Capitulo 2: Superando el dolor

La mañana llegó a La Madriguera, dónde nadie parecía haber dormido. Con el Sol entrando suavemente por las ventanas, los habitantes de la casa empezaron a bajar a la cocina, que la Sra. Weasly no había abandonado en toda la noche.

El cuerpo de Fred, el de Lupin y el de Tonks continuaban en Hogwarts, a la espera de que la situación se normalizara un poco. En el jardín, la luz del día descubrió tres piedras blancas que, hundidas un poquito en el césped, recordaban a los desaparecidos. Las palabras talladas sobre ellas no eran de dolor, de añoranza o de melancolía, si no de admiración y esperanza. La de Fred, situada a la izquierda, era más redondeada y estaba impecablemente limpia. Con una caligrafía cuidada, las palabras "Para quien rió cuando el mundo lloraba. Para que podamos reír cuando nuestro corazón llora." habían sido grabadas justo debajo de su nombre. La de Lupin y la de Tonks, que se encontraban más a la derecha, una junto a la otra, decían: "El valor de su padre, su sensatez y su sonrisa…", "La alegría de su madre, su candidez y su mayor don…".

Harry se encontraba ante las tres losas, admirando cómo habían sido capaces de omitir los clásicos "Siempre os recordaremos", "Vivís en nuestro corazón" o "Descansad en paz"… No lo merecían, porque, tal vez más que nadie, ellos eran diferentes, eran especiales… No sólo por ser hombre-lobo, metamorfomaga o por haber escapado de Hogwarts en escoba, sino por su devoción por la vida, por su actitud hacía la muerte…

Sacó su varita, esperando para rendir a sus amigos su propio homenaje, pero no pudo evitar detenerse a contemplarla. Después de todo, de años de lucha, momentos dulces y, sobretodo, momentos amargos, allí seguía, tal y como había sido hacía siete años. No quería la varita más poderosa, quería su varita, la que le ligaba con la inocencia de su pasado y con su nuevo futuro, aquella que desarmaba antes que hería y que actuaba por cuenta propia… La que iba a grabar, en unas pequeñas piedras tomadas del jardín, su última despedida a su familia.

"Fuiste mis 1000 galeones mejor invertidos y comprobé que el dinero si que podía traerme la felicidad", le escribió a Fred. No quería poner nada que pudiera provocar sollozos en la Sra. Weasly, lo más parecido a una madre que conocía, ni lágrimas en Ginny, a quien había prometido ayudar a superarlo, pero creía que, en esa frase, había volcado muchos de sus sentimientos.

"Se fue el último Merodeador, pero nos queda todos su legado. Travesura realizada", escribió en una, que tenía una peculiar forma de luna. Lupin hubiera agradecido algo así, hacerle ver que, para él, había sido como un padre. Con la sola excepción de Colagusano, que había acabado siendo un traidor, Harry no podía evitar ver a los Merodeadores como sus padres: todos y cada uno de ellos habían muerto en esa guerra, dejándole cada vez más huérfano.

Por último, tomo la piedra que había elegido para Tonks y escribió "¡Wotcher Dora!" (Nota al final), y la dejó reposar junto a la de Lupin, prometiéndose a sí mismo que haría que Teddy estuviera orgulloso de sus padres, tanto como Harry lo estaba de los suyos, tanto como Harry lo estaba de ellos también.

En la cocina aguardaban todos, tomando el desayuno con tal sobriedad que Harry casi deseó no haber entrado. La Sra. Weasly, sin embargo, sonrió al verle entrar y le ofreció un bol de leche, dándole un cariñoso beso que Harry pensó que no merecía. Luego, cuando este se hubo sentado, carraspeo y habló, como si no lo hubiera hecho en años.

- Ha escrito Minerva. – dijo, mirando a su marido y después a sus hijos, que habían dejado de comer para escuchar a su madre. George no levantaba la mirada del plato y Percy, que no se había separado de su familia desde que había aparecido en la sala de los Menesteres, jugueteaba nervioso con la cuchara. – En unos días, Hogwarts dará una fiesta…

Percy dejó caer la cuchara y George levantó la cabeza para mirar a su madre. Hermione se había llevado la mano a la boca y ahora la bajaba lentamente, mientras Ron negaba lentamente con la cabeza. Ni Bill, ni Charlie, ni Fleur, ni tampoco el Sr. Weasly se sorprendieron. Ginny, sin embargo, dejó escapar una leve sonrisa y del corazón de Harry desapareció un gran peso.

- Han decidido, - comenzó, viendo la cara de sus hijos – y he de decir que estoy de acuerdo, que la mejor forma de recordar a los que han… a los que no están, es rendirles homenaje disfrutando del mundo por el que dieron la vida. Quiero pediros, por favor, que tratéis de disfrutar de la noche, desinhibiros, y que luzcáis vuestra mejor sonrisa.

- Mamá, creo que es una idea fantástica. –dijo Ginny, levantándose y abrazando a su madre, que dejo escapar una sonrisa. Ginny miró a George y añadió. - ¿Querrás ser mi pareja en la fiesta?

George miró a Ginny durante unos segundos con tal dureza que parecía que iba a arrojarle un cuchillo. Al cabo de un momento, sin embargo, su mirada se suavizó y sonrió por primera vez desde la Batalla.

- Lo siento, hermanita, pero no quiero tener problemas con tus novios. Le tengo mucho miedo a El-Niño-Que-Vivió, dicen que acabó con Quien-Tu-Sabes… - añadió. La Sra. Weasly miró de Harry a Ginny y de Ginny a Harry y luego sonrió, dándose la vuelta para lavar los platos. – Además, enana, creo que hay bastantes chicas deseando ir conmigo, abundan demasiado los orejudos…

Ginny rió y miró a Harry, quien le devolvió una sonrisa y la miro con una mirada que decía "así que con tu hermano¿eh?".

------

El ambiente en La Madriguera mejoró considerablemente desde aquel desayuno. Las lágrimas fueron, poco a poco, desapareciendo y las caras tristes dejaron paso a unas más animadas, más fuertes, con más ganas de vivir.

El mayor cambio lo había protagonizado George, que había vuelto poco a poco a sus bromas. Percy y él pasaban mucho tiempo juntos, probablemente porque eran los dos que más dentro llevaban la muerte de Fred. Para Percy, que había estado al lado, había supuesto perder a su hermano tras casi tres años sin él. Sentía culpabilidad, nostalgia y, muchas veces, una sensación de no pertenecer a ningún lado en especial. George disfrutaba educando su recién surgido sentido del humor y bromeaban todo lo que podían, tratando de normalizar la situación familiar. Incluso habían empezado a dormir en la misma habitación, probablemente porque, como decía Hermione, habiendo dormido siempre con alguien al lado, las noches solo debían ser lo más duro.

La Sra. Weasly aun lloraba de vez en cuando, pero no se trataba tanto de lágrimas de pena, sino más bien lágrimas de sobredosis de emociones. El Sr. Weasly, por su parte, había recuperado su carácter afable y su trabajo, lo que le mantenía alejado de la casa durante gran parte del día. Con Bill y Fleur de vuelta en Shell Cottage y Charlie de nuevo en Rumanía, Ron y Ginny se habían quedado más sólo, con la única compañía de Hermione y Harry. Harry dormía ahora en la antigua habitación de Bill, y Hermione se había trasladado a la de Percy, quien le había hecho una introducción a su biblioteca la mañana anterior.

A pesar de que disfrutaban mucho de los momentos en los que podían robarse unas miradas o rozarse sin ser vistos, Ron y Hermione no habían tenido oportunidad para pasar tiempo solos. Destinaban la mayor parte de sus ratos libres a estar con Ginny y Harry, visitando el pueblo, jugando al Quidditch o jugando al Ajedrez.

La noche antes de la fiesta, Ron llamó a la puerta de Hermione.

- Pasa. –dijo Hermione, suponiendo que se trataba de Ginny. Cuando vio a Ron se sobresaltó y trató de esconder su pijama para que él no lo viera. - ¡Ron¿Qué haces tú aquí?

Ron se rio al ver como Hermione se sonrojaba y trataba de ocultar el pijama entre las sábanas. Se acercó y se lo quitó de las manos, extendiéndolo para verlo.

- Me gusta. –dijo riéndose – Es muy tu.

- ¿Qué?

- Lo que oyes. –contestó – Tiene carácter, se le ve un buen pijama, sí señor.

- Ron, devuélveme eso ahora mismo y deja de decir tonterías. ¿Qué querías? Si tu madre te ve aquí vamos a tener problemas.

Ron se sentó en su cama y dejó el pijama sobre la almohada.

- He venido a invitarte a la fiesta de mañana.

- ¡Ron, yo ya voy a la fiesta de mañana! – dijo, mirándole con impaciencia.

- Sí, pero vas a tener el privilegio de ser mi acompañante.

- Estás loco… - musitó Hermione, sin mirarle a los ojos.

- No estoy loco. – contestó él, levantándose y colocándose frente a ella. – Te estoy pidiendo una cita, una verdadera cita.

- Estás loco… - dijo Hermione de nuevo, esta vez con sus ojos clavados en los suyos y una sonrisa en la boca. - ¿Y qué te hace creer que voy a aceptar? Quizá me apetezca ir con McLaggen…

- Bueno, - contestó Ron divertido – mañana estaré aquí a las siete y media, justo en tu puerta… Si está McLaggen tendremos que batirnos en duelo, a ver quien se lleva a la chica. Buenas noches, Hermione.

Ron se acercó y le dio un beso en la mejilla. Cuando cerró la puerta tras de sí, Hermione se vio presa de un ataque de risa.

Ginny y Harry disfrutaban de la noche en el jardín, donde la suave brisa movía el cabello de ella, haciendo que rozara la cara de él. No habían hablado desde que Harry le prometiera estar a su lado, pero, aun sin palabras, su relación se había ido estrechando más y más.

- Harry… - le llamó Ginny, acariciando su brazo.

- Dime, Gin.

- Me da miedo la fiesta de mañana… - admitió ella.

- Si, a mi también… Una fiesta para recordar a todos los que se han ido… Ojala la gente lo tome como es, y no como un funeral… Necesitamos risas, bromas, un poquito de alegría… Supongo que McGonagall será capaz de transmitirlo de tal modos que la gente no piense que es una falta de respeto…

- ¿Bailarás conmigo?

- ¿Qué? – preguntó Harry, algo sorprendido. - ¡Claro que sí! Si tú me dejas, claro… No vaya a ser que te lo pida y me digas que no…

Ginny rió y le miró a los ojos con picardía.

- Tendrás que arriesgarte, entonces. – le dijo.

---------------------

Nota: Para aquellos que no hayáis leído los libros en inglés, "Wotcher" era el saludo que Tonks siempre utilizaba con Harry. Era el único personaje que lo hacía y era como una seña de identidad.

---------------------

De nuevo, gracias a todos lo que llegasteis hasta aquí, a todos aquellos que llegasteis hasta aquí, especialmente a los que leísteis el primer capítulo y la considerasteis lo suficientemente buena como para volver. Gracias muy, muy especiales a aquellos que la marcasteis como alerta, por considerarla, de nuevo, digna de un email en vuestro buzón de entrada.

A Menhir, por ser todo un ejemplo de crítica constructiva, por tomarse el tiempo como para hacérmela a mí y por las palabras tan bonitas que le dedicó a esta historia.

Gracias,

JUNE