Letanías

Karla

Capítulo 10

El Edén de mis Sueños

The maiden lay dead upon the floor,

her breast cut open,

and beside her crouched the mad warlock,

holding in one bloody hand a great, smooth,

shining scarlet heart,

which he licked and stroked,

vowing to exchange it for his own



La muerte es un pensamiento tan... etéreo, tan sublime, es casi irreal. No se trata del hecho de que la vida sea tan cotidiana que la muerte se convierte en algo distante, no, es que la vida es tan cotidiana que la muerte lo es incluso más, el miedo a la muerte no es miedo a morir, si no a perder la vida.

Ambas cosas son tan parecidas pero al mismo tiempo son opuestas. Morir es el actor de perder la vida, perder la vida es el hecho de morir. Morir es el punto en el que tu cuerpo deja de funcionar, perder la vida es dejar de existir. ¿Quién podría temer que su cuerpo deje de funcionar? Incluso si lo que pretendiéramos es imaginarlo, resultaría imposible, es inverosímil recrear el dolor o cualquier otra clase de sensación que se podría experimentar cuando el cuerpo deja de funcionar; es tonto temerle a eso y en ese caso, el miedo a la muerte es el miedo a dejar de existir y eso si se siente. El humano puede conjeturarse a sí mismo, sin ninguna dificultad, dejando de hacer cierta cosa, cualquier cosa, incluyendo dejando de vivir, sabiendo que será imposible ver a las personas que quiere una vez más, sabiendo que será imposible hacer lo que planeaba hacer el día de mañana y ese conocimiento es terror puro; cuando se está ahí presente en el momento en que la muerte se para frente a nosotros, el único reconcomio que se puede poseer es terror, pánico al saber que no podremos seguir y aquel que no siente eso es por que o se ha resignado o vivió lo suficiente para ser recordado.

Todo lo que las personas hacen, toda justificación a sus acciones, está dictada por el deseo de ser recordados, ese es el motivo, ese es el objetivo de todo ser humano, hacer lo suficiente para ser recordado y si cuando llega el momento de la muerte aún no se ha logrado tal objetivo, entonces, el terror que invade es inconcebible.

Cuando no se tiene más tiempo para vivir y si se tiene es imposible darse por vencido, va contra la naturaleza humana. Sirius abrió los ojos, estaba recostado en aquella fría cama, abrió los ojos ante tal pensamiento. Es imposible darse por vencido. Respiró profundo. Hay que seguir, mientras se cuente con la vida, hay que seguir. Escuchó la puerta abrirse.

- Últimamente has dormido demasiado, ¿no te parece?. - Dijo Lucius. - Crees que podrás soportar esto si duermes el mayor tiempo posible, si no tienes que enfrentar lo que te rodea. - Sirius apenas lo escuchaba, seguía repasando en su mente las mismas líneas, Hay que Seguir. No se dio cuenta cuando Lucius se sentó a su lado. - Yo no te dejaré hacer eso. - Susurró tomándolo bruscamente por la barbilla para atraer su atención.

- ¿Qué?. - Preguntó sacudiendo la cabeza, notó a Lucius suspirar.

- Será mejor que corrijas esta actitud. - Exclamó poniéndose de pie. - Falta poco para que... salgas de tu situación. - Escupió con despecho. - Y entonces tendrás que comportarte como el sangre pura que eres, sin cargar con... eso. - Terminó sin mirarlo, sin notar como los labios de Sirius se movían sin emitir sonido. "Hay que seguir" se decía a sí mismo. - La verdad es que no puedo esperar. - Susurró con una sonrisa de fastidio en el rostro. - Desde hace semanas que no puedo siquiera tocarte, es un fastidio. - Sacudió la cabeza y continuó hablando para sí mismo. - Pero no importa, no importa, pronto todo acabará y seremos solo tu y yo. - Se giró para ver a Sirius quien seguía recostado con los ojos cerrados, moviendo los labios. Lucius arqueó una ceja pero no dijo nada. Se pasó la mano por la frente para luego tallarse los ojos y salir lo más rápido que pudo de la habitación.

- ¿Pero cómo seguir?. - Por fin emitió sonido la garganta de Sirius mientras miraba fijamente el techo de la habitación. - La mansión está asegurada, las chimeneas, no sé como aparecerme. - Suspiró llevándose las palmas de las manos al rostro. - Fui un idiota... James... - Murmuró. Había pasado los últimos meses intentando bloquear de su mente cualquier pensamiento acerca de James, todo era un poco más fácil así, todo parecía menos doloroso así pero era imposible seguir aparentando que nunca había conocido al otro.

Toda su infancia había sido un infierno, había tenido que soportar solo a su familia entera, y él sin las agallas de enfrentarlos, había sido tan infeliz siempre, hasta que conoció a James y después a Remus y Peter. James había traído consigo la única felicidad que había experimentado y él estaba intentando bloquear esos recuerdos, que estupidez, que tortura.

- Si tan solo pudiera hablar con él, oír su voz... - Pensó mientras su rostro seguía hundido en sus manos, así por varios segundos. - ¡El espejo!. - Gritó en voz baja de pronto separando sus manos súbitamente. - Mi madre trajo mis cosas la primera vez, Lucius mis cosas de Hogwarts... mi baúl. - Continuó hablando para sí mismo, sin notar la sonrisa que se empezaba a formar en su rostro. - El espejo está en mi baúl... Si tan sólo pudiera llegar a él. - Todas sus cosas excepto su ropa había sido guardada en los sótanos de la mansión, bajo llave, imposible de alcanzar. - No imposible, nunca imposible. - Debía encontrar una forma de tomar la llave de las cosas de Lucius y luego ir por el espejo. - ¿Pero aún... aún lo conservará?. - La última vez que había visto a James le había dicho que no lo quería, que amaba a Lucius, ¿Era posible que James siguiera manteniendo el otro espejo después de eso? La sonrisa desapareció de su rostro. Escuchó unos golpecitos en la puerta que casi de inmediato se abrió, una chica de cabello largo y negro entró.

- Joven Sirius, el amo Lucius me mandó con el desayuno. - Por supuesto, ellos nunca le dejaban salir de la mansión y siempre que podían lo mantenían encerrado en el cuarto, comer en la misma mesa que ellos sería un insulto.

- Gracias Shi. - Suspiró sentándose sobre la cama mientras la sirvienta acomodaba la bandeja. Ella era una squib hija de magos puros, aún Sirius no podía entender como los Malfoy la habían aceptado aunque fuera como sirvienta, para eso tenían decenas de elfos domésticos, pero tal vez tratar mal a un squib no les parecía mala idea.

- ¿Cómo está?. - Preguntó en voz baja, temiendo que de pronto algún Malfoy pasara por ahí y la sorprendiera hablando con el chico. Sirius no sabía si era por el hecho de que creyeran que ella no tenía derecho de hablar con ningún sangre pura o si no querían que Sirius hablara con nadie más que no fuera ellos, Lucius, su madre, el resto de los Malfoy que apenas le dirigían palabra, los Black que cada vez hacían sus visitas más constantes. Esto le parecía increíble a Sirius, Lucius había destrozado el corazón de Narcissa y aún así ambas familias parecían una sola. Por supuesto no una vez se había enterado de que Narcissa fuera a aquella mansión.

- No estoy seguro. - Sonrió amargamente. - Bien, supongo. - Puso su mirada en la comida, sin ningún deseo de tocarla.

- Escuché al doctor hablando la última vez con el amo Lucius, el bebé parece estar bien. - Le sonrió. Ella era la única con la que Sirius podía tener una conversación y no sentirse mal con ello.

- Sí, eso es... - Sirius no pudo terminar la oración, no estaba seguro de si quería que estuviera sano, estuviera bien; no sabía lo que pasaría con él o ella después de nacer, los términos bajo los que había aceptado aquel... acuerdo, aún le hacían temblar. Había escogido a James sobre su bebé.

- Todo saldrá bien, ya lo verá, el amo Lucius puede ser... quiero decir, él lo tratará... bien. - Incluso a ella le costaba trabajo formular aquellas mentiras, sin creerlas, era más difícil. Los labios de Sirius estaban entreabiertos, temblando ligeramente, intentando formular palabra. Se quedaron en silencio varios minutos, ella esperando lo que fuera que él intentara decir.

- James... - Comenzó, entre pequeñas charlas le había confesado varias de las cosas que habían pasado. - ...¿Crees que me odie, después de...?. - Shi tuvo que inclinarse un poco para escuchar la pregunta. Se quedó mirando las sábanas blancas unos segundos.

- No. - Dijo al cabo de aquellos segundos. - Según lo que he oído de usted, él es una buena persona y las buenas personas perdonan, en especial a aquellos a quienes aman. - Sonrió. - Dudo mucho que sienta el más ligero rencor hacia usted. - Sirius liberó el suspiro que había estado guardando.

- Necesitaré tu ayuda. - Ella pareció sorprenderse ante la declaración.

- Yo... no sé si esto sea buena idea. - De verdad le agrada Sirius, le parecía la primera persona buena que había pisado la mansión, pero lo cierto era que el temor a los Malfoy era mucho mayor que su cariño al chico.

- Escucha, yo... - Sirius intentó sujetarla, hacerla escuchar, no sabía como llegar al espejo solo, si ni siquiera sabía dónde estaban las llaves.

- Me tengo que ir. - Ella lo interrumpió apresurándose a salir.


- Por favor, por favor, tan solo, ¿Podríamos pensar detenidamente esto?. - Remus tenía sus manos a centímetros de los brazos del otro, como queriendo detenerlo sin atreverse a tocarlo.

- Ya lo pensé Remus, por más dos meses. - Contestó James dándole la espalda al otro, empezando a caminar en círculos por su habitación. - ¡Nadie ha podido hacer nada, ni el profesor Dumbledore, estoy harto, yo... soy el que debería de arreglar esto!. - Le gritó deteniendo el paso, tirándose de lleno en su cama, llevándose el puño cerrado a la frente.

- ¿Y qué harás, atacar la mansión de los Malfoy?. - Remus se acercó a él. James lo miró a los ojos.

- Si es necesario. - Dijo firmemente.

- Es estúpido y solo lograrás que te... metan a Azkaban por un estúpido motivo... en el mejor de los casos. - Remus intentó razonar con su amigo

- ¿Estúpido motivo, ahora así le llamamos a Sirius?. - Miró a Remus como intentando contener sus ansias de golpearlo. Remus entrecerró los ojos.

- Sabes a lo que me refiero, solo nos queda confiar en el profesor Dumbledore. - Explicó suavemente, sentándose a su lado.

- Ya confié lo suficiente y Remus... - Aspiró fuertemente, su respiración era lenta, durante meses había estado acumulando aquella frustración, desesperación, miedo. - ...Ya no puedo seguir así, ya no puedo... - Suspiró débilmente mientras dejaba caer la cabeza al frente. Remus lo tomó por los hombros y lo abrazó.

- Sé que es difícil James pero... al menos necesitamos un buen plan. - Remus también estaba muy preocupado por Sirius, también no había podido dormir bien en semanas, también sus manos temblaban al pensar en el otro pero tenía que mantener la cabeza fría, por James.

Las vacaciones de invierno habían llegado desde hacía una semana, Remus había pedido permiso para quedarse con James; éste necesitaba la compañía, la reciente perdida de su padre era un golpe tan fuerte a frontar y a eso estaba aunado la situación con Sirius, James apenas podía pensar con claridad. Lily, al vivir tan cerca los Potter, se la pasaba la mayor parte del tiempo en la casa de James con él y Remus y Peter, aunque había intentado convencer a sus padres, no había logrado pasar las vacaciones con James; sin embargo Remus y Lily intentaban mantener a su amigo en sus cinco sentidos y ayudar a la señora Potter también estaba dentro de sus deberes, ella también la estaba pasando mal y su hijo no estaba en posición de ayudarla, al menos no solo.

- ¿Qué propones?. - Preguntó James una vez liberado del abrazo que tanto necesitaba últimamente. Remus sonrió.

- Primero necesitamos a Lily, quieras o no ella te patea el trasero en pociones y encantamientos. - Ambos apenas si rieron. - Y Peter...

- ¿Siempre es necesario un señuelo?. - Le interrumpió, a Remus le dio gusto el escuchar el conocido sentido del humor de James Potter.

- Si, claro. - Murmuró. - Entonces hay que reunirnos.

- Lily está con mi mamá, ya no estoy seguro de dónde vive esa chica.

- Está preocupada por ti. - La voz de Remus era suave, carecía del tono inusual de reproche con el que le solía hablar a James.

- Lo sé, lo sé. - Dijo fastidiado. - Hace unos meses el hecho de tener a Lily aquí me hubiera parecido imposible. - Suspiró sonriendo al recordar la grata amistad que había estado fortaleciendo con la chica.

- Entonces le mandaré un mensaje a Peter y voy a traer a Lily. - Remus se puso de pie, le dio una palmada en la espalda al otro y salió de la habitación dejando a James ahí sentado. Giró el rostro mirando hacia la ventana, los rayos del sol atravesando el cristal, iluminando de manera invasiva el cuarto. Cerró los ojos intentando bloquear cualquier pensamiento de toda su vida actual; le fue imposible. Los abrió para recorrer con la visa su habitación, la tenía memorizada a la perfección y aún así buscaba un objeto para distraer su mente. Se dirigió al baúl que guardaba sus cosas escolares, recargado en el muro, se arrodilló frente a él y lo abrió. Sacó con cuidado el Mapa del Merodeador, nunca habían sido cuidadosos en como trataban al mapa, nunca había sido necesario; pero en aquellos momentos James parecía temer que cualquier cosa que conocía, cualquier cosa que quería, fuera a romperse, fuera a perderse, como Sirius.

Su capa de invisibilidad fue la siguiente. Sintió una punzada fuerte en el pecho al recordar a su padre. Le había dado aquella capa un día antes de ir a Hogwarts por primera vez. Un recuerdo de tu abuelo, le había dicho, quien la recibió de su padre, ha pertenecido a la familia por generaciones y ahora es tuya hijo. Su padre... Cuando llegue el momento tu se la darás a tu hijo y así continuará la tradición. Su hijo...Todo eso era demasiado para James. Se dejó caer al suelo de lleno, sentando en el frío del piso.

Su emblema de Capitán de Quidditch, toda su vida le pareció tan superficial, como había amado el Quidditch hasta morir, ahora parecía una tontería; una tontería que había compartido con Sirius durante años. Sacudió la cabeza intentando sacar a Sirius de sus pensamientos, cada vez que pensaba en él recordaba las últimas palabras que habían salido de su boca. Amo a Lucius. James estaba seguro de que todo había sido planeado por Malfoy pero... pero aún así dolía.

El Espejo de Dos Caras (1). Había sido su medio de comunicación con Sirius todos los años pasados cuando el otro no tenía otra opción que regresar a Grimmauld Place, cuando los castigaban en diferentes salones, siempre que estaban separados se unían de nuevo con él, habían pasado horas platicando a través de aquel espejo.

- Sirius Black. - Susurró sin siquiera esperar que Sirius apareciera al otro lado del espejo, lo había intentado incontables ocasiones durante los últimos meses. Como era de esperar, Sirius no apareció. James se dejó caer contra el muro y cerró los ojos. Confiaba en que a Remus, Lily y Peter se les ocurriera un plan que funcionara, él por su parte, ya había dejado de pensar.


- De verdad cariño, no tienes que hacerme compañía todo el tiempo, apuesto a que tienes cosas más interesantes que hacer que ayudar a esta vieja anciana. - Dorea sonrió intentando sonar lo más positiva posible, pero su tono amargo la delataba, las ojeras en su rostro, el semblante sombrío. Lily no dijo nada pero siguió empacando las cosas del señor Potter, tenerlas ahí era demasiado doloroso para la señora Potter y para James.

- Puede ser difícil de creer pero no, esto es lo más productivo y entretenido que tengo por ahora. - Le respondió con una sonrisa, temiendo sonar compasiva, sabía que a los Potter no les agradaba eso de la lástima.

- ¡Una muchacha tan linda y amable como tu debe tener cientos de admiradores!. - Exclamó Dorea sonando convincente por primera vez en varios días. - Yo lo sé muy bien, mi hijo es un claro ejemplo. - Intentó no reír al notar el color carmesí de las mejillas de Lily.

- Bueno yo... - Lily enfocó parte de su atención en la caja que, torpemente, intentaba cerrar. - ...Nunca me han gustado las relaciones cercanas, no tengo muchos amigos, amigos muy cercanos, tengo compañeros con los que me gusta pasar el tiempo pero... . - Sonrió amargamente. - La última persona en la que confié y quise como mi mejor amigo me traicionó e insultó de una manera... - Se cortó a si misma, sin querer recordar aquellos momentos que terminaron con la amistad que había formado desde pequeña con Severus Snape. - James, Remus, Sirius y Peter... son los primeros amigos que he tenido desde entonces. - Sonrió al recordar los pocos momentos que había pasado con aquellos chicos, que ya tenían en su corazón un lugar muy especial. Dorea le dedicó la misma sonrisa.

- Puedo ver que a pesar de la amargura que mi hijo intenta ocultar torpemente de mi, la pasa muy bien contigo y también Remus... - Después de eso un silencio inundó la habitación, solo roto por el sonido de la cinta adhesiva siendo cortada. - Tu y James... - Murmuró Dorea temiendo sonar indiscreta.

- Fuimos novios, si. - Sonrió Lily. - Por una semana al menos. - Dorea asintió fijando su vista en el saco que su marido había usado por tanto tiempo y doblándolo con cuidado para meterlo en la siguiente caja vacía. - Sirius y James... .- Siguió Lily para no dejar caer a la señora Potter en un silencio que solo hiciera aquello más doloroso aunque fuera con una platica que a la misma Lily le doliera. Ella había aceptado que James y Sirius debían, necesitaban, estar juntos, pero aún tenía sentimientos por James y eso solo lo podría cambiar con el tiempo pero aún era muy pronto. - Ellos deben estar juntos.

- Si es necesario usar la palabra deben entonces no estoy muy segura. - Contestó en voz baja Dorea. - Yo conozco a mi hijo mejor que nadie y sé bien cuando... . - Sacudió la cabeza. - Olvídalo. - Lily la miró por unos segundos intrigada, quiso hablar pero el golpe de unos nudillos en el muro la interrumpió.

- Perdonen, Lily, podríamos hablar... - Remus no estaba seguro de las palabras correctas, no había notado hasta entonces lo que ambas estaban haciendo y cuando lo hizo pensó que de verdad ese era un mal momento. - ...Bueno, cuando acabes...

- Esta bien hijo. - Dijo Dorea. - Yo haré esto. - Tomó otra prenda de su marido y la empezó a doblar.

- No, estoy segura de que puede esperar. - Miró a Remus como pidiéndole que se fuera de una vez.

- Lily. - Dorea la miró a los ojos. - Yo puedo hacer esto, necesito hacer esto. - Lily captó al instante, incluso en el velo, la soledad es necesaria en cierto momento. Asintió con la cabeza y se dirigió con Remus afuera de la habitación.

- ¿Qué sucede?. - Preguntó en voz baja una vez fuera de la habitación.

- Esto de Sirius... - Comenzó Remus jugando con sus pulgares. - Ya no puede esperar más. - La miró a los ojos. - O perderemos también a James. - Lily asintió al instante, antes de sus sentimientos estaba la seguridad de Sirius.

- ¿Pero qué podemos hacer? El profesor Dumbledore ya ha intentado convencer a los Malfoy y él ya nos ha dicho que Sirius mismo ha hablado con él, confirmado el hecho de que quiere estar... ahí. - Terminó Lily algo incómoda con la explicación.

- Ese no es Sirius hablando, te lo aseguro. - Remus negaba con la cabeza. - Sirius ha odiado a su familia y a todos quienes se les parezcan lo suficiente para saberlo, te lo aseguro, por más borracho que esté ese no es Sirius, no voluntariamente al menos, debe estar o bajo de algún hechizo o de alguna amenaza y en su estado... ambos son preocupantes. - Murmuró sin querer pensar por lo que su amigo estuviera pasando.

- Bien, ¿entonces?. - Lily no quiso preguntar más, aún no sabía mucho de la vida de los merodeadores, al menos no de la de Sirius, pero aquel momento simplemente no parecía el adecuado.

- Primero ve con James, necesito hablar con Peter por la Red Flu pero temo dejar solo a James por mucho tiempo, creo que lo único que le impide de suicidarse es el rescatar a Sirius. - Dijo sin saber si sus palabras eran broma o realidad y a juzgar por la expresión confundida de Lily, ella tampoco estaba segura de la respuesta.

- Bien. - Susurró casi sin sentir la mano de Remus en su hombro, después se dirigió a las escaleras para subir a la habitación de James. No veía el camino, ya había memorizado cada rincón de la casa de los Potter, era casi bizarro, antes no habría ni soñado con estar tanto tiempo en aquel lugar, ahora difícilmente se iba a su casa. Llegó a la puerta del chico y aspiró algo de aire, siempre era necesario para enfrentar a James, para poder estar a la altura de las necesidades del otro, para consolarlo o darle ánimos si era necesario. Tocó la puerta antes de entrar y esperó sin embargo no recibió respuesta. - James. - Volvió a tocar y llamó. - James. - Insistió hasta que recordó las palabras de Remus y abrió la puerta.

James se encontraba recargado en el muro, a lado de su baúl abierto, dormido. Lily se acercó. Había algunas cosas del chico en el suelo. Reconoció su emblema de prefecto y el famoso Mapa del Merodeador que había visto antes ya. También estaba una capa vieja y un espejo, Lily sonrió. James debía ser muy narcisista, solo él tendría un espejo tan grande. Tomo las cosas y las puso en un cajón del escritorio del chico, si las había sacado era por alguna razón y seguramente no debían ir al baúl. Cerró y acomodó éste último, luego se dirigió hacia James y lo sacudió por el hombro delicadamente.

- James. - Susurró. - James, despierta, vamos Potter. - Sonrió para sí misma, ¿desde cuándo había dejado de llamarlo por su apellido?. James entreabrió los ojos.

- ¿Qué...?. - Se talló los ojos ante la luz del día.

- Te quedaste dormido, en el suelo. - Puntualizó en el lugar, lo cierto es que el chico apenas si había podido tener una noche de sueño completa, se veía muy cansado.

- Ah, si. - Enarcó la ceja, intentando recordar por qué estaba en el suelo.

- Arriba. - Lily lo jaló del brazo y ambos estuvieron de pie. - Remus fue a traer a Peter, para... el plan. - Dijo sacando a James de cualquier otro pensamiento.

- Cierto, hay que pensar en algo. - Se sentó en su cama recordando toda su actual situación. - ¿Cómo está mamá? Es difícil para ambos estar en el mismo cuarto y no ser víctimas de un silencio incómodo. - Intentó sonar divertido sin éxito.

- Está... es fuerte. - Lily no estaba segura de como responder, ella no estaba mejor que James pero sin duda, como su hijo, era lo suficientemente fuerte para seguir en pie.

- Lo es. - Susurró.

- Igual que tu. - James la miró por unos segundos para luego llevar su vista al paisaje al otro lado de la ventana.

- No estoy tan seguro, no hubiera entonces dejado que se llevara a Sirius. - Su voz era fría, muy diferente a la que Lily le conocía.

- No tenías opción. - Se acercó a él, James la miró intrigado.

- ¿Por qué sigues aquí, ayudándome?. - Preguntó sin poder contenerse más. - Te he tratado muy mal. - Y bajó la mirada.

- No lo sé. - La voz vacía de la chica le hizo mirarla de nuevo. - Es como... como si debiera estar a tu lado. - Dijo entrecerrando el ceño, intentando explicar algo que ni ella misma entendiera. - Como si una fuerza me gritara en el oído "No lo dejes". - Se miraron a los ojos. James fue el primero en romper esa conexión. - Sé que quieres a Sirius, no intento cambiar eso. - James no podía saber la expresión de su rostro al murmurar aquellas palabras, no se atrevía a mirarla. - Esto es algo más, algo más que simple enamoramiento.

- ¿Destino?. - James se burló de sus propias palabras, él no creía en tal cosa.

- No creo en eso. - Respondió Lily. - Pero sí, se siente así. - James rió al cabo de varios segundos de silencio.

- Dudo mucho que estemos destinados a procrear al salvador de la humanidad o algo parecido. - Lily rió ante el comentario.

- No, definitivamente no. - Suspiró cambiando la sonrisa a una expresión en blanco. - Y sé que, que tienes toda una vida por delante con Sirius, debo ser yo y mis cosas, debo estarme volviendo loca. - James iba a decir algo pero en ese momento Remus entró a la habitación.

- Peter viene en camino, si alguien pregunta su futuro como ministro de magia recae en tus manos James. - Los tres rieron. - Entonces, a planear.

- ¿No lo vamos a esperar?. - Preguntó Lily. James soltó una carcajada casi involuntaria.

- Se nota que no conoces a Peter. - Dijo al cabo de la risa, que ambos, Remus y Lily, encontraron muy relajante, después de no oírla en meses ya.

- Cuando planeamos algo, si Peter está o no está, es lo mismo. - Explicó Remus intentando no sonar muy despectivo. Lily sonrió. - Solamente tenemos que explicarle todo cuando llegue. - La chica asintió.

- Entonces a planear.


Sirius había estado trabajando en el broche que abriría la puerta de la habitación por horas, la navaja que su tío Alphard le había regalado en su décimo tercer cumpleaños y que abría cualquier cerradura se había quedado en baúl junto con sus demás cosas y aunque tuviera una varita, no podía hacer magia fuera de Hogwarts, así que decidió emplear todo el conocimiento que había adquirido al ver todas esas películas de muggles en casa de James, donde abrían puertas con la ayuda de cosas pequeñas, como fierros, los llamaban clips o seguros. De verdad que cualquier muggle superaba en cualquier aspecto a cualquier mago, eran más inteligentes, más creativas, más trabajadores, simplemente superiores, no entendía como los magos sangre pura podían siquiera ver menos a los muggle, cuando eran éstos los que tenían razones para ver menos a los magos.

Sirius había encontrado un alambre que pertenecía al marco de un cuadro de la habitación y éste lo usaba para intentar abrir la cerradura. No se daría por vencido, no ahora.

- Vamos. - Murmuró en voz baja. - Vamos. - Tenía la piel del dedo pulgar roja, irritada, se había ya levantado parte del cuero de la piel después de estar horas rozando el fierro contra la piel de los dedos. Suspiró para darse fuerzas a sí mismo antes de volver a meter el alambre en la cerradura y empezar de nueva cuenta a girarlo intentando buscar la conexión con la llave. Se detuvo al escuchar un click. Contuvo la respiración esperando que no fuera otro sonido que proviniera de algún otro lugar que no fuera de la cerradura.

Puso una mano temblorosa en la manija de la puerta y aspiró profundo antes de intentar girarla. La manija rodó libremente sobre su eje, abriendo la puerta. Sirius intentó contener su emoción cerrando los ojos y respirando lentamente. Abrió la puerta rezando por no encontrarse con alguien más detrás de ella. Salió de la habitación.

Abrió los ojos para mirar a todos lados asegurándose de que estuviera solo. Pensó. A la derecha se llegaba a las salas y los comedores, a la izquierda a las demás habitaciones y eran las tres de la tarde, a esa hora era difícil que alguien estuviera durmiendo o encerrados en sus cuartos como él. La izquierda. Lucius tenía otra habitación individual en la que había estado durmiendo las últimas semanas, desde que le era imposible tener sexo con Sirius. Tenía que encontrar esa habitación, seguramente ahí mantenía sus llaves, que necesitaría para abrir el sótano; esperando que Lucius fuera el que tuviera esas llaves. Luego tendría que encontrar el sótano, abrir su baúl, sacar el espejo y regresar a su habitación.

Suspiró, paso por paso, primero la habitación.

Caminó lentamente, como temiendo ser escuchado a pesar de que la mansión parecía estar sola. Llegó a la primera puerta parecida a la suya y recargó el oído sobre ella, esperando asegurarse de saber si ahí había alguien. Después de unos cuantos minutos abrió la puerta respirando profundamente. No encontró a nadie.

La habitación parecía ser ocupada por una mujer, así lo decían el tocador y el colorido aspecto de esta. La cerró, no podía tomarse mucho tiempo, si la habitación no parecía de Lucius a primera vista entonces debía seguir buscando.

La siguiente estaba a pocos metros de la anterior puerta. Puso de nueva cuenta su oído sobre la puerta y de nuevo, no escuchó nada. Abrió la puerta con suavidad y su corazón pareció dar un brinco al encontrar a una chica en la cama, su mano tembló en la manija que aún sostenía pero pronto se tranquilizó a sí mismo al notar que esta dormía. Le echó un rápido vistazo para saber de quien se trataba y la reconoció. Narcissa. Se sorprendió sobremanera al notar a su prima ahí, miró el cuarto, parecía idéntico al suyo, parecía... parecía de Lucius. Sonrió a sí mismo y sintió pena por su prima. Por supuesto que ella lo amaba y por supuesto que Lucius tenía necesidades. No le molestó en absoluto, después de todo Sirius sentía por Lucius, lo mismo que sentía por toda su familia, aunado con odio y rencor, cada vez que había estado con el rubio lo odiaba un poco más y a sí mismo, al no poder defenderse.

Sin embargo aquella revelación significaba que la habitación donde Lucius había estado durmiendo era esa, donde Narcissa dormía en ese momento. Sirius intentó aclarar su mente, si era lo suficientemente silencioso no tendría por que despertar a Narcissa. Había tres burós y un escritorio en la habitación, dos de los burós se encontraban a lado de la cabecera de la cama de Narcissa. Decidió empezar con el escritorio.

Se aproximó a él teniendo cuidado de no hacer notar su presencia, no llevaba zapatos, su paso era en extremo silencioso. Abrió uno de los cajones encontrando una serie de papeles y carpetas, miró adentro, metió la mano pasándola por todo el cajón. Abrió el siguiente, estaba vacío. El último, vacío. Se talló los ojos, exasperado. Se recordó donde estaba y por qué estaba ahí, tenía que llegar al espejo.

Se pasó al otro lado del escritorio y empezó a abrir de nueva cuenta los cajones, los tres estaban vacíos. El otro buró se encontraba a lado del escritorio. Abrió la puertita y se encontró con varias botellas de pociones, no quiso pensar en que las utilizaría Malfoy pero con cuidado de no hacer ruido, las hizo a un lado, haciendo espacio para ver al fondo, sin encontrar nada.

Escuchó un quejido proveniente de la cama, se quedó helado sin atreverse a levantarse o moverse de la posición en la que se había quedado. Después de varios segundos giró la cabeza y vio que la chica seguía durmiendo en diferente posición. Tragó saliva. Comenzó a moverse al buró que estaba a la derecha de la cama, nunca antes le había temido a una de sus primas, patético, pensó.

Abrió el buró encontrándose con tres cajitas de madera. Sacó la primera y la abrió solo para encontrarse con que estaba vacía, sacó la segunda. Una serie de joyas y anillos que solo Lucius podía usar, también, unas llaves. Sabía que un simple hechizo podría abrir o cerrar cualquier puerta pero todas venían con llaves, tal vez por si al mago se le perdía la varita o se quedaba encerrado sin su varita. Eran siete y una dorada que parecía ser una especie de llave maestra. Las sacó con cuidado y cerró la cajita poniéndola en el buró para después cerrarlo. Se puso de pie y comenzó a caminar lentamente a la puerta de la habitación.

- ¿Sirius?. - Tembló al oír la voz, casi se le cae el llavero. No se atrevió a voltear, cerró los ojos. - ¿Qué haces aquí?. - Tragó saliva y se giró.

- Cissy. - La sola mención de su nombre sonó a plegaria. - Cissy, por favor. - Narcissa lo miró fijamente.

- Le diré a Lucius. - Comenzó a ponerse de pie.

- ¡No, Cissy, por favor!. - Sirius se apresuró a tomarla por las manos. - Solo quiero terminar con esto, todo fue un error, estoy seguro de que James lo arreglará, por favor, no le llames. - Hablaba más para sí mismo que para su prima y aún así se notó rogándo.

- Tú me lo quitaste. - Escupió la rubia. Sirius no sabía que decir, sacudió la cabeza negando involuntariamente.

- Yo no quería que esto pasara. - Narcissa se soltó de su toque dirigiéndose al armario para buscar algo que ponerse para salir. - Cissy, si le llamas ahora él me llevará de vuelta a mi habitación, volverás a ser... usada de esta manera. - Notó como su prima detenía todo movimiento. - Déjame ir y lo tendrás, déjame ir por favor, no le digas. - Volvió a implorar. Pronto, Narcissa cerró las puertas del armario sin haber sacado nada y se metió a la cama cerrando los ojos, fingiendo dormir. Sirius salió apresuradamente, no sin antes comprobar que estuviera despejado el pasillo. - Gracias. - Susurró antes de cerrar la puerta.

Tenía al menos una llave maestra pero ahora tenía que bajar a los sótanos y la única opción era ir a la derecha y pasar por la sala al menos. Caminó con cuidado a lo largo del pasillo que separaba al segundo piso con las escaleras que llevaban al primer piso. Muy poca luz iluminaba aquella parte de la mansión pero aún así, Sirius iba asegurándose de que nadie se acercara.

Llegó a la esquina que daba con el corredor principal, donde comenzaban las escaleras con las que se bajaba al primer piso, aquella parte de la casa estaba bastante iluminada pues salía del pasillo y daba a los ventanales, también era concurrida en toda hora del día, pero en aquel momento no podía ver a nadie venir, tampoco escuchar pasos. Sosteniendo la respiración para que su nerviosismo no lo traicionara, salió del escondite que la esquina oscura le brindaba y bajó las escaleras rápidamente para llegar al corredor del primer piso, estaba apunto de seguir bajando para llegar a la planta baja cuando escuchó algunas voces.

- Eso es lo que tú dices, pero los Potter han estado en la mira del Señor Oscuro por algún tiempo ya, son enemigos innatos. - El corazón de Sirius dio un brinco al escuchar el apellido pronunciado por aquella mujer.

- Bueno, de todas formas no importa. - Dijo Lucius. - Eso Sirius no lo sabe y aunque lo supiera no puede hacer nada. - Sirius contuvo la respiración para ser aún más silencioso, pegado al muro que lo separaba de la pareja, de Lucius y de, sin lugar a duda, Bellatrix.

- Si, tienes razón, me encantan tus mentiras querido Lucius. - Las voces se iban alejado, lo único que Sirius deseaba en ese momento era que ambos siguieran caminando y no cambiaran de dirección, si se les ocurría ir al lado contrario lo encontrarían. Aún podía escucharlos platicar cuando del mismo lado donde él estaba, en aquel pasillo, en la esquina derecha, escuchó pasos acercándose. Apretó los dientes, si no se movía esa persona lo encontraría, si se movía era muy probable que Lucius y Bellatrix lo notaran. Al escuchar los pasos hacerse más fuertes, el pánico lo invadió y giro sobre la esquina donde estaba, más al frente estaban Lucius y Bellatrix apunto de bajar las escaleras, solamente podía esperar que no voltearan pero si se quedaba donde estaba, aquella otra persona lo notarían sin lugar a dudas, tenía que moverse más hacia donde estaban Lucius y Bellatrix, en un punto intermedio entre los tres sujetos. Comenzó a dar pasos en lateral, él pegado al muro, hacia la dirección en donde estaba Lucius, pronto se irían y la otra persona pasaría de corrido por el costado de ese pasillo, no habrá problema, se dijo así mismo y se quedó en silencio.

De reojo miró a la madre de Lucius pasar, efectivamente, por el costado del pasillo donde Sirius estaba y la escuchó alejarse. Sirius soltó con cuidado un suspiro, Lucius y Bellatrix se habían detenido sobre el primer escalón, aún tenía que esperar a que se fueran pero lo mejor era irse retirando con cuidado al lado contrario.

Las manos le temblaban, las tenía sudorosas, tal vez por eso no notó como de estas se le resbalaban las llaves. El sonido había sido tan fuerte como para hacer voltear a Lucius y Bellatrix, Sirius se quedó congelado, no podía moverse.

- ¡¿Qué haces aquí?!. - Le gritó Lucius.

- No. - Suspiró y sin pensarlo dos veces se echó a correr al lado contrario.

- ¡Sirius!. - Escuchó gritar a Lucius y pronto fue seguido por las pisadas del otro. Siguió atravesando pasillos, sabía que debía bajar, debía de llegar al espejo antes que Lucius a él.

Entró a una especie de cocina, se detuvo desesperado mirando a todos lados, esperando encontrar una salida.

- Joven Sirius. - La suave voz le hizo saltar pero pronto se repuso, notó la cabeza de Shi alzándose de una especie de hoyo en el suelo, mientras sujetaba sobre de ella una tapa. - Entre. - Sirius no lo pensó dos veces y la siguió, Shi cerró el pasadizo detrás de él. - Vamos. - Le indicó en voz baja, Sirius la tomó de la mano y notó como ambos temblaban. Se dejó dirigir entre la oscuridad.

- ¿A dónde vamos?. - Preguntó en un murmuro, como temiendo que Lucius estuviera justo detrás de ellos, aunque ya no escuchara sus pasos.

- Este es un piso que separa al primero de la planta baja, después de aquí podrá subir de nuevo al segundo piso y llegar a su habitación. - Le dijo sin detener el paso.

- ¡No, espera!. - Sirius se detuvo jalándola de la muñeca. - Debo ir al sótano, debo recoger algo. - Intentó controlar su voz para no rebelarlos.

- Pero... -

- ¡Por favor, Shi, por favor, necesito llegar al sótano!. - Le rogó en voz baja, pasaron unos segundos mirándose a los ojos hasta que a través de la oscuridad alcanzó a ver a la chica asentir. Volvieron a correr tratando de mantener silencio.

- Aquí. - Indicó ella agarrando una manija pegada al suelo, la abrió revelando luz, estaban parados sobre el techo de la planta baja. - Hay que saltar. - Sirius lo hizo primero, no sin antes asegurarse que no hubiera nadie, luego ayudó a la chica. - Cerca hay otro desván que tiene otro pasaje para bajar a los sótanos. - Escucharon pasos pesados bajando por las escaleras del primer piso.

- Tu busca arriba, yo voy abajo. - Escucharon decir a Lucius. Llegaron sin problemas a otra especie de cocina, muy parecida a la anterior y de nuevo Shi abrió un nuevo pasaje. Ambos bajaron por él y llegaron a otro piso oscuro. La chica lo guió como si tuviera memorizado el camino, a pesar de la poca visibilidad.

- Esto... - Abrió otra puerta y nuevamente estuvieron sobre el siguiente piso, uno igual de oscuro que el anterior. - Son los sótanos. - Bajaron, Sirius primero y luego ella. El lugar se parecía mucho al segundo piso, lleno de pasillos con varias puertas.

- ¿Sabes a dónde podrían haber llevado mis cosas?. - Preguntó desesperado. Shi sacudió la cabeza.

- El primer pasillo es de los amos padres, el segundo es del joven Lucius, el tercero es de los invitados, el cuarto está vacío, se usa para cosas que de pronto les llegan pero no piensan conservar, como almacén. - Sirius no necesitó escuchar más para correr a tientas contando los pasillos. Era muy probable que estuvieran con las cosas de Lucius pero más que estuvieran en un lugar destinadas a luego ser tiradas, tan solo esperaba que no fuera demasiado tarde. Cuando se sintió mareado por la oscuridad y desorientado dejó que Shi lo volviera a guiar. Desde que corrió de Lucius había comenzado a sentir dolores muy fuertes en el estómago, se puso una mano en éste. Seis meses de embarazo, aún faltaba uno al menos, cuando se trataba de embarazos masculinos, aún no era tiempo.

Shi se detuvo indicando que habían alcanzado el cuarto pasillo, al mismo tiempo escucharon la puerta principal de los sótanos abriéndose.

- ¡¿Sirius?!. - Escucharon a Lucius gritar.

- Las llaves, las llaves... - Murmuró Sirius. Las llaves las había tirado. - ¡No, no, no!. - Gritó sin darse cuenta de que solo le estaba indicando a Lucius que se encontraba ahí. El dolor en el estómago era cada vez más fuerte, se golpeó la frente contra el muro, resignado. Abrió los ojos para ver a Shi abriendo las puertas de cada cuarto.

- Soy sirvienta. - Aclaró una vez que sintió a Sirius acercársele. Sirius empezó a revisar cada cuarto que ella había abierto.

- Este. - Susurró para no revelar también la presencia de la chica. Entró lo más rápido que pudo, el brillo de las letras metálicas de su baúl había rebelado su posición, se acercó apresuradamente. - Es esto.

- ¿Entonces están listos?. - Preguntó James a los otros tres, un tanto entusiasmado. Se encontraban en la puerta de la casa del chico. - Primero tenemos que llegar a Bristol, ese era el primer paso del plan que habían formado. Vio a los otros asentir.

- Oye, oye, James. - Llamó Remus de pronto. - Tu capa, ¿La traes?. - James se detuvo.

- ¡Es cierto! Voy por ella. - Se dió la vuelta y entró corriendo a su casa.

- ¿Capa?. - Preguntó Lily intrigada.

Subió corriendo las escaleras, no quería seguir retrasando más el viaje. Entró a su cuarto rápidamente.

- La capa, la capa. - Fue a su baúl y lo abrió revolviendo su contenido. - ¿Qué demonios, dónde está? Maldición... - Se detuvo al recordar lo que había estado haciendo en el piso antes de que Lily llegara, la había sacado junto con el mapa, su broche de capitán y el espejo. Miró alrededor, escaneando el piso, buscando sus cosas. - ¿Dónde diablos las puse?. - Empezó a revolver los cajones de su armario, miró abajo de su cama.

Sirius abrió con las manos temblando el baúl, sacó con premura todo lo de arriba metiendo la mano hasta abajo, habían cerrado la puerta detrás de ellos, podía escuchar a Lucius acercarse cada vez más, gritar su nombre.

- Aquí, aquí está. - Murmuró con la voz cada vez más apagada, por el dolor, por el miedo, por la emoción de tener entre sus manos el espejo.

- Vamos, por favor, joven, vámonos. - Shi imploraba, había otro pasadizo en cada sala, ella ya lo había abierto.

- ¡Sirius, sé que estás ahí, abre ahora!. - Escucharon a Lucius golpear la puerta. Shi saltó de miedo. - Maldita varita, dónde diablos la puse... - Murmuró Lucius detrás de la puerta.

- Joven. - Shi estaba ya derramando lágrimas, ella desesperada por querer salir de ahí.

- James Potter. - Susurró al espejo. - James Potter, James Potter. - Repitió, el dolor era cada vez más fuerte, sus dedos apretaban sobremanera el espejo, implorando, esperando ver ahí a James. - Por favor, James Potter, por favor, por favor. - La mirada se volvió borrosa, los ojos se le llenaban de lágrimas. - Por favor James, perdóname, James, James Potter, James Potter, ¡JAMES POTTER!. - Gritó cayendo de rodillas al suelo, desesperado.

James continuaba sacando cosas del armario, volteando sus muebles, sacando ropa.. ¡James Potter!, escuchó un grito leve y se paró en seco.

- Esa voz... - Se dijo a sí mismo. - Sirius... ¡El espejo!. - Con las manos temblando al escuchar la voz de Sirius, continuó buscando, esta vez su espejo. - ¡Maldición, maldición, maldición!. - Gritó, poco ya le importaba el decreto que le prohibía usar magia fuera de Hogwarts, alcanzó su varita y sin pensarlo dijo. - ¡Accio espejo de dos caras!.

- Llévate esto Shi. - Murmuró Sirius dándole el espejo a la chica. - El ya sabe que estoy aquí. - El chico respiraba con dificultad, apenas podía mantenerse sobre sus rodillas. - Vete y llévatelo, cuídalo con tu vida por favor. - Sirius apenas notó como ella asentía y salía corriendo hacia el pasadizo.

- ¡Maldición Sirius!. - Escuchó la voz de Lucius y la puerta abrirse justo después de que Shi desapareciera. - ¡¿Qué diablos crees que haces?!. - El rubio se acercó y lo tomó de los cabellos levantándolo.

El espejo salió volando de uno de los cajones del escritorio hasta las manos de James quien lo tomó desesperadamente. - ¡Sirius!. - Gritó llamando pero solo vio sombras. - ¡Vamos Sirius, contesta!

Shi poco se preocupó de la voz que hablaba por el espejo que cargaba debajo del brazo, tenía más miedo de que sus amos la encontraran ahí que de voces que hablan por espejos, siguió corriendo sin detenerse hasta estar a salvo en los cuartos de los elfos.

- ¡Eres un desgraciado!, ¡¿cómo te atreves a venir aquí, qué tanto estabas buscando?!. - Dijo sin soltarlo, mirando el baúl abierto.

- Lucius, me duele... ¡Ah!. - Gritó, más del dolor en el estómago que el provocado por la mano de Lucius en su cabello. Cerró los ojos intentando apaciguar el dolor pero no funcionó.

- ¡Contéstame! ¡¿Qué agarraste?!. - Le gritó sin hacerle caso.

- Nada... - Suspiró Sirius. - Buscaba una foto... - Terminó sin fuerzas, dejándose caer y siendo solamente sostenido del cabello.

- ¿Una foto, eh?. - Dijo en voz más baja.

- De James. - Terminó Sirius, intentando sonar convincente. No alcanzó a prepararse al ser lanzado a un lado fuertemente por Lucius. - Lucius... ayuda. - Susurró con la voz más débil. - Creo que... ¡Ah!. - Gritó antes de terminar la frase.

- ¿Por fin? Menos mal, el engendro va a salir.


N/A:

Por fin, por fin! Mi engendro salió, este capítulo. Lamento la tardanza, mi vida se tornó picadillo desde hace unas semanas, mi maestro principal murió, tuvimos que arreglar cosas en la universidad, en fin, fue demasiado difícil y el actualizar fics no estaba dentro de mis planes. Pero por fin aquí está y espero que les haya gustado. Me gustó el drama del espejo, que si lo encuentra, que si no, que si James no lo tiene, que si cuando lo tiene Sirius ya no lo tiene, en fin.

Por fin son las vacaciones y ahora podré actualizar cada semana, espero acabar Letanía antes de que estas vacaciones acaben.

(1) No sé como se diga eso, no se como se traduce, mis libros de HP son en inglés así que no se como está escrito en los que están en español, si me corrigen eso lo agradeceré.

Shi es el nombre de mi mejor amiga.

El párrafo del inicio está copiado directamente de mi hermosa copia de Tales of Beedle the Bard, la cual me llegó desde el cuatro :D es un libro tan maravilloso.

Espero sus reviews.

Oh, cierto, este capítulo cuenta con 9,317 palabras, lo cual lo hace el capítulo más largo que he escrito en mis 8 años de fanwritter, yay!

Por último, ese capítulo es a honor de mi más reciente fanlisting, la fanlisting de la relación entre James Potter y Sirius Black!! :D si son fans de estos dos, que si no, están en el fic equivocado, si son fans, únanse! :D :

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13 de Diciembre 2008