Hola a todos! Y perdón por la demora!! T.T Aquí el cap 8, espero que lo disfruten... Recuerden que lo que está en cursiva es flashback

Embarazadamente loca. Nuevas órdenes. Regreso

- ¿Esa es la casa?

- Eso parece, ahí entraron los dos…

- ¿No te parece que estamos haciendo algo que no es debido?

- No, no… vamos a ver qué pasa… quiero conocer a ese Renji… - dijo Rei con entusiasmo ante la cara atónita de su amiga… ¿Cómo era posible que esa chica se desenamorara de uno y se enamorara de otro tan fácilmente?

- Está bien… - dijo resignada y la siguió hasta el siguiente árbol en la vereda de enfrente de la casa de Haruto.

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Miyu estaba enojada. No sabía ya si por lo que pasó hacía dos meses o porque Haruto no le había vuelto a hablar… después de todo ella era la que tenía que estar enojada y él detrás, para que volviera a hablarle… ¡Demonios! ¡Ella no había hecho nada malo! Apretó sus puños y siguió caminando en dirección a la oficina de su padre en el hospital.

Cuando estaba a unos escasos metros comenzó a escuchar voces familiares provenientes de la oficina, que tenía la puerta entreabierta. Abrió los ojos entre sorprendida e incrédula… esa voz… se paró a un costado, apoyando su espalda en la pared y afinando su oído…

- No sé si sería conveniente que te vea así de golpe… ella… te estuvo extrañando demasiado…

- Lo sé, pero ya no puedo esperar para ver su cara… para abrazarla… necesito hablar de tantas cosas…

- ¿Qué harás ahora?

- No lo sé… quisiera poder quedarme, pero…

- Quédate en mi casa

- ¿En tu casa? Pero Miyu…

- No creo que tenga problemas en que te quedes algún tiempo

Miyu apretó con fuerza los ojos y los puños, dejando caer la mochila. El ruido detuvo la conversación de adentro de la oficina. Otra vez estaban pasando por sobre ella y hablando de ella… ¿no decirle así como así? ¿Qué iba a vivir con ellos sin preguntarle porque "seguro que no tenga problemas"? Maldijo a todos, incluso a su papá nuevo… ¿cómo podía él también pasar sobre ella? ¿Cómo le hacía eso? Reprimió su grito de impotencia y salió corriendo por el pasillo, con lágrimas en los ojos.

- ¿Qué fue ese ruido?

Uryu se levantó y salió rápidamente, seguido por la mujer que lo acompañaba, que no era otra que Orihime. Ambos se quedaron parados en la puerta un instante, viendo a Miyu correr por el largo pasillo. Uryu observó que lo que había hecho ruido era la mochila que ahora estaba desparramada en el suelo, se agachó y la levantó.

- Iré por ella – dijo Orihime con un hilo de voz.

- No, déjala… - Uryu la tomó por la muñeca para que no continuara caminando. Se miraron en silencio.

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- Me largo – Haruto estaba en uno de esos malditos días donde todo lo que puede salir mal, sale mal. Estaba sentado frente al televisor mirando quién sabe qué programa de entretenimiento mediocre y jugando con una tirita que sale de su suéter.



- ¿Dónde vas? – le preguntó Renji, que estaba igual de aburrido, mirando el mismo programa sin ningún interés e intentando rehacerse la coleta.

- No te importa – contestó de mala manera y se levantó bruscamente. Tomó su mochila del sofá y se dispuso a irse.

- ¿Me vas a dejar solo en tu casa? – preguntó Renji sin sacar sus ojos del televisor.

- ¿Algún problema con eso? – siguió caminando hasta la puerta.

- No – Renji sonrió, era obvio que Haruto quería leer a solas la carta con la misión que le había mandado Byakuya, ya que antes lo había visto en dos oportunidades revisando su mochila en busca de algo que parecía interesarle, pero luego se arrepentía y maldecía por lo bajo.

Cuando abrió la puerta, se sorprendió un poco con lo que vio.

- ¿Qué quieres tu en mi casa? – Haruto estaba demasiado molesto como para aguantar otra escena asquerosa por parte de la rubia. Rei estaba justo parada frente a la puerta con una gran sonrisa falsa.

- Nada… sólo pasaba por aquí y me preguntaba qué estarías haciendo tú con el pelirrojo con el que estabas hoy – los ojitos de Rei brillaban con sólo mencionar al "pelirrojo".

- No te importa – frunció más el ceño y apretó con fuerza la tira de la mochila que sostenía – Vete a tu casa y no molestes – dijo duramente. Rei lo miró enojada.

- ¿Por qué me tratas así, Haruto-kun? Yo sólo quiero saber quién es ese apuesto hombre que fue a por ti a la escuela hoy… - se acercó a Haruto y él la apartó con brusquedad.

- Deja de molestarme – volvió a repetir heladamente.

- Está bien – Rei parecía una nena encaprichada – Me iré, pero mañana me dirás quién es él… - mientras se iba le tiró un beso con la mano al tiempo que le guiñaba el ojo.

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Había corrido tanto que no sabía dónde estaba, hasta que reconoció el lugar… ese maldito parque que tantos recuerdos le traía. Desde la última pelea que tuvieron con Haruto, no había vuelto a ir… A lo mejor, esta era una prueba del destino y por eso estaba de nuevo allí. Suspiró al tiempo que secaba sus lágrimas con las mangas y caminó hasta las hamacas, donde se sentó y comenzó a columpiarse lentamente.

No podía asimilar que su madre estaba de regreso… ¿qué era lo que debía hacer? En ocasiones moría de ganas de que ella estuviera allí, abrazándola y conteniéndola… pero ahora, que sabía que estaba ahí, con Uryu, no sabía qué hacer… no sentía esa necesidad nacer en su pecho de salir corriendo a su encuentro y abrazarla con fuerza hasta sentir que de verdad es su madre y que ya nunca más se irá… ¿Por qué no se irá, no? Otra lágrima cayó de su ojo derecho y maldijo por lo bajo… si tan sólo Haruto estuviera cerca… Ahora sentía que lo necesitaba ahí, aunque sea solamente para decirle algo estúpido, pero para sacarla de ese mar de duda y dolor que la atormentaba…

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Ichigo se desperezaba en su habitación, haciendo todo el ruido posible. Se había quedado dormido sin darse cuenta y para colmo, en una posición un tanto incómoda. Se estiró lo más que pudo y se levantó rascándose la nuca. Tenía la boca seca y sus tripas lloraban de hambre… últimamente no tenía más que frutillas para comer y una que otra galletita rancia… No se podía ocupar de los mandados porque Rukia lo demandaba todo el tiempo si es que no estaba trabajando… y con Haruto no se podía contar para nada… Antes, Miyu se encargaba de hacer algunas compras, pero desde que se peleó con Haruto por algo que nadie sabe bien qué es, dejó de visitarlos a menudo y sólo viene con Uryu de vez en cuando…

Se restregó los ojos y salió haciendo el menor ruido posible con la puerta para no despertar a la enana…



Bajó los escalones con precaución, pero trastabilló en el anteúltimo, cayendo de rodillas al suelo.

- ¡Mierda! – vociferó con énfasis, sin darse cuenta de que alguien lo observaba desde el sillón, con una gran risotada ahogada en su garganta y una mano en la boca. Ichigo levantó la vista y lo vio, ahí sentado, lo más campante.

- Hola, ¿Ichigo? – dijo Renji irónicamente, al notar el aspecto nefasto de lo que alguna vez fue su mejor amigo… Ahora si soltó la carcajada… Las ojeras le llegaban por poco al suelo, estaba más despeinado de lo normal, tenía mal prendida la camisa y estaba en calzoncillos, tirado en medio de la sala. Su aspecto era demacrado, como si no hubiera estado comiendo bien y para completar el cuadro, un estrepitoso sonido salió de su estómago.

- ¿Qué demonios estás haciendo tu en mi casa? – contestó Ichigo al tiempo que se levantaba – Además, ¿qué es tan gracioso? – se sobó la rodilla derecha, que había recibido todo el impacto del golpe y se irguió camino a la cocina.

- Viene a traerle un encargue a Haruto… y a visitarte… - volvió a reír, no podía contenerse…

- ¿Se puede saber de qué te estás riendo? – Ichigo lo miró mal, con la jarra de café en la mano.

- Es que te ves igual a mi cuando Rukia estaba embarazada de Haruto… - Renji seguía riendo incontrolablemente mientras Ichigo puteaba por lo bajo.

- ¡Renji! ¡RENJI! ¡¡REEEEEEENJIIIIIIIIIII!! – los gritos de una mujer histérica hacían retumbar toda la mansión Kuchiki y sus alrededores.

- Ya voy… ya voy… - la voz de un hombre cansado no movía ni a las hormigas…

- ¡Por fin llegas, Renji! ¡Alcánzame ese vaso con agua! – gritó, ordenando y señalando el vaso que estaba sobre la cómoda.

- ¿No puedes levantarte tu sola a buscarlo? – preguntó resignado, acercándole lo que le pedía.

- ¡No! ¡No ves que estoy tomando mi descanso de media mañana!

Renji se veía agitado, abatido. Sus ojeras estaban muy marcadas, traía el pelo suelto y revuelto sobre sus hombros, no tenía la parte de arriba de su traje, los ojos se le cerraban y bostezaba cada 35 segundos reloj.

- ¿Ya puedo ir a acostarme un rato? ¿Necesitas algo más?

- ¡No! ¡Vete! ¡Y déjame sola! – comenzaba a llorar como niña pequeña… Renji la miró resignado y se acercó para abrazarla.

- Rukia… por favor… duérmete una siestecita, ¿sí? – pidió con cariño. Ella asintió y se recostó con una sonrisa. Él salió con la misma cara de nada que traía antes, cerrando la puerta con suavidad. Hizo cuatro pasos cuando…

- ¡Renji! ¡REENJII! – él, bufó y giró sobre sus talones…

- ¡Ichigo! – la casa Kurosaki tembló. Ichigo subió la escalera rapidísimo.

- ¿Qué sucedió? – preguntó agitado.

- Es que me desperté y ya no estabas… ¿qué estás haciendo?

- Renji vino a vernos… ¿quieres que le diga que venga?

- Espera… primero tráeme algo para cambiarme, y una gran copa de frutillas con crema – la sonrisa radiante y descansada de Rukia podía enternecer a cualquiera, menos a Ichigo que puso sus ojos en blanco y giró sobre sus talones.

- Como quieras…

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Haruto estaba sentado bajo un árbol con su espalda apoyada cómodamente en el tronco. Abrió la mochila y sacó el sobre laqueado con el sello de la casa Kuchiki y la firma del Comandante General Yamamoto. Bufó y rompió el sello.

Sacó un papel y notó cómo otro se resbalaba por detrás y caía al suelo. Lo tomó y se lo apoyó sobre la rodilla.



Abrió el primer papel, que estaba perfectamente doblado, y comenzó a leer al tiempo que sus ojos se iban abriendo cada vez más.

"Debido a que hemos detectado algunas actividades extrañas en Hueco Mundo, el Comandante General Yamamoto Genryuusai dispone que el shinigami asignado a la región de Karakura, el teniente de la sexta división, Haruto Kuchiki, se haga cargo de supervisar el estado físico y espiritual de las personas que allí vivan y dispongan de poderes conocidos, así como de encargarse personalmente del entrenamiento de la recientemente descubierta última Quincy, Miyu Kurosaki. Sabemos que no contamos con la ayuda de la teniente Rukia Kuchiki, debido a su delicado estado ni tampoco del shinigami sustituto Ichigo Kurosaki, ya que no sabemos qué pueda pasar con él si llegara a pelear, por eso necesitamos nuevas fuentes de poder.

Firmas de Yamamoto, Byakuya, Kyoraku y Ukitake"

Arrugó el papel y lo tiró adentro de la mochila… Lo único que le faltaba… tener que entrenar a la humana tonta que sólo sabía hacerlo rabiar… ¿Qué carajos estaba sucediéndole? ¿Por qué ahora sentía ese nerviosismo con sólo pensar que tenía que acercársele? Soltó una maldición y tomó el otro papel, más fino pero menos formal. Lo abrió y notó, con sorpresa, que se trataba de una carta de Byakuya dirigida a él.

"Haruto: Debido a medidas extremas tomadas por los capitanes y el comandante, tenemos que hacerte cargo del área de Karakura y su defensa. No es necesario que supervises directamente el entrenamiento de los ryoka, sólo céntrate en el de la Quincy, ya que ella fue la buscada anteriormente y la que puede llegar a tener problemas en el futuro. Además, considero que tú eres el indicado para esta misión ya que tienes una relación directa con todos. Espero que también estés cumpliendo con tu otra misión, que por supuesto sigue en pie. Espero poder verlos pronto, Byakuya."

Arrugó con más fuerza este papel y lo arrojó directamente al tacho de basura, pero no entró. Se levantó protestando sólo para detenerse a mitad de camino entre el árbol y el papel y ver con asombro y de espaldas a nada más y nada menos que a Miyu hamacándose. Tragó saliva con pesadez y volvió sobre sus pasos a agarrar la mochila. Se acercó a la chica por la espalda y se mantuvo a unos dos metros.

- Hola, Kurosaki – dijo fríamente. Notaba en el aura de Miyu que algo no andaba bien. La chica detuvo la hamaca.

- Hola, Kuchiki-sama – dijo con voz ronca.

- ¿Qué estás haciendo aquí?

- Nada, Kuchiki-sama, si lo molesto, me iré – se paró, pero cuando se disponía a irse, Haruto se apuró y la agarró por el brazo. Ella se dio vuelta y se miraron intensamente a los ojos.

Los ojos de Miyu estaban cargados de tristeza y duda, junto a una irritación que delataba que había estado llorando por un tiempo considerable. Haruto la miraba con extrañeza y confusión, ya que no sabía qué hacer en ese momento… ¿por qué la estaba tomando del brazo? Si se quería ir, que se fuera… La soltó con suavidad.

- ¿Qué desea Kuchiki-sama?

- ¿Se puede saber por qué me dices "Kuchiki-sama"? – dijo imitado el tono de Miyu.

- Porque usted así lo quiso – contestó bajando la cabeza. Haruto la tomó por la barbilla, obligándola a mirarlo.

- Yo no quise nada, tú comenzaste a decirme así y a alejarte… ¿por qué, Miyu? – preguntó por fin, olvidando un poco todo su orgullo.



- Usted sólo quiere jugar conmigo, no me quiere realmente – volvió a bajar la cabeza, con sus ojos llenos de lágrimas. Haruto la abrazó torpemente, pero con fuerza.

Continuará… jajaja! Qué mala que soy!!

¿Les gusta cómo está yendo? Perdón por la tardanza, es que estoy bastante complicada y para completarla mi inspiración se la llevó el viento!!