buena, ya lo he comprobado. - Intentó sonreír. - Estarás bien.
- ¡¡Cállate!!. - Le gritó sin notar como los otros pegaban un salto, Dumbledore se había retirado, tal vez esperanzado en que James lo convencería de arreglar las cosas. - ¡Yo nunca, no sin ti!. - Y hundió su cabeza en el cuello del otro, ya sin poder contener el llanto. - No me hagas esto.
- Perdóname. - Le susurró en el oído y aprovechó para salir rápidamente.
- ¿Nos vamos?. - Justo ahí estaba Lucius. James lo miró fijamente antes de saltar sobre de él, sin embargo Remus se adelantó
- ¡¡SUÉLTAME!!. - Peter, reuniendo todo el valor del mundo, también se había aventurado para sostener a James. Sirius no resistió más la escena, se dirigió rápidamente a lado de Lucius, quien sonreía triunfante a James. - ¡¡SIRIUS!!. - Y los vio a ambos desaparecer, tomados de la mano, juntos. - ¡¡Sirius!!
N/A:
Yo no tengo idea de como sentirme respecto a este capítulo así que si están con la cabeza en blanco... es normal, supongo. Si, el siguiente capítulo explicará muchas cosas, no se impacienten :) Espero que les haya gustado y lamento el retraso, en mi lista de prioridades esta en primer lugar la carrera y fue semana de exámenes y en segundo lugar las fanlistings y tenía una pendiente, ya luego viene el fanfiction, lo lamento, me apuraré más para el siguiente, ya es fin de semestre así que estaré más libre. La cancioncita que tararea/canta Sirius al inicio es "Escaparé tus recuerdos" de Anabantha, que es la canción que dará nombre e inspiración para el último capítulo del fic.
Nuevamente, espero sus reviews, si les gustó si no, también, para corregirlo.
12 de Noviembre 2008
Verso del inicio [AT] Anabantha, "Pequeño Guerrero".
