H:
No creo que tengas más dobles en el mundo, Mac. –La contestó,
serio-. Además de que nosotros creemos que está muerta.
M:
Entonces,… ¿qué buscas?
H: No lo sé…
09:10
Horas, Lunes
Cuartel General de JAG
Falls Church, Virginia
Harm aparcó su Corvette en el parking y antes de bajarse, vio a su compañera esperando en la puerta del edificio. Se acercó hasta ella, y la sonrió.
M:
Como siempre, el comandante Rabb llegando tarde. –Le devolvió la
sonrisa-. ¿Un accidente en la carretera? ¿O quizás había un
atasco?
H: Muy graciosa, Mac. Esta vez me he dormido. ¿Qué haces
aquí?
M: Esperándote. El almirante quiere vernos en su despacho.
Está Clayton Webb con él.
H: ¿Crees que su presencia tendrá
algo que ver con lo del restaurante? –Le preguntó, mientras
caminaban hacia el ascensor-.
M: Puede que sí o puede que no. No
me han dicho nada.
Cuando el ascensor se paró en la planta de las oficinas, Harm sintió un nudo empezando a formarse en su estómago. La conversación que escuchó en aquel restaurante y la posibilidad de que su antigua mejor amiga estuviese viva, no le dejaron pegar ojo desde el viernes. Si realmente ella no hubiese muerto… ¿Por qué no intentó comunicarse con él? ¿Qué sentiría al verla ahora?
Llegaron a la puerta del almirante y Coates les pidió que entrasen. Al abrir la puerta, se encontraron con la expresión neutra de Chegwidden, y la incomodidad escrita en la cara del espía.
C:
Coronel… Ya era hora, comandante. –Intentó sonreír-. Siéntense.
M: Usted dirá, almirante.
C: Como bien saben, hace un par de
semanas pedimos al Secna que asignasen a alguien para ocupar el
puesto del comandante Turner. –Los dos asintieron-. Pues ya
lo han hecho. Al parecer, el historial del nuevo a bordo tiene un par
de complicaciones, por eso el agente especial Clayton Webb está
aquí. –Todos le miraron-.
W: La oficial designada estuvo
trabajando para la CIA. Ella misma pidió volver a… bueno… pidió
dejar de participar en las misiones y… el Secna la ha transferido
al JAG. –Le tendió la carpeta que llevaba al almirante, que la
cogió y comenzó a leerla-. Lleva seis años trabajando para
nosotros, de los cuales cuatro de ellos ha estado encubierta. Todos
hemos pensado, por el bien de todos, que antes de que se incorpore
deberían saber quién es.
H: Diane Schonke. –Habló por primera
vez, desde que entró-.
W: Puede ser bastante difícil pero,… si
os sentís incómodos… Ella lo entenderá. Sería la primera en
querer marcharse. -Suspiró-.
C: ¿No es la oficial que murió
asesinada por el comandante…? –Preguntó el almirante, mirando a
Harm-.
H: Por el comandante Holbarth, señor. –Se aclaró la
garganta-. Investigué el caso con la teniente Austin. Después se
unió la comandante Krenick, alegando que yo no sería imparcial.
C:
Lo recuerdo… -Después de estar unos segundos en silencio,
continuó-. ¿Creen que tendrían algún problema a la hora de
trabajar con ella?
M: Por mi parte, ninguno, almirante. Nos vendrá
bien contar con otro abogado.
C: ¿Y usted, comandante? –Harm
permaneció en silencio, y Webb interrumpió-.
W: Puedes ir a
hablar con ella antes, Harm. Creo que para ambos sería mejor hablar
del pasado, antes de que entre a trabajar. –Sacó una tarjeta y
apuntó algo-. Está alojada en el hotel Pirámide. Suite 12. –Se
levantó y le tendió la mano al almirante-. Gracias por recibirme,
AJ.
C: Gracias por traernos un abogado más. Estamos desbordados.
–Cuando Webb se fue, le pidió a Coates que cerrara la puerta y
después, se dirigió a Harm-. Comandante, llevo lo bastante como
para tenerle confianza. ¿Qué piensa hacer al respecto? –Señaló
la tarjeta con la cabeza-.
H: No lo sé, almirante. –Suspiró-.
Creo… creo que debería ir.
C: Tiene la mañana libre, Harm. –Le
contestó, paternalmente-. Pienso que cuanto antes aclaren cualquier
malentendido, será mejor para todos. –Miró a Mac-. ¿Alguna duda,
coronel?
M: No, almirante.
C: Bien. Eso es todo. Pueden
retirarse.
Los dos se pusieron firmes y abandonaron el despacho de su superior. Harm caminó hasta su oficina, seguido por Mac. Cuando estuvieron dentro, ella cerró la puerta y le encaró.
M:
¿Vas a ir?
H: Será lo mejor. Tengo demasiadas preguntas que
hacerle y como ha dicho el almirante, cuanto antes se aclare todo,
mejor. ¿Tú como… como te sientes?
M: ¿Eso no lo tendría que
preguntar yo? –Ambos sonrieron-. Estoy bien. ¿Y tú?
H: Creo
que mi mundo se ha venido abajo, otra vez. –Cogió sus cosas, y
salió-. ¿Puedes cerrar mi despacho?
M: Descuida.
Bajó al aparcamiento y se montó en su Corvette. Condujo por medio Washington hasta que llegó al hotel. Aparcó no muy lejos de la entrada y accedió al interior del edificio. Se acercó hasta el mostrador de información y esperó a que alguien le atendiera.
-:
Buenas tardes caballero. –Sonrió-. ¿En qué puedo ayudarle?
H:
Verá… una amiga mía está alojada aquí y quería saber si se
encuentra en el hotel. –Le dio su sonrisa de piloto y la
recepcionista se sonrojó-.
-: Claro, dígame el nombre.
H:
Diane Schonke. –Después de mirar la pantalla del ordenador, le
sonrió-.
-: La señorita Schonke no ha salido hoy del hotel. Debe
de estar en su habitación.
H: Muchas gracias. –Se dio la vuelta
y la chica le llamó-. ¿Sí?
-: ¿Quiere una llave, señor?
H:
Si, gracias.
Después de darle la llave, subió hasta la planta de las suites y esperó. Cuando llegó, caminó lentamente observando con detenimiento el número de cada una. Le llevó varios minutos encontrarla. Estaba al final del pasillo.
Iba a llamar cuando decidió meter la llave y abrir. La suite era igual de grande que su apartamento, además de estar amueblado casi de la misma manera. Contaba con cocina, salón, y al final había una puerta, que supuso sería la habitación. Le llamó la atención los post-it que estaban pegados en el frigorífico. En uno de ellos había una lista, con cuatro frases.
"Llamar a Webb", "Buscar apartamento", "Comprar un coche", "Contactar con Harm"
La última parte de la lista le sorprendió. Ella quería hablar con él. Se dio la vuelta, justo para escuchar el ruido del somier, que indicaba que alguien se levantaba de la cama. Pensó que sería mejor llamarla, antes de que pudiera darle un susto.
H: ¿Diane?
