Hikaru la observaba atento, no era la primera vez que la veía así vestida pero estaba preciosa. Era el primer vestido de fiesta que le veía que no solo le quedaba bien, le quedaba demasiado bien. Aquel color verde agua se veía contrastado con el castaño de los ojos y del cabello de ella. Brillaba con una luz única, aún cuando estuviera bailando con Tamaki.
Aquel vestido era de una seda especial, aquella que su madre solo trabajaba para ocasiones especiales y el pedido de su hijo lo era. Él quería verla como una autentica princesa, la más hermosa de todo el Ouran y la había conseguido… aún cuando Tono se comenzara a poner pesado y no la dejara en paz.
Hikaru frunció el ceño y estiró la mano hasta ellos quienes pasaban a su lado, Haruhi dio un pequeño beso en la mejilla de Tamaki y tomó la mano de Hikaru quien la apretó posesivamente contra su cuerpo.
Aquella princesa solo iba a ser custodiada por él… si ella quería, claro.
