De repente, él se paró, con la boca abierta. Pasaron unos minutos mirándose, hasta que ella actuó. Le abrazó por la cintura y escondió la cara en su torso.
M:
Siento mucho habértelo dicho, Harm. Lo último que yo quiero es
hacerte daño, créeme. Pero cuando llegué, y la vi en la cama…
-Se echó a llorar-.
H: Shh… Está bien, Mac. Te creo. –Ella
le miró a los ojos y antes de decir nada, él se adelantó-. Lo que
no entiendo es de qué se conocen Diane y Brumby.
M: Hay una
persona que puede saberlo.
H: Webb. –Ella asiente-. ¿Tienes la
llave de mi apartamento?
M: Si, esa que me diste de emer…
H:
Bien. Espérame allí. Voy a llamar a Clay y a pedirle la tarde libre
al almirante. –Le acarició la mejilla-. Sé que debe de ser duro
ver a tu prometido en la cama con otra, pero quiero que sepas que
estoy aquí para ti, si me necesitas. Lo sabes, ¿verdad?
M: Si.
¿Y tú también, no? Sabes que siempre te apoyaré, Harm. Pase lo
que pase.
H: Siempre tú y yo…
M: …hasta el final. –Sonrió
y rozó sus labios con los de él-. Te esperaré en tu apartamento.
Después de la despedida, Harm subió hasta el despacho del almirante. Con los pocos casos que había, le concedió a la primera lo que quedaba de tarde. Durante el camino hasta su coche, llamó a Webb y le pidió que fuera a su apartamento. También le dijo que cuando llegase, llamase al timbre, ya que seguramente Mac estaría allí.
Cuando él llegó, se encontró a Mac y a Clay sentados en el sillón, ambos con un vaso de agua en la mesa. Harm dejó sus cosas al lado de la puerta y se sentó frente a ellos.
W:
¿Y bien?
H: Queríamos preguntarte por los contactos que tuvo
Diane mientras trabajaba para la CIA.
W: ¿Algún nombre en
especial? –Dijo, resignado. Sabía de sobra que no saldría de allí
a no ser que hablase-.
M: Mic Brumby.
W: ¿Conocéis a Brumby?
H: ¿Qué sabes de él?
W: Es uno de los mejores espías de
toda Australia. Lleva en el ASIS más de siete años y nunca le han
cogido. Ha colaborado muchas veces con nosotros, especialmente con
Diane. ¿Por qué?
M: Son amantes. –Webb se sorprendió-.
W:
Eso es imposible. Schonke siempre le ha odiado.
M: La he visto
desnuda y en la cama de mi prometido. ¿Qué más pruebas quieres,
Clay?
W: Esperad… me estoy perdiendo. –Se aclaró la
garganta-. ¿Estás diciendo que Mic Brumby es tu prometido y que ha
estado con Diane? –Mac asintió-. Deduzco que no sabías que tu
futuro marido ya está casado, ¿no? –Los que se sorprendieron
fueron ellos-.
H: ¿Casado?
W: ¡Increíble! Los dos mejores
abogados del JAG, y sin saber de la misa la mitad. –Suspiró-.
Veamos… ¿Tienes un ordenador?
Harm se levantó y le dejó su portátil. Mac hizo un hueco para que su compañero se sentara y ambos vieron como su amigo entraba en una de las páginas de la agencia. Buscó entre varios historiales y abrió uno en la pantalla. Giró un poco el ordenador para que ellos pudieran verlo y mientras leía, comenzó a explicarles.
W:
Al año y medio de entrar en la agencia, Diane fue asignada para
colaborar con la inteligencia australiana en un caso de terrorismo.
Allí conoció a Mic. Una de las condiciones es que tenían que
aparentar ser una pareja de recién casados, de luna de miel en Nueva
Guinea. –Suspiró-. Claro que, los terroristas siempre investigan a
sus 'aliados' y cuando comprobaron que Brumby era militar, y
Diane también, enseguida los buscaron.
M: ¿Qué pasó?
W:
Delante de todos verdaderamente parecían estar recién casados.
Besos, caricias, abrazos,… Pero cuando no se les observaba, cada
uno estaba por su lado. La misión se complicó y Brumby le salvó la
vida a Diane. Desde ese momento, su relación cambió. –Cogió
aire-. En el fondo, siempre hemos creído que se atraen demasiado y
ambos son demasiado independientes. No les gusta estar atados a
nadie, a no ser que con eso puedan hacer daño. –Miró a Mac-. Por
eso creo que Brumby quería casarse contigo. Sé que odia a Rabb y
todos sabemos que sois muy amigos.
H: ¿Y Diane? Ella antes no
era así. Quiero decir que, antes de lo del muelle ella no se
comportaba así. Era todo lo contrario.
W: Las personas cambian,
Rabb. Desde aquello, Diane comenzó a odiar a los militares, y en
especial a la marina. Por eso no quiso volver a su puesto. Lo que le
hizo el comandante Holbarth todavía le pesa. Tú debes de saber
mejor que nadie cuanto amaba ella el mar. Le arrancaron de todo lo
que ella más quería. El cuerpo, el uniforme, de ti,… -Se levantó
y cogió su chaqueta-. Si sabéis esto, deberíais de tener cuidado.
Sobre todo tú, Mac. Brumby puede amenazar y dar un par de puñetazos,
pero nunca matará a nadie, aunque sea a Rabb. En cambio, de Diane…
no puedo decir lo mismo.
H: ¿Y el embarazo de ella? –Antes de
salir por la puerta, Webb se giró a Harm-.
W: Diane no puede
concebir, es estéril.
