Cáp. 13: Vayamos donde no puedan criticarnos

Hermione estaba recostada en el pecho de Draco, escuchando el latir de su corazón. Estaban sentados en los jardines del colegio, observando como el sol se ponía lentamente. Escondidos entre los matorrales, para que nadie pudiese verlos. Una suave llovizna caía, empapándolos débilmente. El chico cubrió a Hermione con su capa de invierno, intentando protegerla del frío. Llevaban así un largo tiempo, sin decir nada. Simplemente observaban, como si mirando al horizonte fuesen a encontrar un camino que los llevase a un lugar donde no tuviesen que andar escondiéndose.

-¿Me quieres?-dijo Hermione rompiendo el largo silencio.

-¿Qué?-dijo Draco aún aturdido.

-Que si me quieres.-repitió la castaña.

-Claro. No lo pongas en duda.-dijo él dándole un pequeño beso en la frente.

-¿Sabes? Todo esto es extraño. Nunca imaginé que acabaríamos así. Cada vez que me pongo a pensar, te recuerdo como un chulo prepotente, un crío malnacido y un egocéntrico sin remedio. Pero este curso ha cambiado todo. Y aún no sé por qué.

-Tal vez porque he sido yo el que ha cambiado.

-Pues no me lo demostraste el día en el que me golpeaste. Me hiciste daño. Y no físicamente.-el chico dejó de mirar a Hermione avergonzado.

-No sabes lo mucho que me arrepiento de aquello. Es que… no podía permitir sentir lo que sentía, era algo intolerable. Desde pequeño he recibido una educación que me ha marcado mucho, y enamorarme de ti lo ha tirado todo por la borda. Tenía que seguir manteniendo mi reputación y…-la chica se apartó bruscamente.

-¡Siempre estás con lo mismo!

-Pero Hermione…

-Mira, deja de creerte el rey del mundo, ¿quieres?

-Tuve que hacerlo… No quiero ni pensar en lo que diría la gente si nos viesen juntos.

-En aquel momento no había nadie, Draco.

-Pero… ¡maldita sea! ¡Deja de enredarlo todo!

-A mí me da igual que nos vean.

-¡Pero a mí no! ¿Es que no lo comprendes? ¡Aparecer en público sería como echar a perder mis principios! ¡O los que mis amigos creen que son mis principios!

-¡Al carajo tú y tus malditos principios!

-Hermione, tranquilízate por favor.

-Estoy muy tranquila.-murmuró ella intentando calmarse.

-Vamos, levanta. Comienza a hacer frío. Será mejor que entremos.

-Sí, será mejor.-dijo Hermione levantándose. Caminaron en silencio hacia el castillo, no querían estropear el momento hablando sobre tonterías o discutiendo. Estaba ya todo desierto, los alumnos estarían ahora en sus salas comunes, probablemente.

-Huyamos.-dijo Draco de pronto.

-¡¿Qué!-dijo Hermione, a la que el comentario del chico la había pillado desprevenida.

-Huyamos.-repitió.-Vámonos a algún lugar donde nadie pueda encontrarnos, donde podamos caminar por un paseo marítimo, con el sol a nuestras espaldas y el murmullo del mar al fondo, cogidos de la mano… Sin que nadie nos moleste, sin que nadie nos critique…-la chica dejó salir una carcajada.

-Draco, eso sólo lo dicen los idiotas enamorados.

-Vaya, gracias.-dijo él fingiendo estar ofendido. Hermione le dio una cariñosa palmada en el hombro.

-No te preocupes. Yo sería la primera en proponerte algo así. Pero no puede ser. Y lo sabes.

-Sí… por desgracia. Tendremos que esperar a que nos graduemos.

-Pues esperaremos. No tengo prisa.-dijo ella con una pícara sonrisa dibujada en su rostro. A todo esto, ya habían llegado al camino que los separaba, uno de ellos hacia la Sala Común de Gryffindor, y el otro a la de Slytherin.

-Algún día te invitaré a que veas mi habitación…-dijo Draco agarrándola por la cintura y atrayéndola hacia su cuerpo. Hermione no pudo resistir tenerlo tan cerca y lo besó, mordiendo levemente el labio inferior del chico.

-Estoy deseando que lo hagas…

-Algún día, preciosa, algún día…