Cáp. 14: A la luz de la luna
Hermione se despidió de Draco y esperó a que el chico se alejara, perdiéndose en la oscuridad de las sombras, que ya llenaban los corredores. Se aseguró de que se había ido, esperando en silencio sin entrar a la sala común. Cuando estuvo segura de que el chico no iba a volver, caminó en dirección contraria a la sala común, hacia el segundo piso. Hacia los baños de Myrtle la Llorona. En cada esquina miraba con sigilo, no era conveniente que Peeves, la Señora Norris, o aún peor, Filch, la descubrieran deambulando por el pasillo a esas horas, cuando debería estar en su sala común. Sabía que Harry y Ron no la echarían en falta, en realidad nunca lo hacían. Sólo Ginny podría llegar a preocuparse. Aunque sabiendo que salía con Draco, lo más probable era que pensara que estaba con él. Eso la tranquilizó. Llegó frente a los baños y entró. La suave luz de la luna llena se colaba por una ventana, iluminando tenuemente la estancia.
-Vaya, tú por aquí de nuevo.-la saludó Myrtle.- ¿Qué tal está Harry?
-Como si te importara.-murmuró la castaña. Myrtle hizo caso omiso de sus palabras.
-Últimamente pasas bastante tiempo aquí. ¿Qué te traes entre manos?
-Ya te dije la semana pasada que no te diría nada.
-Podría advertir a los profesores de que vienes aquí de vez en cuando a hacer cosas que se salen de las normas.-dijo Myrtle suspicaz.
-Es la palabra de un fantasma contra la de la chica más inteligente de Hogwarts, la que nunca rompe las reglas. En teoría.-añadió Hermione con malicia.
-¡Pues que sepas que no me importa lo que hagas! ¡Por mí puedes pudrirte en el infierno!
-¡Calla! ¡No grites o me descubrirán!-dijo Hermione en un susurro. Myrtle se alejó sollozando con fuerza, profundamente ofendida, y se encerró en el baño de siempre. Hermione movió la cabeza de lado a lado con gesto de reproche. Fue en dirección del último de los baños y abrió la puerta. Dentro tenía guardado un caldero, donde una poción de un color azul pálido reposaba en calma. También cogió un antiguo libro que había conseguido de la biblioteca. Se titulaba "Magia Avanzada" y… lo había sacado de la Sección Prohibida, para qué negarlo. Abrió el libro por la página 492 y pasó el dedo por las instrucciones, leyendo en silencio. Casi todo estaba listo. Tan sólo quedaba añadir un último ingrediente y esperar a que la poción surtiera su efecto, cosa que no ocurriría hasta la próxima luna llena. Metió la mano en el bolsillo interior de su túnica y de él sacó un pequeño trozo de tela. Lo miró con detenimiento, como queriendo asegurarse de que ése era el correcto, y no uno equivocado. Pero sí, aquel trozo de tela pertenecía a la túnica de trabajo de Harry. Le dio unos suaves golpecitos para limpiarle las motitas de polvo y lo arrojó dentro del caldero. Inmediatamente empezó a salir una intensa luz de color plateado, que llenó por completo el cuarto de baño, cegando a Hermione. Se tapó los ojos con las manos, intentando protegerse de la luz. Myrtle, que había asomado su cabeza por la rendija de la puerta y a la cual no parecía dañar aquella luz, se reía con malicia dejando salir leves risitas. La intensidad de la luz disminuyó, y sólo pequeñas líneas de luz, como si de humo se tratasen, salían del caldero. Hermione esperaba impaciente. Las sinuosas líneas que surgían de la poción comenzaron a curvarse, formando lo que parecían letras. Al cabo de un rato, pudo distinguirse dibujado en el aire, con aquella especie de neblina plateada: "Harry Potter".
-Perfecto…-susurró Hermione, impresionada de sus habilidades para hacer pociones.-La poción lo ha reconocido. Ahora a esperar. –la chica tomó el caldero con fuerza y lo levantó para meterlo de nuevo en el baño, junto con el libro que había sacado de la Sección Prohibida. Miró orgullosa el caldero y salió contenta hacia su sala común, dispuesta a dormir tranquilamente. Lo que ella no sabía era que con esa poción estaba firmando la sentencia de muerte de Draco Malfoy.
-¿Dónde has estado, picarona?-preguntó Ginny con una sonrisa maliciosa dibujada en su rostro. Estaba esperando a Hermione en la habitación, Parvati y Lavender dormían plácidamente, así que Hermione le hizo un gesto a la pelirroja para que la siguiera a la sala común.
-Mira Ginny, sé que…
-Bueno, ¿qué tal la noche?-dijo ella sin hacer caso a Hermione.
-Déjame explicarte que…
-¿Qué habéis hecho?
-Nada, yo sólo…
-¿Cuánto tiempo a durado el beso más largo?
-Ginny, ¡vale ya!
-Bueno, bueno…
-No hicimos nada, en serio.
-Hermione, si no quieres contármelo no me lo cuentes, pero no me mientas.
-¡Es verdad! Sólo pasamos la tarde juntos.
-¿Y a qué llamas tú la tarde? Te recuerdo que hace tiempo que ha oscurecido.
-Ya pero… he estado haciendo otras cosas.-Ginny frunció el entrecejo.
-Ya, seguro.
-Sé que suena poco creíble.
-Te equivocas. No suena nada creíble.
-Bueno, pues da igual. La cosa es que he estado haciendo… cosas.
-Con que cosas, ¿eh? Pues ya me las estás contando.
-Lo siento, no puedo.
-¿Y pretendes que me crea que no has estado con Draco? Si no hubieras estado con él me lo contarías…
-Yo también tengo mis secretos, ¿sabes? Y no puedo contártelo… todavía.
-¿Y cuándo lo harás?
-Cuando llegue el momento. Cuando todo esté listo. Entonces lo sabrás. Por ahora no quiero involucrarte. Podría ponerte en peligro. Y no quiero.
-¡¿Pero qué diablos te traes entre manos!-dijo Ginny alarmada por la advertencia.
-Ya te he dicho que nada. Mejor olvídalo. Y me voy a la cama.-dijo Hermione desperezándose.-Buenas noches, Ginny.
-Buenas noches…-contestó ella amargamente.
-Tranquila. A su debido tiempo lo sabrás.-y dicho esto, se dirigió soñolienta hacia su habitación. Pero se paró en seco al escuchar un fuerte golpe frente a la habitación de los chicos.
-Así que es verdad.-dijo Ron Weasley, quien había golpeado la pared con su puño, haciendo aquel ruido. Sonreía maquiavélicamente, como si no pudiese contenerse por más tiempo.
-¿El… el qué, Ronald?-tartamudeó Hermione.
-A mí no me engañas, Hermione.-dijo el chico descendiendo, con esa enigmática sonrisa aún dibujada en su rostro.
-Ron, me estás asustando…-dijo Hermione retrocediendo.
-Vale ya, Ronald. Te estás pasando.-intervino Ginny.
-Tú a callar, hermanita. No te metas en conversaciones de mayores.
-¡Tengo el mismo derecho que…!
-¡He dicho que te calles!-la pelirroja puso cara de estar tremendamente ofendida y se marchó a su habitación hecha una furia.
-¡Ron! ¡Es tu hermana! ¡No tienes derecho a hablarle así!-dijo Hermione.
-No te desvíes del tema…
-Ron, estás extraño.-dijo ella retrocediendo aún más.
-No, no estoy extraño. Eres tú la extraña.
-¿Extraña? ¿Yo? Ron, si no te explicas…
-He escuchado toda tu conversación con Ginny.-se limitó a decir. A Hermione se le cayó el mundo encima.
-¿Qué… qué has escuchado exactamente?
-Todo. Tiene gracia… creía que le odiabas. Así que por eso has estado comportándote así, ¿verdad?
-Yo, no…
-¡Durante todo este tiempo has estado enamorada de él!
-Ron, déjame que te explique…
-¡Y no contenta con eso os hacéis pareja!
-¡Ya basta! ¡Tú no eres nadie para meterte en mi vida!
-Has traicionado a tus amigos… Te has traicionado a ti misma.-dijo Ron recobrando la calma. Demasiada calma. Aquello no estaba bien.
-En mi vida he estado más segura de algo que de lo que estoy haciendo con él.
-Él no te conviene… Te está utilizando.
-¡¿Y quién me conviene, Ronald Weasley! ¿Alguien como tú?-dijo Hermione harta del pelirrojo. Él se sonrojó notablemente.
-Al menos yo no soy una sucia serpiente que tiene a su padre encerrado en Azkaban acusado de mortífago.-dijo ácidamente. Y sin nada más, se marchó a su habitación, dejando a Hermione totalmente hundida.
