Promesa
Oishi & Momoshiro G Drama ligero
484 palabras
Tema #4 Medicina
Oishi puede querer mucho a Momoshiro, pero sabe que hay cosas que el más joven no comprende. No sólo el porqué el restaurante últimamente cierra antes que de costumbre, porqué no puede quedarse después de práctica en la escuela, y porqué no es capaz de derrotar a Tezuka. En parte esa terquedad, disfrazada de ignorancia, ingenuidad y capricho, es lo que hace importantes los días con su kohai. Es divertido, y en momentos de estrés el vicecapitán sí que lo agradece. Cuando uno vive cuidando durante varias horas el bienestar de sus mejores amigos y compañeros, y en la mañana restante vela por mantener un nivel de estudio lo suficientemente alto para enorgullecer a sus padres, por la tarde continúa su práctica, hace la tarea, y cuida de estar con su familia un rato si no sale con alguno de sus amigos o lo invita a quedarse, todo tipo de divertimento es recibido con los brazos abiertos.
La risa de Momoshiro, las ocurrencias de éste, las tonterías que de vez en cuando suelta, incluso su trato un poco rudo en ocasiones, hace la carga menos pesada a hombros de Oishi, como lo hace la sonrisa socarrona de Echizen, la seriedad y persistencia de Kaoru, la calma de Tezuka, la alegría de Eiji, la gentileza, timidez y luego fuerza de Kawamura, la fortaleza de Fuji, la inteligencia de Inui; la tontería de los más jóvenes y la competición de los mayores. Lo que preocupa a Oishi también le hace sonreír.
Es por esto que es casi obvia la pregunta de Momoshiro.
-¿Has dejado de tomar pastillas, Oishi-senpai?- los ojos verdes le miran con sorpresa, una última vez, antes de retomar un tanto de gentileza, comprensión y agradecimiento; al momento de asentir.
-Bueno, prometí que lo haría ¿no¿A qué viene la pregunta?-
-Estaba preocupado, eso es todo.- los hombros se alzan antes de bajar, y Momoshiro se aleja raqueta en mano, brindándole una última mirada de gracia y una sonrisa antes de salir al terreno de juego.
Oishi comprende que la preocupación del menor, tal y como la propia, es por un bien mayor; pero no logra evitar una mueca triste en sus labios, mientras sus dedos se deslizan en el bolsillo de la chamarra de Seigaku y saca un par de píldoras, las que discreta y rápidamente se lleva a los labios, en caso de que alguien más lo vea. Después toma un largo trago ansioso de agua que deshace amargamente la medicina al inicio de su garganta, y estos pequeños granulillos bajan rápido a su estómago. Pronto estarán en su sangre, antes del partido estarán en su sistema nervioso.
Por mucho que lo quiera, a él y a los demás, sabe que Momoshiro no entiende que en ocasiones la felicidad y el cariño no es suficiente. También necesita seguir cuerdo.
Antes de salir de los vestidores procura guardar el frasco de calmantes al fondo de la mochila.
