Capitulo 4

Después de un rato, encontraron unos caballos amarrados cerca de una plaza. Inuyasha llamó a unos hombres que estaban apoyados sobre un árbol para darles instrucciones sobre cómo llevarlos a todos.

—Bankotsu, tú llévate al pequeño. Tú Jakotsu, anda a la casa y dile a Kaede que prepare algo para comer y dos habitaciones para nuestros huéspedes.

Los dos hombres asintieron y efectuaron sus obligaciones sin rechistar.

El hombre de cabellera negra, tomó a Souta y lo sentó en el lomo de su caballo. Souta, aunque estaba muerto de sueño, no pudo más que despertarse al sentir que lo tomaban y lo sentaban en un caballo. Su mayor sueño era el de montarse en un caballo y galopar libremente por el pastizal, y de algún modo lo estaba realizando. El hombre subió al caballo sin menor esfuerzo y comenzó a pasearse por la plaza con el niño delante de él. Parecían que se llevaban muy bien, ya que desde lejos se oían sus risas.

Kagome trató de buscar la mirada de Inuyasha, pero no la encontró. Él parecía estar sumamente concentrado en la montura de su caballo negro para prestarle atención. Hizo un ademán para llamar su atención pero no consiguió nada, así que intentó con un carraspeo.

— ¿Pasa algo? — fue lo único que Kagome oyó salir de los sensuales labios de Inuyasha.

— Si, pasa algo. Si no es mucha molestia¿con quien se supone que me iré?

— Conmigo, claro está — su voz era calmada, al igual que su actitud en ese momento.

Cuando dejó al caballo, fijó su mirada en la de Kagome, que lo miraba con las mejillas sonrosadas. No quería irse con él en el caballo. Por algún motivo incierto, le producía un escalofrío tremendo el pensar que estaría muy cerca de él, y que en un acto inconsciente se podría recostar sobre su pecho. Eso la hizo ruborizarse y encarar a Inuyasha, quien la veía con una sonrisa reflejada en sus labios.

— ¿No podría irme sola en un caballo? — la voz que empleó Kagome es ese momento fue tan dulce e inocente que a Inuyasha le dio un vuelco el corazón. Parecía una pequeña niña desvalida que preguntaba a su padre si podía montar sola, y no la viuda de un hombre de más de 50 años, que iba a pasar la noche en su casa.

— ¿Acaso es tan mala mi compañía, que no quiere ni acercarse a mí? No tengo nada contagioso si eso es lo que le preocupa... — Kagome se sonrojó al ver que éste se lo decía debido a que ella se había distanciado un poco de él cuando éste comenzó a hablarle.

La mirada que le dirigía Inuyasha a Kagome decía claramente que quería una respuesta. Y la quería ahora ya. Pero fue salvada por la aparición de Souta y el hombre en su caballo, que esperaba la salida de su patrón.

Kagome dejó exhalar un largo suspiro, y se resignó. Caminó lentamente hacia Inuyasha con la intención de subirse al caballo antes que él, pero él fue mucho más rápido y la tomó de los brazos, subiéndola al lomo del animal, como si no pesara nada. Acto seguido, el mismo subió al caballo y agarró las riendas del semental y dio la orden de marcha.

Los dos caballos comenzaron su loca carrera por entre la pradera, guiados por la luna detrás de ellos.

Cuando aligeraron el paso, Kagome, quien estuvo tensa todo el trayecto, se había relajado al oler el aroma de las especias esparcidas por el sendero, y el exquisito olor de la colonia del hombre detrás suyo. Ese olor la embriagaba de tal manera, que le hizo cerrar los ojos, e inconscientemente apoyarse contra el pecho de Inuyasha, quien iba al igual que ella, disfrutando del aroma que desprendía la joven delante de él.

Cuando sintió que Kagome se recostaba sobre él, todos los músculos de su cuerpo se tensaron e inconscientemente agarró las riendas del caballo con mayor fuerza.

El calor se apoderó rápidamente de su cuerpo, sin saber porqué reaccionaba así con aquella mujer.

Había tenido una infinidad de amantes, mil veces mejores que ella, y jamás le había sucedido tal cosa.

Suspiró aliviado cuando divisó, cerca de ellos, su casa y su hermoso jardín lleno de rosas blancas, las cuales resplandecían con la luz proveniente de la luna, y que brillaban como nunca.

Souta se había quedado dormido, y Bankotsu lo llevó en brazos hasta su habitación en el segundo piso. Los grillos hicieron notar su presencia al hacer sonar las pautas musicales que tan bien conocían, y que reproducían cada noche sin aburrirse en absoluto.

Cuando hizo ademán de hacer bajar a Kagome, no obtuvo respuesta por parte de la chica. Esto le sorprendió, ya que parecía que lo único que quería esa joven era alejarse lo más rápido de él.

Volteó su rostro, y observó que la joven frente a él dormía placidamente.

Al ver su cara tan llena de paz, tan hermosa e inocente, una ternura inmensa lo invadió y sintió unas enormes ganas de abrazarla y llenarla de besos y de caricias. Pero se tuvo que conformar, cuando al rozarle suavemente la mejilla con el dorso de su mano, ella se despertó y lo miró con ojos expectantes. Seguramente quería una respuesta, y él no estaba en sus 5 sentidos para dársela en ese momento.


Hola a todos!
Espero que les haya gustado el cap; y gracias a todos por sus reviews!

Adios! Besos y abrazos