SOY UNA PERDIDA.
Resumen: Si me dieran a elegir entre vivir de la forma correcta y vivir como hoy lo hago, fácilmente escogería la segunda opción; después de todo, estoy empezando a creer que lo más hermoso de mi vida ocurrió por haber sido una prostituta.
Autora: risita
Advertencia: Esta historia es AU y contiene ooc
Disclaimer: Naruto®es propiedad de Masashi Kishimoto y por lo tanto no me pertenece, en cambio, esta historia y los ambientes creados son toditos míos.
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Capítulo 3. VIDA.
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Desperté en una habitación blanca. Me dolían los ojos, no conocía nada. Definitivamente no estaba muerta; y eso me dolía.
No podía recordar casi nada, sólo que mi madre había muerto y que alguien me había ayudado. Lo único que tenía muy presente era que anhelaba morir. No importaba nada más.
Me ensimismé tanto en mis ideas suicidas, que no me percaté de que la misma dama que antes me había ayudado estaba a mi lado. Era muy bonita y, definitivamente, todo lo contrario a mí. Todo lo contrario a una piruja.
Estoy destrozada, no puedo moverme, me duele tanto poder respirar. Cambiaría mil veces mi vitalidad para que mi madre estuviera aquí. Es lo único que me haría feliz.
- Soy Mikoto Uchiha - La mujer comenzó a hablar una y otra vez, no deseo escuchar; al ver su cara desconforme le dije mi nombre y mi edad. Sakura Haruno, 21 años. Mas de la mitad siendo feliz y 8 años siendo basura.
Sigue hablando y de vez en cuando asiento con la cabeza. No me importa nada.
- ¿Te querías morir o qué? – preguntó.
- Si – comienzo a llorar. Ya no puedo soportar ser lo que soy.
- Niña – me dice – cualquier cosa que te haya pasado no es motivo para que quieras morir.
- Señora, me secuestraron, pasé 5 años de mi vida siendo una puta en contra de mi voluntad, fui violada, humillada, pisoteada incontables. Me liberaron y me fui por tres año por el bienestar de mi madre, durante 8 años soñé en reunirme con ella y cuando tengo la oportunidad, ella muere. No había otra cosa que anhelara más. ¿Acaso no tengo motivos para querer morir? – lloré desconsoladamente.
- Claro que no, Sakura, no hables así; Dios me puso en tu camino, debe ser por algo. Talvez sufriste mucho, pero tendrás tu recompensa – me abrazó.
Talvez tenía razón, talvez tendría una recompensa. Pero eso no me quitaba las ganas de irme con mi madre.
Parecía un vegetal. No sé cómo llegué a su casa. Era enorme, toda una mansión, no me fijé en los detalles, no tenía ganas de nada. Mi habitación era no muy modesta. El colchón de la cama era muy cómodo.
No me maquillé, ni me peiné, ni salí. No había nada afuera que me motivara. No quería ser mujer, odiaba serlo. Odiaba todo, odiaba no poder agradecerle a Mikoto todas sus amabilidades.
No tenía motivación, no existían ganas.
Pero un día algo cambió; el sol iluminaba hermosamente el día. Me asomé por la ventana y vi un lindo jardín. Era perfecto. Me acerqué poco a poco decidida a oler el perfume de las flores. Parecía una verdadera idiota.
Cuando por fin las tuve frente a mí, algo ocurrió: el ángel que había visto antes estaba ahí. Era hermoso; lo confirmé cuando sentí como mis entrañas se movían. Sentí que volvía a la vida, ya no me dolía respirar.
- ¿Qué haces aquí? – su voz era preciosa, arrogante, pero preciosa. Si no fuera por que me quedé pasmada, ahí mismo me hubiera desmayado – te pregunté algo niña.
- Solo veo las flores – dije tímidamente – esas están marchitas – exactamente, habían unas rosas secas, sin vida. Como estuve yo.
- No tienen remedio, mi madre lleva años intentando reverdecerlas, no sé dónde les ve algo de vida – sonrió arrogante.
- ¿Eres hijo de Mikoto? – me impresione bastante. ¿Cómo no lo vi antes?
- Si, soy Sasuke, el menor.
- Soy Sakura, yo era como estas rosas y tu madre vio suficiente vida en mí.
- Hmp – fue lo único que dijo. Era extraño, esa fue la única conversación decente que tuvimos.
A veces nos veíamos en el comedor o cruzábamos miradas en los pasillos. Talvez fue mi escasa personalidad o mi fealdad lo que me hizo insignificante ante sus ojos. No sé que me pasaba cuando lo veía, en esos momentos sólo quería desaparecer y después quería ser bonita para él.
De nuevo volví a pensar en mi príncipe. No podía enamorarme de Sasuke, no podía sentirme nerviosa con su presencia. No estaba dispuesta a sufrir de nuevo.
Poco a poco mi actitud comenzó a cambiar. Era tímida, pero ya no deseaba morir, cultivaba flores y las llevaba a la tumba de mi madre. La señora Mikoto me hizo la encargada de su jardín y poco a poco las flores marchitas reverdecían. No totalmente, pero si era notable su florecimiento.
Mikoto enviudó hace 2 años; su hijo mayor, Itachi, se la pasa viajando y su otro hijo, Sasuke, es adicto al trabajo. Siempre estaba sola, hasta que llegué yo; ambas nos cambiamos la vida.
Habría una fiesta en su casa, sería en la noche. Temprano fuimos a comprar ropa. Cargué muchísimas bolsas repletas de prendas: zapatos, blusas, pantalones, vestidos, accesorios, etc. Vaya que la señora era generosa.
Y como siempre, yo no quería que me vieran, me daba vergüenza. Pero el problema era que ella había sido muy buena conmigo, yo no podía hacerle un teatrito.
Una linda muchacha que estaba en la casa cuando nosotras llegamos de compras se encargó de peinar y maquillar a la señora Uchiha mientras yo tomaba una ducha. No dejaba de pensar: ¿y si iba uno de mis antiguos clientes y me reconocía? ¿Y si me rechazaban?
Terminé de bañarme. La chica maquilladora hizo conmigo lo que quiso. No pude evitar recordar a Hinata, ella en mi pasado tenía ese trabajo. Talvez había escapado como yo, talvez seguía ahí, no lo sé. Anhelaba verla.
No llevaba mucho maquillaje, mi larga cabellera caía en rizos. Mi vestido era estupendo: rojo con detalles negros, a la rodilla, con un escote no muy pronunciado; las zapatillas eran negras con tacón de aguja, no muy altas, al instante me enamoré de ellas. Esta vez era una Sakura nueva, no quería salir.
La señora Mikoto me esperaba abajo junto con sus hijos que se habían reunido: era la celebración de bienvenida del mayor.
Temerosa me paré en las escaleras y comencé a descender apoyando mi mano izquierda en el barandal.
No voy a olvidar jamás la manera en la que me vio Sasuke; si no hubiera sido porque lo conozco, podría jurar que le gusté.
Y eso me alegraba, aunque sólo fuera una suposición.
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Por fin terminé, mi imaginación esta saturada en las tareas. Pero hago lo posible, talvez esta semana no esté tan activa, pero prometo que cuando tenga un tiempo libre (vacaciones), que no falta mucho, por cierto, me pondré a trabar al cien por ciento en algunos fics; hablo de los que ya publiqué y de los que traigo en mente. Espero que les haya gustado, nos estamos leyendo. Gracias por los comentarios.
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