Cáp. 3: Ginny comienza a razonar
Hermione aceleró el paso al darse cuenta de que Ginny la seguía.
-¡Hermione, espera!-gritó la pelirroja. Al ver que su amiga no le respondía, siguió gritando.- ¡Deja ya de comportarte como una cría!
-¡Y tú deja de seguirme y de agobiarme!-gritó Hermione de repente. Tan de repente que Ginny se paró en seco ante la reacción de la castaña.- ¡Deja ya de preguntarme por mi vida! ¡Déjame tranquila!-gritó mientras se tapaba el rostro con las manos. Ginny se quedó si habla.
-Yo... verás, sé como te sientes…
-No, no lo sabes. ¡Tú no sabes nada! ¡No sabes como me siento al saber que nunca estaré junto a la persona que amo!
-Hermione, si lo dices por que desde siempre haya estado enamorada de Harry, olvídalo. Tienes el camino libre hacia él.
-¡¿Y quién te ha dicho a ti que es a Harry a quien quiero?!
-Yo, yo… lo he supuesto…-dijo Ginny intentando razonar con lógica. Por más que pensaba no le encontraba explicación a todo aquello.
-¡Pues deja de hacer falsas conjeturas sobre temas de los que no entiendes!
-Hermione, yo… Nunca pensé que te sentías así, nunca he pretendido presionarte, ni mucho menos… perdóname, por favor.
-Déjame estar sola.-le dijo en un susurro.
-Lo siento, de verdad… Pero sólo me preocupaba por ti.
-¡Pues deja ya de preocuparte como si fueses mi madre!-y dicho esto, dio de nuevo la espalda a Ginny y se marchó apresuradamente hacia la sala común, dispuesta a encerrarse en su habitación y no salir en todo el día.
Harry y Ron salieron del Gran Comedor, dejando allí a Seamus, Dean y Neville, que todavía no habían terminado de desayunar. Hablaban sobre la actitud que tenía Hermione durante las últimas semanas.
-¿Tú crees que Ginny sabe algo?-inquirió Harry.
-¿Yo?
-Sí, para algo eres su hermano.
-No creo que sepa nada. Parece bastante preocupada. No lo estaría si supiera lo que le pasa a Hermione. O igual sí, vete a saber… sinceramente no lo sé. Ya no sé que pensar.
-Ni yo. Y estoy empezando a preocuparme seriamente. Lleva así bastante tiempo, no creo que sea una tontería.
-Será el estrés. La pobre no para de estudiar.-Harry miró a Ron con cara de reproche.
-El asunto es serio, Ronald.
-Lo siento.-le contestó él enrojeciendo levemente. Siguieron caminando hasta llegar frente al retrato de la señora gorda.
-Esto… ¿cuál es la contraseña, Harry?
-Ron, ¿eres prefecto y no sabes la contraseña?-preguntó Harry, que no sabía si reírse o no.
-Es a Hermione a la que se le da bien memorizar cosas, no a mí. Y desde que está así… más de una vez me he quedado aquí fuera, esperando a que viniese alguien.-en ese momento, Harry no pudo aguantar más y estalló en carcajadas.
-No tiene gracia.-murmuró Ron.
-Lo siento… de verdad que lo siento.-Harry se calmó un poco, pero a cada poco rato volvía a reírse imaginándose a Ron esperando frente al retrato, sin poder entrar a la sala común.
-A todo esto, ¿tú sabes la contraseña?-preguntó Ron bastante malhumorado.
-Sí… sí, lo siento Ron. Perdóname. Es que es tan…
-¿Triste?-sugirió de un modo más bien pesimista.
-Peculiar.-terminó Harry.-En fin, como sigamos así, nos vamos a quedar en el pasillo de por vida. Zumo de calabaza.
-¡Sí! ¡Yo también quiero!
-Ron, es la contraseña.
-Esto… yo…-titubeó Ron poniéndose colorado.-Ya lo sabía.
-Lo que tú digas…-los dos juntos pasaron a la sala y se encontraron a Ginny sentada en una de las butacas, leyendo un libro.
-Hola, Ginny.-la saludó su hermano.
-Hola, hermanito.
-¿Qué tal?-preguntó Harry.
-Bien habrá que decir.
-¿Qué tal te va con Hermione?-le preguntó Ron. Ginny negó con la cabeza.
-No muy bien. Podría decirse que sé algo… pero no es suficiente. Si por lo menos supiera quién es…
-¿Quién es quién?-dijeron Harry y Ron a la vez.
-Nadie.-se apresuró a decir Ginny, que se arrepintió de haberse ido de la lengua.
-Ginny…-comenzó Ron. Ginny parecía estar pensando. Pero para su desgracia, pensando en voz alta.
-Estoy convencida de que eres tú.-dijo mirando a Harry. Rápidamente se tapó la boca con las manos.
-¡¿Yo?! ¿Qué pasa conmigo?
-Nada, nada…
-Ginny, me parece a mí que tú sabes mucho.-le dijo Harry.
-No… no sé nada… Me voy a la cama.-dijo en un intento de escapar de la penetrante mirada de Harry.
-Ginny, son las once de la mañana.
-Esto… veréis…-tartamudeó ella poniéndose colorada. –Está bien, sé algo. Pero no puedo contároslo.-añadió rápidamente al observar las miradas de Ron y Harry, que le pedían que se lo contase todo.
-¡Ginny!-gritaron los dos a la vez.
-¿¡Qué?!-preguntó ella poniendo la misma voz que habían puesto ellos.
-Nos preocupamos por Hermione…-comenzó Harry.
-Tienes que contárnoslo…-siguió Ron.
-Lo siento, no puedo. Yo también me preocupo por ella y ahora mismo no puedo ir divulgando sus secretos. Además, no es nada que pueda interesaros.-la pelirroja se levantó de la butaca y se dirigió hacia su habitación.
-Mujeres.-murmuró Ron. Harry sonrió ante el comentario y fue tras Ginny.
-¡Ginny! ¡Espera!
-Harry, ya te he dicho que no os voy a contar nada.
-No, no es eso. Sólo quería acompañarte. Ya sabes, para ver a Hermione.
-¡Yo también voy!-gritó Ron desde abajo.
-¡No!-los cortó Ginny.- Veréis… no creo que la pobre esté de humor para veros.
-Ah, claro, tiene demasiados problemas como para ver a sus amigos.-maldijo Ron con tono sarcástico.
-Ronald, Hermione lo está pasando realmente mal. Así que cierra la boca o acabarás hiriéndola de verdad.
-¿Se puede saber qué he dicho ahora?-preguntó bastante ofendido. Ginny puso cara de "este chaval no tiene remedio".
-Bueno, calmaos ya los dos.-intervino Harry.-Lo último que necesitamos ahora es que os pongáis a discutir. –Ginny y Ron se miraron fijamente a los ojos. Los dos soltaron un suspiro.
-Lo siento, Ginny. Es que… estoy bastante preocupado.
-Lo sé. Yo también. –Ginny subió las escaleras que llevaban al cuarto de las chicas. Ron fue tras ella. Cuando Ginny hubo alcanzado el rellano superior, las escaleras se convirtieron en una rampa y Ron cayó rodando y golpeó a Harry, que también cayó al suelo. Ginny comenzó a reírse a carcajadas.
-Ron, tú eres tonto.-dijo Harry por lo bajo mientras se frotaba la cabeza.
-Perdón… no me acordé.
-¡No me digas! Yo pensé que lo habías hecho a propósito.-le dijo Harry con tono sarcástico.
-Soy un adolescente martirizado. –ante ese comentario, Harry sufrió tal ataque de risa que cayó de nuevo al suelo. Ginny se tapó el rostro con las manos.
-Ay, que gente.-susurró. Ginny acercó su oído a la puerta y escuchó con atención. Las carcajadas de Harry resonaban contra las paredes.
-¡¿Queréis callaros ya los dos?!-gritó la chica. Harry y Ron se callaron de inmediato. Volvió a acercarse a la puerta y guardó silencio. Le pareció escuchar como giraba una llave, se abría un cajón y volvía a cerrarse. Después, silencio. Se quedó un rato más escuchando, ansiosa por saber qué ocurría… El rasgueo de una pluma. Sí, estaba segura de haberlo oído. Una pluma que escribía sin cesar, rápidamente… No pudo soportar la tensa espera por más tiempo y entró en la habitación. Hermione estaba sentada sobre su cama y, apoyado sobre sus rodillas, tenía lo que parecía ser un diario. Un diario que inmediatamente guardó tras su espalada nada más ver a Ginny.
-¿Qué tienes ahí, Hermione?
-Nada.-se apresuró a contestar. Ginny la miró con reproche y, pasado un rato, dejó salir un suspiro.
-¿Qué tal estás?
-Bien…
-Siempre dices que estás bien, Hermione. Deberías salir un poco. Pasarte el día encerrada no te va a hacer ningún bien, todo lo contrario. ¿Sabes qué? Hay que afrontar los temores de uno mismo, no huir de ellos.
-Tienes razón… siempre tienes razón… gracias Ginny.
-De nada. Para eso estoy aquí. Para apoyarte en cuanto lo necesites.-dijo la pelirroja esbozando una sonrisa. Hermione se le abalanzó y le dio un abrazo.
-Te quiero, Ginny. No sé qué haría sin ti. En fin… voy a dar una vuelta.
-Eso está ya mejor. –Hermione se dirigió hacia la salida con una cara bastante feliz, dada la situación en la que se encontraba. -¡Hermione!-la llamó Ginny.
-¿Sí?
-Harry y Ron están esperando fuera. Yo que tú los ignoraba. Están bastante pesaditos.
-Gracias otra vez.-le contestó la castaña riendo. Ginny se alegró. Hermione parecía medianamente feliz por primera vez en mucho tiempo. Cuando por fin se hubo marchado, Ginny se volteó ligeramente hacia la cama. Allí estaba el diario de Hermione.
