Cáp. 5: Después de la tormenta siempre llega la calma… o no
Hermione paseaba silbando tranquilamente por los pasillos de Hogwarts. Por primera vez en mucho tiempo se sentía en condiciones de salir, caminar, incluso tenía ganas de cantar al viento. Aún tenía el recuerdo de ese chico clavado en su mente pero, gracias a los consejos de Ginny, había aprendido a dejarlo en un segundo plano y a no darle tanta importancia. Había cosas mucho más importantes que un amor no correspondido. No valía la pena llorar por nadie. Ni siquiera por él. Recordó una sabia frase que le había dicho Ginny: "nadie merece tus lágrimas, y quien se las merezca no te hará llorar". Y evidentemente él no las merecía. Con ese pensamiento en la cabeza siguió caminando con una sonrisa dibujada en el rostro, hasta que alguien la sujetó por el brazo.
Vas a pagar cara tu ofensa, Granger.-dijo la fría voz de Draco.
Malfoy, por primera vez en un mes aprecio mi vida, así que cállate ahora mismo y no me amargues el día.
No estás en condiciones de pedirme nada, y mucho menos de darme órdenes, Granger.
Entonces déjame aconsejarte. Aléjate de mí, no querrás que tus queridos amigos vean que estás conmigo, ¿no, Malfoy? Echarías a perder tu trabajada reputación de soy-un-niño-sangre-limpia-que-no-se-cruza-con-gente-inferior.
Cuida tu boca, Granger.-le dijo Draco con odio mientras pegaba a Hermione contra la pared.
¡Quítame tus sucias manos de encima, serpiente!
Te dije que cuidaras tu boca, Granger.-repitió Draco mientras la sujetaba del cuello con fuerza. Hermione apenas podía respirar.
Olvídalo, Malfoy.-dijo Hermione con esfuerzo.-No eres nadie sin unos amiguitos que te respalden.-Draco aumentó la presión sobre el cuello de Hermione.
¡Repítelo si te atreves, sangre-sucia!
No… eres… nadie.-Draco miró a Hermione con profundo odio y la soltó. La chica comenzó a respirar entrecortadamente. Fijó sus ojos color avellana en los grises de Draco y sintió un vuelco en el estómago. Aquellos ojos la miraban con una frialdad indescriptible.
¿Estás nerviosa, Granger? ¿Tienes miedo?-le preguntó el chico con malicia.
Más quisieras.-le contestó con tono desafiante.
Mereces un escarmiento… no eres más que una bruja que…
Lo sé.-le cortó ella.-Soy una bruja, y mejor que tú.- rápidamente sacó su varita y apuntó con ella a Draco.
Baja la varita, Granger.
¿Quién es ahora el que tiene miedo?
¡Baja la varita!
¿Y si no quiero?
¡HE DICHO QUE BAJES LA VARITA!-Hermione miró con desprecio a Draco y, lentamente, bajó su varita. –No tenías que haber hecho eso, ilusa.-Draco levantó la mano y, aprovechando que Hermione estaba indefensa, la tiró al suelo de una bofetada. La chica gritó de dolor.
Eres inmundo…
Ten cuidado la próxima vez que te dirijas a mí. Nadie se burla de un Malfoy. –Hermione se quedó tendida en el suelo, viendo como Draco se alejaba, y las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos. No comprendía como alguien podía llegar a ser tan cruel. Tampoco comprendía como minutos antes se había sentido feliz.
Domingo, 19 de septiembre
Querido diario:
¿Por qué a mí? ¿Por qué Dios ha tenido que elegirme como blanco de todos sus enfados y frustraciones? ¿Por qué cae sobre mí tanta desdicha? Siento como si un mortal veneno corriese por mis venas, consumiéndome lentamente, como si quisiera causarme todo el sufrimiento posible antes de dejarme morir. ¿Por qué? Esa es la pregunta. Una pregunta a la que no lograré responder jamás. Odio mi corazón, él tiene la culpa de todo. ¿Por qué los humanos tenemos que enamorarnos? ¿No sería más fácil entablar una simple relación de amistad? No. El corazón humano es demasiado complejo, demasiado grande como para albergar algo tan menudo. A la amistad le queda grande el corazón. Pero al amor le queda pequeño. Odio mi vida desde que él hizo acto de presencia. Mi corazón es demasiado pequeño para albergar lo que siento. Besos,
Hermione.
Ginny cerró el diario y lo guardó bajo la almohada al escuchar unos pasos que se dirigían hacia la habitación. El pomo de la puerta giró y por ella entró Hermione. Ginny le dirigió una sonrisa nerviosa.
¿Qué tal estás, Hermione?
Mal.-contestó ella fríamente. Ginny se quedó anonadada mirándola.
¿Ma-mal? ¿Y eso por qué?
Odio mi vida.-Ginny se levantó, se dirigió hacia Hermione y la miró fijamente a los ojos.
Escúchame, Hermione Granger. Tu vida es de las más agraciadas que hay en este colegio. Así que disfrútala al máximo. No te hundas, por favor.
Todo el mundo me desprecia.-gimió ella mientras las lágrimas caían por sus mejillas.
No… Todos te queremos. Yo la primera. Ron también te quiere, y Harry y…
¿Y quién más?-le cortó la castaña.
Y… y tus padres.
¿Qué padres no querrían a un hijo?
Hermione, deja de comportarte como una idiota. Eres muy querida en Hogwarts. Y lo sabes. Y ahora dime, ¿qué te ha pasado que te haya hecho sentir así?
Ha sido Draco…
¿Malfoy?
¿Acaso conoces otro Draco?
Vale, vale, no la tomas conmigo ahora…
Quiso vengarse por como le contesté esta mañana… me ha humillado como nunca antes lo había hecho. He terminado tirada en el suelo, mientras él me miraba desde arriba con suficiencia y soberbia… ojalá todo hubiese sido una pesadilla.-Ginny se había quedado sin habla. Apretó tanto los puños que las uñas se le quedaron marcadas en las palmas de las manos. Sentía como si un profundo odio corriese por sus venas.
Algún día lo mato… ¡¿cómo puede ser así!
Eso mismo me pregunto yo.-le contestó Hermione, que ya había comenzado a calmarse.
Tienes que hablar con alguien.
No. Además, ya estoy acostumbrada a que me traten así.
¡Hermione! ¡Pero como puedes decir eso! ¡No puedes dejar que ese degenerado te pisotee!
Lleva toda su vida haciéndolo. No cambiará ahora porque alguien le diga cuatro palabras.-dijo Hermione con mucha calma. Ginny estaba furiosa, tenía ganas de golpear a Draco hasta herirlo todo lo que pudiese. No quería aceptar lo que Hermione decía. Pero en lo más profundo de su ser, sabía que la castaña tenía razón. Draco seguiría despreciando a todos los hijos de muggles hasta el último día de su vida.
