¡Hola! Aquí estoy, con una nueva entrega de "Chantillí". Espero que lo disfruten, ya que este es el anteúltimo capítulo. Espero comentarios!!
¿Cenicienta?
- ¡¿Dónde se metió Haruto?! – gritó Miyu tras haberse sentado en su improvisado camerino, detrás del escenario.
- No grites tan fuerte que te van a oír – le recomendó Noa, sentándose a su lado. - ¿Realmente crees que no está acá?
- Es que no detecto su energía espiritual
- ¿No puede ser que la esté ocultando?
- Si, pero es poco probable, ¿por qué haría eso?
- No lo sé, tal vez para que nadie detecte que está acá. ¿No está Renji afuera?
- Y también vendrá Byakuya, pero aún no llegó
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El telón aún no se abría después de dos minutos, en los cuales los rumores llegaban a los oídos de todos.
- ¿Qué? ¿Haruto no está? – dijo Rukia con voz baja a Renji, que se había acercado a ellos durante el intervalo.
- No es que esté seguro de eso, pero no puedo detectar su energía espiritual – dijo preocupado el pelirrojo.
- ¿No estará escondiéndose de todos ustedes? – Ichigo parecía divertirse con la situación. ¡¿Es que no le preocupaba su hijo?! Rukia apretó un puño.
- ¡¿Qué te pasa, idiota?! ¡¿Por qué no vas a buscarlo en vez de decir eso?! – gritó, algo enfurecida. Renji colocó su mano en el hombro de la morena.
- Clama, Rukia, no es para tanto
- ¡Si que lo es! ¿No ves que no está en ningún lado?
Ichigo cerró sus ojos, intentando no sonreír. Era obvio que Haruto había usado ese kidoh especial para esconderse de todos ellos en algún lugar. Pero él no iba a delatar a su hijo.
Finalmente, tras cinco minutos, el telón volvió a abrirse. En la escena había unas cuantas parejas bailando, unos mozos con bandejas con copas, y un elegante chico rubio con un traje blanco, inmaculado y una sonrisa muy falsa.
Entró corriendo Toru, haciendo bastante escándalo, para llamar la atención del público.
- ¡Príncipe! ¡Príncipe! – se paró al lado de Kazu, apoyando sus manos en las rodillas, en señal de que estaba cansado por correr.
- ¿Qué sucede? – la voz de Kazu era la más falsamente dulce que hayan escuchado todos.
- ¿No es en esta escena que aparecía Haruto? – preguntó Rukia a los demás, apretando ambas manos con fuerza.
- No te preocupes, todo saldrá bien – Ichigo puso su mano en las de Rukia, y le sonrió. Parecía demasiado confiado, ¿sabría algo?
- Una doncella ha llegado, nadie parece conocerla. Es realmente hermosa, su majestad – dijo Turu.
- ¿Eso dicen? ¿Y por qué has venido a contármelo a mí tan apresuradamente?
- Es que el Rey me ha encargado que se lo dijera a los príncipes
Orihime miró a Uryu algo desconcertada.
- ¿Príncipes? – le preguntó. - ¿No es un solo príncipe? – Uryu se acomodó los anteojos y le hizo una seña para que mirara hacia el frente.
- ¿Y por qué has venido a mi primero? – Kazu siguió con su interrogatorio al pobre sirviente.
- Porque su hermano no está presente
- Ve a buscarlo, él también tiene derechos – sonrió y miró al público – Después de todo, esta fiesta es para él
Toru se retiró de la escena y Kazu se acercó a la puerta de la derecha. Tomó la mano de Miyu con cierta fuerza, para mostrarle seguridad. Ella sonrió. Ambos entraron en escena.
- ¡Bienvenida a nuestro baile! ¡Es un honor tenerla con nosotros, bella dama! – reverenció a Miyu con naturalidad. La música se detuvo y todos rodearon a la pareja central.
- Muchas gracias – ella hizo una pequeña reverencia.
- ¿Podrías bailar conmigo esta pieza? – la música comenzó a sonar nuevamente, mientras todos cuchicheaban.
- Si – Miyu asintió con una sonrisa. Kazu la tomó por la cintura y comenzaron a bailar.
- ¿Dónde está Haruto? – le susurró al oído, pero él no respondió. Miyu prefirió seguir con la obra, después de todo la escena en la que aparece Haruto ya había pasado, que era justamente en la que Toru le avisaba a Kazu de la llegada de Cenicienta… en fin, todo estaba perdido.
- ¡¿Dónde está Haruto?! – Rukia volvió a gritar, Ichigo apretó sus manos.
- No grites, tonta – le dijo despacio. – Él vendrá, estoy seguro
El baile continuó unos minutos, hasta que se detuvieron. Tomados de las manos, se miraron.
- Realmente eres hermosa
- Gracias
- ¿Quisieras – llevó una de sus manos a la cara de Miyu, elevándole el mentón, como para besarla.
- ¡Alto ahí! – gritó alguien desde la puerta principal, en medio del escenario. Se veía sombrío. Miyu volteó algo extrañada.
- ¿Qué sucede? – Kazu mantenía su sonrisa.
- Quiero bailar con ella – aclaró la sombra.
- Pero ella está conmigo, hermanito
- ¡Nada de peros! – la sombra, salió a la luz, y era nada más y nada menos que Haruto. Llevaba un traje negro. Miyu arrugó su ceño. ¿Qué estaba haciendo ahí el muy desgraciado? ¡Además, estaba arruinando la obra!
- Como digas, pero luego, ella se queda conmigo – Kazu la soltó e inmediatamente Haruto la tomó por la mano.
- ¿Bailamos?
- ¿Quién es usted?
- Soy el príncipe heredero
- Oh
La música recomenzó y bailaron.
- ¿Se puede saber qué hacías? ¿Y qué significa esto del príncipe heredero? – susurró Miyu en el oído de Haruto.
- No te preocupes, todo está bien, tú sólo sigue actuando como tenías planeado
- ¿Esto es lo que arreglaste con Ebizawa en el baño?
- …
- ¿Qué quieres conseguir? – Haruto apretó más su agarre y justo en ese momento la música se detuvo. Ambos se separaron y se tomaron por las manos.
- Eres preciosa, la más bella doncella que jamás he conocido, ¿te gustaría compartir el día de mañana conmigo?
- M… muchas gracias… no sé si podría
- No digas eso, por supuesto que podrás – en ese momento, las campanas de la torre anunciaron la media noche.
- ¡Oh no! ¡Es medianoche! – gritó Cenicienta.
- ¿Ocurre algo?
- ¡Debo irme! – se soltó de las manos de Haruto y salió corriendo de escena.
- ¿Qué le pasó? – dijo él, con su tono duro. Al instante, entró Kazu con un zapato en la mano.
- Creo que se le perdió esto a alguien en la escalinata
- ¿A alguien? – Haruto se acercó y le quitó bruscamente el zapato de la mano.
- No seas así, hermanito. ¿Y dónde está la princesita?
- ¡Es su zapato, imbécil! ¿Acaso no miras a las mujeres con las que bailas?
- ¿SU zapato? ¿Acaso huyó de ti a tanta velocidad que perdió un zapato en el camino? – reía Kazu. Estaba disfrutando de decirle todas esas improvisaciones a Haruto.
- ¡Cállate! – apretó el zapato con su mano. Ese rubio se las pagaría caras después.
- ¿Sucede algo, señores? – se acercó Toru, con una actitud humilde.
- No. Sólo que a mi hermanito se le escapó una linda chica
- ¡He dicho que te calles! Dile a mi padre que quiero hacerle un anuncio importante
- Como diga, señor
El telón se cerró rápidamente. Miyu subió corriendo al escenario y tomó a Haruto de las solapas.
- ¡¿Qué significa esto?!
- Déjame
- ¡Dime!
- No es nada, querida Kurosaki – la voz de Kazu la enervaba.
- ¡Tu cállate! – le recriminó. Kazu sonrió abiertamente.
- Veo que se parecen bastante, ahora entiendo por qué están juntos
- Ahora no es momento de discutir, ve a cambiarte que pronto entrarás en escena – le dijo Haruto, sin mirarla siquiera.
De pronto, un escalofrío recorrió la espalda de Haruto. ¿De quién era ese reiatsu? Miyu sonrió maliciosamente mientras bajaba para cambiarse.
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- ¡Capitán! – gritó sorprendido Renji, al ver llegar a Byakuya. Llevaba unos jeans y una camisa blanca. El cabello suelto sin el kenseikaan. Rukia volteó inmediatamente.
- ¡Hermano! – se paró y rodeó la silla rápidamente para ir a su encuentro. Ambos se miraron.
- Hola, Rukia – pronunció sin hacer gesto alguno con su cara. Rukia sonrió y sus ojos se llenaron de lágrimas.
No pudo retener el impulso de abrazarlo con fuerza, así que lo hizo. Byakuya no se sorprendió, pero tampoco lo correspondió.
- Cuanto tiempo sin verte – lloraba, pero no se desprendía de él. Ichigo se acercó y la tomó por los hombros.
- Hola, Byakuya – Rukia lo soltó y se abrazó a Ichigo.
- Parece que llegué tarde – comentó sin emoción.
- No tanto, pero ven, siéntate – Rukia, más animada, lo invitó a sentarse en el lugar de Ichigo, cosa que irritó un poco al pelinaranja. Iba a decir algo, pero Renji lo detuvo.
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El telón volvió a abrirse.
Cenicienta estaba sentada en el suelo, en la casa. Sonreía abiertamente.
- ¡Muchas gracias, mi Hada Madrina! ¡Hoy he conocido a los príncipes! ¡Y he podido ir al baile como las demás doncellas!
La profesora apareció en escena.
- No debes darme las gracias, tú te mereces eso y mucho más
- Lo único que lamento es que nunca más podré ver al príncipe
- ¿A cuál de los dos? ¿Al morocho o al rubio? – la pregunta era intencionada. La profesora sonrió.
Miyu se lo pensó un momento, ¿qué contestar? ¿Tenía que seguir con la historia o decir lo que realmente sentía? Miró con seguridad al Hada.
- A Haruto, quisiera poder volver a ver al Príncipe Haruto – la profesora sonrió y se acercó al público.
- Parece que Cupido actuó muy rápido en esta chica, ¿no? – todos murmuraban. – Tal vez algo mágico suceda, esto hay que verlo – se retiró, bajado del escenario por la escalera del frente y se sentó en la primera fila.
Llegaron las hermanas y la madrastra.
- ¡Qué bien que lo he pasado! ¡Los príncipes son muy lindos realmente! – comentó Tamiko. Noa bostezó.
- ¡No hables así! – la regañó Rei. - ¿Y tú? ¿Has limpiado todo como te lo indiqué? – se dirigió a Miyu de mala manera.
- Si, señora. ¿Cómo les ha ido en el baile?
- ¡Mal! – gritó Rei.
- ¿Por qué mal?
- ¡Ninguna de mis dos hijas ha podido siquiera hablar con alguno de los príncipes! ¡Si ni el Rey apareció! – esto último lo dijo con bronca, porque ella pretendía bailar con Haruto en el escenario.
- Oh… ya veo
- Además, toda la atención se la llevó esa chica – acotó Noa.
- ¿Esa chica?
- Una que nunca habíamos visto. Tenía el cabello castaño y llevaba el vestido más hermoso que jamás había visto
- ¡Si hasta los dos príncipes pelearon por ella!
- ¿De veras? ¿Y quién sería? – preguntó Miyu.
- ¡Nadie lo sabe! – gritó Rei, se veía muy enfadada.
- ¿Y ella se quedó con alguno de los príncipes?
- No, salió corriendo a las doce – rió Tamiko.
- ¿A las doce?
- Si, nadie la vio partir
- ¡Será mejor que vayamos a descansar! – gritó Rei, enojada.
- Si, madre
- Vamos
Las tres se retiraron, dejando a Miyu sola, sentada en el suelo, con una gran sonrisa. Sacó de su bolsillo el otro zapato y lo abrazó con ilusión.
- Ojalá pudiera volver a verte, Príncipe Haruto
Se cerró el telón. Aplausos.
Miyu se paró.
- ¿Qué harán ahora? – se acercó a Haruto y Kazu, que subían en ese momento al escenario.
- Una escena improvisada, sólo observa – explicó el rubio, Haruto no la miró.
- ¡¿Se puede saber qué significa esto?!
- Tu ya elegiste, eso es lo que vale – Kazu apoyó su mano en el hombro de la chica en inmediatamente Haruto le tomó la muñeca al chico.
- No te alteres, hermanito
- No la toques – dijo entre dientes.
- ¿Entonces ahora saldrán ustedes a escena?
- Si
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- Realmente estoy confundida, ¿era esta la historia que iban a presentar? – Orihime se lamentaba.
- No, al parecer cambiaron el libreto – Ichigo se divertía con lo que estaba pasando. Realmente su hijo era increíble, llegar a eso…
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- ¡Vamos! ¡Sólo eso tienes! – Ichigo mantenía firme a Zangetsu, mirando desafiante a su oponente.
- ¿Es que nunca te cansas, viejo? – recriminó Haruto al tiempo que empuñaba con fuerza a Kuroitsuki.
- ¡Tú estás raro, no soy yo!
- ¿Raro? – chocaron los filos de sus katanas.
- ¿Te sucede algo? – lo miró fijamente a sus ojos miel. Definitivamente su mirada no era la de siempre.
- ¡No! – gritó. Se separaron, generando un chispazo. Ichigo sostuvo a Zangetsu a un lado, mientras arrugó más el ceño.
- Puedes decírmelo, después de todo soy tu padre
- ¡Que no tengo nada! – se abalanzó contra Ichigo, pero él no se defendió. El filo de Kuroitsuki le rozó el cuello, haciéndole una herida superficial. - ¡Viejo de mierda! ¡¿Por qué no te defendiste?! – Ichigo tomó la zampakutoh por el filo y la hizo a un lado, sin dejar de mirar a Haruto a los ojos.
- ¿Dime? ¿A qué le temes? – preguntó. Sabía que lo que su hijo tenía en ese momento era algo parecido al miedo, lo podía ver en sus ojos.
- ¿M… miedo? – balbuceó, aflojando la tensión en su derecha.
- Si, ¿a qué le tienes miedo?
- Yo… - se quedó callado. ¿Miedo? Él no sentía miedo, el miedo era para los débiles y él no era débil. Era un Kuchiki, el heredero, y él no tenía miedo, no le temía a nada. – Yo no le temo a nada – afirmó con la elegancia y dureza de un Kuchiki. Ichigo sonrió.
- Me recuerdas a Byakuya – enfatizó su sonrisa y eso molestó a Haruto, que volvió a empujar la zampakutoh sobre la mano de Ichigo, provocando un nuevo sangrado.
- ¡¿Por qué demonios tienes que nombrar a mi tío ahora?! – su grito provocó que Ichigo dejara de sonreír. ¿Qué tenía su hijo? ¿Por qué se ponía de aquella forma con sólo un simple chiste acerca de Byakuya? Su cara se volvió seria y lo miró.
- Dime – presionó la katana y logró bajarla, pero la sangre caía manchando el suelo. - ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás así? ¡Si ni siquiera estás prestando atención al entrenamiento!
- ¡Es que no sé qué hacer! – cerró los ojos con fuerza y se separó con un salto de Ichigo.
- ¿Qué hacer con qué?
- Qué hacer para demostrarle lo que ella desea
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Se abrió el telón. La misma escenografía que la del baile, pero ya sin gente. En medio del escenario, Haruto y Kazu, mirándose desafiantes.
Ichigo sonreía abiertamente mientras Rukia miraba de reojo a Byakuya, que estaba cruzado de brazos y piernas, contemplando la ridiculez humana a la que se estaba sometiendo su sobrino. Orihime le tomó la mano a Uryu, que se acomodó los anteojos con el dedo índice mientras suspiraba sonoramente. Más atrás, Renji refunfuñando por haberle dejado a Ichigo el lugar que había conseguido junto a Rukia.
Miyu apretaba un pobre pañuelo que tenía entre sus manos. ¿Ahora qué dirían? ¿En qué estaba pensando Haruto?
- ¿Qué es lo que te pasa, hermanito? ¿Quieres dar un anuncio importante? – el rubio, cruzado de brazos, hablaba sobradoramente.
- ¿Dónde está el Rey?
- Despidiendo a los últimos invitados – Kazu se acercó a Haruto, hasta quedar frente a frente. - ¿Qué pretendes?
- Encontrar a esa doncella – Kazu lo tomó repentinamente por el cuello de la camisa, levantándolo ligeramente. Haruto llevó sus manos a las muñecas del rubio.
- ¡Te dije que ella es mía! – gritó.
- No me toques – Haruto empujó con fuerza real a Kazu, que dio varios pasos hacia atrás, sorprendido.
- ¿Qué te pasa, hermano? – el rubio se sobaba las muñecas, lo había apretado fuerte.
- ¡Ella será mi novia en cuanto la encuentre!
- ¿Tu novia? – una carcajada salió de la boca de Kazu. Pero, Haruto no dejó que siguiera, ya que se acercó al rubio y lo levantó del cuello de la camisa.
- ¡Deja de reírte! ¡Siempre te has reído de mí! ¡Pero esta vez, ella será mía y tú sólo mirarás sentado desde lejos cómo me la llevo! – Kazu se puso serio. ¿Haruto hablaba en serio? Ya no le estaba gustando la actitud del morocho. Carraspeó y le hizo una seña con los ojos, en dirección al público. Haruto aflojó su agarre.
- Está bien, hermanito… - se separaron y el rubio acomodó su traje – Como tú quieras
- Dile al Rey que mañana saldré temprano a buscar a la dueña del zapato de cristal en el pueblo. La doncella a la que le calce será mi novia
El telón volvió a cerrarse y se pudieron escuchar efusivos aplausos desde atrás de la gran tela.
- Te pasaste Kuchiki – comentó Kazu, sobándose la muñeca derecha.
- ¡Qué va! ¡Eres una marica! – gritó. Cuando se disponía a bajar del escenario, Miyu lo detuvo con algo de furia en sus ojos.
- ¡¿Qué crees que haces?! ¡¿Qué significa esto?!
- ¿No estábamos actuando en la obra de la escuela? ¿Tanto escándalo haces? – preguntó irónicamente. Apartó su mirada y caminó un par de pasos. Se detuvo cuando Miyu lo tomó bruscamente por el brazo.
- ¡¿Qué quieres?! - él no contestó nada, se soltó y caminó lentamente hacia su rincón, donde se cambiaría para la próxima escena.
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- ¿Qué pasa? – Noa se acercó a Miyu, que permanecía parada estática, mirando de lejos a Haruto mientras se cambiaba el saco. - ¡Ey! – la chica la zamarreó.
- ¿Qué?
- ¿Por qué está haciendo esto? ¿Enloqueció?
- Creo… creo que él…
- ¿Qué él qué?
- Que lo está haciendo… - se giró y tomó las manos de su amiga - ¡Él está haciéndolo!
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Subió al escenario el narrador, algo nervioso, pues le habían cambiado el libreto un poco y temía equivocarse. La profesora le guiñó un ojo y agitó su varita mágica en señal de aprobación. Eso lo puso aún más nervioso.
- Al otro día, como el príncipe Haruto dijo, se anunció a todas las doncellas del pueblo que él en persona, junto a su hermano Kazu y su sirviente, recorrerían una por una las casas para probar el zapato a todas. Aquella a la que le quedara a la perfección y tuviera el otro, sería elegida como prometida del príncipe heredero. Comenzaron probándoselas a las princesas, luego a las duquesas y más tarde a las doncellas más distinguidas del reino. Sólo quedaba la mansión donde vivían las dos hermanastras, la madrastra y Cenicienta.
El chico bajó del escenario, aún temblando, mientras el telón se abría y dejaba ver a Haruto y Kazu de pie, mirando a Noa y Tamiko, sentadas junto a Rei. También estaba Toru, sosteniendo en sus manos un almohadón rojo con el zapatito de cristal acomodado en medio.
- Según lo decretado por el Príncipe Heredero Haruto, autorizado por el Rey, hemos venido a probarles el zapato de cristal a todas aquellas doncellas que vivan en esta honorable mansión – se arrodilló frente a Tamiko, que inmediatamente levantó el pie y se tapó la cara con un abanico que tenía en sus manos.
Toru lo probó, con cara seria y miró a Kazu.
- No, no es de ella, ya que no le entra – afirmó Kazu, con una sonrisa.
- ¡No puede ser! ¡Ese es mi zapato! – gritó Tamiko.
- ¡Entonces trae el otro! – Haruto demostraba mucha molestia. Ichigo sonrió desde su asiento.
- Este chico es capaz de cualquier cosa – murmuró. Rukia volteó y lo miró mal. - ¿Qué?
- ¿Qué quieres decir? – preguntó enojada.
- Nada, nada – Ichigo sonrió, volviendo a mirar al escenario.
- N… no lo tengo – Tamiko bajó la cabeza. Noa se le adelantó.
- ¡Pruébemelo a mí! – ordenó de mala manera. El sirviente miró al príncipe Kazu, que sonrió maliciosamente.
- Como diga – Toru se acercó a la chica e intentó ponerle el zapato, sin éxito. – No, no es de ella
- ¡¿Cómo que no?! Debo tener hinchados los pies – comentó gritando.
- No sean escandalosas, hijas – aclaró Rei. – Sepan disculpar, Altezas, pero mis hijas están muy emocionadas con su presencia aquí – Haruto la miró mal.
- ¿No hay ninguna otra doncella que viva aquí? – Rei sonrió.
- ¿Doncella? No… sólo la criada
- Hermano – comentó Kazu - ¿Deberías probarle semejante zapatito a una plebeya?
- Yo creo que invitamos a todas las doncellas del reino, ¿no? – Rei y las hermanastras rieron entre dientes. Kazu se puso serio.
- ¡Traigan a la chica! – ordenó. Toru se levantó y fue en busca de Miyu, que esperaba a un lado del escenario.
Cuando entró a escena, todo estaba en absoluto silencio, esperando lo que pasaría. Rukia apretó la mano de Ichigo con fuerza, mientras Orihime se aferró al brazo de Uryu, que se acomodó los anteojos.
- Siéntate, por favor – le pidió Toru a la castaña, quien hizo lo propio. – Dame tu pie – El zapato entró a la perfección. – Es… ¡es ella!
Miyu sonrió y Haruto la miró con seguridad. Kazu se acercó.
- Muy bien, ¿tienes el otro zapato?
- Sí, señor – sacó del bolsillo del delantal el otro zapato, mostrándoselo a Kazu, ante la mirada atónita de Rei y los demás.
- Este es, hermano… ella es la chica
Haruto se acercó a Miyu y le extendió la mano. Ella la tomó y se pararon frente a frente. Los demás se retiraron sigilosamente de la escena, dejándolos solos, en medio del escenario. La luz se concentró en ellos.
- ¿Qué intentan hacer? – preguntó preocupada Rukia, sin dejar de mirarlos.
- Creo que el final será algo abrupto… - comentó Ichigo, sonriente. Rukia lo miró.
- ¿Por qué lo dices?
- Por nada… después de lo que diga, lo veremos…
Byakuya observaba con asombro e incredulidad la escena, intentando pensar en que sólo era una simple actuación, a la que había accedido obligado por alguna retorcida ley humana. Miró de reojo a Rukia, que se mostraba demasiado nerviosa y eso lo inquietaba.
- Rukia – llamó la atención de su hermana por un instante, debía preguntar - ¿es normal que esto suceda? – su voz se tornaba preocupada por momentos.
- S… si… - dudó – Es una simple obra de teatro para la escuela… supongo… - tragó saliva.
- Ya veo
- Yo… - Haruto llevó su dedo índice a la boca de Miyu, que se calló al instante. Luego, la sujetó por la cintura, atrayéndola a su cuerpo. Miyu no pudo evitar estremecerse al contacto. ¿Qué estaba haciendo? El príncipe no podía hacerle eso a una doncella, bah… plebeya, que acababa de reconocer… y menos después de un simple baile. ¿Qué pretendía?
- Quiero que seas mi novia – le dijo, mirándola a los ojos. Miyu notó que la mirada de Haruto no era la normal, sino aquella que sólo le mostraba a ella. ¿Hablaba en serio o era parte de su falso libreto?
- Eh… - musitó confundida. Haruto la apretó más, insistiendo con esa mirada que estaba logrando atraparla.
- ¿Quieres ser mi novia? – volvió a preguntar, pero con un tono de voz suave. Los espectadores se mantenían en silencio.
- Si, acepto… porque… te amo, Haruto – sintió que el piso era de gelatina y se tambaleó. Lo había dicho sin pensar. ¡Estaban en la escuela, frente a cientos de personas! ¡Y en la obra! Y ella, simplemente, se lo dijo. Él, semisonrió.
- Y yo a ti, princesa – dijo. Llevó una de sus manos a la cabeza de Miyu y le acarició suavemente el cabello, mostrándole una pequeña sonrisa. Ella, sonrió abiertamente.
Se acercó más a ella, hasta que sus labios se rozaran.
- Te amo, Miyu – susurró y la besó.
Se cerró el telón.
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- ¿Qué quieres? – preguntó el morocho.
- Quería decirte que Miyu será mía… después de todo no es nada tuyo, ¿verdad? – contestó el rubio.
La espalda del chico resonó contra la pared de azulejos blancos. El atacante lo miraba furioso, incluso logrando que el atacado temblara un poco. Kazu abrió desmesuradamente los ojos, pero, aunque estaba un poquito asustado, sonrió.
- Veo que sí es algo para ti… ¿Será como tu hermana? – se mofaba de la actitud de Haruto, que, tras oír eso, levantó su puño derecho mientras que con la mano izquierda sostenía al rubio contra la pared. - ¿Me golpearás? Hazlo… ¿Qué ganas?
- ¡¿Para qué mierda me llamaste aquí?! – gritó, conteniéndose.
- Para avisarte – el rubio colocó su mano en la muñeca de Haruto y retiró el brazo que lo apresaba. El shinigami, desistió. – Que cuando estés descuidado, la tomaré para mí – Haruto fijó sus ojos en él y apretó sus puños.
- Escúchame muy bien – le dijo, fingiendo calma – Ella es mi novia
- ¿Entonces por qué nadie se enteró de eso? – la voz de Kazu lo sacaba de sí.
- ¡Dije que me escuches! – lo apuntó, formando una esferita azul en la punta de dos de sus dedos, los cuales tenía estirados. Por suerte, Kazu no podía verlo.
- Está bien, está bien… - rió nerviosamente – Te escucho – se cruzó de brazos, recargándose contra la pared.
- No te quedarás con MI novia – afirmó.
- ¿Tu novia? Nadie se percató de que eso sea cierto – dijo Kazu con una sonrisa.
- Y tampoco en la obra, porque yo seré el príncipe – Kazu dejó de sonreír y abrió sus ojos.
- ¡Eso es imposible! – gritó. Haruto se le acercó y lo tomó por el cuello.
- ¡Cállate! – lo miraba fijamente, con una mirada asesina – si lo que quieres es ser el príncipe, lo serás, pero yo también y me quedaré con ella – su voz era aterradora. Kazu tragó saliva.
- ¿Entonces? ¿Seremos príncipes hermanos o algo así? – comenzaban a temblarle las manos, definitivamente ese tipo estaba loco, pero tenía que seguirle el juego si no quería terminar mal. Nunca se le había dado bien pelear y menos con la fuerza que notaba tenía Haruto.
- Como tú quieras, pero al final – lo soltó – Miyu se quedará conmigo
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