EPÍLOGO

Hacía dos años desde que Harm y Mac se dieron el sí quiero, delante de todos sus conocidos. La ceremonia se celebró en abril, en el jardín una pequeña capilla de Washington. En aquel mes los rosales estaban floreciendo, y cuando vieron el lugar les recordó al jardín de la Casa Blanca. En eso fue de las pocas cosas en las que estuvieron de acuerdo.

Como regalo de bodas, por parte del almirante, movió los hilos para que ambos pudieran seguir trabajando bajo sus órdenes, y a la vez, estuvieran casados. Tanto Harm como Mac se lo agradecieron enormemente, ya que le consideraban como un padre.

Aunque los dos querían tener hijos, decidieron esperar unos años, para poder disfrutar de su matrimonio, y buscar una casa que fuera más grande, para transformarla en su hogar.

Era un día de junio, por la tarde, cuando vieron a Clayton Webb pasar, bastante serio, por delante de sus puertas y dirigirse hacia el despacho del almirante. Al cabo de un rato, fueron llamados por Coates, quien les dijo que su jefe les necesitaba.

Los dos, al entrar, se pusieron firmes y cuando recibieron la aprobación de Chegwidden, se sentaron en las dos sillas vacías de la habitación. AJ hizo una señal a Webb, y esté comenzó a hablar.

W: La inteligencia australiana nos ha llamado esta mañana, para preguntarnos si queríamos repatriar los restos de una antigua teniente de la marina. Al parecer, Diane Schonke fue encontrada muerta en la casa que compartía con su marido, Mic Brumby. –Miró a los recién llegados-. Los vecinos testificaron que ella tenía un amante, y que Mic la había descubierto. Tuvieron una fuerte discusión y en un arrebato de ira, él la asesinó.
M: ¿Qué ha contestado el gobierno?
W: Bueno… avisamos a los padres de Diane y ellos quieren recuperar el cuerpo. Llegará a nuestro país dentro de dos días.
H: ¿No querrás que vayamos nosotros a…? –Clay le interrumpió-.
W: No. –Sonó tajante-. Después de que secuestrara a Sarah, no os pediría eso. Creo que merecíais saber que ha sido de ellos, nada más.
M: ¿Cuándo murió?
W: Hace una semana.
M: ¿Y Mic?
W: Cuando le encerraron como precaución para que no escapara… se suicidó en su celda. Le encontraron prácticamente desangrado. No saben cómo, pero consiguió cortarse las venas. Él será enterrado en Australia.
M: Gracias por avisarnos, Clay. –Le sonrió, y después se giró a su superior-. ¿Eso era todo, almirante?
AJ: Si, coronel. Pueden retirarse.

Los dos volvieron a ponerse firmes y cuando salieron, Mac siguió a su marido hasta el despacho de él. Una vez dentro, cerró la puerta y bajó las persianas. Harm la veía hacer, sentado en su silla, sin decir nada. Después, se sentó en la mesa, delante de él y le miró seria.

M: ¿Me puedes decir por qué 'esa' actitud, Harm?
H: ¿Cómo que por qué? Después de lo que nos hicieron no creía posible que Webb nos pidiera estar presentes cuando su féretro llegase a la base.
M: Era tu amiga, Harm.
H: Me engañó, me utilizó y se aprovechó de mi confianza en ella.
M: De todas formas, compartiste con ella una parte de tu vida, cariño. Sé que te enfada lo que hizo, pero…
H: ¿Cómo puedes defenderla, Mac? –Le preguntó, totalmente sorprendido-. Intentó matarte.
M: Lo sé, y no la defiendo. Solamente era una mujer enamorada. Muchas en su lugar hubieran actuado igual.
H: ¿Incluida tú, Mackenzie? –Sonrió, arrogantemente-.
M: Bueno… nunca se sabe, a lo mejor no…
H: … o, a lo mejor, sí. –Aumentó su sonrisa-. Aunque, con que me dijeras que estás enamorada de mí, sería suficiente. No tendrías que cometer ningún delito.
M: ¿En serio? –Fingió sorprenderse-.
H: Totalmente. –Sonrió y le tendió la mano. Ella la aceptó y acabó sentada en su regazo-.
M: Por cierto, tengo una buena noticia. El doctor Collins me ha llamado esta mañana para decirme el resultado del análisis de sangre.
H: ¿Y? –Se alarmó-. ¿No será nada grave? ¿O sí?
M: No es nada grave. –Le tranquilizó-. Es algo que tardará ocho meses en aparecer y durará toda la vida. –Le sonrió-.
H: Si no es nada malo que… -Se paró al asimilar toda la información. En ese momento, Mac supo que él la había comprendido-.
M: ¿Qué te gustaría, niño o niña?
H: ¿Estás embarazada? –Le preguntó, con una sonrisa en la cara. Ella asintió-. ¿De verdad? No me malinterpretes, sé que tu no me mentirías con algo así, pero… ¡Dios mío! ¡Me hace tanta ilusión!
M: Lo sé, flyboy. Yo también me he puesto igual cuando me lo ha dicho el doctor.
H: ¡Gracias, Sarah! Me has hecho el hombre más feliz del mundo. –La besó apasionadamente-.
M: Tendríamos que decírselo al almirante. –Sonrió-. Y a los Roberts. ¿Crees que ellos querrían ser los padrinos?
H: Estoy seguro que sí. –Le devolvió la sonrisa-. ¿Vamos?
M: Vamos.

Y los salieron sonrientes, de vuelta a la oficina de su superior, encontrándose por el camino a Clayton Webb. Ninguno de los dos le dijo nada. Solo se concentraron en ir frente a Coates y pedirle que le anunciara al almirante que querían verle. Por fin, el trato de del bebé iba a cumplirse, porque ninguno de los dos rompería nunca una promesa.

FIN (ahora si que si)