Capitulo 16
— ¡Kagome¡Si no abres esa puerta en los 3 segundos siguientes juro que voy a derrumbar la maldita puerta y no voy a ser yo precisamente quien pague los daños...!
Pero nadie respondió, así que Inuyasha tomó una bocanada de aire y se lanzó hacia la puerta, abriéndola de un golpe y causando un gran estremecimiento en la habitación.
Cuando entró, no pudo distinguir mucho a su alrededor. Todo estaba en penumbras. A tientas pudo encontrar la lámpara de mesa, y cuando lo hubo hecho, descubrió a Kagome tendida en la cama, sumida en un profundo sueño.
"Está dormida" pensó Inuyasha, soltando un suspiro. Pero luego ya no estuvo muy seguro de que la idea de que Kagome se encontrase dormida le alegrara mucho.
"No podré explicarle lo que sucedió…" recorrió con la mirada el cuerpo de la muchacha y una fuerte ola de calor recorrió su cuerpo.
"Solo a un imbécil como a ti se le ocurriría pensar en algo así en estos momentos" se reprochó, al sentir que su entrepierna adquiría fuerza propia. Desechó todo los pensamientos y deseos que sentía en ese momento y tomó a Kagome en brazos para arroparla con las sabanas de la cama. Pero al tomarla en brazos vio que ésta se retorcía y hacía una mueca de dolor cuando él le rozó el hombro.
Se sentó sobre la cama y acomodó a Kagome entre sus brazos. La miró fijamente, admirando todos sus rasgos y sintió que se enamoraba de sus labios, de su cabello... y de su aroma tan exquisito. Sonrió, sintiendo la suave y tersa piel de Kagome bajo sus manos, y comenzó a sacar las cubiertas y sabanas y meterla a la cama. Pero al tocar nuevamente su hombro, sintió que algo le había cortado el dedo. Miró su mano derecha y precisamente, en su dedo índice había una cortadura muy pequeña.
— Qué demonios... — gruñó, y bajó el tirante del pijama de Kagome, y pudo ver que cerca del hombro tenía un pedazo de vidrio incrustado.
— ¿Cómo... — comenzó a preguntarse, y como por arte de magia recordó cuando las ventanas de la hacienda del general estallaron y los pedazos de vidrio volaron hacia todas direcciones. Seguramente una le debió llegar a Kagome en el hombro y no se hubo dado cuenta la pobre.
La tendió boca abajo y examinó la zona herida. Estaba muy inflamada y el pedazo de vidrio incrustado parecía introducirse cada vez más en su piel. Inuyasha fue a su oficina en la planta baja y tomó su botiquín.
Volvió a la habitación de Kagome y con sumo cuidado, le extrajo el vidrio incrustado, desinfectando inmediatamente la zona herida con alcohol. Al pasar repetidas veces el pequeño algodón con alcohol, vio que Kagome comenzaba a moverse inquieta en la cama. Alejó el algodón de la herida y lo puso sobre el buró, enfocando la mirada nuevamente sobre la muchacha.
Dio un largo suspiro y se dedicó a vendar la herida para que sanara mejor y que cuando Kagome se moviese en la cama no pasara a llevar la zona afectada. Cerró su botiquín y lo dejó en el suelo.
Tomó a Kagome con el mayor cuidado posible y la arropó como un padre arropa a su hija pequeña en la noche. La observó detenidamente, sentado en el borde de la cama, y sintió que una ternura inmensa le albergaba el corazón, y con una leve sonrisa se acercó a Kagome, lo suficiente para rozarle suavemente los labios entreabiertos y luego dirigirse a su frente para depositar un largo y tierno beso. Con movimientos lentos y silenciosos tomó su botiquín y salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente para no despertar a Kagome.
Bajó hasta la biblioteca y para su sorpresa no encontró a Kikyo por ninguna parte, por lo que concluyó que se había marchado a su casa. Dejó su botiquín sobre la mesa y se encaminó con pasos lentos hacia estante donde guardaba todos los tragos de la casa. Sacó un vaso y lo llenó con un poco de Brandy, para luego acercarlo a sus labios y bebérselo de un golpe.
Sintió el escozor en su garganta provocado por el trago, pero no le importó. Siguió sirviéndose más y más, sin quedar del todo satisfecho y al final terminó tirado sobre un sofá, pensando en todo lo que había ocurrido ese día.
Pero su mente solo parecía revivir los momentos en donde había encontrado a Kagome parada frente a él, mirándolo con esos ojos grandes y acaramelados. Y lo que sintió en ese momento jamás lo olvidaría. Fue como si el corazón le hubiese dado un vuelco y mil dagas se le hubieran clavado dentro. Se removió inquieto en el sofá y cerró los ojos, tratando de alejar de su mente esos recuerdos y el rostro angelical de Kagome que aparecía siempre, como un dulce tormento. Así que dejó que el alcohol hiciera su trabajo, y se dejó sumir en un profundo sueño.
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Eran cerca de las 11 de la mañana cuando los rayos del sol alcanzaron el rostro de Kagome, haciendo que abriera los ojos lentamente y comenzara a estirarse. Dio un sonoro bostezo y se revolvió en la cama, rozando sin querer su hombro herido y soltando doloroso gemido. Rápidamente acercó una mano para tocar la zona afectada, pero lo único que pudo tocar fue el pequeño vendaje puesto por Inuyasha la noche anterior.
Qué raro... pensó, luego de tocar el vendaje. Estaba segura de que eso no estaba el día de ayer... pero bueno, ese día no se sentía con ganas de pensar ni de razonar, para nada.
Sentía ese típico escozor en los ojos después de haber llorado por mucho tiempo, y de repente, la cruda y cruel realidad de la noche pasada la golpeó de súbito. Todos los recuerdos de ayer llegaron a su mente y sintió que una tristeza profunda la embargaba, junto con un coraje tremendo. ¡Qué le importaba a ella la vida amorosa de aquel sujeto fanfarrón y arrogante! Soltó un sonido parecido a un gruñido/resoplido exasperado y se metió al baño para tomar una ducha.
Cuando salió del baño, sintió todos los músculos de su cuerpo relajados, excepto la parte en donde estaba la herida, claro. Antes de meterse a la ducha, se había sacado el vendaje para ver qué era lo que tenía debajo, y se asombró un poco al ver la herida en su hombro. ¿Cómo rayos se había hecho eso...¿Y porqué tenía una venda si no recordaba haberse puesto ninguna?
Estaba demasiado confundida, pero no le dio mayor importancia al asunto. Además, tenía cosas mucho más importantes en qué pensar, como por ejemplo, qué servirían ese día de desayuno. ¡Estaba muerta de hambre...! Eligió un vestido simple, de color azul marino que le llegaba hasta un poco más debajo de las rodillas; se peinó el cabello y se lo amarró en una alta coleta; se calzó unas sandalias a juego y salió de la habitación hecha un completo bombón, como decía su abuela.
Bajó casi corriendo las escaleras y llegó en un santiamén a la cocina donde encontró a Kaede dándole comida a un gato. Le tocó suavemente el hombro, con la intención de hacer notar su presencia, pero lo único que provocó con esa acción fue que la anciana diera un brinco y gritara despavorida.
Entre risas, Kagome le dio unas palmaditas en el hombro para tranquilizarla un poco y le dijo que era Kagome. al darse la vuelta y cerciorarse de que en verdad sí era Kagome la que la había asustado, soltó un largo suspiro y colocó ambas manos sobre el pecho.
—Ay por Dios niña...¡No ves que estoy muy vieja para estas cosas de andar asustando a las personas...!— dio otro suspiro y le regaló a Kagome una sonrisa. —Pero qué bobadas estoy diciendo, mejor siéntate a comer querida, que pronto serviré el desayuno — dicho esto arrastró a Kagome fuera de la cocina y la sentó en una silla del comedor. Le dedicó otra sonrisa y se marchó.
Hasta ese momento no se había percatado de la presencia de Inuyasha, quien al igual que ella, estaba sentado en la mesa esperando su desayuno, hasta que recorrió con ojos curiosos la gran estancia y posó su mirada en una ambarina.
Sintió un leve hormigueo en el vientre cuando la mirada de Inuyasha se posó sobre su escote y comenzó a descender descaradamente hacia abajo hasta volver al mismo punto de partida. En ese momento sintió que sus mejillas se volvían coloradas de repente y que una furia inmensa se apoderaba de ella. ¡Pero qué descaro...! Además, todavía tenía la desfachatez de mirarla a los ojos y sonreírle... enfocó la vista en la silla al frente de ella y trató de calmarse. Inspiró profundamente unas cuantas veces antes de serenarse y se dejó caer en el respaldo acolchonado de su asiento. Este sujeto no la haría salirse de sus casillas, no señor...
Finalmente llegó la comida y varias mujeres comenzaron a servirles el desayuno. Había tostadas, mermelada, dulce de membrillo y de leche; jugo de naranja, de frutilla y de manzana, además había una jarra de leche al centro y algunos huevos fritos con tocino. Al ver tanta comida el estómago de Kagome comenzó a gruñir, pidiendo que lo alimentaran.
Cuando toda la comida estuvo dispuesta sobre la mesa, las sirvientas tomaron sus bandejas y se fueron dejando a Kagome e Inuyasha solos en el comedor. De pronto, la figura regordeta de Kaede apareció por la puerta de la cocina; en sus manos llevaba un canasto repleto de frutas.
— Estas chiquillas... ¡siempre se olvidan de traer la fruta! Parece que sus madres nunca les han enseñado que la fruta es mucho mejor que estas cochinadas...—exclamó, apuntando con un dedo acusador al plato de tocino. En ese momento Kagome se acordó de su hermano, y que no lo había visto esta mañana.
— Kaede, disculpa. Por casualidad... ¿sabes donde está mi hermano? Es que no lo he visto esta mañana y me preocupa que ande solo ya que no conoce el pueblo...
— ¡Oh, si! Se me había olvidado por completo. Tu hermano se levantó muy temprano en la mañana y se fue a recorrer el pueblo en caballo. Pero no te preocupes linda— la tranquilizó, al ver la cara de preocupación que ponía Kagome— Bankotsu lo está acompañando. ¿Sabes? Esos dos se llevan de maravilla. Me pregunto cómo le habrán hecho para vivir tanto tiempo separados si ya parece que ni se pueden despegar uno del otro! Bueno, me quedaría a charlar chicos pero creo que ese pavo en el horno me necesita...— y dicho esto, dio media vuelta y se adentró en la cocina, junto con las otras muchachas.
— Parece que a tu hermano le gusta cabalgar...
Giró la cabeza y lo vio untando una tostada con dulce de leche. Cuando hubo terminado, Kagome todavía no conseguía quitarle los ojos de encima... era como si Inuyasha fuera un imán y ella una pieza de hierro que inconscientemente era atraída por su fuerza magnética...
Dejó el cuchillo en su plato y le ofreció la tostada a Kagome, con una sonrisa radiante. Ella negó la cabeza, tratando de no parecer descortés ni nada, lo que pareció funcionar ya que la sonrisa de Inuyasha seguía tan radiante como antes. Seguido, le dio un mordisco.
— ¿Te gustan los caballos, Kagome? — Ella asintió con la cabeza. Esto hizo que Inuyasha hiciera una mueca. ¿Cuándo le sacaría una palabra a esta mujer?
— ¿Quieres ir a dar un paseo conmigo luego de terminar el desayuno? Mi idea era que tu hermano también nos acompañara pero veo que se nos adelantó. ¿Qué dices?
Kagome lo miró a los ojos y vio que éstos tenían un brillo peculiar. Sonrió y se acordó de lo que había pensado de Inuyasha en su recámara. Talvez no fuera un tonto arrogante del todo...
Con una sonrisa asintió. — Me encantaría— Y acto seguido tomó una tostada y la untó con mermelada. Abrió la boca y le dio un mordisco, dejando en sus labios un rastro de mermelada de frutilla que inconscientemente lamió con la lengua. Inuyasha, al ver esta acción sintió que un fuego arrasador recorría sus venas, y que un remolino de emociones de desencadenaban dentro de él. Trató de ignorarlos y se removió incómodo en su asiento.
— ¿Qué ocurre? — Kagome había parado de comer para mirarlo con una cara llena de preocupación. — Um... parece que un mosquito me picó recién… eso es todo— mintió, para luego frotarse la mano derecha e inspeccionarla, para darle mayor credibilidad al asunto.
— y bueno...— comenzó Inuyasha, tratando de romper el silencio tan incómodo que se había apoderado la habitación— ¿Cómo sigue tu herida? La noche de ayer no se veía muy bien... pero supongo que la hinchazón ya ha bajado¿no? — le dio un sorbo a su jugo de manzana.
Al oír hablar de su herida, Kagome paró toda acción que estaba realizando en ese momento y se giró para quedar frente a Inuyasha.
— ¿Cómo sabe usted sobre mi herida?
— Bueno, porque yo la vendé…
— ¿Cuándo? — exigió saber Kagome.
— Ayer en la noche, cuando entré a tu habitación.
Hola a todos! Sorry por la demora... lo que pasa esq he estado enferma toda la semana del 25 y toda´via parezco no mejorarme :(
Bueno, aqui tienen el cap largoo que me han estado pidiendo muchas de ustedes, asi que espero que les guste mucho y que lo disfruten!
Besos y abrazos, su amiga Kamy
