Cáp. 9: Las profecías
El fin de semana pasó volando para los alumnos. Hermione parecía realmente feliz y Ginny se sentía genial de haberla ayudado aunque sólo fuera un poco. Ahora por lo menos no se encerraba toda la tarde en su habitación. El lunes comenzaba con clase de Cuidado de Criaturas Mágicas. En la clase anterior Hagrid había dicho a sus alumnos que les tenía preparada una sorpresa. Todos tenían miedo de las sorpresas de Hagrid. Normalmente eran criaturas peligrosas, entrañables para el semigigante.
¿Qué creéis que tendrá preparado Hagrid?-preguntó Harry a Ron y Hermione mientras se dirigían hacia la cabaña del guardabosques.
A saber. Cualquier día nos trae una mantícora a clase.-dijo Ron. Harry rió y Hermione los miró con el entrecejo fruncido.
Pobre Hagrid. Los dos sabéis que lo hace con toda su buena intención.
Sí pero… cada vez que trae un bicho raro a clase acaba en lío… ¿Recordáis la que se montó con Buckbeack?-dijo Ron.
No me lo recuerdes.-pidió Harry. Hablando llegaron hasta donde se daría la clase. Allí estaba Hagrid, esperándolos sonriente.
Bienvenidos todos.-dijo Hagrid dirigiéndose a los Gryffindor y Slytherin.-Hoy os voy a enseñar una de las criaturas más asombrosas de este planeta. Sólo os digo una cosa: no le deis motivos para enfadarse.-varios alumnos se estremecieron.
Madre mía…-murmuró Ron.
Seguidme.-pidió Hagrid.
¡¿Qué! ¿A dónde vamos?-preguntó Pansy Parkinson.
A un claro a la entrada del bosque.
¡Yo no quiero entrar ahí!-gritó Pansy alarmada.
Bueno, señorita Parkinson, pues quédese aquí y yo me veré obligado a restarle puntos a su casa por no obedecer las órdenes del profesor.-dijo Hagrid tranquilamente. Hermione ahogó una risita.-Ahora seguidme.
Esto acabará mal…-dijo Ron de nuevo.
Ya deja de quejarte.-le cortó Hermione. Los alumnos siguieron a Hagrid a través del bosque. Iban por un camino que se iba estrechando poco a poco. A medida que avanzaban, iban agrupándose y juntándose unos a otros, mirando en todas las direcciones. Llegaron a un claro, en cuyo centro había un poste de madera. Una cadena estaba sujeta al poste y sujetado por ella había… no se veía muy bien. Estaba oscuro. De pronto, se vislumbraron dos pupilas de un color rojo sangre. Los alumnos retrocedieron.
Tranquilos…-dijo Hagrid, dando comienzo a la clase.- Esto que tenéis aquí es un Ángel Negro. –de la oscuridad salieron dos enormes alas que se agitaron. El Ángel emprendió el vuelo y quedó suspendido a pocos metros del suelo. La cadena lo sujetaba. Aquella era la escena más macabra que muchos habían visto en su vida. Al oír el nombre Ángel muchos esperaban encontrar un ser hermoso. Aquello era todo lo contrario. Tenía figura humana, con una piel extremadamente pálida, casi blanca. Parecía como si le faltasen trozos de carne y la piel se le estuviese cayendo a tiras. Miraba a los alumnos con sus ojos rojos amenazantes. Los labios estaban secos y marchitos. La envergadura de las alas medía al menos cinco metros. Eran de un profundo color negro y parecían arañadas, rotas, raídas.
Un Ángel… Negro…-susurró Hermione impresionada.
Los Ángeles Negros tienen una inteligencia equiparable a la de los humanos.-dijo Hagrid.-Este es una hembra. Los Ángeles Negros son carnívoros, se alimentan especialmente de carne de cabra o vaca, aunque no desperdician la carne humana. Por eso os he dicho antes que no le deis razones para enfadarse. También tienen dones premonitorios y la mayoría de sus predicciones se cumplen. Lo curioso es que sólo predicen las cosas malas. No escucharéis palabras bonitas de parte de un Ángel Negro. –todos estaban asombrados. El Ángel Negro era la criatura más fascinante y, a la vez, más repugnante que habían visto en sus vidas. De pronto, el Ángel agitó sus alas con fuerza y fijó sus ojos rojos en Hermione. Y, para sorpresa de muchos, habló.
La niña de ojos miel está lista para llevar a cabo la tarea encomendada… En el momento cumbre entre la unión del león y la serpiente la tarea será concluida… Y el Señor Tenebroso la tendrá para él y así todos los impuros serán aniquilados…-dijo el Ángel con una voz mística. Hermione estaba pálida y era incapaz de reaccionar. Él Ángel alzó su mano e hizo un gesto para que Hermione se acercara a ella. La chica obedeció. Todos miraban espantados a Hermione que seguía avanzando hacia el Ángel Negro, el cual sonreía maliciosamente, mostrando sus colmillos. Hermione, quien parecía estar hipnotizada, llegó hasta donde estaba el Ángel, que alzó sus garras. Parecía que estuviese a punto de desgarrar a la chica.
¡Tú, bestia! ¡Déjala!-gritó Draco saliendo de entre la multitud. Corrió hacia donde estaba Hermione y se interpuso entre ella y el Ángel. Los alumnos comenzaron a murmurar. Hagrid parecía que estuviese viendo una película. No se creía todo lo que estaba sucediendo.
Vaya, vaya… el joven Malfoy. –dijo el Ángel. Draco cubrió aún mejor a Hermione, quien parecía haber salido ya del trance y temblaba de miedo. –La unión del león y la serpiente llegará… el señor oscuro mandará a los Sundeath para conseguir la creación… y el joven Malfoy no saldrá vivo del ataque…-predijo de nuevo el Ángel Negro.
A mí no me das miedo con tus tonterías.-dijo Draco con desprecio. Hagrid reaccionó por fin y corrió hacia el Ángel. Lo sujetó por la cadena y le obligó a descender. Parecía furiosa.
¡Deja de gritar, bestia!-decía Hagrid mientras tiraba con fuerza de la cadena. El Ángel batía sus alas y se negaba a descender.
¡Ten cuidado con a quién llamas bestia, semigigante!
¡Fin de la clase!-gritó Hagrid. Draco se separó bruscamente de Hermione.
¿Por qué lo has hecho?-preguntó Hermione extrañada.
Puedo ser todo lo desagradable que quieras pero también sé comportarme. No pensarás que iba a dejar que esa bestia te desgarrase, ¿verdad?
Yo… Gracias.-dijo Hermione. Se alejó de allí intentando apartar los pensamientos de su mente.
¡Hermione!-gritó Harry desde atrás.-Hermione, ¿estás bien?
Sí, Harry. Draco me…
¿Desde cuando le llamas Draco?-preguntó Ron intrigado.
Bueno, acaba de salvarme. Tendré que agradecérselo, ¿no?
Por mucho que te haya ayudado no cambiará…-dijo Harry.
Las personas cambian con el tiempo…-Ron se estaba poniendo de mal humor así que decidió cambiar de tema.
Hermione, ¿crees en las profecías del Ángel?
Sí.-se limitó a decir ella.
¿Y sabes que son los… cómo los ha llamado? Esos bichos raros de la profecía de Malfoy.
Los ha llamado Sundeath.-intervino Harry.
No tengo ni idea de lo que son.-dijo Hermione.-Pero no me gusta.
Y, ¿qué es eso de la unión entre el león y la serpiente? Odio que todas las profecías vayan en clave.-murmuró Harry. Hermione tenía una ligera idea de lo que significaba, pero no quiso decirlo. Se estremeció de felicidad con sólo pensarlo.
Las clases transcurrieron con lentitud. Era pesado tener doble clase de pociones a última hora. Cuando salieron de las mazmorras, Hermione se separó de Harry y Ron y corrió hacia Draco.
¡Draco, espera!
¿Qué quieres, Granger?-preguntó Draco mirándola con suficiencia.
Mira, antes todo ha sido muy repentino y no te he agradecido lo que has hecho como debía…
Ya te dije que sólo fue por mi carácter. Hubiese hecho lo mismo por cualquier otra persona.
No lo creo.
¿Y por qué estás tan segura?-preguntó el chico acercándose peligrosamente.
Has arriesgado tu vida por mí. No hubieses hecho lo mismo por Harry… o por Ron.
No estés tan segura, Granger.
A mí no me engañas, Draco.-dijo Hermione fijando sus ojos miel en los grises de Draco.
¡Oh, vamos Hermione!-dijo Draco resignado. Puso los ojos en blanco. ¿Hermione? ¿La había llamado por su nombre? Sonaba realmente hermoso dicho de su boca…
Draco, piensa en todo esto. Y recuerda lo que predijo el Ángel.
No voy a morir en manos de esos bichos raros.
No me refería a eso. Recuerda la unión entre el león y la serpiente. Piensa en ello.-le dirigió una sonrisa al rubio y se alejó dando saltos de alegría. Había mantenido una conversación normal con Draco, sin enfados, sin insultos, sin humillaciones. De igual a igual.
