Cáp. 12: Mientes

Ron se encontraba sentado en el patio de la escuela. Harry estaba en el despacho de Snape, cumpliendo un castigo, como de costumbre. Su poción había sido desastrosa y Snape le había obligado a quedarse tras las clases para que la mejorara. "O para reírse de él" pensó Ron. El pelirrojo había intentado que Snape lo castigara a él también, para no dejar solo a Harry, pero lo único que había conseguido era que la restara puntos a Gryffindor. Estaba solo, Hermione debía de andar perdida por ahí, en la biblioteca seguramente, o eso pensaba él. Estaba sentado en un frío banco de piedra, con la barbilla apoyada en sus manos, observando una fuente que tenía frente a él. Los cuatro animales de Hogwarts la adornaban majestuosamente, y cristalinos chorros de agua salían de ellos formando curiosas formas. Los alumnos caminaban riendo y hablando de cómo habían transcurrido las clases del día, pero no se detenían demasiado. La mayoría prefería estar dentro, ya que fuera comenzaba a hacer mucho frío ahora que el invierno estaba al caer. Cualquier día Hogwarts podía amanecer cubierto de nieve. En todo aquello pensaba cuando alguien se sentó a su lado.

-Buenas, Weasley. ¿Qué pasa? ¿Tus inútiles amiguitos te han dejado solo?

-Si has venido a amargarme la tarde mejor vete, Parkinson.

-Oh vaya, lo siento.-dijo Pansy inocentemente.-No sabía que estuvieses de mal humor.

-Yo no he dicho que esté de mal humor.-murmuró el pelirrojo sin apartar la vista de la fuente.

-¿En qué piensas?

-En nada que te importe.-le contestó secamente. Pansy parecía preocuparse por él, cosa que no era cierta, sólo estaba fingiendo. ¿Qué diablos pretendía?

-Sé que es duro amar y no ser correspondido, Weasley.-dijo Pansy de repente.

-¿A qué rayos te refieres?-preguntó Ron alarmado.

-A Granger, por supuesto.

-Yo no siento nada por Hermione que sea más que amistad.

-Bueno, bueno, vete con ese cuento a otro.

-Al diablo con tus tonterías, Parkinson.-la chica negó con la cabeza con gesto de reproche.

-Cuidado con lo que dices, Weasley. ¿Sabes? Yo podría ayudarte a conseguir a Granger.-Ron la miró por primera vez desde que estaban hablando. Pansy mostraba una sonrisa triunfante, sabiendo que había conseguido atraer su atención. Pero Ron no se fiaba de ella. ¿Por qué quería ayudarle? Algo tramaba. Algo pretendía sacar de todo aquello.

-No voy a obligar a Hermione a hacer algo que no quiere.

-Creo que voy a tener que hablarte clarito, Weasley, ya que parece que tu minúsculo cerebro no es capaz de darse cuenta de lo que ocurre. Yo amo a Draco, ¿hasta ahí lo entiendes?-Ron soltó un gruñido como señal de asentimiento.-Bien. Tú amas a Granger, ¿verdad?

-Eso qué diablos importa…

-Bueno, sí, la amas. ¿Qué debería ocurrir? Que yo esté con Draco y tú con Granger. Pero… fatalidades de la vida, no ha ocurrido así.

-¿A qué te refieres?

-Tu querida Granger está con Draco, juntos. Estoy segura de que en estos momentos estarán por ahí escondidos, besándose.-el chico dirigió una mirada incrédula hacia Pansy.

-Mientes.

-No, no miento. ¿Ahora lo entiendes? Juntos podemos separarlos. Tú te quedas con tu querida Granger y yo con Draco.-dijo Pansy finalmente. "Así que eso es lo que quieres" pensó Ron, "utilizarme para una de tus malditas trampas".

-Vete a intentar convencer a otro.-dijo tajante.

-Está bien, como quieras. Pero piénsalo. Que tengas una feliz tarde, Weasley.-dijo Pansy. Se levantó y caminó hacia el interior del castillo. Ron no sabía si era cierto o no lo que le había contado. Aunque toda esa historia explicaba perfectamente el raro comportamiento de Hermione en las últimas semanas. Notó como una lágrima se deslizaba por su mejilla.