En cuanto escuchó que ella había cortado la línea, colgó como pudo el auricular y salió corriendo por la puerta. Cuando llego a la calle, se alegró de que Mac le dejara también una copia de su Corvette. El suyo se lo habían llevado los artificieros, para localizar la bomba, y tuvo que volver en taxi desde la casa del almirante.
Arrancó el coche y avanzó por las calles a gran velocidad. Dio gracias al cielo de que a esas horas de la madrugada apenas hubiera tráfico en la carretera. De esa forma, llegó en treinta minutos, en vez de los tres cuartos de hora que habría tardado si hubiera ido con una conducción más normal.
Aparcó el coche frente a la casa y abrió la puerta de un empujón. Recorrió toda la planta de abajo llamando a Mac, y cuando ella le escuchó, comenzó a dar patadas al suelo, haciéndole saber que estaba arriba. Al oírla, corrió hacia las escaleras y subió de dos en dos los escalones.
Ella seguía haciendo ruido, y gracias a eso, pudo encontrarla mucho más deprisa. Nada más entrar en la habitación, la vio sentada en una silla, atada y amordazada. Sintió que se le rompía el corazón en mil pedazos al ver las lágrimas que corrían por sus mejillas.
H:
¡¡Mac!! –Dijo, mientras se acercaba a ella y la desataba-.
¿¿Estás bien??
M: Si, tranquilo, estoy bien. –Le respondió,
cuando él la terminó de liberar. Después, se abrazó a él-.
Tenemos que irnos. Hay una bomba colocada en el sótano. Me lo ha
dicho Diane antes de irse.
H: ¿Cuánto nos queda?
M: Dos
minutos y treinta y cuatro segundos.
Sin decir nada más, bajaron las escaleras y se montaron en el Corvette. Cuando, apenas habían recorrido unos metros con el coche, un sonido fuerte retumbó y, al girarse, contemplaron la gran columna de humo que salía, donde antes estaba la casa.
Ninguno habló durante todo el camino de vuelta hacia el apartamento. Al llegar, los dos se bajaron del coche y caminaron, con el mismo silencio, hasta el interior. Una vez dentro, Harm se sentó en el sofá y escondió su cara entre sus manos.
Mac se colocó a su lado, y se abrazó a él. Pasaron varios minutos así, sin moverse, hasta que ella no aguantó más y se levantó, molesta por su actitud.
M: Harm, ¿vas a decirme lo que te pasa? –Él ni se inmutó de la pregunta-. Por favor, Harm.
Se arrodilló delante de él, y le obligó a mirarla. Lo que vio en sus ojos le caló hondo. Había miedo, pena y sobre todo, lo que más vio era culpa. Sabía porque se sentía así. Si hubiera tardado tres minutos más, ella no estaría frente a él ahora mismo.
Verdaderamente ella se había mentalizado para lo peor. Sabía el tiempo que habían tardado en llegar allí, y en qué momento hubiera explotado la bomba. Supuso, por lo poco que Harm había tardado en aparecer en la casa, que se había saltado todos los semáforos y habría conducido por encima de la velocidad permitida.
Mac continuaba mirándole, esperando a que le hablase, mientras él esquivaba su mirada constantemente. Después de un rato con ese juego, él por fin la miró.
M:
Harm… Estoy aquí. No ha pasado nada.
H: ¿Y si no hubiera
llegado a tiempo, Sarah? Si hubiese tardado unos minutos más, tú…
tú no… -Dijo, abrazándola-. Si algo te hubiera pasado no podría
seguir viviendo. He tardado demasiado en darme cuenta y…
M: Shh…
-Le silenció, acariciando sus labios-. Llegaste a tiempo, Harm. Me
salvaste. Eso es lo que cuenta. No tendrías que pensar en lo que
hubiera podido pasar. Sigo aquí, contigo, y eso es lo que
importa.
H: Lo sé. Pero, yo… -Respondió, después de un rato
en silencio-.
M: No puedes protegerme de todo lo malo del mundo,
Harm. Me alaga que intentes hacerlo, y eso demuestra lo mucho que me
quieres y lo importante que soy para ti. Sé lo que estás sintiendo,
porque eso es lo que yo siento cuando tú vuelas, Harm. –Le
acarició la mejilla-. Pienso en qué pasaría si tú no volvieses de
tus pruebas de vuelo. En cómo podría seguir viviendo si tú no
estuvieses a mi lado.
H: No sabía que te preocupasen tanto mis
pruebas. –Le susurró-. Nunca me lo dijiste.
M: Bueno… Ahora
lo sabes. –Cogió su cara entre las manos y le besó-. Vámonos a
dormir, Harm. Quiero olvidar cuanto antes todo lo que nos ha
pasado.
H: Yo no pensaba en dormir... -Sonrió-. Te quiero,
Sarah.
M: Yo también te quiero, Harm.
FIN
