Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana.

EPISODIO VII LA SENDA DEL PADAWAN

AÑOS HAN PASADO DESDE QUE EL MAESTRO JEDI LUKE SKYWALKER DERROTO AL EMPERADOR PALPATINE Y AL TEMIBLE DARTH VADER. ESPERANZADOS POR UN NUEVO INICIO, LA NUEVA REPÚBLICA SE FUNDÓ CON LOS IDEALES DE LA ORDEN JEDI Y SU DESEO DE TRANSMITIR LA PAZ, SI EMBARGO ALGUNOS PLANETAS AÚN SIGUEN RESAGADOS, CON LA INTENCIÓN DE QUÉ EL IMPERIO SE ALCE NUEVAMENTE, CREANDO ASÍ RECHAZO POR PARTE DE LOS SIMPATIZANTES DE LA NUEVA ORDEN JEDI. A ESTOS SEPARATISTAS SE LES CONOCE CÓMO ´´LAS CENIZAS DEL IMPERIO´´

RUMORES DE QUÉ ´´LAS CENIZAS DEL IMPERIO´´ HAN APARECIDO EN NABOO, ALERTAN A LAS FUERZAS DE LAS NUEVA REPÚBLICA QUIENES INICIAN UNA INVESTIGACIÓN A CARGO DEL GENERAL JARVIN, BUSCANDO ENCONTRAR A ESOS REZAGADOS.

Parte 1: Las niñas.

En aquel planeta paradisiaco, donde los campos verdes se expanden más allá de donde la vista puede llegar y hermosos palacios presumen abundancia, se pueden apreciar olas de soldados armados, todos usan chalecos negros encima de camisas azules; Su casco es lo más curioso, al ser blanco en la orilla y negro por encima.

Uno de esos soldados ve a una niña pelirroja asomándose por un árbol, puede ver que en ella hay cierto temor por su presencia así que solo mueve la mano para saludarla, tratar de ganar su confianza.

La niña pelirroja se esconde tras la madera pero no deja de verlos, su padre le ha hablado de ellos con desdén, siempre se refiere a ellos cómo escoria rebelde. Recuerda que cuando estos mismos llegaron a su ciudad y derribaron la estatua del emperador Palpatine, el odio que se vio en el rostro de su padre fue algo que jamás podrá olvidar.

Dos guardias de ropa marrón rojizo y gorras del mismo color se ponen enfrente de esos soldados, impidiéndoles así la entrada a la ciudad.

─Soy el general Jarvin de la nueva república, un gusto conocerlos. ─Se presenta el soldado a cargo tratando de ser amable.

─Conocemos su rango Jarvin, lo que desconocemos son sus intenciones en Naboo. ─Dice un anciano de chaleco dorado y gorra plateada, pasando entre sus dos guardias. ─Ustedes ya tomaron la capital y nos obligaron a formar parte de su senado, nos hemos mantenido neutrales.

─La manera defensiva en la que habla no lo beneficia, alcalde Pound. ─Responde el general pasando al lado de él sin siquiera esperar su permiso.

─Solo digo los hechos, me sorprende su visita General. ¿Qué desean las fuerzas de la república aquí? ─Interroga el alcalde mientras lo sigue, indicando a sus guardias que los sigan.

─Hemos recibido noticias de qué hay simpatizantes imperiales en la ciudad, dado el precedente de la misma no es algo que podamos tomar a la ligera. Agradezca que solo traje conmigo veinte soldados. ─Explica Jarvin con cierta egolatría en su tono, incluso suelta una pequeña risa cómo si su benevolencia fuera una broma. Él en lo personal siente que debió traer su flota entera pero el general Skywalker se lo negó, para el hombre que asesinó al emperador es muy benevolente. Aún se cuestiona porqué le hizo un funeral a Darth Vader después de todo lo que hizo.

La niña pelirroja entra a la ciudad, su padre siempre le dijo que se alejara de esa escoria así que decide ocultar su identidad, abre su palma y se concentra en un puesto de gorras, haciendo que una vuele hacía ella al igual que un visor protector. Se los pone para así ocultar su rostro en caso de que el soldado que la saludó la reconozca, su única desventaja es qué no puede cambiar sus prendas negras.

Aunque corra el riesgo de ser descubierta, quiere asegurarse de qué no se acerquen a su hogar. Mantiene su distancia pero no deja de vigilarlos, aún cuestionándose sobre su presencia, en su interior se manifiesta un mal presentimiento.

Al seguir su camino, no observa la silueta detrás de ella. Su cuerpo robusto hace ruidos con tan solo caminar, demostrando así un gran peso de su parte.

Mientras ella los observa, los soldados de la nueva república se dispersan en grupos de dos para así poder buscar a los simpatizantes imperiales. Jarvin ve el nerviosismo en los ojos del alcalde, para ser un político es muy obvio con sus expresiones, no cómo los senadores quienes al menos se esfuerzan en sonar convincentes; En un breve segundo los ojos de Pound se postran en una calle, delatando así su ubicación para gusto de Jarvin.

─Soldados, reubíquense en mi ubicación y preparen sus blasters en caso de qué las cosas se pongan feas. ─Ordena Jarvin desde su comunicador.

─Esas son calles residenciales, nada de interés allí. ─Dice el alcalde tratando de disuadir al general.

─Si no hay nada de interés allí solo abre perdido su tiempo, no debería preocuparse. ─Responde Jarvin apartando al alcalde.

El anciano al ver que lo ignoraron oprime un botón de su comunicador, nervioso sigue al general esperando el mejor resultado. Logra ver que entre las sombras, la niña pelirroja corre por las calles en dirección a su hogar.

─Karah. ─Susurra el alcalde al reconocerla. Trata de caminar hacia ella pero el general se interpone en su camino.

─ ¿Busca algo alcalde? ─Interroga el general para no perderlo de vista.

Pound por su parte se queda quieto, de todas las personas que posiblemente serán capturadas ella no debe estar entre esas. Niega con la cabeza mientras deja que el general siga su camino.

Los soldados de la nueva república se acercan a la calle, poniendo nervioso al alcalde quien no piensa en un camino en el que todos salgan vivos.

Karah logra llegar a su hogar, por cuestiones de seguridad usa la puerta trasera. Al entrar puede ver que el pasillo está desordenado, cosa que se le hace rara porqué su padre siempre ha sido un hombre al que le gusta el orden. Incluso el retrato favorito de su padre está fuera de lugar y ese es uno que nadie toca, es el del antiguo emperador de la galaxia.

Escucha ruidos en el comedor y corre, viendo que su padre está desempolvando su blaster como si fuese un día tranquilo. Ella ha visto a los soldados de Naboo entrenar con esos, requieren firmeza y precisión, algo que su ya viejo padre no tiene por completo. ¿Enserió quiere luchar contra la escoria rebelde?

─Padre…

─Karah, me alegra que hayas venido. Tengo un regalo para ti. ─Anuncia el padre sin siquiera molestarse en ver a su hija. Simplemente se dirige a un compartimento oculto en el suelo.

─Padre, nos tenemos que ir. ─Pide la niña acercándosele al hombre pero este no le presta atención, sigue buscando en ese compartimento. ─Padre, por favor.

Ella corre hacía su padre pero este sigue ignorándola, no lo entiende. Su padre siempre fue alguien que prioriza la seguridad y discreción ante todo pero ahora usa su armadura imperial, su blaster, todo lo qué lo haría parecer un peligro ante esos soldados. ¿Por qué está siendo tan imprudente?

─Aquí están. ─Dice el hombre al sacar una especie de pirámide roja y un collar con un cristal rojo. De repente su rostro inexpresivo cambia a una sonrisa. ─Hija, cuando naciste le arrebataste la vida a tu madre, al menos eso pensé al principio pero cuando te vi crecer entendí que ella dio su vida para que tu tengas un propósito mayos.

Karah recibe la pirámide, su padre ata el cristal alrededor de su cuello con tal delicadeza que ella apenas siente el hilo. Al levantar la mirada ve el rostro compasivo de su padre, por primera vez en años puede sentir que él está en calma consigo mismo, incluso le acaricia el cabello y mejillas cómo cuando era una infante. Memoriza esa mirada mientras lagrimas se le escapan, pudiendo sentir la piel arrugada del hombre causarle cosquillas, una tímida sonrisa se esboza en su rostro.

─El regalo con el que naciste, es el mismo que el emperador Palpatine y Darth Vader tenían. Me siento bendecido por haber sido yo quien diera vida a un ser especial. ─Cuenta el hombre con lágrimas en los ojos, le da un abrazo a su hija con más fuerza de la que antes usaba mientras suspira. ─Es el destino que tu hayas nacido en la ciudad donde el emperador nació.

─ ¡Imperiales!

Se empiezan a escuchar disparos en el exterior, cómo si una batalla campal hubiese explotado. Los gritos no tardan en manifestarse, desde la ventana se ven las balas ir de un lado al otro, mientras ciudadanos corren aterrados.

─Así como Palpatine y Vader, tu asendereas en el poder cómo una lord Sith. Tengo fe en ti al igual que otros, un guía llegara por ti muy pronto. ─Indica el hombre al separarse de ella, sin previo aviso la empuja y se levanta, sacando su blaster para disparar pero en cuestión de segundos recibe un disparo en el estómago.

─ ¡Padre! ─Grita Karah al ver cómo su padre cae, con un agujero en el estómago mientras pierde poco a poco la respiración. ─Padre, por favor no me dejes.

─Te…. Temerius. ─Susurra el imperial antes de cerrar los ojos.

Karah sostiene la mano muerta de su padre, su llanto no tarda en manifestarse mientras lentamente levanta la cabeza y ve al asesinó de su padre. Es él mismo soldado de la nueva república que le saludo en las afueras de la ciudad, este no muestra pena alguna por haberlo asesinado, de hecho en su rostro se refleja compasión por ella.

Llorando se quita la gorra y lentes que ocultaban su identidad, quiere verlo a los ojos para que vea su furia. Sus puños se cierran al sentir una corriente fluir por todo su cuerpo, sus ojos adquieren un tono amarillento mientras gruñidos se manifiestan en ella.

─Está bien pequeña, estás a salvo. ─Dice el soldado bajando su blaster.

─Pero tú no. ─Dice la niña al levantarse, sin darse cuenta la pirámide roja se ilumina a su lado.

El soldado siente miedo al ver esos ojos tan dorados cómo uno de los soles de Tatooine, una parálisis recorre su cuerpo pues aunque quisiera retroceder, su cuerpo no lo deja. Ve una vez más a la niña y nota destellos en sus palmas.

Karah libera esa energía en sus palmas, relámpagos azules salen disparados hacía el cuerpo del soldado, provocando sus gritos de agonía mientras su carne se carboniza y su vida se extingue lentamente.

El único problema es que esos rayos la dejan agotada en cuestión de segundos, se arrodilla mientras ve el cadáver de aquel soldado. Tiembla al darse cuenta de lo que ha hecho, le arrebato su vida.

Sin tiempo para procesarlo, se alerta al ver que otros cinco soldados de la nueva república entran a su casa, horrorizándose por la escena que está frente a ellos.

Uno de los soldados apunta su blaster a la niña, temeroso por pensar que ella fue la responsable de matar a su amigo. Tiembla con su arma en mano, a pesar de todo es un infante quien está al frente de él, alguien que aún no distingue entre el bien y el mal.

La pirámide empieza a moverse por sí sola, su brillo se vuelve más intenso. Vuela por detrás de los soldados los cuales voltean a él con asombro y al seguir su trayectoria ven a un ser horrendo atraparlo.

Una especie de demonio con piel naranja, pero con un patrón de líneas negras alrededor de su rostro y ojos; Con picos amarillentos que sobre salen de su cabeza. Han oído historias de esa especie y su peligrosidad, los conocen cómo Zabrak.

─¿No tienen compasión por esta pequeña huérfana? ─Cuestiona el Zabrak con cierto sarcasmo.

Sin dejar reaccionar al soldado frente a él, saca un mango que crea un sable color rojo. Lo decapita sin esfuerzo alguno para susto de los otros soldados, blande la espada cortándole así el estómago a otro de los soldados y después lo entierra en el rostro del tercer soldado.

Karah toma el blaster de su padre y le dispara a los dos soldados supervivientes, uno de ellos muere pero el otro lo recibe en su rodilla, provocando su cuida.

El Zabrak se coloca frente a él, viendo sus ojos llenos de pavor al ya conocer su destino. Blande un poco su sable de luz cerca de él, jugando con su paranoia. Debe admitir que es divertido verlo temblar.

─Tenga piedad, por favor. ─Suplica el soldado herido, tratando de buscar compasión en el alma del tipo.

─Cuando lo pone así… No. ─Responde él y entierra el sable en su pecho, es curioso que el láser hace que esas heridas abiertas cicatricen más rápido, sin embargo ese poco tiempo que le concede es más tortuoso ya que solo terminara exhalando aire caliente hasta su muerte.

Apaga su sable, dejando caer al soldado imperial. Voltea y ve a esa niña confundida, pero no siente temor ante él, solo curiosidad. Eso es bueno, significa que está dispuesta a aprender. Extiende su mano y hace flotar la pirámide hacia ella, quien con cierta duda la sostiene.

Karah aprecia el ardor rojo de la pirámide con detenimiento, susurros inentendibles se manifiestan ante ella, entrando en lo más profundo de su pecho e instruyéndola a que ascienda. Levanta la mirada y ve que el Zabrak sigue con la mano extendida, esperando a que ella vaya con él.

En las calles de una ciudad en Lothal, una niña rubia corre de las autoridades locales, aferrándose a un bolso de mano. Ve en un callejón unas escaleras y sin pensarlo dos veces se adentra a este, un droide de protocolo se interpone en su camino pero ella salta por encima de él, sus pies apenas tocan la carcasa fría y se impulsa con una fuerza sobrehumana que incluso empuja el droide hacía esos soldados, provocando que choquen.

En pleno vuelo se aferra a las escaleras y empieza a subirlas, le ha tomado años perfeccionar ese truco pero aún le queda aprender el aferrarse a las escaleras, su brazo le duele bastante por el freno tan repentino.

La niña llega a una azotea y descansa unos segundos, eso siempre le quita el aliento. No tarda en volver a ponerse alerta porqué dos guardias salen a la azotea.

─¿Enserio? Solo robe fruta amigos. ─Se excusa la niña tratando de ganarse la clemencia de las autoridades, ve que no funciona ya que incluso un speeder llega a la escena.

Resignada baja la mirada, levantando sus palmas retrocede algunos pasos con lentitud.

─Quédese quieta Shmi. ─Ordena uno de los oficiales, por la manera en la que dice su nombre ya parece conocerla desde hace mucho y está familiarizado con su actitud.

Aún con sus manos arriba, la niña retrocede y salta hacía el vació, da una voltereta y trata de aterrizar correctamente pero por culpa de un contenedor se termina doblando la pierna. Al caer su bolsa se abre, dejando que su botín ruede por toda la calle.

─Hay rayos, no de nuevo. ─Dice la niña mientras frota su pierna. Escucha al speeder acercarse así que no pierde tiempo en recuperar todo el botín, simplemente atrae una fruta y abre la puerta delante de ella.

Se impulsa hacía la puerta abierta y la cierra, logrando así huir de la vista de esos guardias. Sin poder caminar correctamente, se arrastra hacía una escotilla subterránea.

Los rebeldes de Lothal llegaron a construir varios refugios subterráneos en sus casas, muchas de esas para evitar ser capturados por soldados imperiales. Tiene la suerte de haber encontrado una casa abandonada que cuenta con uno de esos.

Baja con cuidado, es difícil hacerlo con una pierna lastimada pero al menos aún le quedan sus brazos. Llega hacía la habitación subterránea y oprime un botón para cerrar la escotilla, se recuesta en un colchón lleno de polvo y le da una mordida a su ´´botín´´

Algunos sonidos de entusiasmo se escuchan, provienen de un droide astro mecánico color negro qué se le acerca. Ella sonríe mientras su droide se le acerca, sacando dos pequeños brazos y un spray para sanar su pierna herida.

Algo adolorida por sentir su herida siendo sanada, ese spray arde bastante. Pero no le importa, siempre y cuando su asistente esté con ella. Desde que tiene recuerdos la ha cuidado, quisiera saber droide para no tener que interpretar lo que sus pitidos dicen, pero al menos es leal y cuidadoso. Ojala supiera qué serie de astro mecánico pero por el momento puede llamarlo Mequi, peor es nada.

El droíde habla con la niña mientras mueve su cabeza de un lado al otro cómo si estuviese decepcionado, se dirige por un paquete de vendas, dándose cuenta de qué es el último por lo que hace otro sonido de molestia.

─Por tu tono asumiré que estás molesto. ¿Es por qué nos faltan vendas? ─Pregunta Shmi levantándose, acerca un tubo a ella y lo usa cómo muleta.

El droide se alerta por eso y se desliza hasta ella, obligándola a que vuelva a sentarse.

─Está bien, calma Mequi. ─Pide Shmi recostándose, se abraza a sí misma para calentarse ya que carece de cobija. ─Me imagino que no tienes un soplete contigo.

Mequi le da una respuesta negativa, se le acerca para tratar de siquiera darle calor con sus circuitos procesando.

─Descuida, tú sola presencia me basta. ─Dice ella cerrando los ojos, esperando poder descansar a pesar de la cena tan pobre. Lo único malo del refugio subterráneo es qué la luz artificial no genera calor, todas sus noches son frías pero tan siquiera está acompañada.

Con su cuerpo reposando, la niña deja que sus sueños la guíen. Suele tener está visión de dos caballeros en ropajes claros, uno sosteniendo una espada azul y el otro una verde, ambos arrodillados frente a un niño en la arena. El aura del niño es lo que provoca incertidumbre, en él mucho dolor siente a pesar de su corta edad.

Incómoda trata de soñar otra cosa, solo qué está es más violenta. Puede ver una silueta de su mismo tamaño pero con cabellos rojizos, sucumbiendo ante un ambiente escarlata.

Frente a ella una silueta oscura se forma, con cuatro brazos que la rodean y una boca similar a la de una especie conocida como Harch, no muy populares en la galaxia o al menos es lo que ha oído de los turistas que de vez en cuando vienen a la ciudad. En ella siente aún temor que en el niño, pero el deseo de consolarla le llega.

La sombra del Harch se percata de algo y voltea hacía la perspectiva de Shmi, con un susurro se le acerca junto al ambiente escarlata, estirando uno de sus brazos para rodearla.

Temerosa de eso, Shmi cae al suelo, viendo que la sombra atrapa su pierna malherida. Los susurros resuenan en sus oídos mientras es arrastrada.

─¿Quién eres tú? ─Pregunta ese humo negro rodeándola.

Luz verde y azul se manifiesta en los alrededores, de repente las siluetas de aquellos caballeros alejan el humo negro, empuñando sus espadas y poniéndose firmes.

─Shmi, estos son tus primeros pasos. ─Susurra la silueta azul.

─Confía en el caballero de sable verde, por la luz él te guiara. ─Añade el de sable verde.

Los susurros del Harch se convierten en gritos mientras relámpagos blancos salen de su cuerpo, pareciendo así una nube de tormenta. Los dos caballeros corren hacía la nube y está a ellos, ambos chocan sus armas provocando un gran estruendo.

Shmi despierta llena de pavor, su cuerpo sudoroso es acompañado de desesperadas inhaladas. Mequi se le acerca haciendo ruidos cómo si estuviese preocupado, se escuchan disparos en la superficie.

─¿Qué ocurre Mequi? ─Pregunta Shmi tratando de calmarse.

─ ¡Encontré una escotilla! ─Dice una voz desde el exterior de la escotilla. ─ ¡Espere!

Se escucha un blaster disparar cuatro veces y al detenerse la escotilla se abre.

─Shmi, soy yo. ─Dice el oficial que la reconoció.

─¿Oficial Delfox? ¿Qué ocurre afuera? ─Pregunta Shmi asomándose. ─Espere, ¿Cómo sabe dónde vivo?

─Siempre lo supe. ¿Por qué arrestaría a una huérfana hambrienta? ─Confiesa el oficial bajando por las escaleras. ─Hay no, estás herida.

El droide saca su taser integrado al desconfiar del oficial, Shmi le pide que se calme pero este se mantiene atento.

─No puedes subir escaleras. ¿El droide tiene propulsores? ─Pregunta el hombre pero solo recibe una respuesta negativa. ─Bueno, supongo que tendremos que pedirle a la fuerza que nos acompañe.

─Pero hay un sistema de túneles en cada refugio. ─Responde Shmi señalando una puerta.

─Debiste empezar con eso. ─Dice el hombre mientras la sostiene. ─Droide…

─Mequi, se llama así. ─Corrige Shmi aún sin entender lo que pasa.

─…Mequi. ¿Tienes algún soplete? ─Pregunta Delfox confundido por eso y también algo molesto.

El droide de le da una respuesta negativa, mostrando que solo cuenta con un taser y puerto de memoria.

─Bueno, supongo que tendremos que darnos prisa. ─Dice el hombre al cargar a Shmi.

─Pero oficial, aún no me responde. ¿Qué ocurre? ─Insiste Shmi mientras ve qué se empieza a alejar de su hogar, estira su mano y atrae su bolso para al menos tener eso.

─Las cenizas del imperio, atacaron está ciudad. ─Responde Delfox tratando de apresurarse.

─¿El imperio? Pero no se han acercado a Lothal desde que la guerra termino.

─Pues ahora están aquí. ─Termina Delfox prendiendo una linterna para iluminar su camino, ve que el droide hace lo mismo.

Delfox ve a la niña, a pesar de ser una huérfana que lucha cada día por sobrevivir ha corrido con suerte. La suerte de qué nació justo el día que el imperio murió, la suerte de qué Lothal no es un planeta en el que haya tantas luchas y la suerte de que nació con un regalo increíble.

El camino por los túneles es largo pero hasta ahora seguro, lo único malo hasta el momento han sido las pequeñas ratas en las cloacas pero si es esa su mayor preocupación entonces está bien.

El oficial siente a la niña dormida en su hombro, ignorante del infierno que debe estar pasando en la superficie. Se pregunta qué hubiera pasado si sus padres no hubiesen sido rebeldes. ¿Habrían podido criarla? ¿Qué diferencia habrían hecho de no estar en la alianza? Sabe que son preguntas que no tienen respuesta pero siempre tendrá esa curiosidad. Aunque no cree que hayan sido los más responsables, es decir dejaron a una niña a cargo de un droide, si él no hubiese conocido a su familia la hubiera tratado cómo a otro criminal.

Shmi por su parte frunce el ceño mientras escucha voces, la mayoría son llantos y gritos violentos. Una de las voces le pide calma, logrando así relajarla. En su mente puede ver a un caballero diferente de sable verde, pelear contra varios soldados, su sola presencia le da esperanza por un mejor mañana.

El sonido de blasters la despiertan, no reacciona a tiempo ya que es arrojada hacía el suelo, cayendo en la tierra. Tratando de entender que ocurre voltea y ve que Delfox dispara hacía varias direcciones y apenas logra divisar a algunos Stormtroopers ocultos entre la maleza.

─ ¡Refúgiate en el túnel! ─Ordena Delfox esquivando balas.

Mequi se interpone entre Shmi y los blasters, hace algunos sonidos indicando molestia y saca su taser para tratar de defenderla.

La niña ve cómo los imperiales se van acercando lentamente hacía ellos, tiembla mientras ve las balas rosarla junto a su droide. Abre la palma queriendo ayudar pero no pasa nada, cierra los ojos tratando de imaginar que es capaz de ayudar pero solo se desespera al seguir escuchando blasters.

El grito de Delfoz provoca el horror de Shmi, quien lo ve recibir un disparo en el brazo y caer.

─ ¡No! ─Llora Shmi al cerrar su puño.

Los Stormtroopers se arrodillan, sintiendo presión en sus rodillas. Uno de ellos trata de levantar su blaster pero un sable de luz verde corta el arma a la mitad, levanta su cabeza y ve a un hombre de túnica negra.

Él es el único que logra caminar entre la presión ejercida, causando confusión en los soldados imperiales. Al llegar al medio de la escena, levanta su mano y la mueve ligeramente a la izquierda.

─Olvidaran todo esto. ─Susurra ese caballero de sable verde-

─Olvidaremos todo esto. ─Dicen esos troopers y salen disparados hacía los campos de yerba.

Delfox apunta su pistola hacía aquel hombre pero ve ese sable verde, se asombra al recordar las historias del Jedi que venció a Darth Vader y causo el declive del imperio. Es él.

El hombre en la túnica llega al frente del droide y la niña, la cual no deja de ver su sable verde, sintiendo que se trata del caballero al que su sueño se refería.

Aún temerosa y con la pierna herida, Shmi camina hacia adelante aunque casi cae por no poder mantener el equilibrio correctamente. Se sostiene de Mequi quien aún se muestra inseguro por la presencia de ese sujeto.

─Mi nombre es…

─Luke Skywalker. ─Susurra Shmi sin entender porque sabe quién es, solo ha escuchado ese nombre en historias y de alguna manera siente que lo conoce.

El hombre se quita la túnica, revelando el rostro de un hombre rubio quien sonríe por ser reconocido, extiende su mano hacía la niña la cual lo mira con cierta duda a pesar de que un sentimiento en su pecho le indica que todo estará bien.