Antes que nada... ¡Gracias! ¡Muchas gracias a todos!

Y aquí, después de un tiempo que me tomé para escribir y pensar en este cap, lo pude publicar... Espero que les guste!!

Chocolate con pimienta

¿Qué era peor? Estar sólo dos días o aguantarse la cara de sus padres todo el tiempo... Definitivamente la primera opción. Su larga jornada de clases había terminado. Era su último año... bah... el de sus compañeros... porque él hacía un par de meses que asistía. Todos los profesores estaban como locos, intentando meter en esas inútiles cabezas humanas, contenidos ridículos y obsoletos, que de poco le servirían en el futuro... pero aún así, insistían con que eso les iba a servir en la Universidad... como si él fuera a asistir... Suspiró larga y pesadamente. Caminaba en dirección a la salida, mirando despectivamente a cualquier gusano que se atreviera a mirarlo. Sabía que todos hablaban de él y que todos lo miraban por los pasillos... y eso le molestaba, pero a la vez le gustaba... se sentía importante... Sonrió para sus adentros cuando una de las chicas más populares del instituto lo miró inspeccionándolo. La miró como a todos los demás y ella giró, demostrándole cierto desagrado... Él sólo sonrió. Le encantaba hacer enojar a todos.

- ¡Haruto-kun! – la voz de Miyu le taladró el cerebro... y tan tranquilo que estaba...

- ¿Qué quieres?

- Me vino a buscar mi papá... después te llamo. Si hay alguna novedad, avísame enseguida

- No molestes – fue toda su contestación. Con ella no podía ser el mismo que con los demás. En realidad, sí lo era, pero Miyu sabía lo que él pensaba y lo que sentía... no podía fingir realmente frente a ella... Refunfuñó algo parecido a un "hasta luego" y ella se fue, dedicándole una sonrisa y un beso fugaz en la mejilla.

Perfecto, ahora estaría solo por unas cuantas horas, sin tener que aguantar los gritos de sus padres ni la incomodidad de no poder ser él frente a esa humana tonta... Caminaba solitario por la calle, con las manos en los bolsillos, las mangas de la camisa arremangadas y la mochila colgada en su espalda. Decía odiar aquel mundo, pero en realidad adoraba vivir allí.

Por fin llegó a la casa que compartía con su "adorada familia"... eso no podía negarlo ni lo hacía, extrañaba su gran mansión Kuchiki, fría y solitaria... no esa pocilga inmunda en la que lo hacían vivir... él, el gran Haruto Kuchiki, estaba viviendo como la peor de las servidumbres...

No es que la casa fuera fea ni pequeña, es más, tenía un encantador jardín en la parte de adelante y otro más grande atrás. Varias habitaciones, cocina, comedor, sala de estar, estudio, garaje, y un largo etc., pero para él todo era chico a comparación de la mansión... Abrió la puerta y vio el desastre que quedó después de la, prácticamente, huída de sus padres.

Ropa tirada en el suelo, zapatos desparramados en la entrada, papeles revueltos sobre la mesa, y todo se lo habían dejado a él para ordenar... esto sí era el colmo de los colmos...

Cerró la puerta y tiró en el sillón la mochila. Suspiró muy fuerte, terminando con un gruñido. Se acercó a la heladera para agarrar alguna bebida fría, si es que le habían dejado algo, y se sorprendió al ver colgada con un imán, una bonita nota escrita por su mamá al principio y por la horrenda letra de su viejo más abajo, llena de dibujos extraños... Abrió la heladera, agarró una gaseosa en lata y tomó la nota. Corrió los papeles de la mesa y se sentó.

"Haruto:

Te dejamos la casa a cargo porque me es urgente ir a la Sociedad de Almas a consultar algo con la capitana Unohana, por favor mantiene todo en orden por estos dos días que no estaremos. Te quiero mucho.

Mamá

Te dejo colgadas en el llavero las llaves de la camioneta, si la necesitas puedes usarla. Ten cuidado."

Arrugó el papel y lo tiró al tacho de basura, intentando embocarle... pero por supuesto, no acertó. Se dispuso a ordenar un poco el desastre de la casa.

Cuando sólo le faltaban los papeles de la mesa, sonó el móvil.

- Hola... mamá... Si... recién acabo de terminar de ordenar todo... – dijo con resentimiento – que estoy bien... si... no... No creo... está bien... adiós – colgó y tiró el teléfono sobre el sillón... Ahora no sólo lo dejaban sólo, con la casa patas para arriba y casi sin nada en la heladera, sino que también tenía que hacer cosas por ellos... ni de casualidad haría nada... si ellos se fueron, que se encarguen... Siguió ordenando de mala gana.

Sociedad de Almas

Rukia estaba sentada en una camilla. Unohana la miraba con una sonrisa mientras se quitaba los guantes. Anotó unas cosas en una planilla que tenía sobre el escritorio y se sentó.

- Bien... dime... ¿cómo te sientes?

- Todavía de ninguna manera... ¿qué es?

- No es ninguna falla, todo está en perfecto estado

- ¿Entonces...? – la cara de Rukia no necesitaba ser acompañada por ninguna palabra más.

- Si, felicitaciones

Ichigo esperaba afuera de la sala, en el cuarto escuadrón. Moría de ganas de encender un cigarrillo, pero allí no se podía fumar. Él suponía lo que estaba pasando a Rukia, pero bueno... una cosa es suponer y la otra es que lo confirmen... Además, ella usaba su gigai y bueno... cualquier falla podía alterar las cosas...

Al fin, Rukia salió, con una sonrisa muy marcada en su cara.

- ¿Y? – Rukia se acercó y lo abrazó con fuerza.

- Felicitaciones... serás papá de nuevo...

Karakura, 11 P.M.

Haruto miraba tele recostado en el sillón de la sala. Estaba aburrido y cansado. Nunca se había sentido tan solo, extrañaba los gritos de sus padres y eso lo tenía mal... ¿cómo era posible que se sintiera así por eso? Además, la tonta de Miyu no lo había llamado... Maldita sea...

Agarró el celular y le mandó un mensaje. "Ya me morí y me enterraron... ¿y a ti?"... Pero nadie contestó... Al cabo de 20 minutos decidió irse a su habitación. Ya estaba harto de todo eso... y eso que no habían pasado ni 12 horas...

- Papá... ¿viste mi móvil?

- Si... creo que estaba sobre la mesa de la cocina

- Gracias – Uryu estaba sentado, leyendo una revista de medicina en su estudio. La mansión de los Ishida era realmente imponente. Miyu no se sentía muy bien allí, extrañaba su casa en el centro de la ciudad...

Pensaba en Haruto... ¿estaría arreglándoselas bien? Seguro protestaría por estar en esa situación, solo y hambriento... Se sintió un poco mal, pero bueno... ella estaba muy lejos para ir a verlo y además ya era tarde... por suerte al día siguiente no había clases.

Encontró el teléfono y vio dos mensajes pendientes. El primero era de Noa. "Hola!! Cómo estás? Quería recordarte el festejo... no te olvides de traer pareja! ;) Nos vemos!", era un mensaje recibido a las 10:46 P.M. Miró el reloj, las 12:04... demasiado tarde para contestar... mañana llamaría a su amiga para confirmar... Además, todavía tenía que convencer a Haruto para ir a esa fiesta...

El otro mensaje era de Haruto... "Ya me morí y me enterraron... ¿y a ti?" Sonrió... siempre igual... la traducción de ese mensaje sería "Te extraño y te necesito... ¿por qué no me llamaste?" Volvió a mirar la hora, 12:05... Le respondería, seguramente estaría en su habitación, mirando el techo...

Haruto, recostado en su cama, miraba los reflejos que bailaban en el techo cuando algún auto pasaba por la calle... Maldecía en su mente a sus padres, a Miyu, a sus compañeros de escuela, a Renji, a su tío, a toda la Sociedad de Almas... a todos... incluso a él mismo por haber aceptado ir a vivir allí... ¿por qué tenía que mezclarse con los humanos?

Algo distrajo su atención... un mensaje de texto... "No creo que te hayas muerto porque sino no me estarías mandando este mensaje... ¿estás aburrido?" Humana tonta... Hacía casi una hora que le había mandado el mensaje y se atrevía a preguntarle si estaba aburrido... ¿quién creía que era? Le contestó...

"No te importa"

"Mañana temprano iré a prepararte el desayuno, así no te mueres de hambre... Seguramente no te dejaron nada en la heladera..."

"No me molestes"

"A las 9 está bien?"

"Ya estoy durmiendo..."

"Entonces a esa hora estaré en casa... No te preocupes, tengo llave... Nos vemos! Besos!!"

Maldita humana... Odiaba cuando ella ignoraba lo que le decía... Además, tendría que aguantarla al día siguiente... Pero, por lo menos le traería algo para comer... Se giró y cerró los ojos... todavía le faltaban 36 horas de martirio...

Sociedad de Almas

Un nuevo y fresco día comenzaba. Ichigo estaba impaciente, algo le molestaba sobremanera...

- Rukia... ¡Rukia! – la llamaba desesperado... ¿dónde se había metido? Esa mansión era demasiado grande, fría y solitaria... Nadie en los pasillos ni en ninguna habitación... - ¡RUKIA!

- Deja de gritar – una voz fría y seria atravesó el cerebro de Ichigo... y su corazón comenzó a latir con fuerza... Byakuya estaba parado frente a él... Veintisiete años habían pasado de la última vez que lo vio... Y no había cambiado en lo más mínimo.

- Byakuya – dijo con sorpresa.

- Kurosaki, buenos días – su voz era serena.

- Bu... buenos días - ¿qué estaba sucediendo? ¿Byakuya dándole los buenos días? ¿Qué le había pasado durante estos años? ¿Por qué no lo insultaba ni le decía que lo llame como corresponde?

- Rukia está en el comedor, vamos a desayunar – se giró y se alejó caminando por un pasillo largo, blanco y lleno de ventanas que daban a un hermoso patio, con un gran cerezo en medio. Ichigo lo siguió lentamente...

En el comedor estaba Rukia sentada a la derecha de la cabecera, dónde Byakuya se sentó. Ichigo permanecía de pie, mirando las otras 18 sillas de alrededor... ¿dónde se tenía que sentar? Rukia notó su cara de confusión y le hizo una seña con la cabeza, indicando la izquierda de Byakuya. Se sentó y permanecieron los tres en silencio hasta que una criada les sirvió el suculento desayuno. Comenzaron a comer.

- Hermano, ¿podemos hablar?

- Por supuesto

- Quiero contarte algo que tal vez te impresione un poco – Rukia se oía nerviosa y mantenía su mirada fija en el vapor que desprendía su té.

- ¿Impresionarme? – Byakuya la miraba.

- Ya sabes que estamos viviendo los tres, Ichigo, Haruto y yo, en Karakura, como una familia – tragó saliva, Ichigo la miraba con temor.

- Si, lo se

- Bueno... – lo miró a los ojos – estoy embarazada

Byakuya abrió sus ojos... ¿Embarazada? ¿Otra vez? No... No era cierto...

- ¿Estás segura de eso?

- La capitana Unohana en persona me revisó y me hizo unos análisis... Está confirmado

- Felicitaciones entonces... – miró a Ichigo con algo de rabia escondida bajo su mirada fría – a ambos

Karakura, 8:57 A.M.

Miyu había llegado. Traía una bolsa con algunas cosas que compró por el camino... Seguramente Haruto estaría muy hambriento. Abrió la puerta con sus llaves y entró despacio, no quería hacer ruido para darle una sorpresa al chico. Colgó las llaves en el llavero que está al lado de la puerta y fue directo a la cocina. Prepararía un desayuno bien completo...

Haruto dormía placenteramente. Un aroma exquisito inundó su habitación... Alguien estaba cocinando. Su instinto casi desesperado hizo que su estómago rugiera de tal forma que logró despertarlo. Se estiró con pereza y se destapó. Todavía traía puesta la ropa que había usado el día anterior. Se rascó la cabeza y se levantó. Iría a tomar una ducha.

Ya en el baño y bajo el agua, pensaba en cómo hacer para quitarse a Miyu de encima y poder huir a la Sociedad de Almas... Definitivamente el escape de su madre era anormal y algo raro pasaba... Cerró la llave de paso y salió del cuarto con una toalla alrededor de su cintura. Pero, para su sorpresa, encontró a Miyu en su habitación, con una gran sonrisa en su rostro... Odiaba esa sonrisa, porque era realmente contagiosa, y cada vez que la veía no podía evitar hacer esa asquerosa mueca con sus propios labios... Así que, contra su voluntad, él también sonrió al verla allí...

- Buenos días, Haruto-kun

- Hola – pasó por la derecha de la chica y abrió uno de los cajones de su armario para agarrar un bóxer.

- ¿Te cambiarás frente a mi?

- ¿Te importa? – el chico esbozó una media sonrisa.

- Te preparé un chocolate para el desayuno – ella se giró, dándole la espalda.

- ¿Chocolate?

- ¿Nunca tomaste?

- En mi casa se toma té en el desayuno...

- Bueno, ahora probarás – se dio vuelta y vio a Haruto, ya con su bóxer puesto. Era tan... varonil. Sus músculos estaban perfectamente marcados y su piel aún estaba húmeda, se sonrojó. Al notarlo, el chico se acercó a ella hasta quedar frente a frente y tomó la cara de la chica con sus manos. Comenzó a besarla tiernamente. Definitivamente ella despertaba en él algo que no podía controlar... y no quería hacerlo...

Miyu cerró los ojos y se dedicó a sentir aquel beso que esperaba desde hacía tiempo... Él nunca le demostraba nada de cariño, siempre la trataba mal... pero sabía que en el fondo la quería... él la amaba... se lo había dicho... Y ahora se lo estaba demostrando...

Haruto bajó sus manos hasta la cintura de ella y la sostuvo, elevándola un poco para facilitar el beso, ella aprovechó para subir sus manos y abrazarlo por el cuello, enroscándose en sus húmedos cabellos negros...

Se separaron y se miraron, él estaba serio y ella sonreía...

- ¿Vamos?

- Me cambio y voy

Sociedad de Almas

- Entonces ahora debes decidir – la Capitana Unohana estaba seria, sentada detrás de su escritorio perfectamente ordenado y lustroso. Al otro lado, serios también, Ichigo y Rukia se miraban con algo de desconcierto...

- ¿Y cuál es esa decisión que debemos tomar? – preguntó Ichigo algo preocupado.

- Hay dos alternativas. Esta nueva alma que crearon es, como Haruto, hija de un alma pura, de una persona muerta, transformada en shinigami a través de la academia y de un humano, transformado en shinigami a través del método del capitán Urahara

- Bien... ¿y eso que significa?

- El problema es este. El bebé tiene aproximadamente ocho semanas de gestación. En estos casos, a partir de las doce semanas comenzará a desarrollarse la esencia del alma de esa nueva vida. O sea, si permaneces en la Sociedad de Almas, ese bebé será un alma, como Haruto... Si te quedas en el mundo humano, en tu gigai, ese bebé será humano.

- Entonces no podré moverme de un mundo al otro...

- Si te quedas aquí, aquí te quedarás hasta que nazca. Si vuelves al mundo humano, no puedes transformarte en shinigami hasta que nazca.

- Si nace allí, ¿será un humano normal? – Ichigo estaba preocupado.

- No exactamente, será como tu

- ¿Cómo él?

- Un humano con un reiatsu muy alto. Será un shinigami puro en potencia. Seguramente en el futuro podrá convertirse, como lo hizo Ichigo

- Está bien

Ahora tenían un problema... ¿qué hacer? ¿Tendrían un humano o un alma?

Karakura, 1 P.M.

Después del suculento desayuno y de probar el famoso chocolate, ambos, a pesar de las protestas de Haruto, salieron de compras en la camioneta de Ichigo. De regreso en casa, Miyu acomodó las cosas y se quedó sólo con las tres bolsitas de ropa que le pertenecían.

- ¿Ya te vas?

- No, mi papá está de guardia hoy, así que hasta la noche no estará en casa - Haruto se sentó en el sillón y encendió la televisión - Haru, ¿te acuerdas de que tenemos la fiesta de Yuki?

- ¿Haru?

- Cumple 18 y lo festeja. Estamos todos invitados... Mis papás y Rukia también

- No iré

- Hay que ir con vestidos de noche, por eso me compré estos tres, así podré elegir... – ella hablaba mientras Haruto miraba la tele... parecía no estar escuchando...

- Yo no iré

- Seguramente tengas que pedirle prestado alguno de sus trajes a papá... no creo que tengas uno... ¿o si?

- Yo no iré

- ¡Ay! Un mensaje de Noa... ¿cómo no escuché el teléfono?

Haruto aún no entendía como hacía Miyu para sonreír todo el tiempo y para ignorarlo de esa manera tan natural... y eso que él se esforzaba para hacerla enojar... pero nunca lo conseguía.

- Dice que me espera esta noche en su casa para probarnos los vestidos...

Haruto no decía nada, sólo cambiaba los canales, buscando algo más entretenido...

- ¿Quieres más chocolate?

- Bueno, todo menos seguir escuchándote

Su tarde no fue de las mejores, se la pasaron viendo películas de terror en la tele y comiendo galletitas, acompañadas del chocolate que Miyu había preparado en la mañana...

Cada tanto se dedicaban una mirada llena de sentimientos y deseo... Haruto la deseaba, pero no podía salirse de su personaje... maldito orgullo y maldito carácter... Ella era tan linda, tan perfecta... tan natural... ¿cómo podía estar al lado de esa humana tan "humana"? ¿Cómo podía sentir todo eso? Sus ganas de abrazarla, de tenerla cerca lo fueron llevando hacia ella... Pasó su brazo por detrás de los hombros de Miyu y se apoyó en ella con suavidad, ejerciendo cierta presión para que ella se recostara sobre su hombro.

Miyu sonreía. Sabía que a él le costaba mucho hacer cosas como esa y que si lo estaba haciendo era porque realmente lo sentía así. Se recostó en su hombro, elevó su cabeza y le dio un húmedo beso en la mejilla, antes de seguir viendo la tele.

Sociedad de Almas

- Hermano, quiero hablar contigo – Rukia se veía algo triste.

- Vamos a caminar por el parque – Byakuya seguía usando su tono frío de siempre.

Caminaron en silencio hasta que llegaron a la sombra que daba el cerezo de Haruto.

- Nos quedaremos a vivir en el mundo humano definitivamente

- Lo suponía

- El bebé será humano, como Ichigo

- Está bien – Rukia miró el árbol y notó unas raras marcas en su tronco. Acercó su mano a ellas. Byakuya la miró.

- ¿Qué es esto?

- Los secretos de Haruto – Rukia lo miró sorprendida.

- ¿Secretos?

- Eso me dijo él... – Byakuya tocó la mejilla de su hermana con suavidad y se fue. Rukia sabía que ese acto significaba mucho para los dos... y que él la apoyaba incondicionalmente. Sonrió y una lágrima rodó por su mejilla.

Karakura 7 P.M.

Haruto se había recostado sobre las rodillas de Miyu y ella lo acariciaba tiernamente. Él tenía los ojos cerrados. Ya hacía un rato que la película había pasado a segundo plano...

- ¿Sabes? Así no pareces tan gruñón – los ojos de la chica se entristecieron, mostrando un brillo nostálgico.

- No soy gruñón

- Te amo – le dijo con tristeza y una lágrima cayó sobre la cara de Haruto. Él abrió los ojos y llevó su mano a la cara de Miyu.

- Yo no puedo decírtelo así de fácil

- Lo se... – sonrió.

Ambos escucharon la puerta abrirse y se miraron con sorpresa. Haruto se levantó y los dos miraron hacia el lugar de dónde provino el ruido. Ichigo y Rukia habían regresado antes de lo previsto.

- ¿Mamá? – Haruto estaba algo sorprendido.

- ¡Papá! – Miyu sonreía contenta.

- Hola chicos – la voz de Rukia era temblorosa, Ichigo la sostuvo por la cintura... Definitivamente algo raro sucedía. Los dos se pararon y se acercaron a los otros.

- Hola – Ichigo se oía y se veía seguro.

- ¿Qué está pasando? – Haruto no aguantaba más la intriga.

- Fuimos a ver a la capitana Unohana porque desde hace un tiempo no me siento muy bien – dijo Rukia retomando su postura seria y segura de siempre. Miró a Ichigo y luego volvió a los ojos de Haruto, que la miraba con ansiedad – Ella misma me revisó y me confirmó lo que sospechaba – Haruto abría cada vez más los ojos, pensando en las miles de posibles enfermedades que podía tener su madre – Estoy embarazada – dejó su seriedad para sonreír abiertamente.

Haruto entreabrió la boca y su cara demostró su parálisis mental... ¿Embarazada? Esa palabra no entraba en su vocabulario... ¿EMBARAZADA? No, no podía estar hablando en serio...

- ¡Ah no! ¡Yo me voy! – dijo con enojo, abrió la puerta y se fue, dando un fuerte portazo... Ahora sí todo se había ido al demonio.

Espero comentarios, insultos, críticas constructivas, tomatazos, pedidos de autógrafos, etc...

Próximo capítulo: "El Rey León"