Estas historias son autoconclusivas. De no ser que esté indicado así, no están relacionadas entre sí.

Vacío

Momoshiro & Oishi PG-13 Angst, amistad.
462 palabras
Tema #26 Amor

Tarde o temprano iría a suceder, es de todos los que lo conocían, certeza.
No hay necesidad de preguntar porqué, si hubiese podido hacerse a un lado, si el conductor hubiese podido frenar dos segundos antes. Los detalles no importan, las cosas son como son, él también. A nadie sorprende del todo aunque pocos comprenden, y su ausencia deja tal hueco que aunque es noticia pronto su nombre deja de ser pronunciado en los pasillos de Seigaku. El club para actividades durante una semana, y cuando regresa lo hace en un silencio apenas interrumpido por cortas y secas órdenes que no encuentran contestación. Ya no existe aquella voz consintiendo a los de primero y segundo año, ni se escuchan pasos apresurados cada que algo extraño sucede.

Cuando Momoshiro salta, responde una pelota, se tuerce el tobillo y cae sobre su rodilla, ninguno avanza primero, todos quedan en aquel mismo lugar, esperando a Oishi, viendo al joven de segundo año permanecer en la misma posición por largos segundos hasta que halla fuerzas para reponerse. Es entonces cuando Kawamura despierta de su estupor, corre a ayudarle y le lleva a la enfermería bajo mandato de Tezuka.

Mientras es curado, Takeshi observa por la ventana las canchas de tenis, cuyos ocupantes lucen algunos sombríos, otros furiosos, algunos más simplemente confundidos, tal si estuviesen en la oscuridad y en completo silencio. Aún aquellos que no conocieron a Oishi parecen afectados, probablemente simpatizantes por el ambiente de luto y sobriedad en el terreno de juego. El ojivioleta mira a Echizen gastándose las fuerzas contra un Fuji que responde fríamente, y sabe que no es el mismo. Tras pensarlo un poco más, él mismo no se siente el Momoshiro que era hace una semana, antes de que Oishi decidiera que la vida de un niño de séptimo era más importante que la suya, le empujara fuera del camino y recibiera en su lugar el impacto del vehículo que le hubiera arrollado. Típico de él, tan comprensible de su complejo de héroe.

Momoshiro recibe algunos vendajes, rememora el rostro de su superior, ensangrentado, y recuerda los ojos verdes parpadear, buscar al niño recién salvado y sonreír, antes de ser llevado por los paramédicos, antes de morir de camino al hospital, con Kikumaru y él sentados a un lado, tratando de hacerlo reaccionar. Por supuesto, antes del triste funeral, la lápida con su nombre y los tabloides, que, al parecer del ojivioleta, son una falacia.

Aunque hayan dicho que su superior "siempre amó a los demás más que a sí mismo", Momoshiro piensa que de haber sido así, él no los hubiera abandonado.

Echa una última mirada y cierra la ventana, creyendo que quizá es tiempo de retirarse del club.
De un momento a otro, el tenis no parece divertido.