Enfermedad.

Donde quiera que Hikaru fuera, Kaoru le seguía. Donde quiera que Kaoru fuera, Hikaru le seguía.

Era una conducta que habían tenido desde su nacimiento, como si hubieran sido extraídos al mundo exterior unidos el uno al otro por el cordón umbilical. Así como su infancia había trascurrido con ellos tomados de la mano.

Por ello, cuando enfermaban, enfermaban juntos. Nunca se sabía quien había contagiado a quien ¿Qué importaba? Ambos terminaban siempre en cama, faltaba los mismos días al colegio y recibían los mismos mimos de mamá y los sirvientes (normalmente el padre nunca está en casa…o en el país) y cuando papá volvía, les daba el mismo obsequio por su valentía.

Compartir el sarampión, el denge, la fiebre, e incluso una simple gripa era un precio pequeño por el placer de pertenecer a un mismo mundo.

Nacieron juntos, cariño, y lo más probable es que mueran igual. Enfermaran gravemente algún día, o irán en el mismo auto cuando este choque. Deja de preocuparte, mujer. Estarán bien, ellos así lo quieren.

No habían sido más que palabras descuidadas para hacer burla a su mujer, por muy ciertas que fueran.

En su mundo sólo cabían dos para compartir su felicidad y contraer su epidemia. Su egoísmo les llevaba a no compartir siquiera la fatalidad de un malestar, porque era sólo suyo.

-Tamaki.

-¿Hmm¡Oh, Kyouya¿Qué pasa?

- Tanto Hikaru como Kaoru faltaran a clases un par de semanas, tienen varicela.

- Es una pena, pero al fin habrá paz sin ese par de desquiciados.

-Tamaki.

-¿Hmm?¿Algo más, Kyouya?

-Haruhi también faltará a raíz de la misma causa.

-¡¿QUÉ?!

…Y por primera vez, ese pequeño mundo se había resquebrajado un poco, apenas para contagiar de su enfermedad a alguien con quien realmente querían compartirla.