LA BATALLA DE LOS CUENTOS
CAPERUCITA–HYOGA
Por Mary Martín
NOTA IMPORTANTE: con la finalidad de hacer más ágil la lectura y no dar lugar a confusiones, los textos en negrillas son los hechos desarrollados en el cuarto del pequeño Yeiden, los textos normales denotan los sucesos de la historia narrada por Shun.
CAPÍTULO 4
LA SÚPER ULTRA MEGA PODEROSA CAPERUCITA-HYOGA MOSQUETERA CON BOTAS CONTRA LOS MONSTRUOSOS DINOSAURIOS NINJAS MARCIANOS MUTANTES DEL ESPACIO
Nota: Sí, TODO ESO es el nombre del capítulo, le iba a poner "Y DURMIERON FELICES PARA SIEMPRE" pero ya saben que me encanta complicarme la vida… errr… comenzamos
Era el colmo de males, ¿Y ahora qué se supone que iba a inventar? Miró el reloj en forma de oso que estaba sobra la mesita. Cuatro y cuarto de la madrugada, lo que significaba que dentro de media hora se tenía que ir a trabajar y como no sabía a qué hora iba a llegar June… estaba pensando seriamente en demandarla por abandono de hogar…
– ¿Entonces que pashó con la Capelushita, otooto?
– Pues verás…
La Caperucita-Hyoga con botas trepó ágilmente por el inmenso tallo. Al fin llegó a una enorme puerta que tenía la inscripción en la parte de arriba que decía: bienvenido a la tierra de "Sí, siempre, a cada rato"
– ¿Qué no debería ser la tierra de "Nunca jamás"? – preguntó al pato pensativo
– ¡Pero esta es mi historia y si se me pega la gana que se llame así, entonces se llama así! ¿Ok? – casi gritó echando fuego por la boca – ¿algún problema?
– Oh, que delicado, tú
– Te alteras muy fácil ¿Sabías? – preguntó inocentemente Seiya no estando conciente de que podía morir en cualquier momento
De inmediato se encontró con un apuesto joven que volaba por los aires, al parecer estaba muy preocupado por algo. Se plantó frente a ella con pose de superhéroe despistado, ese misterioso personaje no era otro que Kanon-Pan. Pero como era igualito que la Saga-Madrastra, al pobre casi lo dejan como chancla revolcada pues casi como por reflejo la Caperucita le lanzó una ejecución aurora
– ¡Hey! tranquilo ¿Qué te sucede, tonta?
– No finjas demencia, tú eres la Saga-Madrastra ¡Mala! ¡Malosa!
– No sé de que rayos me hablas, tarado
– Pues seré muy tarado pero por lo menos yo no ando con los calzones por fuera ¿Qué no sabes que estos se ponen antes que los pantalones?
– Bueno, no tengo tiempo para tonterías, está pasando algo muy grave… ¡El cielo se está cayendo!
– ¿Qué? – Preguntó alarmada – ¡Rayos! ¡Maldito calentamiento global! de algún modo esto debe ser culpa de nuestra odiosa diosa – murmuró entre dientes
Este comentario hizo pensar al pegasito que de inmediato activo su censor de protector empedernido y tomando un trenecito del pequeño Yeiden como arma, con ojos de toro loco y voz macabra se acercó a Shun mientras el pato se alejaba disimuladamente
– Oye Shun – comentó Seiya, siendo su turno de elevar su cosmo hasta el Arayashiki – ¿De qué diosa hablas?
– Este… pues… verás… de una que andaba por ahí – dijo él híper nervioso – no la conoces – sonrió nerviosamente
Pero parecía que la hubieran invocado porque antes que Seiya dejara huerfanito a Yeiden, para fortuna de todos llegó Saori hecha una fiera pues llevaba tiempo esperando a ver a que horas regresaba Seiya
– ¡Seiya! ¿Por qué rayos te tardas tanto?
Los chicos estaban espantados puesto que la Diosa había entrado en un camisón muy sexy que casi no dejaba nada a la imaginación, de hecho Shun tuvo que taparle los ojitos al bebé para que esta escena no le causara un trauma de por vida, pero al parecer ella ni en cuenta de la situación, seguía ahí parada echando humo. Se hizo un silencio sepulcral que fue interrumpido abruptamente por Hyoga que pegó tremendo grito que asustó a todos
– ¡Saori! Tú eres mujer – declaró como si hubiera hecho el descubrimiento más grande en la historia de la humanidad entera
– Gracias por tu valiosísima información, Hyoga, si no me lo dices jamás en la vida me hubiera dado cuenta
– No, me refiero a que tú debes poder dormir al bebé – pero de pronto noto algo – oye Seiya – dijo Hyoga con demasiadas ganas de seguir fastidiando al burrito – ¿No que Saori estaba enferma, con fiebre y no se que tanto… y que casi, casi necesitaba un respirador artificial para sobrevivir? – Seiya traga saliva al sentirse descubierto – la verdad yo la veo muy pero muy sanita
– ¡Cállate Hyoga! – le avienta un oso en la cara – Saori, ten compasión, llevamos horas sin poder dormir al bebé y nosotros ya nos estamos cayendo de sueño
– Otooto… – llamó el niñito con carita consternada
– Errr… y creo que tenemos otro problemita – dijo Shun provocando que todos lo miraran aterrorizados – creo que necesitamos un cambio de pañal – como si se hubieran puesto de acuerdo, las miradas de los chicos se centran en Saori
– ¡Ah no! a mí ni me miren… es más, creo que me está llamando mi mamá ¡Adiós!
Ni lerda ni perezosa, la diosa sale corriendo como alma que lleva el diablo dejando a los chicos con semejante predicamento. Pero como buen papi, Shun se levantó a cumplir con su deber y de paso a traer otros 50 litros de café para él y sus amigos. Y sin más remedio tuvo que seguir inventando cosas raras
– ¡Vamos a morir! – gritó la Caperucita-Hyoga sacudiendo de fea forma a Kanon-Pan
– No si le avisamos al Rey de la tierra de "Sí, siempre, a cada rato", él sabrá que hacer
Se encaminaron, pues, al castillo de roca azul, pero en su camino escucharon un extraño canto y al voltear vieron a una sirena remando una lanchita, era nada más y nada menos que la Caront-Sirenita
– ¿Quién? – a Hyoga le dieron ganas de vomitar de tan solo imaginarse a Caront en brasier, una conchita adornándole el pelo y una coqueta colita de pescado
– Shun, creo que la desvelada ya te provocó daños irreversibles en el cerebro – comentó Seiya con resignación por lo que Shun lo voltea a ver con cara de voy a matarte sino te callas de una buena vez – este… mejor me callo
– Sí, mejor – respondió con ira mientras apagaba su cosmo maligno
¿En que estaba? ¡Ah sí!... entonces la Caperucita-Hyoga, después de ir a vomitar como tres veces, se le acerca a la Caront-Sirenita y junto con Kanon-Pan, que por cierto seguía con los calzones de fuera, le informó la terrible noticia
– ¡El cielo se está cayendo!
– ¿Qué? – preguntó alarmada – ¡Maldito calentamiento global! ¿Qué podemos hacer?
– Hay que ir a avisarle al rey
Entonces la Caperucita-Hyoga, Kanon-Pan y la Caront–Sirenita fueron corriendo al castillo de roca azul y en su camino se encontraron con un muñeco de madera que soñaba con ser un niño de verdad, su nombre era Shion-Pinocho…
– Oye Shun, a este cuento le hace falta acción, si quieres yo te puedo dar unas cuantas ideas
– ¡No inventes! Preferiría tener que volver a combatir a Hades que escuchar las ideas de Seiya – comentó Hyoga
– ¿De verdad? – se oyó una voz maligna mientras se oscurecía la habitación
De la nada salió el rey del inframundo formando una espesa niebla negra a su alrededor, todas las plantas a cien metros a la redonda quedaron marchitas, los perros salieron huyendo lo más lejos posible y los lobos aullaban a la luna ¿De donde salieron lobos? Yo qué se, la cosa es que por ahí andaban. Todos, excepto Yeiden que seguía chupándole la oreja a su oso de felpa, estaban asustados a más no poder y a punto de un infarto al miocardio
– ¡Muajaja! Es hora de morir
– Oye, sólo era un decir… – dijo Hyoga a punto de mojar sus pantalones, el Dios se entristeció pues quería ver sangre ¡Sangre!
– ¿En serio? Es decir… ¿no quieren morir aunque sea tantito y luego los revivo? – preguntó de forma maliciosa mientras miraba a Seiya macabramente y afilaba su espadita de 2 metros
– Este… no gracias, otro día con mucho gusto – Seiya se esconde tras de Yeiden que al parecer era el único que no tenia miedo
– ¡Bah! Al cabo que ni ganas tenía
Dicho esto se esfumó tan rápido como llegó, luego ya respiraron tranquilos pero todavía tenían el problema de dormir al peque. Entonces seguían viendo qué hacer pero Seiya andaba de criticón, tanto que sus compañeros estaban tentados a invocar de nuevo a Hades para que jugara un ratito con él
– Si no te gusta como cuento ¿Entonces hazlo tú? – retó Shun, harto de que lo estén friegue y friegue a cada rato
– Ya vas, veras como se cuenta una historia
Entonces Seiya empieza a inventar cosas mientras que Shun aprovecha para recostarse en la alfombra con el bebé en su pecho, el muchacho ya andaba cabeceando muy al contrario de su hijito que se veía de lo más feliz y ansioso por lo que contara el tío Seiya
– ¡El cielo se está cayendo!
– ¿Qué? – preguntó alarmado Shion-Pinocho – ¡Vamos a morir! ¿Por qué me pasa esto a mí que soy tan puro y casto? – le empieza a crecer la nariz – errr… bueno, puro no pero casto si – le sigue creciendo la narizota – ok, mejor me callo
Entonces la Caperucita-Hyoga, Kanon-Pan, la Caront–Sirenita y Shion-Pinocho fueron corriendo al castillo de roca azul y en su camino… un poderoso rayo cayó del cielo sobre la Caperuza dándole así… ¡Súper poderes! por lo que se convirtió en ¡La súper ultra mega poderosa Caperucita-Hyoga mosquetera con botas!
– Dame una buena razón para no agarrarte a golpes – Hyoga ya de plano quería congelarlo
Entonces recorrieron el reino de arriba abajo corriendo la voz con la valiosa ayuda de su súper amiga, pero lo que no sabían que lo que ocurría no era culpa del calentamiento global, sino de una amenaza mucho pero… eran unos enemigos misteriosos… y fue así como dio inicio la sangrienta batalla de la súper ultra mega poderosa Caperucita-Hyoga mosquetera con botas contra los monstruosos dinosaurios ninjas marcianos mutantes del espacio
– ¿Los qué? – preguntó Hyoga horrorizado
– Este… creo que mejor yo sigo contando – propuso Shun temeroso de las barbaridades que pudiera narrar Seiya a su pequeñito
– ¿Y eso por qué? – preguntó el pegasito con ojitos llorosos
– ¿Y todavía lo preguntas? – reclamó Hyoga – no ves que los lectores ya estaban felices de no tener que volver a leer cada cinco líneas eso de la armadura dorada más poderosa, indestructible, invulnerable y magnifica de toda la orden del zodiaco
– y... un panquecito – completó Shun después de soltar un gran bostezo
– eso… como para que ahora les salgas con que van a tener que leer y releer a cada rato eso de los monstruosos dinosaurios ninjas marcianos mutantes del espacio
– ¡Oh, qué carácter! Nada les gusta – reclamó indignado
El tiempo seguía pasando lentamente, el bebé por lo menos ya se quedaba quietecito en los brazos de Shun, Hyoga se había dormido y como Seiya ya empezaba a cerrar sus ojos… Shun tuvo que seguir narrando locuras… aunque a decir verdad, a esas alturas ya no estaba seguro si él estaba contando algo o ya de plano lo estaba soñando
La Caperucita-Hyoga con botas, usando el cero absoluto, derrotó a los poderosos Dinosaurios Marcianos pues el cielo se estaba cayendo por su culpa. En recompensa por su valiosa hazaña, el rey de la tierra de "Sí, siempre, a cada rato" le regaló a la gallina de los huevos de oro. Entonces regresó muy contenta a casa aunque la Dohko-abuelita le cayó a palos por llegar a altas horas de la noche. Pero se hicieron ricas teniendo así tranquilidad es sus vidas… y vivieron felices para siempre.
El bebé esbozó una enorme sonrisa mientras aplaudía enérgicamente muy contento por la gran historia que había escuchado.
– No hagas ruido, mi amor… vas a despertar a papá
June fue por unas sábanas con las que cubrió a Hyoga y a Seiya y por alguna razón este último estaba abrazado como koala acrofóbico al primero que no parecía incómodo por ello. Tomó una tercera para su amado esposo pero alguien se le adelantó.
– buenash noches, otooto
El pequeño Yeiden le da un besito a su papi que hace unos cinco minutos, justo antes de que June entrara, había caído rendido por el sueño. Lo cubre con una mantita, que tenía la cara de un perrito feliz. Luego June casi tuvo que despegar al bebé de Shun, pues el niño quería dormirse junto a él en el suelo. Ella lo mece un ratito mientras le acaricia la cabecita, en cuestión de segundos Yeiden queda dormidito arrullado por el calor de su mami, lo pone en la cuna. Aprovechando que todavía era temprano, se acuesta en la alfombra junto a Shun y se abraza a él. Por desgracia eso no iba a durar mucho porque dentro de poco tendría que levantarse para ir a trabajar.
Al rato Seiya y Hyoga se quedaron a desayunar mientras Shun corría de acá para allá arreglándose. June los miraba devorar los alimentos como si no hubieran comido en años. Así que aprovechó para darles una noticia
– ¡Rayos! Recuérdame no tener hijos – pidió Seiya a su compañero de batallas
– Sí – respondió Hyoga que lucía unas enormes ojeras
– Bueno, sobre eso – dijo June algo apenada – no sé si sea buen momento para decirles que pienso ir tres días a Grecia y
– ¿Qué? – Seiya casi se atraganta con sus hot-cakes y sale corriendo atravesando la puerta y de paso haciéndole un enorme agujero
– ¡No!
Hyoga de plano se lanzó por la ventana y Shun… ¿Dónde está Shun? ¡Ah claro! él se encontraba tirado en el suelo después de desmayarse ante semejante noticia
– ¿Pero qué les pasa? Solo iba a decirles que esta vez me voy a llevar al niño conmigo
"Y colorín colorado, este cuento se ha acabado."
Fin.
