Capitulo 6
Cuando Kaede hubo marchado hacia la cocina, Kagome se sentó pesadamente en el sofá, como anteriormente había hecho Inuyasha. Estaba cansada y lo único que deseaba en ese momento era poder tomar un baño con agua caliente y meterse a la cama. Claro, junto con otras cosillas que también deseaba, como no ver más a ese Inuyasha.
Odiaba verlo, ya que se ponía colorada y aunque no quisiera admitirlo, el corazón le palpitaba como un loco. Muchas veces oyó a su madre hablarle sobre el amor cuando era más pequeña... y ésta había mencionado que esos eran los síntomas del enamoramiento. Pero… ¿Estaría ella enamorada de Inuyasha?
"¡Pamplinas!" Pensó, pero en ese mismo instante dejó de reprocharse el pensar en aquello, recordando momentos tan lejanos que ya casi no recordaba del todo...
— Mamá¿Porqué el vecino se comporta tan raro últimamente? Lo veo que se le caen constantemente las bolsas de las compras; que tararea canciones todas pasadas de moda y lo más raro; cuando uno lo saluda, él sonríe y responde cantando. Normalmente no saluda, y si lo hace, es sólo un gruñido algo hosco...
— Eso es porque está enamorado, cariño.
— ¿Enamorado¿Y qué rayos es enamorado?
— Estar enamorado es la cosa más linda del mundo, Kagome. Uno siente mariposas en el estómago constantemente, y siente que anda por las nubes... sin prestar atención a nada. Una vez, cuando yo y tu padre estábamos enamorados, éste chocó dos veces con un poste de electricidad en la calle. A la semana lo tuvieron que llevar al hospital, ya que se había roto un brazo.
— Entonces estar enamorado es malo¿no? Por que si uno choca con cosas y le entran mariposas en la panza... no creo que sea bueno...
Sounomi rió por lo inocente que podía ser su pequeña hija.
— No, cariño. No es malo... es muy bueno. Y aunque las personas choquen con cosas, no les toman tanta importancia. Es tan bonito el amor Kagome... pero bueno, con el tiempo tu ya sabrás qué es el amor y el estar enamorada. Vamos a ver ahí si no chocas contra la pared de tu habitación — esto último lo dijo riéndose, recibiendo un golpe con un cojín por parte se su hija.
— ¡Mamá! Yo nunca voy a enamorarme. No quiero tener un ojo morado como el vecino, y tampoco quiero tener mariposas volando en mi panza. Eso es raro y totalmente asqueroso.
Y ahora todo eso le parecía tan lejano. Su madre ahora se encontraba muerta, y ella tenía su corazón encerrado en una jaula con un candado gigante, que talvez nunca se abriría.
Sonrió al recordar todas las tardes que pasaron ella y su madre en la pequeña terraza de su humilde casa, hablando sobre lo que sería su vida con el hombre con quien se enamoraría y luego se casaría.
Sonrió ante esos recuerdos. Y pensó cuán lejos estaba de aquellos. Jamás se había enamorado de nadie, y aunque no lo quisiese admitir, estaba muy ilusionada con la aparición de Inuyasha en su vida. Cuando pensaba en él, el corazón le daba un vuelco y se sentía tan feliz. Pero cuando estaba con él, el corazón le latía a mil por hora, y aunque costase admitirlo, la presencia misma de Inuyasha la alegraba y la llenaba de una paz y de una seguridad que jamás hubiese pensado que sentiría jamás.
Claro, aunque no lo demostraba en lo absoluto.
Con un ademán, se levantó del sillón para dirigirse a la cocina. Ahora más que nunca quería ese baño y si no lo conseguía en ese preciso momento iba a volverse loca.
Al entrar a la cocina, un olor a café asaltó sus canales respiratorios. Cómo le gustaba el olor a café…
— ¡Oh, muchacha! No te hubieras levantado; el té ya está listo. Lo que pasa es que ésta tetera ya está en sus últimos años. No se porqué Inuyasha no ha comprado otra nueva... Pero bueno, qué le vamos a hacer. Ven querida, te llevaré a tu habitación para que te des un baño calentito y te metas a la cama. El té yo te lo traigo luego.
Y agarrando el brazo de Kagome, tiró de él, llevando a Kagome fuera de la cocina, hacia el hall.
Subieron por una escalera de mármol, muy bonita pero sencilla, al igual que todo en esa casa. Y llegaron a un pasillo en donde había varias puertas. Al final de este había una ventana con cortinas y cerca de ésta, un jarrón con flores. Esto daba un ambiente de tranquilidad y fluidez que a Kagome simplemente encantó.
Con una sonrisa entró a una de las puertas del pequeño y corto pasillo. Dentro, se maravilló con todo lo que había en esa habitación. Los muebles eran hermosos, todos hechos de roble, y la cama con dosel daba un aire de belleza y majestuosidad que nunca había visto. Pasó su mano sobre la hermosa colcha dorada, sintiendo la suavidad de ésta. Ella jamás había tenido una cama así. Nunca se había permitido soñar con algo así. Y dándose la vuelta, vio cómo Kaede la miraba con unos ojos tan cálidos y llenos de ternura que la hizo sentir como en casa.
Le sonrió a la vieja mujer, quien abrió otra puerta al fondo de la habitación, para dejar correr el agua en la tina.
— Bueno querida. Ésta es tu habitación. Espero que te haya gustado — el tono meloso de su voz no importó a Kagome, quien dirigiéndole una de sus más lindas sonrisas afirmó:
— Es preciosa. Nunca pensé que trataran así a los invitados. Pareciera que ésta habitación fuera la del dueño, ya que a pesar de ser sencilla tiene muchos objetos de valor...— y rió ante su ocurrencia.
Al oír esto, Kaede hizo un carraspeo, al tiempo que le brindaba a Kagome una sonrisa algo forzada.
— Mejor te dejo cariño, para que te puedas bañar tranquila. Aquí está tu té, y procura tomártelo antes de que se enfríe. Cualquier cosa me pegas un grito¿Bien?
— Jaja, bien Kaede.
Y dando media vuelta, salió de la habitación, dejando a Kagome parada en medio de ésta.
Cuando la anciana hubo cerrado la puerta, Kagome fue a ver cómo estaba el agua de la ducha.
Cuando hubo comprobado que el agua estuviese caliente, se desvistió y se metió dentro de la tina con espuma.
— Ah... que rico — pensó, sintiendo cómo el agua caliente comenzaba a hacer efecto en sus tensos y adoloridos músculos. Dejó que la espuma le hiciera cosquillas por todos lados, hasta que sintió que recobraba las fuerzas perdidas y que el sueño la vencía.
Salió de la ducha, se arropó con una toalla y se miró en el espejo de aquel hermoso y extenso baño. Lucía cansada y algo demacrada, pero eso no le importaba mucho. Talvez con una noche de sueño su rostro estaría presentable ante la notaria, al siguiente día, para leer el testamento del difunto.
Con una última mirada hacia el esplendoroso baño, salió a su habitación. Justo cuando se tiraba sobre la esponjosa colcha, recordó algo. Muy importante.
¡No había traído su maleta!
Se reprochó el ser tan idiota. ¡Cómo se había podido olvidar de su maleta! Era algo muy tonto de su parte. Pensó en llamar a Kaede para pedirle algo de ropa para dormir, pero vio el reloj situado sobre la mesita de noche, y éste marcaba las 2:30 de la mañana. Era ya muy tarde, y no quería molestarla.
Con un suspiro, se metió en la cama, completamente desnuda. Hacía años que no dormía así, y la verdad es que se sentía muy cómoda. Además, esa habitación era para ella sola, y no tenía que temer que alguien entrase por la puerta y la descubriera. Así que, dando un bostezo, apagó la luz de la lámpara de mesa y se acurrucó entre las sabanas y su cómoda almohada.
En el momento en el que colocó su cabeza sobre la almohada, un aroma asaltó todo sus sentidos por completo. Era un aroma que había olido antes... tan exquisito y embriagador... pero... ¿En donde?
Cerró los ojos y se dejó llevar por todas las sensaciones que la embriagaban en ese momento, y sin quererlo, se quedó profundamente dormida, con la leve impresión de que era el perfume de Inuyasha el que estaba impregnado en la almohada, y que eran sus labios y no el borde de la almohada los que besaba en ese momento.
Bueno, aqui esta el cap!
Espero que lo disfruten y pongan reviews! Jeje
Adiu! Besos y abrachos a todos! Kamy
