Capitulo 5

— ¿Me... me podría ayudar a bajar del caballo, por favor? — la timidez que profesaba su voz sorprendió a Inuyasha. ¿Desde cuando ésa mujer era tan… tímida e inocente?

Asintiendo, bajó del caballo y se volvió hacia Kagome, quien lo miraba fijamente a los ojos.

— ¿Tiene frío, Kagome? — dijo, al ver que Kagome comenzaba a temblar.

La sonrisa de Inuyasha era tan cálida que reconfortó a Kagome e hizo que le sonriera abiertamente. De verdad que se había equivocado al juzgar a aquél hombre. Ahora se daba cuenta de que a él le importaban el bienestar de su hermano y el de ella. O eso era lo que le parecía...

Sin mencionar que era el hombre más apuesto y viril que había conocido en toda su vida y...

— ¿Kagome¿Me escucha? — La voz de Inuyasha la sacó de sus pensamientos, sobresaltándola de sobremanera, provocando que se tambaleara sobre el caballo y que perdiera equilibrio, lo cual seguramente haría que terminara con la cara barriendo el suelo.

Cuando sintió que se caía, cerró con fuerza los ojos, esperando la llegada del dolor punzante en su trasero, pero se sorprendió al saberse en los brazos de Inuyasha y no en el polvoriento suelo de la entrada del rancho.

Llegó, sin quererlo, el recuerdo de cuando había tropezado con el escalón del tren e Inuyasha la había sostenido para no caerse.

— Parece que el destino se empeña en juntarnos. Ya ve, esta es la segunda vez en este día que se cae y yo la sostengo entre mis brazos —

Su maravillosa risa resonó por todo el patio; y sintiéndose un poco tonta, Kagome trató de zafarse del agarre de Inuyasha.

La vergüenza había anidado en su rostro y en su alma. "Pero qué tonta eres Kagome! Trata de no hacer el ridículo¿Quieres?" se había reprochado mentalmente, cuando se hubo soltado del agarre de Inuyasha.

— ¿Podemos entrar? Hace un poco de frío, y como anteriormente dijo, no quiero pescar un resfriado — su voz temblaba, al igual que su cuerpo. Realmente hacía un frío terrible.

— Claro Kagome. Pero por mientras...— se quitó su chaqueta de cuero y la colocó sobre los hombros de Kagome. Al levantar la vista, los ojos interrogativos de Kagome lo miraban fijamente.

— Espero que con mi chaqueta ya no sienta tanto frío. Normalmente las noches aquí son muy frescas, casi se podría decir que son tibias. Pero volviendo al tema; si todavía siente frío avíseme sin cuidado. No tengo ningún problema en brindarle calor si me lo pide... —

Un rubor soberbio se apoderó de las mejillas de Kagome. ¡¿Cómo podía, ese hombre, siempre hacerle sonrojar como una adolescente en su primera cita?! Eso la irritaba enormemente.

Levantando su mentón lo más alto posible, le dio la espalda a Inuyasha y se encaminó, con paso firme, hacia la casa que se divisaba a unos metros de donde estaban.

Al minuto, escuchó el galope de un caballo detrás de ella. Se sobresaltó cuando una mano la agarró de la cintura y la subió hasta el lomo del caballo.

— ¡Pero qué rayos cree que hace! Bájeme en este mismo instante o...—

— O qué. ¿Me demandará? — el tono burlón de su voz hizo a Kagome enfurecerse.

— Así es. Lo demandaré —

La risa de Inuyasha la hizo ponerse roja, pero de rabia. ¡¿Pero qué se creía ese sujeto?!

— Y dígame. ¿Cuáles son los cargos que se me presentan, señorita? —

Qué hubiera dado Kagome para borrar esa sonrisa tan descarada de los labios de ese sujeto. Pero ciertamente, no podía. Tendría que soportar su detestable presencia por… solo… ¡Esta noche!

Al pensar en que ya no volvería a ver la detestable cara de ese hombre la llenó de alegría y regocijo.

Sonrió abiertamente a Inuyasha, mostrando la más bella de sus sonrisas, la cual encantó a Inuyasha, no pudiendo quitarle los ojos de encima.

— ¿Sabe qué? Olvídelo. Creo que me he portado como una niña malcriada esta noche. Le agradezco que nos haya ofrecido su casa a mí y a Souta esta noche. Y también por haberme ayudado a no caerme al suelo cuando tropecé con las escalas del tren. Espero no haberle ofendido en alguna ocasión con mis comentarios algo sarcásticos... —

Inuyasha estaba totalmente anonado. La misma mujer que le había insultado y menospreciado, ahora le pedía perdón y le agradecía? Esto sin duda que era extraño. Pero más que eso; extraordinario. Pero lo que más le llamó la atención a Inuyasha, fue el radical cambio de actitud de la joven para con él.

— No se preocupe Kagome. Para mí ha sido todo un placer el ofreceros mi casa esta noche, como lo ha sido el impedir que cayera al suelo. Y también el ofreceros mi chaqueta como abrigo para el frío... — dijo, al ver que Kagome se acurrucaba en el interior de su chaqueta color café. Se veía tan hermosa e indefensa sentada en su regazo que jamás hubiera pensado que esa misma mujer estuviera en ese pueblo solo con un único propósito; el de cobrar la herencia del General Wolf después de haberse casado con él en su lecho de muerte.

Con un ademán avisó a Kagome que ya podían bajar y se preparó para bajar a Kagome. Pero no fue necesario, ya que ella saltó del caballo y le dirigió una cálida sonrisa.

Talvez esa no fuera la forma más ortodoxa ni delicada y femenina para bajar de un caballo, pero era eficaz y del agrado de Kagome. Siempre lo había hecho cuando era pequeña, y lo seguiría haciendo hasta que se volviera una vieja decrépita, o algo por el estilo.

— Vaya, creo que si las personas de aquí la vieran haciendo eso se sorprenderían enormemente. Aquí las mujeres normalmente, si es que se atreven a subir a un caballo, esperan a que los hombres las bajen...

— Losé. Pero si le soy sincera, nunca me ha gustado depender de nadie para hacer alguna cosa. Cuando era más pequeña, los hombres que trabajaban en mi casa me llamaban "El muchachín", debido a que no me comportaba como una niña debería comportarse. Pero bueno, esa es otra historia. ¿Seguimos? —

— Claro — y dicho esto, bajó de la montura de su caballo y le dirigió una fugaz mirada a Kagome, quien seguía acurrucada debajo de la chaqueta de Inuyasha.

Siguieron por un estrecho camino hecho con piedras, que luego los llevó a un sendero lleno de flores. Kagome en su vida había visto tanta belleza junta. El brillo que desprendía la luna parecía alegrar a todas aquellas flores, y a ella misma también.

Hacía tanto tiempo que no sentía esa paz, que no se permitía disfrutar de la belleza de nada, y de la calma que irradiaba la noche.

Cuando llegaron a la casa de Inuyasha, Kagome se quedó boquiabierta. Jamás en su vida había visto una casa tan grande. Ni tan bonita. Su casa, con suerte tenía dos pisos y una pequeña televisión. Y en comparación con lo que vio cuando entró a la casa de Inuyasha, su humilde y enana casita en la pradera parecía una choza al lado de la de Inuyasha.

Todo estaba amueblado con piezas de roble, tan lindas y sofisticadas. En el techo colgaban lámparas hermosísimas. Las paredes estaban adornadas con diseños exquisitos para la vista, y la casa era tan espaciosa que Kagome se sintió diminuta comparada con todo a su alrededor.

— Bueno, y como ve, este es mi humilde hogar — dijo Inuyasha, al momento que se tiraba a uno de los sillones situados en la sala.

— ¿A esto le llama "humilde"? — la incredulidad de Kagome era casi palpable.

— Bueno... sí. Comparada con las otras viviendas de los habitantes de este pueblo es humilde. Y mucho. Aquí las personas creen que al tener una casa enorme y llena de lujos se les puede denominar como "ricachones". Toma por ejemplo a la familia Hakaku. Ellos tienen la casa más grande y lujosa de este pueblo y déjeme decirle Kagome, que se les considera la familia menos honrada y la más odiada del pueblo. Explotan a sus trabajadores de una forma terrible, y roban a los más pobres. Así es como pueden darse esos lujos y poder seguir viviendo como viven hasta este momento.

Esto sorprendió a Kagome. ¿Cómo podían robar a los más necesitados para su propio beneficio? Eso era inhumano. Aunque no era de sorprenderse, ya que cuando era pequeña siempre había oído discutir a las personas de su villa sobre lo poco solidario y sensible que era el gobierno.

Aunque Kagome y su familia no vieran en la miseria misma, tampoco se podía decir que vivieran con lujos y comodidades. La infancia de Kagome fue muy dura, y le entristecía recordarla.

Justo cuando meditaba sobre el egoísmo de las personas, una señora de avanzada edad apareció por entre la puerta. Su rostro, aunque rugoso por la edad y el tiempo, parecía todavía mostrar cierta vivacidad. Sus ojos grises brillaron y bailaron cuando divisó la figura de Inuyasha en el sillón, y dio un sonoro grito cuando Inuyasha volteó a verla.

— ¡Mi pequeñín! —Y dicho esto, se abalanzó sobre Inuyasha rodeándolo efusivamente con sus brazos.

Inuyasha trataba de soltarse del agarre de la señora, mascullando juramentos, y dando patadas al aire.

— ¡Kaede, por favor¿No ves que me estás avergonzando enfrente de la dama aquí presente? —

— ¡Oh, pamplinas! —

Y cuando la mujer lo soltó, los dos cayeron al sofá, riéndose como unos chiquillos.

Al ver que Kagome parecía no entender nada de nada, Inuyasha se sentó sobre el sillón, arrastrando a la señora consigo, y le dedicó una hermosa sonrisa a Kagome.

— Ésta es Kaede, la cocinera, la ama de llaves, la que hace las comprar de la casa y la que pone orden cuando ve que alguien va a romperle los muebles.

— Y tu niñera. Que no se te olvide muchacho — Al oír esto, Inuyasha lanzó un bufido y las dos mujeres se rieron al unísono.

Al finalizar el espectáculo, Kaede se tuvo que levantar e ir a la cocina, con la excusa de que tenía que terminar de lavar los platos de la cena. Cuando hubo entrado a sector culinario, Kagome levantó su mirada y buscó la de Inuyasha, casi sin quererlo. En el momento en el que sus dos miradas coincidieron, Kagome sintió que un escalofrío le recorría la espalda, y terminaba en...

— ¿Querida, qué prefieres, darte un baño o que te sirva la cena?

En el momento que resonó la voz de Kaede por la sala, Kagome dio un brinco, y toda la magia de aquél momento se esfumó como la niebla en un amanecer.

— Gracias señora, pero creo que optaré por darme un baño y acostarme. No tengo mucho apetito esta noche — Y dicho esto, le brindó a Kaede una tímida sonrisa.

— Por favor querida, no me llames señora. Para ti soy Kaede. O nana si lo prefieres. Eres tan linda... ¿Cómo te llamas muchacha?

— Kagome Higurashi

—Oh, no eres tú la viuda del...

—Del General Wolf. Sí Kaede, esa misma.

Un silencio algo incómodo inundó la habitación. La tensión se sentía por todo el lugar, y parecía que nunca iba a acabar, cuando un carraspeo por parte de Inuyasha rompió todo ese mutismo.

— Kaede, lleva a la señorita a su habitación para que se duche y descanse un poco. Ha sido un viaje agotador y creo que un caldo de pollo le sentará bien. ¿O prefiere un té Kagome?

Al oír la acariciadora voz de Inuyasha, Kagome sintió un temblor dentro de ella. Jamás le había ocurrido semejante cosa, y estaba decidida a no experimentarlo de nuevo.

— Um, creo que el té me sentará mejor, gracias — el nerviosismo comenzaba a hacer presencia en la voz de Kagome, lo cual no pasó desapercibido para Inuyasha ni mucho menos para ella misma.

— Bueno Kaede, ya oíste a nuestra invitada. Encárgate de que nuestra huésped se sienta cómoda. Mientras, yo voy a ver qué ha ocurrido con los sementales que fueron encontrados en el bosque.

Besó a Kaede en la mejilla al despedirse, y le guiñó un ojo a Kagome, quien apartó inmediatamente la mirada, completamente azorada.

Esto, no pasó inadvertido para Kaede, quien, dándose la vuelta, rió para sus adentros.

— Ay, estos jóvenes de hoy. Sí que les gusta hacerse del rogar — pensó la anciana.

Pero en su mente, esto no le preocupaba en lo absoluto, ya que tenía un plan para que aquellos tórtolos se enamoraran. Claro, si es que no lo estaban ya.

Si ese era el caso, lo que haría esa noche seguramente les daría el empujoncito que los dos necesitaban.

Y con su magnífico plan en la cabeza, marchó hacia la cocina, para hacer el té que le habían pedido.


Perdon por el retrasito ... es que se me seco el cerebro de tanto chamuyar xD

Pero bueno, aqui esta el super cap; espero que les agrade y disculpen si no fue muy ... creativo el cambio de actitud de kagome ... es que de verdad que se me agotaron las palabras y los recursos para seguir con la conversacion con Inuyasha u,u ..

Bueno, me despido, y a todos UN FELIZ Y PROSPERO AÑO NUEVO!

Besos y abrazos, su amiga Kamy : D